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«El gobierno liberal mexicano ordenó la eliminación del pasado español» | ABC

El doctor en Historia Tomás Pérez Vejo defiende que las tensiones entre España y México no responden a un conflicto político o económico, sino identitario

Tomás Pérez Vejo, historiador, durante la conferencia en la Fundación Rafael del Pino. (FRDP)

Manuel P. Villatoro / ABC

Han pasado ya más de cinco siglos desde que Hernán Cortés pisara Veracruz y barrenara sus naves: 507 años desde que arrancó la forja de la Hispanidad. Pero, a pesar de los veranos transcurridos, la historia copa todavía la actualidad política. En mayo, Isabel Díaz Ayuso y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se enzarzaron a costa del explorador español; poco antes, Felipe VI admitió que «hubo muchos abusos» durante la Conquista. Ejemplos de enfrentamientos los hay a decenas, aunque Tomás Pérez Vejo, doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, arremete en ABC contra la idea de que su germen sea político: «No tienen que ver con conflictos ideológicos o económicos, sino con problemas identitarios; con la forma en la que los dos países se imaginan su historia».

Vejo es un experto atípico. Cuando se le pide que haga un juicio de valor, parafrasea a Edmundo O’Gorman –«La función de los historiadores no es juzgar, es entender»– y, antes que señalar culpables, apuesta por «analizar qué pasó y por qué pasó, pero no quién tiene razón». Lo suyo es la reflexión pausada, y así lo demostró el pasado 23 de junio, cuando impartió en la Fundación Rafael del Pino la conferencia ‘Historia, memoria y construcción del relato. España y México frente al espejo’. Un recorrido por los relatos identitarios que ambos países han construido sobre un pasado compartido y que se sustenta sobre un pilar muy recio: la diferente forma en que unos y otros interpretan una historia común. De ahí, mantiene el autor, sale el porqué de las diferencias actuales.

Problemas actuales

La conferencia orbitó alrededor de una pregunta tan recurrente como intrincada: ¿por qué dos regiones hermanas, sin conflictos políticos o militares, y destinadas a la condición de aliadas naturales, mantienen relaciones tan complejas? «El país más citado por el expresidente López-Obrador en sus ruedas de prensa es España, y siempre de manera negativa, a pesar de su extenso pasado común», analiza el experto. Y no le falta razón. Desde que Cortés desembarcara frente a San Juan de Ulúa e iniciara el camino a Tenochtitlan en el siglo XVI, ambas regiones han estado ligadas en tres etapas sucesivas: la Conquista (entre 1519 y 1521), la época virreinal (los tres siglos en los que la Monarquía Hispánica gobernó la zona) y la guerra por la independencia de México (acaecida entre 1810 y 1821).

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El problema, afirma Vejo, es que ambos países comparten historia –«los hechos pretéritos»–, pero no memoria –«el cómo integramos ese pasado en nuestro relato sobre lo que somos»–. La diferencia se aprecia en cada etapa compartida, empezando por la Conquista. «En la memoria colectiva española es un momento glorioso de la historia del país; para los mexicanos es una tragedia y representa la muerte de su nación», explica el historiador. Con la época virreinal, «el período de convivencia más largo entre las dos comunidades, que incluye uno de los conjuntos barrocos más importantes de la historia occidental», sucede algo diferente: «No existe ni para unos ni para otros. Es como un paréntesis a pesar de que fue un momento de convivencia pacífica». La independencia, afirma, solo la recuerdan los mexicanos.

Liberales y conservadores

Cuesta hallar el cuándo arrancaron las diferencias o el cómo se exacerbaron. Para Vejo, uno de los puntos de inflexión fue el XIX, el siglo en el que empezó a forjarse la idea moderna de nación. El experto está convencido de que fue al otro lado del Atlántico donde hubo más diferencias. «A pesar de que estamos ante un conflicto identitario, defiendo que en la memoria colectiva mexicana ha habido dos formas de narrar México: la conservadora y la liberal –o la de derechas y la de izquierdas–», confirma. En los dos relatos España ocupa un papel central, pero opuesto. «También es importante señalar que estos discursos construidos hace doscientos años siguen siendo el esquema óseo, el esqueleto, de lo que son los discursos de nación en el momento actual», sentencia.

