Los Periodistas

Lydia Cacho: «El mundial ayuda a olvidar que el 35% de México está cogobernado por la delincuencia organizada» | El Cultural

En la novela ‘Un halcón bajo mi ventana’, la periodista reconstruye las protestas estudiantiles brutalmente reprimidas por el gobierno mexicano en las décadas de 1960 y 1970.

La periodista y escritora Lydia Cacho. Foto: archivo de la autora

Manuel Vega / El Cultural

Lydia Cacho (Ciudad de México, 1963) se refugió en España cuando sus investigaciones periodísticas sobre las conexiones entre el poder político y el crimen organizado la forzaron a abandonar su país natal. Ahora publica Un halcón bajo mi ventana (Lumen), con el foco en la guerra sucia del PRI contra los manifestantes que reclamaban apertura política a un régimen que les respondió con matanzas como la de Tlatelolco de 1968 y el Halconazo de 1971.

Pregunta. Torturas, desapariciones, vuelos de la muerte… Parece la Argentina de Videla, pero es el México de los 60-70, gobernado por el PRI, una supuesta democracia.

Respuesta. Es así. La gran mayoría de personas fuera de México e incluso tal vez dentro desconocen cómo funcionó esa década en la que empezó la transformación hacia la democracia. Teníamos un gobierno con un presidente que venía de familias militares, y era lo que mucho después Vargas Llosa denominó como “una suave dictadura”, que es lo más peligroso.

Recomendaciones para la Feria del Libro de Madrid: 50 libros para triunfar este año en el Retiro

P. En la novela, en una reunión feminista, se informa de que el gobierno de Díaz Ordaz las vinculaba a grupos comunistas extremistas. Suena actual: bulos y fake news.

R. Total. Mientras escribía, pensaba: no existían las tecnologías de hoy, pero los medios de comunicación funcionaban de manera totalmente distinta. Y eso no nos permitía entender plenamente cómo funcionaba el sistema. Había mucho misterio en la estructura y el funcionamiento del sistema político, y del policíaco y militar como herramienta de persecución y castigo a la disidencia, a las libertades y a la prensa.

Portada de ‘Un halcón bajo mi ventana’, de Lydia Cacho (Lumen)

P. Se atribuía la violencia sexual a soldados y policías, pero también la practicaban compañeros de izquierdas, que lo reducían a “casos aislados”. ¿Cuánto ha avanzado en México la concienciación contra esta lacra?

R. Muchísimo. Creo que el avance es parecido en México y en España. La gran mayoría de hombres y mujeres entendemos la gravedad de la violencia contra mujeres, niñas y niños, que antes se negaba y se consideraba un problema del ámbito privado. En aquel entonces, estos grupos de izquierdas de Latinoamérica creían en libertades generales, pero excluyendo las de las mujeres. Sí libertad para ir a la universidad, pero no necesariamente para salir de la cocina. La misoginia estructural era brutal, y creo que ha cambiado radicalmente.

Bernardino de Sahagún, el desconocido fraile español que preservó la memoria de los indígenas de México

P. Usted escribió: “A los líderes del 68 y a los defensores del Estado y el PRI los unía el machismo y los enfrentaba la política”.

R. Podría haber sido muy distinto si los periodistas lo hubieran contado, y no lo contaron ni las mujeres. Mi editor en México me decía: vamos a invitar a alguna de las periodistas o escritoras de la generación, alguna que haya escrito sobre esto. Le dije que no hay ninguna. Elena Poniatowska escribió, pero no estuvo. A ella la llamaron para contarlo. En el recuento de Poniatowska, que es maravilloso [La noche de Tlatelolco], el 99 % del libro habla de lo que los hombres hicieron por el movimiento.

Lydia Cacho. Foto: archivo de la autora

Lydia Cacho. Foto: archivo de la autora

P. Narra la masacre de Tlatelolco [unos 300 manifestantes muertos por la represión policial diez días antes de arrancar los Juegos de México ’68]. ¿Se ha hecho lo suficiente para dirimir responsabilidades y reparar a las víctimas?

R. Se crearon comisiones de la verdad y la memoria histórica, que fueron reconocidas por la Suprema Corte de Justicia. Lograron que la corte determinase oficialmente que el gobierno mexicano y el PRI habían cometido un genocidio. También fue juzgado el presidente Echeverría [secretario de Gobernación cuando la masacre], pero en todos los procesos dictatoriales que cometen actos genocidas hay diferentes órdenes, que se van fragmentando y eso hace que sea muy difícil demostrar jurídicamente quién es el verdadero responsable, quién dio la orden, quién disparó. Se juzgó a Echeverría, pero no se logró la sentencia que el país hubiera deseado. Sin embargo, sí hubo un reconocimiento y reparación del daño para varias de las víctimas del 68, y eso fue importante para sanar el país.

