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‘Grief tech’: la industria de la resurrección digital | ethic

La «tecnología del duelo» es un sector en vertiginosa expansión que utiliza inteligencia artificial para recrear personas fallecidas a través de chatbots y avatares hiperrealistas.

Juan Ángel Asensio / ethic

A finales de 2025, un vídeo publicado en X por el cofundador de la startup 2Wai acumuló más de cuarenta millones de reproducciones y dividió en dos bandos a la red social propiedad de Elon Musk. En él, una mujer embarazada habla con su madre a través del teléfono; diez meses después, le pide que le lea un cuento al bebé recién nacido; veinte años más tarde, el nieto, ya adulto, le anuncia que va a ser bisabuela. El plot twist inesperado llega al final: la madre lleva años muerta. Lo que la familia lleva décadas consultando es un avatar generado a partir de tres minutos de vídeo grabados antes de su fallecimiento. El inquietante eslogan de la empresa estadounidense lo resume así: «Con 2Wai, tres minutos pueden durar para siempre».

El fenómeno se llama grief tech —tecnología del duelo—, un sector en vertiginosa expansión que utiliza inteligencia artificial para recrear personas fallecidas a través de chatbots y avatares hiperrealistas. Estas plataformas entrenan sus algoritmos con la huella digital que cada persona deja en vida —mensajes de texto, grabaciones de audio, correos electrónicos, publicaciones en redes sociales— y generan a partir de ahí un interlocutor capaz de simular el tono, los gestos y la personalidad del difunto. Concretamente en China, el mercado de los llamados «humanos digitales» ha crecido de manera imparable en los últimos años, impulsado por una demanda que responde a la dificultad de asumir que alguien se ha ido para siempre.

Sin embargo, este auge no se limita solo a China. Empresas como DeepBrain AI, con sede en Corea del Sur, se sitúan entre las más avanzadas del sector. En Occidente, la cosa es algo diferente, y plataformas punteras como HereAfter AI proponen una versión más suave del grief tech, grabando historias, memorias o, incluso, la propia voz para que los familiares puedan seguir «escuchando» al fallecido décadas después.

El mercado del duelo es tan antiguo como la muerte misma. Las empresas funerarias, los memoriales online o diversos tipos de terapia llevan décadas operando en ese espacio donde la vulnerabilidad humana y el negocio conviven. Lo que distingue al grief tech de sus predecesores es, precisamente, la escala emocional en la que opera. Y es que un chatbot de duelo no se limita únicamente a conservar fotos o vídeos, sino que mantiene conversaciones y adapta sus respuestas según el vínculo previo con cada familiar. En los casos más avanzados, la recreación incluye clonación de voz y avatares de imagen en movimiento. Es entonces cuando la experiencia deja de ser conmemorativa para volverse inmersiva. Y ahí es donde los expertos empiezan a levantar la voz.

La muerte se presenta como un problema de diseño que puede gestionarse con una suscripción mensual

Los psicólogos especializados en procesos de duelo llevan tiempo advirtiendo sobre los efectos de estas herramientas. Shen Yang, profesor de la Universidad de Tsinghua, ha señalado que replicar a un familiar fallecido puede mantener al doliente en un estado permanente de no aceptación, atrapado en la fase de negación que, en condiciones normales, debería superarse.

El psicólogo José González describe un patrón recurrente entre los usuarios: al principio aparece el alivio, luego la dependencia y, finalmente, lo que él llama una «congelación emocional», especialmente intensa cuando el vínculo con el fallecido era muy estrecho. Un estudio de 2024 del Leverhulme Centre for the Future of Intelligence de la Universidad de Cambridge apunta en la misma dirección, advirtiendo de que el uso prolongado de estas herramientas puede alterar significativamente el proceso de duelo en personas con pérdidas no resueltas o trastornos depresivos previos.

El duelo convertido en producto

La forma en que estas empresas comunican sus servicios revela con claridad la lógica que los sostiene. En el vídeo de 2Wai, la muerte se presenta como un problema de diseño que puede gestionarse con una suscripción mensual y un avatar siempre disponible. Toda la retórica del sector tiende a enmarcar la resurrección digital como un acto de amor y de memoria, aunque la estructura comercial que la rodea la sitúa con claridad dentro de una lógica de producto. Detrás de la emoción, hay un negocio.

Esa tensión, sin embargo, plantea preguntas que van más allá de lo tecnológico. ¿Quién tiene derecho a crear un gemelo digital de una persona fallecida? ¿Cualquier familiar con acceso a sus fotos y audios, o únicamente quien dejó instrucciones explícitas en vida? Los investigadores de Cambridge llevan tiempo reclamando marcos regulatorios que prevengan lo que denominan «hauntings no deseados», situaciones en las que un chatbot simula a un fallecido sin su consentimiento previo o irrumpe en la vida de familiares que no lo han solicitado.

La regulación, por su parte, avanza con la lentitud habitual cuando se enfrenta a industrias que se mueven a otra velocidad. Por ejemplo, en Corea del Sur se discute ya legislación específica para la vida digital póstuma, y la Unión Europea estudia si la clonación de identidad por inteligencia artificial debe considerarse una extensión de los derechos fundamentales. Mientras tanto, algunas plataformas como Seance AI han comenzado a incorporar por iniciativa propia límites de tiempo de interacción, presentando sus herramientas como algo que acompaña de forma temporal y no como una solución definitiva. Lo que queda claro, a pesar de todo, es que la muerte siempre ha generado industrias a su alrededor. Lo nuevo, no obstante, es que algunas de ellas ya prometen, con una suscripción de por medio, hacerla «prescindible».

Fuente: https://ethic.es/grief-tech-resurreccion-digital

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