Esta trilogía de José Mariano Leyva arrancó con «Lo que los monstruos nos hicieron» y su protagonista es Ángela de Lizardi; en el segundo volumen, cuenta, ella toma las riendas de un grupo de investigación para descubrir, en los años cuarenta, una compañía de tráfico infantil

Columba Vértiz De La Fuente / Proceso
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Hace cien años, en 1926, México se encontraba en un caos por la guerra entre el gobierno y milicias de religiosos católicos, quienes se resistían a la llamada Ley Calles. En ese marco, José Mariano Leyva desarrolla su nueva novela El Club Barba Azul (Grijalbo, 2026), la cual forma parte de una trilogía que inició con Lo que los monstruos nos hicieron (Grijalbo, 2023).
El tercer libro, informa, sucederá en los años cuarenta, “en el México nazi”. La protagonista en la triada es Ángela de Lizardi, quien en la primera historia es una niña, testigo de la muerte brutal de su mamá (una prostituta), y trata de la resolución del crimen.
En entrevista, Leyva (Cuernavaca, 1975) explica que en Lo que los monstruos nos hicieron “es un poco confrontar lo que era la ciencia y el porfiriato, y a final de cuentas salió la historia también de una niña que se va curando a sí misma”.
El también historiador sigue contando:
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“En la primera novela, Ángela iba a morir, yo no tenía planeada una trilogía. Luego sucedió que tuve a mi primera hija, que ya cuenta con dieciséis años. Te hablo un poco del proceso de esta trilogía. Entonces, no me gustó que Ángela, una niña que sufre mucho, al final muriera, y preferí que sobreviviera, que encontrara la resiliencia y pudiera salir adelante.
“A pesar de que es una trilogía, son novelas que se pueden leer de manera separada. En esta segunda parte, ella toma un poco las riendas de un grupo, El Club Barba Azul, que hace investigación. Y estamos en el México de la guerra Cristera, un país completamente convulso, de muchos extremismos de un lado y del otro. Y ella lo que descubre, grosso modo, es una compañía que se dedica a traficar con niños, que los compra en la sierra de Puebla, los entrena en algo que no puedo más que llamar como un campo de concentración, que está aprovechando justamente el desastre que era a nuestro país en ese momento, pues ya se traficaban armas hacia México”.
Maestro en Historia por la UNAM e investigador de tiempo completo en la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, detalla que Ángela tiene esta sensibilidad de las personas que tuvieron una infancia muy dura, por lo cual presta atención a los sitios más oscuros de la humanidad:
“Ella alcanza a ver hacia dónde va ese grupo y qué está sucediendo realmente detrás de una fachada de respetabilidad, y eso es lo que toma el eje. Pero al mismo tiempo seguimos atestiguando un poco qué es lo que le pasa a una persona que tuvo una infancia tremenda. Los médicos que la trataron, que fueron muy progresistas, son ahora sus amigos mayores. Entonces, se forma una especie de cofradía muy progresista que le apuestan a la infancia, que le apuestan a la psicología y a la pedagogía que, en los veintes, seguía siendo casi como magia negra o pseudociencia, como decían los científicos más duros”.
–Ángela está inmiscuida en la medicina y la psicología. Aborda usted este mundo con una ardua investigación de lo que pasó en los años veinte del siglo pasado es ese campo…
–Bueno, ella es médico sin licencia. Su mentor le suelta a un paciente y le dice: “Ahora vas. A éste trátalo tú”, lo cual no era muy extraño en esa época. Lo que sí es extraño es que a una mujer la dejaran hacer ese tipo de cosas en ese momento, porque encima de todo el asunto, es que estamos hablando de los veinte del siglo XX, una época donde las mujeres seguían confinadas al orbe privado. No a tratar como médicas, al menos desde el punto de vista científico. Había muchas parteras, muchas mujeres que se acercaban a lo médico, pero siempre junto a lo popular, pero no en forma occidental, por llamarla de alguna manera.
