Las redes sociales se han incendiado por la presencia de futbolistas en la competición acusados o que enfrentan cargos por delitos sexuales.

Inés Sánchez-Manjavacas Castaño / Enclave ODS
Los focos están puestos sobre el Mundial de Fútbol y sobre sus jugadores. El evento es el mayor escaparate deportivo, un gran hito para quienes integran las selecciones nacionales, y hay quien piensa que no todos deberían estar ahí.
Las redes sociales se han incendiado recientemente por la presencia y participación de deportistas que han sido acusados o enfrentan cargos por delitos sexuales graves.
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Hablamos de hombres muy jóvenes que tienen millones de admiradores alabándoles en internet, comprando sus camisetas y siguiendo su ejemplo, dicen preocupadas desde la Federación de Mujeres Jóvenes.
Los futbolistas acusados
Uno de ellos es Thomas Partey, que enfrenta un proceso en el Reino Unido por siete cargos de violación y uno de agresión sexual relacionados con cuatro denunciantes diferentes.
Achraf Hakimi es otro de los señalados. El integrante del combinado marroquí, y defensa del Paris Saint-Germain, será juzgado en Francia acusado de violar a una joven de 24 años en 2023.
En la selección de Cabo Verde –una de las sorpresas de esta competición– se ha puesto el foco en su capitán Ryan Mendes. Está siendo investigado en Nueva Zelanda por una presunta violación durante un torneo el pasado marzo. Su víctima sería una intérprete brasileña que trabajaba para la FIFA.
Cierran la lista Kaishū Sano y Junya Ito, ambos del equipo japonés. El primero fue detenido hace dos años por una agresión sexual grupal, aunque fue posteriormente liberado y la prensa de su país afirmó que el caso se cerró con un acuerdo extrajudicial.
Entonces, el jugador ofreció disculpas públicas a la víctima, aunque no fue condenado por la vía penal.
Al segundo también se le investigó por agresión sexual en 2024, aunque negó las acusaciones y llegó a demandar a la denunciante. Finalmente, el caso se desestimó por falta de pruebas. Estos son los más recientes, pero no se pueden olvidar otros nombres que estuvieron antes en el foco.
Por ejemplo, el de Neymar Jr, acusado en 2019 de violar a una modelo brasileña, o el de Cristiano Ronaldo. El portugués fue denunciado en 2018 en Estados Unidos por cometer el mismo delito con una exmodelo una década antes. En este caso también se acabó desestimando la denuncia.
A pesar de un señalamiento tan serio, ninguno ha recibido ningún tipo de consecuencia en el ámbito deportivo, penal o social.
La decisión de Canadá
El único que se ha acercado a ello –y ha supuesto un gran revuelo en la competición– ha sido Partey. El ganés se perdió el partido inaugural de su selección porque Canadá le denegó la entrada al país por el proceso al que se enfrenta en Reino Unido.
Para Carla Vallejo, integrante de la coordinadora de la Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE), se trata de una decisión que traslada «un mensaje coherente, con una política pública de apoyo y de protección a las víctimas y de rechazo a la violencia sexual».
Supone el reconocimiento de que la lucha contra esta lacra y el machismo concierne a toda la sociedad y no solo a la justicia y la policía.
No obstante, Alberto Palomar, abogado y profesor de la universidad Carlos III de Madrid descarta que el veto del país norteamericano obligue a la FIFA a endurecer sus filtros globales.
Algo que se debe a que las federaciones internacionales «viven más cómodas delegando en las autoridades de inmigración y asumiendo luego las consecuencias».
Presunción de inocencia
Una decisión así, no es lo habitual. De hecho, hasta el momento, es la mayor consecuencia que ha vivido Partey.
Normalmente, cuando los futbolistas reciben una denuncia de este tipo nada cambia realmente en sus vidas. Siguen jugando con sus respectivos clubes y participando en torneos internacionales.
La FIFA y los propios equipos se basan en la presunción de inocencia y en la inexistencia de una sentencia condenatoria.
La explicación es sencilla: el organismo mundial rechaza convertirse en un tribunal penal global, cuentan los abogados Toni Roca y Abel Guntin, del despacho Himnus, especializado en fútbol .
Adoptar medidas cautelares «le exigiría valorar judicialmente hechos no probados, vulnerando la presunción de inocencia y el derecho al trabajo de los atletas», apuntan. Asimismo, la heterogeneidad en los procesos penales a nivel internacional imposibilita redactar una norma global neutra.
Al no existir homogeneidad jurídica entre países, cualquier protocolo interno de suspensión podría resultar arbitrario, ineficaz o generar consecuencias radicalmente dispares según el territorio donde se tramite la investigación.
Por su parte, apartar preventivamente a un jugador sin una base contractual bien clara expone a los clubes a reclamaciones económicas millonarias. Ante el temor a demandas, pérdida de valor de mercado o daño reputacional, las entidades suelen evitar las sanciones unilaterales.
