Los Periodistas

Consigue el bebé perfecto por 25.000 dólares: así es el nuevo negocio de Silicon Valley para ‘optimizar’ embriones | Vanity Fair

Financiadas por Peter Thiel, Elon Musk y otros oligarcas de Silicon Valley, empresas como Nucleus Genomics, Orchid o Herasight venden un servicio que hasta hace poco era ciencia ficción: elegir embrión de un catálogo ordenado por presunta inteligencia, estatura o longevidad. Mientras, científicos afirman que muchas de las promesas de estos productos tecnológicos de lujo son inalcanzables y bioeticistas de Harvard alertan sobre sus vínculos con la tradición eugenésica .

Ala de maternidad en los Estados Unidos alrededor de 1955. Graphic House/Getty Images

Por Ekaitz Cancela / Vanity Fair

El 17 de noviembre, quien bajara al metro de Nueva York por la estación de Broadway-Lafayette, en pleno SoHo, se topaba, entre un anuncio de seguros dentales y otro de una app de citas, con una frase en tipografía limpia y fondo pastel: have your best baby (ten tu mejor bebé). No prometía salud ni felicidad, prometía excelencia. Detrás de la campaña publicitaria se encontraba Nucleus Genomics, fundada en 2021 por Kian Sadeghi, hijo de un refugiado iraní y desertor de la carrera de Biología Computacional en la Universidad de Pensilvania, hoy becario de la fundación de Peter Thiel, un aval que en Silicon Valley vale más que un título universitario. Con unos 32 millones de dólares reunidos entre lo más granado de la derecha tecnológica —el Founders Fund de Peter Thiel, la firma que alumbró Palantir y SpaceX, o Delian Asparouhov, socio de ese mismo fondo e inversor personal en la empresa, que ha llegado a señalar que “cuando eliges con quién casarte, ya estás practicando una forma de eugenesia”—, Sadeghi ha montado el primer negocio que se atreve a ponerle precio a la antigua fantasía de elegir cómo será tu bebé antes de que exista.

El producto se llama Nucleus Embryo y funciona como cualquier otra tienda online. Una pareja que pasa por el proceso de una fecundación in vitro sube el ADN de sus embriones, la plataforma los secuencia y se los devuelve ordenados en una tabla. Se puede filtrar por el riesgo a tener Alzheimer, pero también por estatura, coeficiente intelectual, propensión a la calvicie, a la ansiedad o a ser zurdo: existen más de dos mil rasgos. Cuando se lanzó, la tasa de acceso costaba 8.999 dólares y el paquete completo, con clínica y servicio de acompañamiento, 24.999, cifras que la web ha ido elevando.

CAMBRIDGE CAMBRIDGESHIRE  MAY 08 Peter Thiel speaks at The Cambridge Union on May 08 2024 in Cambridge Cambridgeshire.

Las clínicas de fertilidad llevan más de tres décadas cribando embriones para descartar enfermedades hereditarias graves, una práctica médica reglada; lo que hace esta nueva camada de empresas es subirse a esa infraestructura ya existente y extenderla al catálogo de rasgos. Orchid, fundada por Noor Siddiqui, secuencia el genoma entero del embrión y cobra por ello miles de dólares. Herasight, que se dio a conocer el verano pasado, presume de ofrecer una predicción de inteligencia de hasta ocho puntos y medio de coeficiente de diferencia entre tres embriones. Y Genomic Prediction ha demandado a Nucleus por presunto robo de secretos comerciales, en una trama con cámaras de seguridad desconectadas y archivos borrados de un portátil digna de un thriller corporativo.

Algunos de estos servicios de lujo, según científicos que se han molestado en examinarlos, estarían lejos de hacer lo que prometen. Cuando el bioético Arthur Caplan y el genetista James Tabery los examinaron en Scientific American, la palabra que les vino a la cabeza fue Theranos: no hay un gen de la inteligencia, ni de la longevidad, ni del éxito, sino miles de variantes de efecto ínfimo que la industria promedia en una sola cifra —la puntuación poligénica— y presenta como un pronóstico fiable. Qué hay de verdad detrás de esa cifra lo puso de manifiesto un análisis en Los Angeles Review of Books. Como todos los embriones de una misma pareja se parecen enormemente entre sí, quedarse con el de mayor puntuación “educativa” equivale, de media, a medio año de colegio. La periodista Margaux MacColl decidió comprobarlo ella misma. Mandó su saliva a Nucleus y el mismo archivo a Orchid, y cada empresa le devolvió un retrato genético distinto. El truco de marketing descansa sobre una confusión que los teóricos llevan décadas señalando: la inteligencia no es un dato guardado dentro de una célula, sino una actividad que ocurre entre una persona y el mundo que la rodea —la escuela, la lengua, los libros que tenga o no en casa—, y eso no se lee en un fragmento de ADN por muchos superordenadores que haya detrás.