“La idea es que ella además se tenga que enfrentar a un mundo que es completamente machista, misógino, y ni siquiera piensa en eso. Es decir, la normalidad es: las mujeres son histéricas, no poseen la capacidad, y Ángela en algún momento, para salvarse, utiliza esa idea de que las mujeres se hallan en la histeria y todo eso”.
–¿Cómo inventa al grupo Club Barba Azul? Ahora la situación de los niños cada vez preocupa más a nivel mundial, sobre todo “la trata”, y la violencia contra ellos no para.
–Estamos hablando de las cosas más terribles que tiene la humanidad. En México, hace ocho o nueve años, el tráfico de infantes estaba siendo el segundo negocio ilícito más redituable por debajo del tráfico de drogas. Hoy el asunto es el huachicol, un conflicto tremendo, mas el tráfico de niños sigue siendo una constante inevitable. Mis papás tienen una compañía de teatro para niños, Marionetas de la Esquina, trabajé con ellos muchísimo tiempo y con niños. Mi hermana, Maranta Leyva, es dramaturga para niños.
“El tema de los infantes es inevitable para mí, y siempre le he puesto mucha atención. Y ahí tenemos la última frontera de justicia. Pedir justicia para las mujeres, está muy bien; pedir justicia para las diferencias sexuales, está muy bien; para las cuestiones raciales, está muy bien; pero con los niños nos enfrentamos a un problema muy grande. Ellos no pueden salir a las calles a manifestarse, son materia dispuesta de sus propios adultos. Los papás les aportan los conceptos y las ideas. Y por eso mismo, entre otras cosas, es que les creen completamente”.
Premio Nacional de Novela José Rubén Romero por Imbéciles anónimos (Mondadori, 2011), acentúa:
“No hay cosa más cruenta que ver las reacciones y las dinámicas de un niño que es golpeado todo el tiempo. Porque a pesar de que sus papás los maltraten y les hagan las peores atrocidades, van a seguir queriéndolos porque es lo único que les queda. Eso que desde un punto de vista amoroso puede ser muy hermoso, desde el punto de vista del negocio, el sadismo, es una cosa terrible. No soporto esas noticias que tienen que ver con los niños”.
Explica que al final de estas dos novelas hay una sección llamada Cápsulas del Tiempo:
“Son episodios históricos que sucedieron en la realidad. Ahí incluyo que la situación de los niños hace cien años resulta interesante porque por primera vez los imaginaron como un grupo que necesitaba especial atención. También pongo una noticia del 5 de diciembre del 2020, sobre niños mazahuas que descubrieron y agarraban en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Había una red muy profusa del crimen organizado que los estaba utilizando para que se metieran al crimen, y ellos simplemente decían que sí. También recordé los abusos en el hospicio en Guadalajara. En el 2021 se publicó lo de los cementerios de niños indígenas de Canadá por un asunto de limpieza racial.
“ Lo que creo es que el abuso contra niños ha sido una constante, como el de las mujeres. Ahora nos damos cuenta por qué aparecen videos en las redes. Yo entiendo que hay muchas injusticias en el mundo, pero el caso de los niños es un reto”.
El título del libro
Específica que Barba Azul lo tomó del clásico cuento de hadas europeo y de un episodio histórico, del mariscal de campo de Juana de Arco, Giles de Rais, quien tenía herencia vikinga, y al parecer le hizo ganar todas las las batallas a la Doncella de Orleáns:
“Era bestial y sanguinario, y una vez que apresan a Juana de Arco, De Rais regresó a su castillo y se convirtió en satanista y empezó a secuestrar a niños y los torturó. Lo capturaron y varios historiadores lo han analizado. Secuestró a más de quinientos niños y los mató de una manera brutal, con sadismo. El Club Barba Azul es una historia de la infancia, es un thriller, puede parecer excesivo, y lo que digo es que saqué todas esas imágenes de videos mucho más recientes, lo que indica que podría haber pasado en cualquier momento y en cualquier circunstancia o que para nuestra desgracia sigue sucediendo hoy en día”.
