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“Debí haberte protegido”: Nastassja Kinski, la adolescente que creció deprisa y ante la mirada del mundo entero | ICON

La actriz ha cumplido los 65 alejada del cine, pero siendo de nuevo actualidad por la retirada de una de sus primeras películas, en las que aparecía desnuda con solo 13 años

Nastassja Kinski, en su casa de Hollywood en 1977. Michael Ochs Archives (Getty Images)

Eva Güimil / ICON

“Desde nuestro balcón solía observar a una chica guapísima que iba cada tarde a la piscina para nadar un poco y tomar el sol. Recuerdo esa piel dorada porque en aquel momento me parecía la criatura más hermosa que jamás había visto”. Así define Demi Moore en su autobiografía Inside Out. Mi historia su primer encuentro con Nastassja Kinski (Berlín, 1961). La jovencísima actriz alemana había llegado a Estados Unidos de la mano de Roman Polanski, al que había conocido en una fiesta en Múnich. Fascinado por su belleza, encontró en ella a la actriz ideal para interpretar el papel protagonista de la adaptación cinematográfica de la novela de Thomas Hardy Tess de los d’Urberville, un rol que estaba previsto que interpretase su mujer Sharon Tate, salvajemente asesinada por miembros de la secta de Charles Manson en 1969.

Polanski había postergado el rodaje hasta encontrar a la actriz perfecta y esa era Kinski. Algo que para ella suponía una responsabilidad adicional. “Fue un trabajo hecho con amor: esta película, todo el equipo, las emociones, la intensidad, todo. Me ayudó a crecer y a conectar con el mundo; fue mi paso a la adultez y a descubrir el mundo”, le explicó al crítico Roger Ebert. Estaba entusiasmada. Hizo todo lo que el director le pidió: se empapó del clásico, trabajó para perder su acento alemán y adquirir un aceptable deje de Wessex y se fue a vivir al campo, a una granja en el interior de Inglaterra en la que aprendió los usos y costumbres de la zona rural. Ganó el Globo de Oro a la nueva estrella del año. La película se estrenó en Cannes y consiguió seis nominaciones al Oscar, de las que ganó seis.

La apuesta de Polanski había funcionado. También a nivel personal. Durante el rodaje se especuló con un romance; el director se lo confirmó a Diane Sawyer en una entrevista de 1994. “Era joven y tuvimos un romance”. Muy joven. Cuando se conocieron en Múnich, él tenía 42 años y ella 15. La actriz lo negó: “Empezó como un romance ligero”, recordaba años después en The Independent, “pero se volvió exigente y posesivo y se terminó antes de que hubiese nada sexual”. Las especulaciones eran lógicas. Polanski estaba en Europa porque había huido de Estados Unidos tras ser acusado de violar a Samantha Geimer, una aspirante a actriz de 13 años. Con la mirada actual cuesta entender cómo la madre de Nastassja permitió que su hija trabajase con aquel nombre de moral nada intachable, pero una breve vista atrás en la biografía de Kinski lo explica.

Nastassja Kinski y Roman Polanski en Jerusalén en 1980.Foto: william karel (William Karel)

A la joven intérprete la había descubierto en una discoteca a los 12 años la actriz Lisa Kreuzer, mujer de Wim Wenders. En aquel momento vivía en Múnich con su madre y tenían dificultades económicas. El encuentro derivó en su inclusión en la película Falso movimiento (1975), en la que, a pesar de su juventud (13 años durante el rodaje), enseñaba los pechos y mantenía una relación turbia con un hombre que casi triplicaba su edad. Durante años fue uno más de los títulos de una filmografía caracterizada por los papeles de alto contenido sensual, pero este año acaba de volver a la primera línea tras unas declaraciones de la actriz al periódico alemán Süddeutsche Zeitung en las que pedía a Wenders que esas imágenes fuesen eliminadas de la película. “Era mi primera película, él era mi primer director y no me protegió”. La actriz afirmó que llevaba años intentando conseguirlo. Esta vez Wenders recogió el guante.