Aquellos conservadores, asevera Vejo, entendían México como una nación hija de España, que nació de la Conquista y que se emancipó «cuando alcanzó la edad adulta» después de tres siglos de convivencia en la época virreinal. «Creían que España era la parte más íntima de sí mismos», desvela. A cambio, los liberales interpretaron la llegada de Hernán Cortés como la venida de un auténtico diablo con cuernos y tridente. «Imaginaban la Conquista como un ciclo de alumbramiento, muerte y resurrección. Para ellos, México nació en la época prehispánica, falleció con la Conquista –cuando fue oprimida por el Imperio– y volvió a la vida con la independencia, en el siglo XIX», insiste a este diario. Para los primeros la Monarquía Hispánica fue la madre; para los segundos, la asesina de su nacionalidad.

«Para los liberales, México nació en la época prehispánica, falleció con la Conquista y volvió a la vida con la independencia»

Tomás Pérez Vejo

Estas dos formas de enarbolar el pasado se enfrentaron hasta en la ortografía del nombre de su país. «En el XIX, los conservadores lo ponían con j –Méjico– y los liberales con x –México–. Hubo mucho debate en este sentido, pero triunfó el proyecto de nación liberal, y por eso se escribe así hoy», finaliza. Aunque también hubo vasos comunicantes, como el de Lázaro Cárdenas. El presidente, una de las banderas del progresismo, afirmó, con motivo de la llegada a su país de miles de exiliados de la península a partir de los años treinta, que los españoles eran de su misma raza y de su sangre. «Eso es algo que podría haber firmado un conservador mexicano. Por eso este conflicto es mucho más complejo que la división entre izquierdas y derechas», finaliza.

Contradicciones

Desde aquellos días, «y asumiendo que el relato que ha triunfado en México es el de nación liberal», los sucesivos gobiernos han apostado por borrar la huella de la Monarquía Hispánica durante la época virreinal: el periodo de mayor desarrollo del territorio. «Un ejemplo tiene que ver con la heráldica. En las ciudades americanas, no solo en Nueva Hispania, todos los edificios públicos –iglesias, catedrales, palacios…– habían sido construidos por orden de la Corona y, por tanto, tenían en su fachada el escudo real. A partir del XIX, se dio la orden de eliminar la heráldica», señala Vejo. Otro tanto sucedió con los nombres de las urbes fundadas por españoles. «Se cambiaron los originales, como Valladolid, que pasó a llamarse Morelia». La conclusión, asegura el experto, es que «el gobierno liberal ordenó borrar el pasado español».

La realidad del relato liberal es que hace aguas en muchos aspectos. «Un individuo de clase media mexicana que salía a la calle en 1840 veía que estaba en una ciudad virreinal; española-americana. Se encontraba una catedral de estilo barroco, los palacios de la aristocracia novohispana… Además, la gente hablaba español y su religión era la católica. No tenía nada que ver con el mundo prehispánico», sentencia. Y es que aquellos tres siglos de convivencia fueron un tiempo de esplendor. «México es el país de toda América, desde Canadá hasta Argentina, con más ciudades Patrimonio de la Humanidad… y todas son virreinales», advierte. El resultado, dice, fue una fusión que no se vivió en otros países. Porque, aunque se suele obviar, «los descendientes de los conquistadores se quedaron en América».

El problema para Pérez Vejo es que la normalización de las relaciones entre ambos países nunca será definitiva mientras el pasado español forme parte del debate identitario mexicano. A su juicio, cada vez que resulte rentable desde el punto de vista político, la Conquista volverá al primer plano del discurso público. Y, por el momento, lleva mucha razón.

Fuente: https://www.abc.es/historia/gobierno-liberal-mexicano-ordeno-eliminacion-pasado-espanol-20260707014219-nt.html

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