Poco parece importar que la ciencia no lo respalde, porque hay cinco personas dispuestas a pagar por estos catálogos de vida humana. Thiel financia Nucleus y su fundación también apoyó a la impulsora de Orchid. Balaji Srinivasan, exdirectivo de Coinbase y profeta de la secesión de los ricosaparece en las tres a la vez. Brian Armstrong, consejero delegado de Coinbase, ya le ha puesto nombre al invento: el gattaca stack, la «pila Gattaca» (selección de embriones, edición genética, úteros artificiales). El propio Musk, que según The Washington Post habría recurrido a Orchid para concebir a varios de sus hijos, saludó el lanzamiento de Herasight con una sola palabra: cool. No todos en su familia comparten el entusiasmo. Su hija mayor, Vivian Wilson, mujer trans y abiertamente enemistada con él, sostiene que Musk habría optado por la fecundación in vitro selectiva por sexo para asegurarse de tener varones —de sus 14 hijos, la inmensa mayoría lo son.

Ethan Hawke y Uma Thurman en Gattaca

Las ambiciones de estos milmillonarios son inseparables de la ideología que vertebra a esta élite: el longtermism. Su premisa es que lo único que de verdad importa son los billones de seres humanos que aún no han nacido, y que lo harán a lo largo de los próximos milenios; una contabilidad en la que llegan a incluirse las mentes digitales que un día habitarían simulaciones repartidas por la galaxia. Los vivos, de acuerdo con esta visión, no son más que un margen de error en una hoja de cálculo. De ahí que sus profetas hayan defendido que atender la pobreza global o el cambio climático es «malgastar» recursos que deberían ir a preservar ese destino cósmico, y que mejorar hoy los genes de la especie sea un deber para con esa humanidad futura.

A todo esto se suma que el terreno político nunca ha estado tan abonado. En Estados Unidos no existe ley que impida seleccionar embriones por rasgos como la inteligencia. Sadeghi puede sentarse en el plató de Tucker Carlson a hablar de «personalizar bebés» como si tal cosa ante una audiencia de millones. Un equipo de bioeticistas de Harvard y del Baylor College of Medicine, con Rémy Furrer y Gabriel Lázaro-Muñoz a la cabeza, ha estudiado este cribado embrionario situándolo en la tradición eugenésica, y han comprobado que el respaldo social se desploma en cuanto la técnica deja de usarse para descartar enfermedades y se emplea para seleccionar rasgos como el talento. El sueño transhumanista de rediseñar la biología humana que late de fondo recuerda al viejo movimiento eugenésico angloamericanoLa idea de que un niño será listo o torpe por lo que lleva escrito en la sangre, y no por su clase, el barrio o el país en que nazca, la acuñó el británico Francis Galton en 1883. En la primera mitad del siglo XX, esta coartada científica para naturalizar el privilegio se convirtió en programa de gobierno en Estados Unidos, donde alrededor de 60.000 personas pobres, discapacitadas o racializadas fueron esterilizadas por la fuerza, y Oregón no dejó de hacerlo hasta 1981.

Si el talento viene de fábrica y se compra por 25.000 dólares, el fracaso escolar, la enfermedad y la pobreza se convierten en defectos individuales, inscritos en un lugar —el genoma— que ninguna política pública estatal puede corregir. Es lo que la socióloga de Princeton Ruha Benjamin describe como la deriva hacia “un futuro arcaico en el que la inteligencia se cuantifica, se fija y se jerarquiza”. Bajo ese evangelio tecnológico, escribe, “los débiles deben ser sacrificados para que sobrevivan los fuertes”. La desigualdad deja de ser un problema del capitalismo para volverse su justificación biológica: no hay nada que hacer, basta con dejar que el libre mercado siga su curso.

Fuente: https://www.revistavanityfair.es/articulos/el-bebe-perfecto-embriones-genes-inteligencia-nucleus-genomics-elon-musk-peter-thiel

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio