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¿Mató una envenenadora en serie a cientos de hombres en la Italia renacentista? | Historia NG

Durante siglos, Giulia Tofana fue recordada como una famosa envenenadora en serie que ayudaba a las esposas a asesinar a sus maridos. Los documentos históricos recientemente analizados revelan una historia mucho más compleja.

La obra Death Comes to the Banquet Table (1635) de Giovanni Martinelli muestra a la Muerte interrumpiendo una comida. Durante el mismo periodo, se decía que el legendario veneno Aqua Tofana se administraba en secreto en alimentos y bebidas por toda Italia.
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Erin Zaleski / Historia National Geographic

ara algunos hombres de la Italia del siglo XVII, la muerte llegaba sigilosamente. Lo que comenzaba como una vaga sensación de malestar iba empeorando progresivamente a lo largo de días o semanas. Dolores de estómago, vómitos, fiebre y sed extrema eran síntomas comunes de aquella misteriosa enfermedad que los médicos se esforzaban por explicar. Lo que sí era seguro, sin embargo, es que siempre resultaba mortal.

Según la leyenda, el culpable era un veneno tan sutil que no dejaba rastro: insípido, incoloro y casi imposible de detectar. Se llamaba Aqua Tofana.

Se cree que recibió su nombre en honor a la creadora de la receta, Giulia Tofana, y se decía que el Aqua Tofana era fabricado y distribuido por una organización criminal femenina clandestina que operaba en Palermo, Sicilia, y Roma. Ocultado en frascos de cosméticos y botellas de perfume, el líquido mortal se vendía supuestamente a esposas que lo utilizaban para matar a cientos de maridos desprevenidos.

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Tofana dirigió el grupo hasta que, según la versión de la historia, o bien se retiró a un convento o bien fue capturada y ejecutada.

El mito que rodea al veneno y a su creadora ha perdurado durante cientos de años, y aún hoy Tofana y su elixir homónimo son objeto de blogs, novelas históricas y memes de Internet. Es fácil entender por qué: un veneno indetectable, amas de casa homicidas y una asesina en serie conforman una historia fascinante.

«Desde el principio, la historia de la acquetta cautivó la imaginación, dando lugar a una gran cantidad de relatos que se han acumulado y han sobrevivido a lo largo de los siglos», señala Simona Feci, profesora de historia del derecho en la Università di Napoli L’Orientale, en su libro L’acquetta di Giulia.

Sin embargo, la historia real es un poco más matizada. Desentrañarla requiere ir más allá del mito, adentrándose en los expedientes judiciales, las listas de ejecuciones y los fragmentos de las vidas de mujeres corrientes que dejaron pocos rastros tras de sí.

¿Quién era Giulia Tofana?

Gran parte de la verdad que se esconde tras la leyenda ha permanecido, hasta hace poco, encerrada en los archivos estatales de Roma, incluida una transcripción de la investigación sobre cinco mujeres acusadas de dirigir una red de envenenamiento en Roma a mediados del siglo XVII y su posterior condena y ejecución. Sin embargo, según los historiadores que han estudiado estos documentos, Giulia Tofana no figura entre las condenadas.

En una entrevista, Feci confirmó lo quealgunos historiadores llevaban tiempo sospechando: la justicia nunca alcanzó a Giulia Tofana, cuyo verdadero nombre era Giulia Mangiardi. Según su certificado de defunción, falleció en Roma en 1651 a la edad de 70 años por lo que Feci y otros historiadores suponen que fueron causas naturales.

Entonces, ¿por qué el nombre de Tofana? Algunos historiadores creen que el apodo se remonta a una infame envenenadora llamada Thofania d’Adamo —también conocida como La Tofania— que había actuado en Palermo antes de ser condenada y ejecutada por envenenar a su marido. Varias publicaciones han afirmado que Mangiardi era hija de d’Adamo, pero historiadores contemporáneos, entre ellos Feci, sostienen que no hay pruebas de que ambas mujeres estuvieran emparentadas. Aun así, Giulia Mangiardi es más conocida como Giulia Tofana.

Otro error común es pensar que Mangiardi se dedicaba exclusivamente a envenenar por encargo. Nacida en lo que entonces se llamaba Coriglione, en Sicilia, se ganaba la vida como curandera, sanadora y casamentera. Ofrecía servicios de adivinación, cosméticos caseros, cremas para la piel y pociones de amor, y organizaba matrimonios y transacciones inmobiliarias para clientes entre los que se contaban miembros de la aristocracia romana. Aunque los historiadores creen que heredó la receta del Aqua Tofana y que en ocasiones la vendía, el veneno era solo una parte de un negocio mucho más amplio.

