Un chip implantado bajo la retina y unas gafas inteligentes han conseguido devolver visión funcional a personas ciegas por degeneración macular. El dispositivo acaba de recibir la aprobación europea para su comercialización

Por Omar Kardoudi / El Confdencial
La startup californiana Science Corporation acaba de obtener el sello CE que le permite empezar a vender Prima en Europa para tratar la degeneración macular asociada a la edad. Esta es la causa más común de ceguera irreversible en personas mayores y una enfermedad que afecta, según estimaciones recientes, a hasta 200 millones de personas en todo el mundo.
El sistema combina dos piezas. Unas gafas equipadas con una minicámara captan las imágenes del entorno y las envían mediante luz infrarroja a un chip inalámbrico implantado bajo la retina, justo donde deberían estar los fotorreceptores que la enfermedad ha destruido.
Science Corporation es una empresa dedicada a las interfaces cerebro-ordenador fundada por Max Hodak, ingeniero biomédico que fue cofundador y presidente de Neuralink, la empresa de Elon Musk, hasta 2021. Además de sello europeo, la compañía ha recibido una designación de la FDA estadounidense que supone el primer paso hacia una revisión regulatoria acelerada, lo que podría abrir la puerta a tratar también dos tipos raros de ceguera.
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Cómo funciona
El chip tiene un tamaño de 2×2 milímetros y un espesor que ronda los 30 micrómetros, la mitad del grosor de un cabello humano. Y es capaz de convertir las señales luminosas en impulsos eléctricos que sustituyen la función de los fotorreceptores naturales, reconstruyendo una imagen que el cerebro puede decodificar.
«La proyección es por infrarrojo, invisible para las células aún sanas», explica Daniel Palanker, de la Universidad de Stanford y uno de los científicos que lideró el desarrollo original de la tecnología. Esto permite que los pacientes combinen su visión periférica natural con una nueva visión central electrónica.

El implante funciona con energía fotovoltaica. La propia luz que llega a los ojos activa sus microceldas, replicando el principio de un panel solar y sin necesidad de usar cables ni fuentes externas de energía. Eso sí, las gafas de esta primera versión necesitan una batería externa para operar, una limitación que la empresa quiere resolver en próximas iteraciones.
Colocar el chip requiere una intervención ambulatoria de apenas una hora. Después, los pacientes necesitan varios meses de entrenamiento para sacarle el máximo partido al dispositivo, un proceso comparable al aprendizaje que exigen los implantes cocleares.
El precio del dispositivo no se ha revelado todavía, pero Science Corporation ya está negociando con proveedores sanitarios europeos. La compañía prepara su lanzamiento en Alemania, donde se realizaron los ensayos clínicos, con la vista puesta en septiembre.
Un milagro que todavía tiene limitaciones
Los resultados del ensayo clínico, publicados en octubre en el New England Journal of Medicine, respaldan el salto cualitativo del dispositivo. De 32 participantes que completaron el seguimiento durante un año, 27 volvieron a leer y 26 experimentaron una mejora significativa en su agudeza visual. Algunos, gracias a funciones digitales como el zoom (hasta 12 aumentos) y el ajuste de contraste y brillo, lograron resultados especialmente notables.

«La magnitud del efecto es lo más destacable», subraya José-Alain Sahel, de la Universidad de Pittsburgh y coautor del estudio junto a Palanker. «Hay una paciente en Reino Unido leyendo páginas de un libro, algo que no tiene precedentes.» Hodak aporta más ejemplos concretos: «Uno de nuestros pacientes en Francia terminó hace poco una novela de 300 páginas y nos envió el libro», contó a TechCrunch. «Tenemos colgado en la pared un dibujo del Teatro de la Ópera de Sídney que hizo uno de nuestros pacientes. Hay vídeos de pacientes haciendo crucigramas y completando sudokus».
Aun así, el dispositivo todavía tiene limitaciones importantes. De momento solo ofrece visión en blanco y negro, sin escala de grises, lo que dificulta tareas como el reconocimiento de caras, una de las demandas más repetidas por los pacientes. La startup californiana ya trabaja en actualizaciones de software para incorporar grises y en una nueva generación de chips con píxeles de apenas 20 micras y hasta 10.000 puntos de resolución, que acercaría la visión protésica al rango legal de normalidad.
Algunos expertos también matizan el alcance de los resultados: al no incluir un grupo placebo, el ensayo podría haber sobreestimado el impacto real, dado el efecto motivacional que supone para un paciente recibir un dispositivo revolucionario. Aun con esa salvedad, nadie cuestiona el salto cualitativo logrado frente a implantes anteriores, que solo devolvían sensibilidad a la luz sin llegar a restaurar visión funcional.
La historia de Prima hasta esta validación europea no ha sido sencilla. El chip nació de más de veinte años de investigación del equipo de Palanker y Sahel, y hasta 2024 lo desarrollaba la francesa Pixium Vision, que llegó a estar al borde de la quiebra. Fue entonces cuando Hodak, adquirió la tecnología, justo antes de que se conocieran los resultados clínicos que ahora respaldan su éxito.
«Lo que necesita este sector es una empresa que facture 100 millones de dólares al año», explica. «Existe el riesgo de que todo el campo entre en un invierno, así que creemos que es importante construir un negocio sostenible mientras desarrollamos estas tecnologías a más largo plazo.» Su ambición, según ha declarado, es «construir una gran empresa independiente de tecnología médica que pueda estar a la altura de Apple, Samsung o Alphabet».