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El lector de tabaquería: el oficio olvidado que convirtió las fábricas de puros en escuelas de literatura y revolución | Historia NG

En Cuba y en el Caribe hispano, una persona se dedicaba a leer las noticias, discursos políticos y hasta novelas, mientras los obreros enrollaban tabaco a mano: así nació uno de los oficios más singulares y culturales del mundo laboral.

Lector en una fábrica de cigarros, La Habana, Cuba.
The Print Collector/Heritage Images

Sarah Romero / Historia National Geographic

Aunque en cualquier fábrica artesanal de elaboración de puros nos encontraríamos al personal escuchando música, podcasts o audiolibros de forma individual, cada uno con sus auriculares, no siempre fue así. Antiguamente, existían los lectores de tabaquería. ¿Qué era exactamente este oficio?

Durante décadas, en las fábricas de cigarros de Cuba y en las comunidades tabaqueras del exilio, su voz convirtió el ruido silencioso del taller en un espacio de aprendizaje, debate y también de imaginación. Mientras las manos repetían un gesto mecánico durante horas, alguien leía en voz alta toda suerte de contenidos para entretener, informar y, de paso, despertar conciencia entre los trabajadores.

Los orígenes de un antiguo oficio

La tradición se consolidó en Cuba hacia 1865, especialmente en La Habana, gracias a figuras como Saturnino Martínez, que promovió lecturas públicas en fábricas tras publicar un periódico para obreros. Lo importante es que la práctica cuajó rápidamente porque encajaba con la realidad de un trabajo manual, largo y repetitivo, en el que la voz humana servía como compañía y como estímulo intelectual.

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El sistema era tan democrático como sorprendente. Los propios trabajadores elegían, en muchos casos por votación, qué quería oír la sala: novelas, noticias, textos históricos, artículos políticos y hasta poesía. Los lectores no eran un lujo decorativo impuesto desde arriba, sino una necesidad elegida por los obreros, que incluso pagaban colectivamente su salario. Eso convertía al lector en una figura muy especial. Si bien era un empleado de la fábrica, también era una especie de maestro ambulante.

Influencia social

Su función iba mucho más allá del entretenimiento. Las lecturas servían para educar a una mano de obra en gran parte analfabeta o con escaso acceso a la formación, pero también para introducir ideas nuevas sobre historia, política y actualidad. Tanto es así que el lector de tabaquera se convirtió en un agente de ilustración obrera, e incluso en un catalizador de radicalismo y organización laboral. En las fábricas cubanas, escuchar a estas personas también significaba aprender a discutir, comparar y pensar en términos colectivos.

No es casual que las autoridades coloniales vieran con recelo esta costumbre. Las lecturas podían incluir textos que alimentaran el pensamiento crítico o la organización de los trabajadores, y eso volvía la práctica subversiva a ojos del poder. Hasta tal punto que las lecturas públicas en las tabaquerías llegaron a prohibirse en 1866 por su carga política, aunque los obreros presionaron para recuperarlas.

lector tabaqueria
Lector de tabaquería en una fábrica de Tampa en enero de 1909.Lewis Wickes Hine

La figura del lector también se extendió con los movimientos migratorios del tabaco. Cuando muchos tabaqueros cubanos emigraron a Key West y Tampa, llevaron consigo la costumbre de leer en voz alta. Allí, en ciudades moldeadas por la industria cigarrera, el lector de tabaquería siguió cumpliendo su papel de animador intelectual.

Sin embargo, con el paso del tiempo, estos profesionales tuvieron que enfrentarse a dos rivales poderosos: la mecanización y, sobre todo, la radioA partir de las décadas de 1920 y 1930, la modernización industrial y los nuevos medios de entretenimiento fueron restándole protagonismo a estos lectores personales. Pero, aun así, muchos trabajadores seguían prefiriendo una voz humana a la voz que trascendía a través de un aparato. Incluso cuando la tecnología entró en las fábricas, esta profesión resistió un tiempo más, porque no ofrecía solo sonido, sino también compañía y una forma compartida de llevar la jornada de trabajo.

¿Ya no existe el oficio?

Lo más llamativo es que esta tradición no ha desaparecido del todo. La práctica continúa en algunas fábricas cubanas del siglo XXI, entre ellas Partagás y H. Upmann, lo que convierte al lector de tabaquería en un oficio raro. Ya es un oficio raro y viejo, sí, pero no completamente extinguido.

En un mundo de pantallas y ruido constante, sigue teniendo algo de milagro que una sola voz continúe reuniendo la atención en un mismo escenario. Y nos recuerda que leer o escuchar no siempre fue una experiencia solitaria y silenciosa, como lo es mayoritariamente en nuestro mundo actual, y que durante mucho tiempo la literatura también se vivió en comunidad, dentro de los talleres.

En esas fábricas de humo y papel, las lecturas ayudaron a educar, entretener y despertar a generaciones enteras de trabajadores. Y eso convierte a esta antigua profesión en una pequeña pero importante institución cultural para los cientos de torcedores de tabaco. En Cuba, esta tradición obtuvo el reconocimiento de patrimonio cultural en 2012.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/contexto/lector-tabaqueria-oficio-olvidado-que-convirtio-fabricas-puros-escuelas-literatura-y-revolucion_26185

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