–¿Cómo fue pensar en un entorno de la guerra Cristera? Ángela conoce a la madre Conchita, quien más adelante sería considerada la autora intelectual del asesinato del presidente Álvaro Obregón.
–Me llama mucho la atención esa época. Existe una obra histórica de cinco volúmenes, Historia de la vida cotidiana, que crearon varios historiadores franceses. Trata de la vida cotidiana de esa nación. Me encanta meterme en esa parte de la vida cotidiana. Las novelas históricas que tienen personajes públicos como Benito Juárez, Sor Juana Inés de la Cruz, Antonio López de Santa Anna, en fin, no está mal, pero desde mi punto de vista como escritor, me parece que se centran demasiado en un solo personaje y reproducen un poco el tipo de historia que a mí me toco vivir, donde eran héroes y villanos, y los procesos históricos que realmente hacen el cambio no tienen que ver con próceres ni con políticos.
“Tienen que ver con el día a día de todos nosotros, de cómo vamos cambiando nuestra moralidad. La novela El amante de Lady Chatterley de 1928, escrita por el británico David Herbert Lawrence, cambió completamente la mentalidad de las mujeres para pensar que el matrimonio no era la única opción. Si se investiga la guerra Cristera que empezó el 3 de agosto de 1926 en México, estaba focalizada en sitios muy concretos, por ejemplo, la Ciudad de México seguía su vida. ¿Y cuál era la vida de ese momento? Los teatros de Carpa y la explosión del cine. Ángela nos muestra todo eso y conoce a la madre Conchita por casualidad, en la excursión del colegio Sata Juana de Arco”.
Enfatiza:
“Es un México donde, por ejemplo, al alcoholismo ni siquiera lo consideraban enfermedad, y únicamente les daba a los indios, como ellos decían. Y a las familias ricas jamás le iban a pasar ese tipo de cosas. En la década de los veinte del siglo XX, hubo bastantes transformaciones en la medicina, en la psicología y la tecnología, desde el cabalístico año de 1900. Fue una época en la que colisionaron, para bien ni para mal, ideas decimonónicas y aquellas que se consideraban ‘modernas’. Fue en ese momento cuando las adiciones comenzar a volverse preocupación en muchos ‘especialistas’, así entre comillas, porque en esa época no había una especialización formal al respecto”.
Leyva escribe en Cápsulas de Tiempo:
“Una guerra, de cualquier índole, tiene muertos. Tiene tortura, tiene crueldad. Y el enfrentamiento entre el gobierno y los grupos religiosos fue eso: una guerra. A pesar de que hubo bajas en ambos lados, Ángela se entera de aquellas ocurridas con los maestros rurales.
“El gobierno lanzó una campaña, tal vez la más simbólica de todas, que deseaba llevar la educación laica a todos los rincones del país. Era la primera vez que se tenía ese impulso, así de rabioso”.
El autor, quien además ha escrito dos libros de historia para niños, aún no sabe cuándo terminará el tercer volumen, pero adelanta que sucede a finales de los cuarenta:
“Entonces los nazis en México tuvieron mucha repercusión. Estaba Estados Unidos por un lado y Europa por el otro, y México tenía en ese momento un enorme rechazo a Estados Unidos, y de alguna manera empezó a apoyar muchísimo a Alemania. Y me voy a meter un poquito, sin abordarlo del todo, con Manuel Ávila Camacho. Su hermano Maximino, quien era filonazi, estuvo a nada de ser presidente del país. Y también abordaré toda esta idea de la raza, porque tenemos una concepción muy curiosa y a veces muy cruel de lo que es la raza en un país que está totalmente mezclado. Ahí, vamos a encontrar a una Ángela mucho mayor”.