Un excepcional manuscrito del siglo XV contiene un inventari exhaustivo de los apodos que recibían los canes, muy queridos especialmente por los cazadores.

Dominio Público
Judith Vives / Historia National Geographic
Colaboradora de Historia National Geographic
Se dice, no sin razón, que el perro es el mejor amigo del hombre. Y así parece quedar demostrado con la gran cantidad de hogares que cuentan con este animal de compañía. Solo en España, hay registrados más de 10 millones. Sin embargo, la pasión perruna no es nada nuevo. De hecho, tenemos pruebas muy claras de la amistad entre humanos y canes des de épocas muy antiguas.
Sin ir más lejos, es famoso el mosaico de Pompeya que nos alerta de la presencia de un perro peligroso en una casa. De la edad media nos llega también otro curioso documento que lo certifica. Se trata de un curioso manuscrito del siglo XV que recoge más de un millar denombres de perros.
En lugar de llamarse Coco, Lucky, Max o Luna, en el medievo los canes respondían a otros nombres: Beamond, Talbot o Jombart eran algunos de los más utilizados. Y lo sabemos gracias al académico de la North-West University (Sudáfrica) David Scott-Macnab, autor de una edición crítica de tan singular documento.
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Este investigador explica que, en el siglo XV, cazar era una de las formas de ocio más populares, pero también con más prestigio entre las clases aristocráticas. Era una actividad que estaba llena de rituales y en la que los perros tenían un papel relevante. La prueba de ello es que el documento hallado recoge un total de 1065 nombres para perros de caza, entre los que se incluyen sabuesos, terriers y galgos.

Un manuscrito olvidado
Se cree que este manuscrito, fechado entre 1460 y 1480, perteneció a la familia Dansey de Herefordshire. A diferencia de los lujosos tratados de caza que también se conservan de esta época, este códice parece más bien una compilación con finalidad práctica, pensado para el uso diario en una finca rural. En el volumen se pueden encontrar tratados sobre cetrería y consejos de agricultura, entre otros contenidos. Sin embargo, lo más singular sin duda es el inventario en orden alfabético de nombres de perros. Esto demuestra que ya en la edad media, cada perro en una jauría era conocido individualmente por su nombre.
La pasión medieval por los canes
Un dato nos puede aportar luz sobre la afición de los medievales por los perros. Tenemos el caso de Gastón Phébus, conde de Foix, del que gracias a las Crónicas de Froissart sabemos que llegó a tener jaurías de más de 1500 perros. Phébus describía al perro como la bestia más «razonable» y con mejor entendimiento creada por Dios, y como hoy, también destacaba su lealtad, memoria y sabiduría. Incluso se han conservado sus recomendaciones para los mozos de las perreras, que debían ser personas amables. Incluso sugería que algún niño durmiera con los perros para evitar peleas y calmarlos.
Nombres creativos
La lista medieval de los nombres de perros destaca, en primer lugar, por su extensión, pero también por la gran variedad y creatividad de los nombres, que nos dan pistas del tipo de lenguaje que se hablaba en la época.

Los nombres del listado se dividen por categorías. Así, dentro de la mitología y la historia aparecen nombres como Absolón, Aquiles, Héctor, Lanzarote (Gaweyne) y César. También hay nombres que se refieren a cualidades físicas y de temperamento, como Blanche (blanca) o Whiteberde (barba blanca), o Meryman (hombre alegre), Sturdy (robusto) o el irónico Filthe (suciedad). Otra cosa que llama la atención son los nombres referidos a profesiones o trabajos, como Aldirman (regidor), Sexteyne (sacristán), Capteyne (capitán) o Duchesse (duquesa). Y también los que tienen relación a la música, como Musike, Armonye o Symbale.
Curiosidades lingüísticas
La investigación de Scott-Macnab ha revelado también rasgos ortográficos fascinantes, como el uso de la «w» en lugar de la «u» en algunos nombre, como Bwnne por Bunne. Según el experto, este detalle sugiere una influencia de la fonética galesa propia de la zona de Herefordshire. Además, la lista está llena de neologismos que no aparecen en ningún otro diccionario medieval, como Cacchecurs («receptor de maldiciones») o Wynbawde (posiblemente un juego de palabras sobre el placer). Pero sin duda, lo mejor de la lista es que nos indica que los perros han sido queridos por los humanos a lo largo de todas las épocas.
Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/asombrosa-lista-medieval-mas-mil-nombres-perros_26073