El picante puede ser un buen aliado para perder peso, siempre y cuando seamos personas sanas y no tengamos úlceras gastrointestinales, gastritis, síndrome de intestino irritable, problemas hemorroidales o hepáticos

- GEMA GARCÍA MARCOS / YO DONA
unque, de primeras, la idea nos pueda chocar o parecer poco apetecible, añadir unas gotas de tabasco en el desayuno puede transformar la manera en la que arranquemos el día. Antes de meternos en faena, el nutricionista Javier Fernández Ligero nos recuerda qué alimentos tendría que incluir esa primera ingesta del día que, a ser posible, debería realizarse después de movernos un poco (basta con un breve paseo): «Al contrario de lo que tradicionalmente se nos ha hecho creer, un buen desayuno no debe basarse en hidratos de carbono simples (cereales, galletas o tostadas) o un zumo de naranja, sino en un buen aporte de proteínas (huevos o lácteos, por ejemplo), grasas ‘buenas’ (aguacate, aceite de oliva o salmón) y hidratos complejos (cereales o pan, pero integrales). ¿Por qué? Porque, mientras en el primer caso, experimentaremos un pico de glucosa en sangre que se traducirá en un chute de energía que se irá tan rápido como llegó (empujándonos a pasarnos la mañana ‘picoteando’), en el segundo, además de sentirnos más saciados durante más tiempo, nuestra vitalidad será más sostenida y equilibrada».
¿Qué pasa si añadimos tabasco a este desayuno ‘ideal’? «Además de no aportar calorías, el picante acelera el metabolismo, potenciando la quema de calorías; estimula la producción de los jugos gástricos, mejorando la digestión (si lo combinamos con piña o papaya el efecto se intensifica) y prolonga la sensación de saciedad (con lo que resulta clave para controlar el hambre)». Pero todavía hay más. «Para mitigar esa sensación de picor que se produce al ingerirla, promueve la liberación de endorfinas, dopamina y adrenalina, hormonas que, además de hacernos sentir bien, nos ayudarán a despertarnos».
La ‘causante’ principal de todos estos beneficios es «la capsaicina, un alcaloide natural con efectos antioxidante y antiinflamatorio presente en chiles como el jalapeño, la cayena o el habanero. Entre sus múltiples cualidades, la capsaicina ayuda a reducir la producción de grelina, conocida como la hormona del hambre, incrementando la sensación de saciedad, tal y como se ha podido constatar en diversas investigaciones», asegura María Amaro, especialista en nutrición.
Solo con cambiar la sal por unas gotitas de picante, conseguiremos un aumento de la temperatura corporal que va a favorecer un mayor gasto energético. «La capsaicina potencia la termogénesis, es decir, hace que nuestro cuerpo tenga que quemar más calorías para digerir el mismo alimento que si no llevara picante. Para ser más exactos, se estima que añadir picante a nuestros platos puede ayudarnos a quemar unas 50 calorías adicionales».
Hasta aquí, los beneficios, pero Amaro también nos advierte de sus contraindicaciones. «El tabasco puede ser un buen aliado para perder peso, siempre y cuando seamos personas sanas y no tengamos úlceras gastrointestinales, gastritis, síndrome de intestino irritable, problemas hemorroidales o hepáticos. Tampoco se recomienda en el caso de mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, ni en niños menores de seis años».
Y, obviamente, «debemos consumirlo con moderación, porque, en caso contrario, puede provocar alteraciones de la mucosa gastrointestinal, úlceras, náuseas, diarrea o hemorroides«. ¡Tomemos nota!
Fuente: https://www.elmundo.es/yodona/vida-saludable/2026/04/01/69c64ebee9cf4a6a4d8b4591.html