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Símbolo de poder en el Antiguo Egipto y rasgo diferenciador en la actualidad: breve historia del flequillo | S Moda

Durante siglos, esta sección del cabello formó parte del aspecto exterior de emperadores y monarcas, pero a partir del siglo XX fue recuperado por diferentes movimientos culturales que le atribuyeron un halo de modernidad. Hoy en día, hay tantas variantes como gustos y uno de los más populares, el microflequillo, despierta recelos por su supuesta carga ideológica

Elizabeth Taylor en ‘Cleopatra’ (1963).

Elena Muñoz / S Moda

Flequillo cortina, recto, estilo mariposababy bangs, coreano… existen tantos tipos de flequillo que haría falta un glosario para identificar cada una de las variantes. Ese léxico capilar tan abundante responde a la popularidad que goza el flequillo hoy en día, cuando esta parte del cabello ha cobrado protagonismo por sí misma y ha dado pie a debates de toda índole: desde si resulta apropiación cultural o no llevar un flequillo típico de Japón (el hime cut), hasta si el denominado microflequillo tiene connotaciones ideológicas. Rachael Gibson, conocida como The Hair Historian en redes sociales, está especializada en historia del cabello y ha estudiado cómo “el pelo está vinculado de manera intrínseca con el estatus, la identidad y la autoexpresión” y en el caso del flequillo apunta que “si bien por sí solo tal vez no constituya una declaración drástica hoy en día, desempeña un papel en cómo decidimos expresarnos y en cómo construimos una narrativa visual que habla de nosotros a los demás”.

El comienzo de todo

Para ahondar en las raíces del flequillo se toma como referencia más temprana el Antiguo Egipto, cuando formaba parte de pelucas y peinados cotidianos entre la nobleza y la realeza. De hecho, el que quizá es uno de los flequillos más emulados, el de Cleopatra, era realmente una peluca, un objeto empleado como símbolo de estatus y una práctica habitual de la época, pues las pelucas además de tener una función estética ayudaban a protegerse del sol. La película protagonizada en 1963 por Elizabeth Taylor en el papel de reina del Nilo, contribuyó a fijar en el imaginario colectivo esa estampa de Cleopatra con una larga melena azabache decorada con joyería y rematada con un flequillo corto.

La peluca adornada de Elizabeth Taylor en ‘Cleopatra’.

Entre las élites de Grecia y Roma, hay evidencias abundantes de la buena acogida del flequillo tanto en hombres como mujeres. Alejandro Magno o el emperador Julio César, dos personajes históricos que vivieron con siglos de diferencia, han sido representados en el mundo del arte con algunos mechones de flequillo sobre la frente. “En esas culturas cumplía funciones estéticas vinculadas al orden, la simetría o el estatus, pero no se concebía como un rasgo diferenciador ni autónomo dentro del lenguaje de la imagen”, explica sobre el origen del flequillo la periodista especializada en belleza Abigail Campos, directora de Beautycast Pódcast, un espacio dedicado a la historia de la moda y la belleza. Recorrer cualquier museo de arte medieval occidental es toparse con retratos de soberanos en los que, (sobre todo ellos porque la moda femenina de la época evitaba el cabello sobre la frente), se ve un tupido flequillo y una melena por encima de los hombros, un corte inconcebible a día de hoy entre cualquier miembro destacado de las casas reales.

Los retratos de Fernando II el Católico disponibles en la Galería de las Colecciones Reales en Madrid dan fe de ello. Para ubicar el flequillo como elemento más vinculado a la moda y la expresión personal hay que dar un salto en el tiempo hasta asentarnos a mediados del siglo XIX, cuando irrumpe también entre las mujeres. “Es cierto que hoy el flequillo se asocia mayoritariamente a la estética femenina, pero su origen histórico no responde a esa división”, apunta Campos y recuerda que “la asociación más estrecha con lo femenino se produce mucho más tarde, cuando las normas sociales europeas empiezan a restringir la experimentación estética masculina y, en paralelo, convierten el cabello femenino en un espacio privilegiado de variación y significado”.

