El historiador mexicano participará el próximo 26 de mayo en un encuentro exclusivo para suscriptores de ABC en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

Manuel P. Villatoro / ABC
Se cumplió el vaticinio del profesor Juan Miguel Zunzunegui. Hace apenas unos meses, este doctor en Humanidades mexicano advertía a ABC, entre risas, del extraño maleficio que parece perseguirle: «¡Siempre que vengo a veros sucede algo!». Una vez más, llevaba razón. Si por entonces fueron las opiniones de Felipe VI sobre la Conquista, ahora, cuando se prepara para viajar a España de nuevo, se ha topado con el cruce de declaraciones entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, con Hernán Cortés como motivo de discordia. «Empiezo a pensar que el culpable soy yo por venir…», bromea.
Por nosotros que no se preocupe el buen profesor, porque sus visitas a España bien valen alguna controversia que otra. Y más, cuando participará en un encuentro con los suscriptores de ABC el próximo 26 de mayo, de 17:00 a 19:00 horas, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Un evento para el que todavía quedan plazas libres y en el que presentará la reedición de uno de sus ensayos más populares: ‘Hernán Cortés. Encuentro y conquista’ (La Esfera de los Libros). Porque, por mucho que insistan los negrolegendarios, el conquistador extremeño no fue un asesino iletrado, sino un defensor del mestizaje y un arquitecto de la Hispanidad. «Como dijo Díaz Ayuso, y repetimos muchos otros desde hace tiempo, sin Hernán Cortés no existiría México», añade.
No se chupa el dedo Zunzunegui. La espada más afilada contra la Leyenda Negra sabe «que no podemos elevar al conquistador a la categoría de san Hernán Cortés», pero tiene claro que no era el diablo con cuernos y tridente que retrataron Sheinbaum y su lugarteniente, el asesor político José Alfonso Suárez del Real, hace unas semanas. «¿Que era violento? Claro, vivía en el siglo XVI y estaba lejos de su tierra; sabía serlo, pero también procuraba evitarlo. Y los mexicas a los que se enfrentaba no es que fueran pacíficos…». La historia, insiste, no es inocente, moldea el alma de los pueblos, y hay que que estudiarla y exponerla sin mitos antiespañoles como los que se repiten en México desde hace décadas.
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«La animadversión a la Conquista se empezó a inocular hace poco. Antes, en el siglo XVIII, Cortés había sido honrado como padre de la patria, pero en 1920 el gobierno mexicano posrevolucionario extendió la idea de que, hasta la llegada de los españoles, esto era un paraíso indígena en el que se vivía en paz», explica Zunzunegui. Todo mentiras, desde luego, pero mentiras que han cuajado y que han creado un relato de cartón piedra contra el que es necesario bregar a golpe de ensayo y conferencia. «Lo que se vive en América desde la llegada de Cristóbal Colón en adelante es el proceso migratorio más complejo de la historia de la Humanidad. Un proceso de mestizaje que creó la Hispanoamérica que hoy conocemos», añade.
Una de las falacias más extendidas, insiste Zunzunegui, es la que afirma que su país existía como nación antes de la llegada de Cortés. «Es algo fundamental y que siempre repito: no existía tal cosa como México. Si viajásemos a 1520, nos colocáramos en el centro de Tenochtitlán y pidiéramos a los mexicanos que levantasen la mano, nadie lo haría». A su juicio, en aquel territorio no había una unidad cultural, política, económica, lingüística o religiosa. «Allí vivían diferentes pueblos que se hacían la guerra entre sí. Muchos se aliaron con los españoles para enfrentarse a los mexicas, que sacaban 10.000 corazones al año», finaliza. Y eso, por no hablar del canibalismo, que vaya si podría.
Mitos de Cortés
La Leyenda Negra no ha sido más benevolente con Cortés. Zunzunegui recalca que la lista de mentiras vertidas sobre el conquistador es larga: «El mito más extendido es que era un salvaje y un ignorante, y no fue así. Era un niño bien, de familia noble, que recibió instrucción de caballería porque su familia estaba relacionada con las órdenes de Alcántara, Calatrava y Santiago. Además, y aunque no durante mucho tiempo, pasó por la Universidad de Salamanca». Que derrochaba cultura, afirma, se ve en las cartas que envió a Carlos V desde el Nuevo Mundo. «No olvidemos que las escribió a orillas del Lago de Texcoco en una época en la que no había Wikipedia. En ese contexto citaba a Tácito y a Salustio y te hablaba de Alejandro Magno o de la Guerra de las Galias», finaliza.
«Muchos pueblos oprimidos se aliaron con Cortés para derrotar juntos a los aztecas» Juan Miguel Zunzunegui
También se le suele acusar, como ya hicieran Sheinbaum y Suárez, de perpetrar matanzas de la talla de Cholula y de avanzar por el imperio mexica con espada y arcabuz. «En su camino hacia Tenochtitlán, la capital, siempre lanzaba propuestas de paz a los pueblos de la zona. Hubiera sido estúpido pelearse cuando apenas contaba con 400 hombres», señala. Su estrategia consistía en buscar alianzas, sellarlas a través del matrimonio con alguno de sus capitanes y unir a su anémico contingente a cientos de nativos. «Muchos pueblos oprimidos se aliaron con Cortés para derrotar juntos a los aztecas», recuerda. Sobre esa base brotaron en México las ciudades actuales con conventos franciscanos y templos barrocos.
El colmo para Cortés fue que su Leyenda Negra fue azuzada también desde la península. Los pleitos que mantuvo durante dos décadas con la Corona –que le veía como un servidor valioso, pero también difícil de controlar por su independencia– le costaron mil y una acusaciones. «Don Carlos sabía que era un tipo habilidoso y valiente, pero también que se había saltado la autoridad del gobernador de Cuba, Diego Velázquez, para conquistar el imperio azteca sin su permiso. Siempre tuvo miedo de que hiciera lo mismo con él», señala Zunzunegui. Los delitos que le quiso cargar la administración –esclavización, matanzas, corrupción, cobro indebido, abuso de autoridad…– todavía le persiguen en la actualidad. Muchas veces, sin razón.