La red clandestina de Roma

Según el historiador Mike Dash, Mangiardi y las mujeres que siguieron sus pasos formaban parte de un «mundo subterráneo mágico-criminal», activo en Italia durante el siglo XVII. Los miembros de esta economía clandestina poco estructurada iban desde boticarios hasta astrólogos, pasando por, como dice Dash, «clérigos de dudosa reputación que trabajaban por cuenta propia como magos negros».

«Probablemente no empezaron en absoluto como envenenadoras», afirma Dash. «Eran personas que ofrecían diversos servicios a mujeres que querían conocer el futuro, resolver pequeños problemas de su vida, etcétera. El asesinato es el extremo más alejado de esa gama de servicios».

Aunque conseguía actuar sin llamar la atención de las autoridades, las actividades de Mangiardi despertaban sospechas de vez en cuando. En su libro, Las viudas negras de la Ciudad EternaCraig Monson relata que Mangiardi se había ganado la reputación de practicar brujería, ya que a menudo se creía que los casamenteros recurrían a las artes oscuras para lograr uniones exitosas. Su repentino traslado de Palermo a Roma con su segundo marido y las hijas de su anterior matrimonio en 1624 —tras la sospechosa muerte de un hombre en la que, según la criada de este, Mangiardi podría haber estado implicada— no hizo más que avivar esos rumores.

A pesar de los rumores que la rodeaban, el negocio de Mangiardi perduró. Entre quienes aprendieron su oficio se encontraba su hijastra, Gironima Spana, quien acabaría heredando tanto su clientela como, según creen los historiadores, el negocio de los venenos. En colaboración con otras dos mujeres —entre ellas Giovanna de Grandis— y con la ayuda de un sacerdote renegado para obtener arsénico, Spana dirigía una red que elaboraba el «Aqua Tofana», lo vendía a través de dos intermediarios de confianza y lo distribuía discretamente por toda Roma.

Varios miembros de la red de Spana parecen haberse conocido a través del trabajo de Mangiardi como casamentera o en los círculos clandestinos de magia popular de Roma. Sin embargo, los historiadores no pueden reconstruir todas las relaciones. Mangiardi había actuado en su día como casamentera para De Grandis, y, según se dice, Spana había entablado amistad con otra miembro durante un encuentro fortuito. Varias de las mujeres eran viudas y todas ellas tenían dificultades económicas.

La propia Spana había tenido una infancia bastante próspera, antes de que su padrastro dilapidara la fortuna familiar. Ya en la edad adulta, sin embargo, sus actividades empresariales le permitían mantener una cómoda casa adosada con un gran jardín cerca de las orillas del Tíber y contar con una criada que había servido a la familia desde la infancia de Spana.

Al igual que Mangiardi, Spana y sus socios no eran principalmente envenenadores, la mayoría de los clientes que acudían a ellas en busca de un frasco o dos de su poción mortal tampoco llevaban una vida dedicada al crimen. Eran las esposas de carniceros, vendedores de ropa blanca y tintoreros —«mujeres muy normales y corrientes», según Feci—.

Algunas de estas aspirantes a viudas habían sido casadas siendo adolescentes con hombres mucho mayores que ellas, quienes malgastaban sus dotes. Otras sufrían abusos físicos y amenazas constantes. Y algunas simplemente querían escapar. En la Italia del siglo XVII, un país altamente patriarcal, los matrimonios eran concertados y el divorcio era prácticamente inexistente. En las raras ocasiones en que se concedía una anulación, la mujer en cuestión se enfrentaba al ostracismo y al desprecio. Para una mujer del Renacimiento sin recursos legales ni económicos, el veneno funcionaba como solución de último recurso ante situaciones domésticas asfixiantes y, en ocasiones, peligrosas.

La composición química del Aqua Tofana

Aunque nunca se ha recuperado la receta exacta, los historiadores coinciden en que el Aqua Tofana era principalmente un veneno a base de arsénico. Los relatos de la época sugieren que se vendía bajo varios nombres, entre ellos «Aqua della Toffnina» y «Acquetta di Napoli». Algunos historiadores señalan que se añadía plomo a la mezcla, que se hervía antes de embotellarse y venderse en forma líquida. Otros han especulado que la mezcla incluía antimonio y belladona.