En las mujeres de largas melenas cobrizas pintadas por prerrafaleitas como Dante Gabriel Rossetti o Elizabeth Siddal en la segunda mitad del siglo XIX ya se empezaba a intuir el protagonismo del flequillo. En este caso, subrayaba el carácter desenfadado e impregnado de misterio de estas mujeres ajenas a la moral victoriana. Pero fue otra mujer quien, durante esta época, aceleró el interés por el flequillo y lo convirtió en tema de conversación. Nos referimos a Alexandra de Dinamarca, quien dio lugar al denominado “flequillo Alexandra”, rizado y muy corto. Nacida el 1 de diciembre de 1844 en Dinamarca, Alexandra contrajo matrimonio en 1901 con Eduardo VII, príncipe de Gales, y fue reina consorte de Reino Unido y sus territorios de ultramar, además de princesa de Gales, hasta mayo de 1910. Su estilo fue imitado entre la alta sociedad, desde sus fastuosas joyas hasta su forma de vestir con altos escotes (se dice que para disimular una cicatriz) o su manera de peinarse, ideada para ganar centímetros de altura según la moda de entonces. En palabras de Campos, con ella “por primera vez, el flequillo se nombraba, se imitaba y se utilizaba con una intención estética concreta”.

De las ‘flappers’ a los Beatles

“Desde el siglo XX, el flequillo ha ido y vuelto con mucho más frecuencia, ya que las mujeres comenzaron a cortarse el pelo en lugar de simplemente peinarlo en función de las tendencias. Desde los años 1920, los cortes de pelo han ofrecido mucha mayor variedad, hasta entonces las mujeres llevaban el pelo largo y los cambios eran en relación con los peinados y el color, pero no con la longitud”, explica Rachael Gibson. Durante los primeros años del siglo XX, el flequillo abandonó el terreno de lo convencional. Si hasta entonces había sido, mayoritariamente, un elemento adoptado por las clases poderosas para proyectar una imagen de corrección y estatus, las flappers lograron resignificar esa sección de cabello lucida sobre la frente. Las mujeres que abanderaron esta estética, situada en el tiempo en los años veinte del pasado siglo, reivindicaban una mayor libertad e independencia, aunque su visión ha pasado a la historia bajo un prisma algo reduccionista con los llamados felices años veinte y el hedonismo como único motor de sus acciones. Para Gibson, este periodo fue la edad de oro del flequillo y menciona a las actrices Anna May Wong y Louise Brooks como dos de las grandes abanderadas del corte flapper. El flequillo de las flappers, recto y denso, se lucía con un llamativo corte de pelo a la altura de la mandíbula y si bien ha pasado a la historia como uno de los estilos capilares más reconocibles, no llegó a tener un calado masivo en la sociedad.

La actriz Anna May Wong, hacia 1932.Otto Dyar (Getty Images)

Eso cambió a partir de los años 50, cuando las estrellas de cine se consolidaron como auténticos referentes culturales. Abigail Campos recuerda el nexo del flequillo con “figuras que proyectaban modernidad, inconformismo o singularidad, lo que ha reforzado su lectura como elección intencionada más que como un simple peinado. No significa que llevar flequillo sea siempre un acto transgresor, pero sí que, históricamente, ha funcionado como un recurso accesible para introducir cambio, matizar la imagen propia y, en definitiva, decir algo sobre quién lo lleva sin necesidad de palabras”. Imposible no recordar a una jovencísima Audrey Hepburn cortándose a sí misma el flequillo en el set de Vacaciones en Roma,la película de 1953 que supuso a la belga su primer Oscar. En el filme, Audrey estrenó un flequillo corto que más de setenta años después sigue siendo emulado recurrentemente en la alfombra roja. Tampoco es posible hablar de flequillos y no mencionar el de Brigitte Bardot, un flequillo cortina que la francesa llevó durante toda su vida. Durante los swinging sixties, mujeres como Jane Birkin, Anita Pallenberg o Marianne Faithfull hicieron del flequillo -recto, despeinado y algo desaliñado- uno de sus rasgos exteriores más reconocibles. En el caso de los hombres, los Beatles abogaron por romper con la sobriedad capilar del mundo masculino con un corte de pelo con flequillo ideado por Leslie Cavendish, quien llegó a escribir unas memorias sobre su vida como peluquero de los Beatles. El corte de pelo de los cuatro de Liverpool desató la locura entre los jóvenes, muchos de ellos expedientados en sus trabajos por sumarse al corte ‘Beatle‘, considerado por algunos descuidado y poco higiénico, como recoge la prensa de la época.

