La compositora e intérprete, heredera de Chavela Vargas, actúa y recibe un premio en La Mar de Músicas de Cartagena.

Fernando Díaz de Quijano / El Cultural
Chavela Vargas la nombró sucesora. «Con ese comentario nos echó a pelear a las cantantes mexicanas», bromea Lila Downs, beneficiaria de ese honor.
Esta compositora e intérprete nació en Tlaxiaco, Oaxaca, en 1968, de padre estadounidense y madre mixteca. Con ese origen mestizo, es la antítesis viviente de Donald Trump, con sus muros fronterizos y su ejército de matones (y algunos asesinos) del ICE.
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Tras su paso por el Festival d’Estiu de Tarragona, Downs actuará este lunes en La Mar de Músicas de Cartagena, donde presentará su disco más reciente, Cambias mi mundo, y recibirá el premio del festival «por su singular fusión cultural» y por «una música que ha sabido convertir en vehículo de identidad liberadora, conectando pasado milenario con presente global». También actuará el miércoles en los Veranos de la Villa de Madrid y el viernes en Santiago de Compostela dentro del ciclo Orballo Cultural.
Lila Downs estudió ópera y antropología social; es experta en los textiles de las comunidades indígenas de México; canta en castellano, inglés, mixteco, zapoteco, maya y purépecha; reivindica en su música el folclore mexicano, actualizado con elementos de otras músicas como el jazz, y ha ganado un Grammy y varios Grammy Latinos.
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Además, participó en la ceremonia de inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, celebrada el pasado 11 de junio en el Estadio Ciudad de México. Dio el mensaje inicial y cantó «One Heartbeat», destacando las raíces prehispánicas e interpretando parte de su participación en lenguas originarias.
Pregunta. Dicen que este nuevo álbum, Cambias mi mundo, es el más amoroso de su carrera. ¿Está de acuerdo?
Respuesta. Sí, es un disco que se dio más naturalmente; no hubo tanta posproducción y tuvo que ver con el cariño de volver a hacer música con una nueva vida. Hace cuatro años perdí a mi marido después de 30 años juntos. El año pasado ya me sentí mejor de la pena. Durante diez años supe que él iba a morir; eso fue muy difícil para la familia. Tener una visión diferente de la vida ha sido bello, ha sido lindo y motivador.
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P. El título sugiere transformación. ¿Quién o qué “cambia su mundo” en este momento vital?
R. Me inspiraron a componer estos versos las mujeres jóvenes que están con la inquietud de superar su mente para poder volar. Participo en un fondo de becas en mi tierra, Oaxaca, así que he visto de cerca cómo la educación libera a las personas.
P. Musicalmente, ¿qué nuevas direcciones ha explorado en este trabajo?
R. Anteriormente ya había hecho son, rumba y bolero, pero de esta manera no, un poco más acústico. He trabajado con un productor cubano y, además, todos los temas son míos en esta ocasión. Lo hicimos en un taller en Oaxaca, donde nos reunimos a comer, a tomar, a estar felices y crear música, y básicamente del taller quedaron las canciones que después grabamos en estudio en Sony.
P. Para usted, ¿conservar y mantener viva la tradición musical y cultural de México es una misión?
R. No lo veo como una misión, más bien me encanta. Me alegra el alma, me hace bailar, me hace cantar, me da alegría y hace que nuestros pueblos y nuestra gente sientan orgullo por ser mexicanos. Eso me alimenta.
P. Su música siempre ha estado atravesada por cuestiones sociales: migración, identidad, justicia, igualdad de género… ¿Siente que hoy ese compromiso es más urgente que nunca?
R. Claro. En el disco canto una canción sobre la basura, un tema importante que siempre he querido abordar, pero había sido un desafío poder crear los versos. ¿Cómo se canta sobre la basura? Leo Soqui, el acordeonista de nuestra banda, y yo hicimos unos versos sobre soltar la relación amorosa y las cosas materiales. También hay un tema sobre una especie endémica, la ceiba, un árbol sagrado de México de donde proviene la humanidad. Cantar sobre nuestras especies endémicas es importante porque así educamos a los niños para que las respeten y se lo enseñen también a sus hijos en el futuro. Al proteger nuestra madre naturaleza, estamos protegiendo el mundo.
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P. ¿Cuál cree que es la canción más personal y cuál es la más política de este disco?
R. Creo que la más íntima es “El beso” o quizá “Amo-te”, una canción de amor. “El beso” es una canción que compuse antes de probar el amor y luego se hizo realidad. Por eso la portada del disco muestra cartas del tarot. Y creo que la más política es la de la basura, definitivamente, porque nadie quiere hablar del tema.
