Un análisis de ADN antiguo confirma que Giovanni y Francesco de Médici murieron de malaria y no a causa de veneno, y además revela una cepa desconocida del parásito que circulaba en la Italia del Renacimiento.

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Sarah Romero / Historia National Geographic
La poderosa familia de los Médici siempre ha estado envuelta en tramas truculentas y la muerte de dos miembros, Giovanni y Francesco de Médici, gracias a las rivalidades familiares, contaba con la sospecha persistente de un envenenamiento con arsénico.
Ahora, quinientos años después, la ciencia ha descubierto lo que pasó. ¿Fueron envenenados? No. Un estudio basado en ADN antiguo de los restos óseos de los hermanos Médici ha concluido que ambos murieron de malaria, e incluso han identificado una variante hasta ahora desconocida de Plasmodium falciparum, el parásito responsable de la forma más letal de esta enfermedad.
Un drama histórico del Renacimiento
Los Médici no fueron una familia cualquiera. Convertidos en banqueros, mecenas y gobernantes, dominaron la Toscana y dejaron una huella inolvidable tanto en la política como en la cultura del Renacimiento. Precisamente por eso, cualquier muerte inesperada en su círculo se convertía en materia de especulación.
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El cardenal italiano Giovanni de Médici murió en 1562, con solo 19 años. Su hermano mayor, Francesco I de Médici, gran duque de Toscana, falleció en 1587, a los 46, junto a su esposa Bianca Cappello, con apenas un día de diferencia entre ambos. Ese detalle generó el caldo de cultivo perfecto para que, durante generaciones, se creyera que Francesco había sido asesinado por orden de su hermano y rival, el cardenal Ferdinando de Médici.
Pero los documentos médicos de la época ya apuntaban en otra dirección. Los médicos describieron fiebres intermitentes, el cuadro conocido en la Italia central de entonces como ‘febbre terzana‘, característico de la malaria. También registraron tratamientos médicos (cuestionables, como tantas cosas en la Edad Media), como las sangrías, una práctica habitual en el siglo XVI que hoy sabemos que probablemente debilitaba aún más a los enfermos. Lo que faltaba era una prueba concluyente.
El ADN antiguo entra en escena
La clave del nuevo estudio ha estado en la paleogenética. Un equipo internacional de científicos junto con investigadores de Yale y de la Universidad de Pisa extrajeron ADN de cuatro muestras de costillas -tres de Francesco y una de Giovanni- procedentes de sus restos, enterrados en las Capillas de los Médici, dentro de la Basílica de San Lorenzo de Florencia. El objetivo era rastrear especies del género Plasmodium, los protozoos causantes de la malaria (que principalmente es causada por la picadura de mosquitos Anopheles hembra infectados por el parásito Plasmodium).

Los resultados, que han sido publicados en la revista iScience, son contundentes. En Giovanni apareció ADN de una cepa nueva de Plasmodium falciparum y en Francesco se detectaron rastros de P. falciparum y también de Plasmodium malariae, otra especie capaz de causar malaria humana.
Los autores subrayan que se necesitará más secuenciación genética para confirmar si ambas especies coexistían activamente en la Italia central del siglo XVI, pero el hallazgo apunta a una mayor diversidad de infecciones de la que se creía para la época.
Adiós al arsénico
La consecuencia histórica más importante de esta investigación es que desmonta con base molecular una de las sospechas más repetidas sobre la familia Médici. Según los investigadores, el ADN hallado respalda los diagnósticos de los médicos de la corte y permite afirmar con certeza científica que Francesco no fue envenenado, sino que murió de malaria.
«El estudio del ADN antiguo nos ofrece la oportunidad no solo de diagnosticar la malaria en los restos de individuos del pasado, sino que también nos brinda una ventana para comprender la evolución de las especies de malaria, Plasmodium falciparum en este caso, lo que puede ayudar a los científicos a comprender mejor cómo se adapta el patógeno con el tiempo», ha explicado Alexander Ochoa, científico investigador asociado en el Departamento de Ecología y Biología Evolutiva y en el Departamento de Antropología de la Universidad de Yale, como autor principal del estudio.
Esto no significa que el contexto político deje de ser fascinante. Francesco y Bianca murieron después de visitar una villa familiar en Poggio a Caiano, rodeada de arrozales pantanosos y zonas húmedas, hábitats ideales para los mosquitos transmisores. Giovanni, por su parte, enfermó tras un viaje a la costa toscana, también marcada por áreas pantanosas; con él enfermaron su madre, Leonor de Toledo, y su hermano Garzia, que también murieron en pocas semanas.
La malaria también tiene historia europea
Hoy solemos asociar la malaria con regiones tropicales, pero durante siglos fue endémica en parte de Europa, incluida Italia. La enfermedad persistió en la Italia central desde la Antigüedad hasta el siglo XX, cuando las campañas de erradicación lograron eliminarla de la región.
La historia de los Médici, por tanto, ya no es solo una historia de poder, sospechas y rivalidad. También es una historia sobre mosquitos y ciencia de vanguardia.