Entrevistamos a la princesa Sirivannavari con motivo de la inauguración de la exposición “La moda en todo su esplendor. Alta costura y tradición en la corte de Tailandia” en el Museo de Artes Decorativas de París.

Por Valentine Ulgu-Servant / Vanity Fair
El sueño de la reina Sirikit hecho realidad. Esta semana se ha inaugurado en el Museo de Artes Decorativas de París una exposición excepcional: “La moda en todo su esplendor. Alta costura y tradición en la corte de Tailandia”. En ella se presentan cerca de 200 vestidos, accesorios y documentos de archivo que han pertenecido a la realeza desde la década de 1960 hasta nuestros días. La mayoría proceden del guardarropa de la reina Sirikit (1950-2016). La esposa del rey Rama IX (1946-2016) colaboró con el modisto francés Pierre Balmain y la maison Lesage para crear trajes de gala de un refinamiento absoluto, no exentos de soft power diplomático. La exposición se celebra bajo el patrocinio de su nieta, Su Alteza Real la princesa Sirivannavari, que ha fundado una marca de moda con su propio nombre. La muestra celebra el 170.º aniversario de las relaciones diplomáticas franco-tailandesas (1856–2026).
A menudo se ha comparado a la reina Sirikit con Jackie Kennedy por su sofisticación, pero ella supo dejar huella en la historia a su manera. Hija del embajador de Tailandia en Francia, conoció al futuro rey en París, mientras ambos cursaban sus estudios. Diez años después de su boda, en 1960, le acompañó en una larga gira de visitas oficiales por 15 países de Europa y Estados Unidos. En la maleta llevaba un amplio vestuario diseñado junto a su colaborador Pierre Balmain. ¿El objetivo? Presentarse ante el mundo con atuendos que combinaban la alta costura parisina y la artesanía tailandesa. Juntos reinterpretaron el brocado de seda, el bordado con hilo de oro y la técnica de teñido y tejido ikat.