Audrey Hepburn con Gregory Peck en ‘Vacaciones en Roma’ (1953).Paramount Pictures (Getty Images)

Gibson destaca el flequillo rizado de Stevie Nicks en los setenta y durante los ochenta se pusieron de moda versiones como el flequillo pelopincho, un peinado tan poco favorecedor que, a pesar del éxito que tuvo en su día, no ha vuelto a recuperarse como tendencia. El flequillo abierto de Meg Ryan en los noventa (rescatado ahora por la cantante Gracie Abrams), el ladeado de Cameron Diaz y las gemelas Olsen en los primeros 2000 o el tupido de Zooey Deschanel en la era indie de los 2010 tuvieron su momento álgido y convencieron a muchas mujeres de cortarse el flequillo.

“Cuando un personaje público estrena flequillo se nota bastante”, señala José Sánchez, director del salón de peluquería Oramai sobre cómo un flequillo favorecedor visto en una celebridad tiene su réplica entre las anónimas del mundo. “El flequillo es un cambio muy visible, incluso aunque no se toque el largo de la melena. Cuando una celebrity lo lleva en una alfombra roja, con un buen maquillaje, estilismo y peinado, el impacto es mayor y muchas clientas vienen con esa referencia. Eso sí, siempre intentamos aterrizar la inspiración a la realidad de cada persona: tipo de pelo, óvalo facial, textura, rutina diaria y capacidad de mantenimiento.

La cantante Aitana, en mayo de 2026.Juan Naharro Gimenez (Getty Images)

No todos los flequillos que funcionan en una imagen de celebrity funcionan igual en el día a día”, añade. Frente a quienes buscan experimentar con el flequillo de manera puntual, encontramos a quien mantiene inmutable esta parte del cabello durante años. La cantante Aitana, por ejemplo, ha dicho en múltiples ocasiones que no se ve sin flequillo y siempre ha formado parte de su imagen pública. La actriz Dakota Johnson tiene uno de los más envidiados y, como contó en una entrevista en 2025, lo lleva desde niña y se lo corta ella misma. Otro caso del flequillo eterno es el de la todopoderosa Anna Wintour. La británica no ha cambiado jamás su flequillo recto y su corte bob, acompañado siempre de unas gafas de sol oscuras bajo las que evita transmitir cualquier atisbo de expresión con la mirada.

“Alerta flequillo” y misoginia

Si algo podemos identificar rastreando los distintos tipos de flequillos popularizados a lo largo de las décadas es que esta sección de pelo aparentemente insignificante es capaz de reflejar, no solo nuestra imagen y gustos personales, sino también ciertos cambios sociales. Con esta premisa de fondo cabe preguntarse, ¿qué tipo de flequillo triunfa hoy en día y qué dice del mundo en que vivimos? La historiadora Rachael Gibson destaca el “resurgimiento de los baby bangs o microflequillos hechos en casa”. Existen muchas versiones de este corte, pero en esencia se podría describir como una mezcla entre el denominado flequillo vasco (muy corto y desigual) y el llamado flequillo de bebé. “Llevar un flequillo ultracorto y desigual —que parece hecho por una misma— transmite una estética muy punk; además, creo que representa un rechazo a los estándares de belleza ultrafemeninos y a las connotaciones políticas que conllevan. Los microflequillos proyectan una imagen atrevida y fuerte; a diferencia de los flequillos tipo cortina o los estilos más suaves que hemos visto últimamente, estos no tienen nada de timidez ni sirven para esconderse detrás de ellos. Enmarcan el rostro y te sitúan en el centro de todas las miradas, y eso me encanta”, desarrolla Gibson.

Este corte de pelo iría a contracorriente de otras tendencias estéticas que precisamente miran al conservadurismo y proyectan una imagen de mujeres discretas y aparentemente perfectas, con el pelo recogido en tirantes moños pulidos, el peinado estrella del clean look. Y quizá por ello, el microflequillo ha enfurecido a la machosfera. “Alerta flequillo”, se puede leer entre los comentarios de perfiles de mujeres especializadas en contenido feminista o que simplemente comparten opiniones contrarias a la mentalidad ultraderechista de muchos usuarios. Dos palabras para señalar, una vez más, el aspecto físico de las mujeres con el objetivo de desacreditar y restar importancia a su discurso, pero como escribe una usuaria en redes sociales: ¿es esta la señal que necesitábamos para lanzarlos al flequillo?

https://elpais.com/smoda/belleza/2026-07-15/simbolo-de-poder-en-el-antiguo-egipto-y-rasgo-diferenciador-en-la-actualidad-breve-historia-del-flequillo.html

Fuente: https://elpais.com/smoda/belleza/2026-07-15/simbolo-de-poder-en-el-antiguo-egipto-y-rasgo-diferenciador-en-la-actualidad-breve-historia-del-flequillo.html

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