Durante el pasado festival de Berlín aseguró que retirará su película de todas las plataformas. “Como único responsable de Falso movimiento reconozco que en aquel momento se debería haber protegido mejor a Nastassja Kinski. Por ello, te pido perdón sin reservas”. La actriz ya había solicitado hace un par de años a la televisión pública que se retirase un capítulo de una serie policíaca en la que aparecía desnuda con tan solo 15 años. Su abogado alega que su madre no estaba presente en el plató y esas secuencias no se deberían haber rodado. No fueron los únicos papeles de Kinski que serían impensables hoy: en su segunda película, La monja poseída (1976), era una novicia por la que suspiraba un Christopher Lee que frisaba los sesenta. Un año después, era una colegiala que vivía un romance con su profesor en Sólo por tu amor (1976) y una alumna hipersexualizada en Ninguna virgen en el colegio (1978). “

Timothy Hutton y Nastassja Kinski en 1981.Images Press (Getty Images)

“Ojalá tuviera el dinero para comprarla y quemarla”, dijo sobre ella años después. Ese mismo año fue la pareja de Marcello Mastroianni en Así como eres (1978). Kinski tenía 17 años y Mastroianni 54. Nadie lo veía extraño entonces; a todos le resultaba normal que una bellísima adolescente se enamorase de hombres que podrían ser sus abuelos. “Si fuera mi hija, no lo permitiría. No permitiría que ciertas personas dijeran ciertas cosas ni que intentaran ciertas cosas”, reconoció años después. Por eso se sintió afortunada cuando Polanski le ofreció un papel relevante más allá de la parte sexual, que la había. “Me dio tanta dignidad”, afirmó The Telegraph. “Él fue una de las personas de mi vida que se preocupó por mí. Que me tomó en serio y me dio mucha fuerza”.

No es el único hombre que ha ejercido de mentor en su vida. De alguna manera ha buscado esa figura también en sus parejas. El cineasta egipcio Ibrahim Moussa, con quien tuvo dos hijos y permaneció casada ocho años, lo reconoció. “Nunca quiso casarse conmigo”, declaró sobre su relación. “Yo era más un padre para ella que un marido”. A su lado tuvo la vida familiar que nunca había vivido. “Cuando me enamoré de Ibrahim y tuve mi primer hijo, todo lo demás palideció en comparación y la vida familiar me absorbió por completo”. La otra gran relación de su vida, con el productor estadounidense Quincy Jones, tuvo un patrón similar. “Para mí, Quincy era alguien que me decía qué hacer y qué era lo correcto. Siempre estuvo ahí cuando lo necesité; era alguien con quien podía hablar y discutir. En cierto modo freudiano, fue el padre que nunca tuve. Para mí, las parejas solían ser como figuras paternas”.

Kinski buscó un padre gran parte de su vida, aunque lo tenía, pero era probablemente el peor de todos: el actor alemán Klaus Kinski. Que el director Fernando Colomo, que lo sufrió durante el rodaje de El caballero del dragón, titulase su obituario en este periódico Descansemos en paz da una idea de cómo era estar cerca de él. Ella dijo algo parecido. “Cuando murió, tuve un momento de dolor que duró unos cinco minutos. Fue muy intenso, y luego nunca más. No porque me obligara a sentirlo, sino porque creo que fue porque nos causó demasiado dolor”. Era difícil no mencionar a Klaus Kinski antes en un perfil dedicado a la actriz, pero Kinski es mucho más que su padre, aunque sea imposible ocultar su importancia. El actor dejó a la actriz y a su madre casi en la indigencia cuando las abandonó, pero la peor parte se la llevó su hermanastra Pola. En 2013 reveló en su autobiografía Boca infantil los abusos que había sufrido por parte de su padre desde los cinco hasta los 19 años. Nastassja reconoció que también había intentado abusar de ella. “No era un padre. El 99% del tiempo le tenía terror. Era tan impredecible que la familia vivía en constante terror”, reconoció en una entrevista en Bild.