“El vestuario de una reina forma parte de la historia de su país”, escribía el modisto en su autobiografía Mis años y las estaciones (1964). “Todas sus actividades, todas sus apariciones públicas pueden quedar inmortalizadas por un objetivo y esas son las fotografías que consultarán los historiadores del mañana […] Me considero especialmente honrado por haber contado con la confianza de una de las reinas más bellas, elegantes y bondadosas de nuestro tiempo”.
Consciente del poder político de su vestuario y deseosa de ser fiel a su propia visión estilística, la reina Sirikit revolucionó la moda de su país al idear ocho modelos de trajes tradicionales femeninos para diversas circunstancias (bodas, recepciones de Estado, etc.), en una época en la que no existía un traje nacional característico para las mujeres. Diseñados en estrecha colaboración con historiadores, expertos y los equipos de Pierre Balmain, estos ocho modelos emblemáticos de su reinado, llamados Chud Thai Phra Rajaniyom, siguen impregnando la moda y las costumbres tailandesas.
En la entrevista, la princesa Sirivannavari reflexiona sobre este legado de la moda y la importancia de la exposición.
¿Qué significa para usted esta exposición?
Es un verdadero honor y estoy muy orgullosa por mi país. Estoy muy emocionada, porque me recuerda a mis abuelos. Su primera cita fue en Francia, en Fontainebleau. Mi abuela, que soñaba con ser pianista profesional, estudió en el conservatorio. Le encantaba París. Los dos solían hablar en francés. Cuando era pequeña, los oía hablar en ese idioma que aún no dominaba. Para mí, era como un código entre ellos, como si se contaran secretos. Sé lo especial que era Francia para ellos. De hecho, recuerdo ver a mi abuelo viendo la televisión francesa con frecuencia. Todavía recuerdo un programa que era como un concurso, con tarjetas amarillas.
¿Le transmitieron su amor por Francia?
Sobre todo a través de mi pasión por la equitación y por la moda. Quería saberlo todo, no limitarme a un determinado puesto o ámbito en el mundo de la moda. Heredé la curiosidad de mi abuela. Así que, cuando empecé una formación especializada en Bangkok, mi padre me dijo: si tu sueño es dominar la moda para ser diseñadora, tienes que estudiar en Francia [en la Escuela de la Cámara Sindical de la Costura de París, nota del editor]. En ningún otro sitio. Pensé: “Dios mío, voy a tener que ponerme con el francés”. Al principio me resultó muy difícil. Estuve a punto de dejarlo al cabo de dos semanas, pero mi padre me animó y conseguí ponerme a ello. Un profesor me enseñó el vocabulario esencial. Lo más difícil fue explicar mi trabajo, mi enfoque, en la escuela. Independientemente de mis dificultades, siempre pensaba en lo que me dijo mi abuela antes irme. Cuando fui a verla para despedirme, me habló del bien, de la vida, de sus ideas y del concepto de trabajo, y de por qué era importante que nuestras tradiciones dialogaran con los conocimientos de otros lugares para que brillaran con más fuerza.
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En el ámbito de la moda, ¿qué vínculos existen entre Francia y Tailandia?
Ambos países comparten una profunda cultura de la costura. En Tailandia, somos muy abiertos a otras culturas y nos apasiona fusionar visiones a través de la moda. Por su parte, Francia posee un talento extraordinario para la alta costura, elevándola a la categoría de arte con un orgullo admirable. Nosotros somos más reservados; nos cuesta dar ese paso audaz para proyectar nuestro talento en la escena internacional.
¿Cómo definiría el estilo de su abuela?
Atemporal. Básicamente porque supo crear un estilo tailandés sin que fuera exclusivamente tailandés. Al principio, durante su juventud, era reservada y no se atrevía a experimentar. Con el paso del tiempo ganó audacia y se volvió realmente independiente en su forma de concebir sus looks. Se convirtió en una dama, una mujer que puso algo de sí misma, de sus gustos y de su sentido de la elegancia en cada uno de sus looks. Recuerdo que me decía: “Yo llevo todos los estilos”. Lo probó todo y mezcló influencias. Así es como se convirtió en un icono. Sabía adaptarse perfectamente a cualquier situación a través de la ropa. Sabía qué ponerse en cada ocasión, con precisión y elegancia.
¿Hay algún accesorio que llevara siempre puesto?
Le encantaba lucir los regalos que le hacía el rey. A él le encantaba sorprenderla. Tenían sus propias bromas. Yo no entendía todo, pero la veía feliz como una niña cuando se ponía sus joyas. Siempre se preocupaba de combinarlas con el peinado, el maquillaje… Todo en ella era sofisticado.
¿Qué papel desempeñó Pierre Balmain en la construcción de su imagen?
El de un verdadero amigo. No la encasilló en un estilo, sino que la ayudó a encontrar el suyo propio inspirándose en la moda parisina y la artesanía tailandesa. Trabajaba con artesanos locales, presentaba sus muestras y sus diseños a Lesage, que los convertía en sublimes bordados.


¿Cómo ha abordado el patrocinio de la exposición?
Todo es muy intenso para mí. Realmente tengo la sensación de seguir los pasos de mi abuela, sobre todo al apoyar a los jóvenes diseñadores y artesanos tailandeses. Cuando surgió la oportunidad de montar un proyecto con Francia, enseguida pensé en hacer algo relacionado con la moda. Mi abuela siempre me decía que soñaba con ver nuestro saber hacer textil representado en París. Soñaba especialmente con ver vestidos ikat expuestos aquí. Quería que la ropa tradicional tailandesa fuera tan conocida como el kimono o el sari. Sé que ese pensamiento la acompañaba, sobre todo porque tenemos un enfoque muy reservado de nuestra cultura real. Es la primera vez que varios objetos de la colección privada cruzan las fronteras del país. No es nada fácil, pero mi padre confió en mí para este proyecto.
¿Quién es su principal inspiración en la moda, además de la reina Sirikit?
Alaïa. Me gustan las líneas contemporáneas de sus creaciones, sus patrones atemporales.
“La moda en todo su esplendor. Alta costura y tradición en la corte de Tailandia”, una exposición que se puede visitar en el Museo de Artes Decorativas de París hasta el 1 de noviembre de 2026.
Artículo publicado por Vanity Fair ‘Francia’ y traducido por Isabel Escribano Bourgoin. Acceda al original aquí.