Es decir, como mucho, llegan a la salida pactada del jugador, renegociaciones o a apartarlos de forma consensuada entre ambas partes.
Para el abogado Alberto Palomar, profesor de la universidad Carlos III de Madrid, que la FIFA evite suspender cautelarmente a futbolistas imputados responde a un conflicto competencial.
«Adoptar una medida provisional en un asunto como este puede afectar a las competencias de los jueces«, afirma el experto en derecho deportivo. Mientras los canales ordinarios no ordenen lo contrario, el organismo opta por evitar interferencias en el proceso penal.
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Por su parte, Vallejo, de la AMJE, recuerda que la presunción de inocencia no es «una patente de corso que impida o paralice cualquier acción o reclamación social o de otras instituciones para proteger y defender a las víctimas y para exteriorizar el rechazo».
Al contrario, opera dentro de los juzgados en el ámbito penal, pero fuera de ese entorno pueden y deben llevarse a cabo políticas de buenas prácticas y exigencias de responsabilidad porque «no todo lo que no se condene como delito es ética o socialmente aceptable», añade la magistrada.
La justicia solo puede acordar las medidas cautelares que prevé la ley entre las que no está la suspensión profesional, expone. Esto pueden hacerlo los empleadores o instituciones responsables de un evento como el mundial.
«No hacerlo escudándose en la presunción de inocencia es confundir deliberadamente los ámbitos de competencia y responsabilidad que tiene cada organización», manifiesta firme Vallejo.
En cuanto al escudo ético de las entidades, Palomar aclara que los reglamentos internos sí «pueden tener un plus de exigencia ética» contractualmente aceptado, sin vulnerar la presunción de inocencia.
Esto ya se ve en otros deportes, como en las ligas estadounidenses de fútbol americano y de baloncesto. Ahí existen las cláusulas de moralidad, que permiten apartar o rescindir el contrato a un jugador de forma inmediata si se ve envuelto en un escándalo penal que dañe la reputación de la entidad.
La diferencia es que estas competiciones están respaldadas por convenios colectivos centralizados que penalizan comportamientos sin condena penal firme, el fútbol europeo está fragmentado. Esta dispersión normativa dificulta ejecutar cláusulas de moralidad unilateralmente, ya que chocan de inmediato con los derechos laborales básicos del deportista, exponen los abogados de Himnus.
Errores del pasado
Muchas veces, los propios equipos y los aficionados escudan al jugador acusado tildándolo de errores del pasado, pues las denuncias suelen llegar años después de los hechos. «[Lo dicen] como quien pintó un grafiti o hizo una gamberrada en el instituto con sus amigos», exponen desde la Federación de Mujeres Jóvenes.
No se trata, aseguran, de un error. Especialmente cuando la mayor parte de los casos que conocemos hoy en día se han producido cuando estos deportistas ya están en niveles altos de competición o, incluso, «han utilizado su posición de famoso o privilegiado para poder abusar de sus víctimas».
Desde esta federación entienden también que para la gran parte de la audiencia masculina estas acusaciones pasan completamente desapercibidas porque, al igual que los clubes, «lo maquillan todo» con excusas como que el susodicho no estaba en un buen momento de su carrera, que la víctima se lo ha buscado o quería hacerse famosa.
También les preocupa el ejemplo que supone para los admiradores de los deportistas. Si alguien a quien consideran su ídolo ha cometido un delito de índole sexual o está siendo juzgado por ello sin ningún tipo de consecuencia, «¿qué le va a pasar a un chico normal y corriente?».
Si ellos lo hacen, es porque puede hacerse, sentencian. Al final, estos jugadores «son el espejo en el que millones de jóvenes se ven reflejados». Por eso, cuando ven este tipo de casos y la impunidad del agresor, también se refuerza y se justifica aún más la cultura de la violación.
La situación está tan aceptada, que en el partido del mundial entre Ghana e Inglaterra se produjo una polémica cuando Djed Spence, lateral británico, se negó a darle la mano a Partey por la causa que tiene abierta.
La Federación de Mujeres Jóvenes resalta que, en vez de aplaudir esta decisión, varios compañeros salieron en defensa del ganés e, incluso, el propio acusado escribió un comunicado sobre la acción.
Lo ocurrido solo demuestra que se protegen entre ellos y cuando hay una voz disidente, enseguida se critica y se llama al orden, se quejan desde la organización feminista. «Quizás necesitamos más referentes como Spence y menos como Thomas Partey, Raúl Asencio y sobre todo, menos ídolos como Dani Alves [los dos últimos juzgados por delitos sexuales]».
Vallejo, de la AMJE, lamenta que toda esta situación demuestra que, actualmente, «no existe un verdadero compromiso de lucha contra la violencia en espacios que son tremendamente androcéntricos y machistas». Ámbitos en los que el discurso feminista y de respeto a las mujeres no ha calado.