Klaus Kinski con su hija Nastassja Kinski en Roma en 1966.Michael Ochs Archives (Getty Images)
Ruth Brigitte y Klaus Kinski con su hija Nastassja Kinski en Roma en 1966.Michael Ochs Archives (Getty Images)

En EE UU el nombre de su padre no era tan relevante. Lo que la hizo conocida fue el éxito de Tess y su extraordinaria belleza. “Muy madura y muy infantil a la vez”, la definió Rolling Stone en 1982. Casi tan relevante como su filmografía es una foto que definió su carrera. A principios de los ochenta le contó a la por entonces editora de Vogue, Polly Mellen, que le encantaban las serpientes y la maquinaria de la revista se puso a funcionar. Consiguieron una pitón birmana y contrataron a Richard Avedon. Él le propuso que posase desnuda, cuánta imaginación, y ella aceptó. El fotógrafo reveló a un programa de la televisión pública estadounidense que la actriz había pasado dos horas desnuda sobre un suelo de cemento. “Le sujetaron la serpiente a los tobillos y esperaron a ver qué pasaba”. Cuando la serpiente empezó a avanzar por el cuerpo de Kinski, se acercó a su cara y sacó la lengua como si quisiera besarla; Vogue tuvo la portada del año y la fotografía se convirtió en uno de los pósteres más populares de todos los tiempos. Tuvo cientos de imitaciones. La más relevante, la protagonizada 20 años después por Sonja Kinski, su hija.

En Estados Unidos encadenó películas extraordinarias. A Corazonada (1982) llegó después de que Coppola le preguntase si había tenido alguna experiencia circense y sí, había trabajado con elefantes y una amiga de su madre entrenaba tigres. Su imagen en una copa de Martini gigante se convirtió en una de las más reconocibles de la película que hundió la productora del director. Fue un fracaso, pero ella guarda un recuerdo extraordinario del rodaje. Su rostro felino la hizo la candidata perfecta para protagonizar El beso de la pantera (1982), remake del clásico de Jacques Tourneur dirigido por Paul Schrader. Le encantó trabajar con grandes felinos y conocer a David Bowie, autor de la canción principal. Se había convertido en una estrella y en un rostro habitual. En Hotel New Hampshire (1984), adaptación de la novela de John Irving que hoy habría dirigido Wes Anderson, coqueteaba con Rob Lowe y Jodie Foster y se pasaba la película embutida en un traje de oso.

Quincy Jones y Nastassja Kinski en la gala de los Oscar de 1993.Vinnie Zuffante (Getty Images)

Hollywood vio en ella “el misterio de Garbo, el ingenio de Lombard y la sensualidad de Monroe”. Y entonces llegó la mejor película de su filmografía: Paris, Texas (1984), que de nuevo la reunía con Wim Wenders, con quien años después repetiría en Tan lejos, tan cerca (1993), secuela de Cielo sobre Berlín. Parecía destinada al estrellato absoluto, pero en la cima de su celebridad optó por centrarse en su familia. Quería darles a sus hijos la estabilidad que ella no tuvo. Ningún título posterior volvió a tener la relevancia de antaño, aunque películas como Después de una noche (1997), donde era la amante de Wesley Snipes, y Amigos y vecinos (1998), comedia negrísima de Neil LaBute, habrían merecido mejor suerte. En Inland Empire (2006), de David Lynch, su papel se redujo en la sala de montaje y apenas es una presencia fantasmagórica al final de la película.

Lejos de la voracidad de los focos, mantiene un perfil bajo que solo ha captado la atención de la prensa tras su polémica con Wenders. A sus 65 años lleva una vida tranquila, como muestra en sus redes sociales, en las que comparte momentos cotidianos, como una visita esta semana a Mallorca, isla que visita con asiduidad. Una vida normal, la que no pudo vivir cuando era una niña a la que obligaron a crecer demasiado deprisa.

Fuente: https://elpais.com/icon/2026-06-16/debi-haberte-protegido-natassja-kinski-la-adolescente-que-crecio-deprisa-y-ante-la-mirada-del-mundo-entero.html

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