El torero ‘Mondeño’ se metió a monje, dejó su fortuna a su familia, pero luego no le devolvieron nada.

Manuel Román / Libertad Digital
El matador de toros Juan García Jiménez, Mondeño, procedía de una familia muy humilde al punto de que, cuando nació en Puerto Real (Cádiz) el 7 de enero de 1934, fue en una choza. Su dedicación a los toros lo salvó de la miseria. Triunfó en los ruedos. Sintió un día la llamada de Dios. Vistió los hábitos de monje, despojándose de cuanto dinero y propiedades poseía, que pasó a manos de su familia. A los seis meses se arrepintió de su decisión, abandonando el convento. Regresó a casa de los suyos «con lo puesto». Pero cuando les pidió, no que le devolvieran todo lo que les regaló, sino una parte para sobrevivir, recibió el silencio por respuesta. «Quita, quita, lo que se da, no se quita». Ni un duro. Y Mondeño tuvo que reaparecer en las plazas de toros.
Toda esa historia, cuajada de detalles y anécdotas, con imágenes emotivas, es la que ha podido verse recientemente en un documental con el que se han clausurado las Jornadas Taurinas de Algeciras. Responsable de ese trabajo cinematográfico ha sido Ralph Bünger, que fuera el amante del diestro andaluz durante cuatro décadas, hasta la muerte de Mondeño el 5 de enero de 2023.
No se casó con su apoderada
La vida de Juan García Jiménez parece el guion de una película y no la realidad que se cuenta en ese documental, sobre quien fue llamado el Torero místico.
Desde el punto de vista crítico, fue un matador de toros que recordaba, por su estatismo, la llorada figura de Manolete, y podría añadirse ahora la más reciente de José Tomás. Torero «amanoletado», vertical en el ruedo. Competía en los ruedos, a finales de la década de los 50 y comienzos de los 60 nada menos que con los más grandes en esa época de oro de la fiesta: Antonio Ordóñez, que le dio la alternativa en Sevilla en 1959 en presencia de Manolo Vázquez, los mismos que lo confirmaron en Madrid al año siguiente. En una lista donde ocupaban también los puestos cimeros Rafael Ortega, Pepe Luis, Luis Miguel, César Girón, Pedrés, Fermín Murillo… y un etcétera envidiable para los aficionados, que tenían donde elegir. Mondeño, dada su popularidad, apareció en una película, La becerrada, junto a Antonio Bienvenida, otro inolvidable maestro.
Por la mente de los toreros desfilan fantasmas que a veces los llevan a imaginarse un encuentro con la muerte. Han de vencer el miedo cada tarde. Y Mondeño, en ese trance, debió pensar que Dios lo llamaba para una misión: la de predicar la fe. Prescindió de más contratos taurinos, que no le faltaban. Y antes de entrar en el convento elegido, en Caleruega (Burgos) se desprendió de cuanto materialmente poseía, como indicábamos ya al principio, y generosamente lo dejó a sus familiares más cercanos.
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Toda la prensa nacional, e imaginamos otra de difusión internacional, se interesó por el hábito de novicio dominico. Profusión de fotografías y datos biográficos inundaron centenares de páginas de diarios y revistas.
Seis meses le duró a Mondeño aquel misticismo que confundió con una llamada divina. Colgó los hábitos, pidió perdón a los superiores del convento y salió a la calle vestido de paisano. Avisado algún amigo, lo recogió para llevarlo a Puerto Real con su familia. Fue recibido con sorpresa y algunas caras largas, comprendiendo que ya era un visitante inoportuno. No le devolvieron nada de lo que les dejó.
Su medio de vida eran los toros. Reapareció en 1966. Si antes ya había tenido bastantes cogidas, también se sucedieron en esa segunda época. Y poco a poco comprendió que su momento había pasado. Ya no era el mismo en la plaza. Disminuyeron los contratos. Y dio por finalizada su carrera cortándose la coleta en 1970 en la plaza alicantina de Elda.
En esas últimas temporadas su apoderada era Lolita Casado, que había luchado mucho por la incorporación de la mujer en los ruedos. En alguna parte he leído que se casó con Mondeño. Falso de toda falsedad.
Se descubrió que tenía una amante
En los ambientes taurinos nadie podía aceptar el trágala de su relación sentimental con una mujer. Sencillamente porque sus preferencias sexuales eran otras.
Indagando en su vida desde que se retiró de los ruedos, lo encontramos en París, bien trajeado, asiduo cliente de restaurantes de lujo. Dándose la gran vida, en expresión coloquial, del brazo de quien se convirtió en su amante: Ralph Bünger. De vez en cuando viajaban a Sanlúcar la Mayor, donde disponían de una finca. Allí le sorprendió la muerte a Juan García Jiménez, Mondeño en los carteles, el 5 de enero de 2023. El mentado Ralph estuvo junto a él en su lecho de muerte. No se habían separado desde que se conocieron, profundamente enamorados.