P. Más allá de la música, ¿qué peso tienen la iconografía, lo visual, los símbolos o la vestimenta en su propuesta artística?
R. Sí, siempre es importante la parte visual. Mi padre era cineasta y creo que los mexicanos somos muy visuales; partimos desde los colores, desde los sabores de nuestras regiones rurales y hay muchos gráficos, somos un país muy fuerte gráficamente hablando. Yo estudié el textil indígena; los símbolos de los textiles han tomado mucha fuerza en mi trabajo desde que empecé a entender nuestra interpretación desde la mujer, cómo usamos colores, las prendas, la belleza. También hay símbolos del tarot reinterpretados con las especies endémicas de México, y la canción “Tumba 7” la compuse para proteger nuestro legado histórico que es el sitio arqueológico de Monte Albán.
P. ¿Cómo ve el momento actual de la música latinoamericana en el panorama global?
R. Es bello y reconfortante ver que la gente está ávida de otras expresiones musicales más allá del compás de 4/4 y que parten de otras latitudes musicales y rítmicas. Un ejemplo de ello es lo que ha hecho el artista pop Bad Bunny mirando hacia la raíz. Es muy importante, necesitamos eso.
P. ¿Cómo empezó en la música y cómo fue evolucionando hasta encontrar su voz propia?
R. Empecé como operista, haciendo canto clásico, pero en realidad desde muy niña me gustaban las rancheras; esa fue mi escuela musical primaria. Luego ya me eduqué como cantante de ópera y llegué a las competiciones regionales de Estados Unidos, donde me fui a estudiar a la universidad. Allí quise estudiar antropología a la par que canto, pero acabé dejando la ópera para conocer más sobre mi historia, sobre la antropología social de mi país. Por eso estudié el textil indígena y eso propició mi regreso posterior al arte, a la música, a creer en mí misma y en mi propio lenguaje.
P. En 2022 perdió al gran compañero de su vida y de su carrera musical. ¿Cómo ha sido el camino del duelo y la recuperación emocional hasta ahora?
R. Digamos que mejoré hace poco más de un año, cuando empecé a componer este disco. Pasar un duelo de tres años ha sido una parte de mi vida muy difícil. Siempre vuelven los momentos tristes. Tengo dos hijos hermosos y viajo con ellos a veces; ahora me toca ser madre soltera, es otra experiencia interesante como latinoamericana y como ser humano. Ha habido experiencias difíciles, pero me considero afortunada por tener la música para poder expresar mis sentires.
P. Le van a dar en Cartagena el Premio de La Mar de Músicas. ¿Cómo le hace sentir este reconocimiento?
R. Es un honor. Recuerdo venir a España y a Cartagena hace 17 años, por primera vez, con el promotor Paquito Martín. Me siento muy honrada de que nos tomen en serio; es lo que tratamos de hacer en España.
P. ¿Cuál es su relación con España?
R. Muy linda, me encanta venir. He cambiado con respecto a la primera vez que estuve aquí: todo era nuevo; ahora me encanta venir y comer un salmorejo, pedir ciertas cosas en el menú que uno ya conoce, gozar de la comida, la cultura, el arte, ir a los museos, visitar las diferentes regiones de España, el sur, Cataluña, País Vasco…
P. ¿Y cómo ve, a nivel diplomático y político, la relación entre ambos países?
R. Yo creo que son cuestiones políticas que se tienen que ir resolviendo a través del diálogo. También a través del arte, que resuelve más intuitivamente y bellamente las cosas. Yo creo que los artistas sembramos esas semillas para que después los públicos puedan expresarlo de otra forma. Sí, hay heridas y hay alegrías.
P. ¿Cree necesaria una disculpa de España con los pueblos nativos?
R. Eso creo que le toca más bien a cada país decidirlo y exigirlo, porque sabemos que en Canadá se ha hecho. Quizás hay gobiernos que saben lidiar con ello de una manera más humana y otros se vuelven más agresivos; así nos toca mirar el circo de la política.
P. Su madre era mixteca y su padre estadounidense, y tiene la doble nacionalidad. ¿Cómo ve lo que está pasando en Estados Unidos con Trump y con el ICE?
R. Es una situación muy difícil para nuestra comunidad y también creo que ha sido un punto de unión para los latinoamericanos. Nosotros venimos de muchas razas diferentes en Latinoamérica; antes teníamos segregadas nuestras comunidades, y ahora el hecho de que todos hablamos español ha hecho que nos unamos más con respecto a estas nuevas políticas. Pero son políticas hipócritas, porque usted va a Nueva York, Los Ángeles, Miami, y todos los que están en la cocina o produciendo naranjas y fresas son los latinos. Creo que esas hipocresías hay que mirarlas de frente.