La intoxicación aguda por arsénico puede causar la muerte en las 24 horas siguientes a la ingestión, y Spana y su banda debían de saberlo. Para evitar sospechas, indicaban a las futuras viudas que administraran el veneno gradualmente a lo largo de una o dos semanas. Algunas mujeres llegaban incluso a dejar de administrar el elixir letal durante un día o así —el tiempo suficiente para que el estado del marido mejorara ligeramente— antes de seguir añadiendo varias gotas a su vino o sopa de la noche. La esposa en cuestión también acudía a varios médicos, que se mostraban tan desconcertados como ella ante la causa de la misteriosa dolencia de su cónyuge.

Una leyenda perdurable afirma que el Aqua Tofana se vendía como cosmético, y esto es parcialmente cierto. Los frascos de cosméticos se utilizaban habitualmente como una forma ingeniosa de mantener el líquido tóxico oculto a plena vista. Según se dice, el veneno también se guardaba en pequeñas botellas etiquetadas como «Maná de San Nicolás». Irónicamente, estas últimas solían contener agua bendita procedente de la cripta de San Nicolás de Bari, a la que se le atribuían propiedades curativas.

Con el tiempo, el secretismo dio paso a las sospechas y las autoridades acabaron dándose cuenta. Lo que comenzó como rumores susurrados en los callejones de Roma terminó en una operación encubierta orquestada por el vicegobernador de la ciudad, que pilló a De Grandis in fraganti mientras se ofrecía a conseguir veneno para un cliente ficticio. De Grandis fue llevado a prisión, interrogado bajo tortura y confesó. Poco tiempo después, se detuvo a otros tres miembros de la banda de Spana. Al igual que de Grandis, ellos también confesaron.

Gironima Spana, sin embargo, negó su implicación hasta el final. Ni siquiera cuando su criada de toda la vida testificó en su contra se derrumbó. No obstante, Spana, de Grandis y otros tres miembros de su red fueron declarados culpables de fabricar, distribuir y traficar con veneno, y fueron ahorcados en el Campo de’ Fiori de Roma en julio de 1659 ante una multitud enorme.

Nadie sabe con certeza cuántos hombres fueron víctimas de la aquetta. Los historiadores han descartado como exageradas las afirmaciones de que la red de envenenadoras acabó con la vida de cientos de hombres, y Dash señala que algunas muertes atribuidas al veneno podrían deberse, en realidad, a las numerosas enfermedades que circulaban en la Roma del siglo XVII, incluida la epidemia de peste que coincidió con las actividades de la red.

El nacimiento de una heroína popular

En cuanto a las mujeres acusadas de utilizar el veneno contra los hombres de su entorno, solo una fue condenada a la horca. A dos se les concedió inmunidad papal a cambio de sus testimonios, y las demás fueron desterradas de la ciudad. A tres de las exiliadas se les conmutó la pena.

Han pasado más de 350 años desde que Giulia Mangiardi muriera y Gironima Spana y sus cómplices encontraran su fin, pero sus leyendas perduran. Las novelas históricas recientes, entre ellas A Poisoner’s Tale, de Cathryn Kemp, son una muestra de cómo la historia sigue resonando en el imaginario moderno. Una búsqueda rápida en Google arroja diversas menciones a Aqua Tofana, y en Etsy se pueden comprar sudaderas de Aqua Tofana Apothecary.

En el mito contemporáneo de «Giulia Tofana», la envenenadora en serie se ha convertido en una especie de heroína popular feminista. En A Poisoner’s Tale, por ejemplo, Tofana se reimagina como una salvadora altruista que proporciona veneno a las esposas atrapadas en matrimonios violentos. «Giulia Tofana: ¿asesina en serie o heroína?», pregunta una entrada de blog del Centro Nacional contra la Violencia Doméstica, con sede en el Reino Unido. Pista: la entrada sugiere que era lo segundo.

El año pasado, los Archivos Estatales de Roma presentaron una obra de teatro en su Sala Alessandrina, de la época renacentista, que describía la Aqua Tofana como «una historia de crimen, amor, solidaridad femenina y engaño». El resumen tiene el aire de una fábula romántica que oculta la desesperación —ya sea económica o conyugal— que se escondía tras las acciones delictivas de las envenenadoras y de las mujeres que compraban sus pociones.

«Cuando empecé a investigar sobre las envenenadoras romanas, lo primero con lo que me topé no fueron documentos ni hechos, sino una leyenda: Giulia Tofana», escribe Feci en su libro. Giulia, añade, es menos una persona real que «una máscara». Un personaje que se ha mantenido vivo a lo largo de los siglos gracias a la fascinación que sigue inspirando.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/mato-envenenadora-serie-a-cientos-hombres-italia-renacentista_26497

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