Exiliados argentinos en España por el golpe de Videla: el acento que agitó la cultura en la Transición

P. ¿Qué le ha supuesto regresar a México tras años de exilio forzado?

R. Pasé solamente una semana, pero fue conmovedor volver, y volver con esta novela, que mientras la escribía en mi casa en Málaga sentía que era una manera de volver a mi país. Una semana llena de alegría, de afectos, de amor. Rodeada de escoltas, por supuesto. Fue muy emocionante abrazar a mi familia, a mis amistades y estar conviviendo con mis colegas periodistas.

P. Se acerca el Mundial. ¿Teme que su organización implique recortes de derechos?

R. Existen denuncias sobre el aumento de la trata de personas, porque hay una gran demanda de servicios sexuales, como lo llaman ellos, de los turistas que van a México para el Mundial. Todo gobierno que organiza este tipo de eventos arma un circo de entretenimiento para distracción de otros temas más importantes. Por eso hay una negación sistemática, por parte del gobierno y de la propia presidenta, de las desapariciones cometidas por la delincuencia organizada. Minimizan los crímenes que se están cometiendo.

«Mi muy querido amigo Azaña»: las cartas inéditas que devuelven al político su rostro de escritor

P. ¿Como el de Ayotzinapa, en 2014?

R. Sí. Hay un doble discurso de reconocimiento, de que fue un delito, pero como es un crimen del pasado y cometido bajo el mando de otro gobierno, ese sí lo pueden mencionar. Pero la presidenta Sheinbaum sigue sin recibir a las madres de las personas desaparecidas, más de 120.000. Un porcentaje importante han sido desaparecidos con ayuda tanto de la policía como de grupos militares corrompidos por la delincuencia organizada. El circo alrededor del fútbol ayuda mucho a que momentáneamente la gente se olvide de que más del 35 % de México está cogobernado por la delincuencia organizada transnacional.

P. A la abuela de la protagonista, exiliada española, un militar le espeta: “Lo único bueno que han traído los españoles es la comida y el vino”. Parece que el Ejército rechazaba la acogida del presidente Lázaro Cárdenas al exilio republicano.

R. Totalmente. Había un rechazo de una buena parte del poder político a recibir a los exiliados españoles. Primero, por la xenofobia instalada en muchos países. Por otro lado, había un resentimiento: estos vinieron a conquistarnos y ahora les vamos a volver a abrir las puertas. La ironía, profundamente cruel, es que quienes se quejaban eran los que estaban tratando de eliminar a su propio pueblo, a los estudiantes.

P. La abuela responde: “También trajeron el idioma español, que ustedes decidieron que fuese más importante que el náhuatl”. Se suponía que la independencia iba a traer más derechos a los pueblos originarios y fue prácticamente lo contrario, ¿no?

R. Sí. Uno de los subproductos que perviven de una colonización tan salvaje como la que sucedió en México, y en África y el resto del mundo, es que las personas colonizadas, como una mujer maltratada, descubren que si no se alían con su agresor pueden morir o ser aplastados por él. Eso hace que una gran cantidad de personas originarias quieran blanquearse a sí mismas. Genaro [el militar], como muchos personajes inspirados en personajes reales, tiene orígenes y rasgos indígenas, y es de los más racistas y xenófobos. No quieren a los españoles, pero aborrecen a los indígenas.

P. Hay un cameo de una niña de seis años llamada Claudia Sheinbaum. ¿Cómo ha vivido usted la polémica por la conquista española?

R. Ella dijo que de niña iba a las marchas del 68, de ahí saqué la cita. Cuando López Obrador [anterior presidente] argumentó que la monarquía española debía disculparse con el pueblo mexicano, en realidad surgió de una ceremonia del gobierno para disculparse, y lo hizo con todos los grupos indígenas. En ese contexto, López Obrador dijo: ahora les toca a ellos [a España]. En lugar de tomarlo como un hecho diplomático importante y respetable, lo que sucedió fue un Lost in translation en los textos periodísticos. Fueron fragmentando y fragmentando [las declaraciones] y para cuando llegó aquí, la noticia era casi una broma. Pero si lees el origen de esta petición, me parece bastante sensato. Ahora, cómo llegó y cómo terminó en las discusiones, pues ya totalmente bizantinas y ridículas. Para el gobierno mexicano en ese momento, la intención no era borrar el pasado, ni reivindicarlo.

Fuente: https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20260530/lydia-cacho-mundial-ayuda-olvidar-mexico-cogobernado-delincuencia-organizada/1003744266124_0.html

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio