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El hotel que enamoró (y salvó) a Agatha Christie resurge como icono del lujo | Vanity Fair

La vida de la reina del misterio, fallecida hace medio siglo, estuvo llena de enigmas. Por contra, no fue ningún secreto lo terapéutico de su viaje al Gran Hotel Taoro, que reabre sus puertas 135 años después de su inauguración.

ESTUDIOS HISPÁNICOS DE CANARIAS

Por Ana Arjona / Vanity Fair

Agatha Christie desapareció en dos ocasiones. La primera vez fue el 3 de diciembre de 1926. Entonces vivía en Sunningdale, un tranquilo pueblo de Berkshire, en una casa llamada Styles, cuando su vida personal se derrumbó. Su primer marido, el coronel Archibald Christie, le confesó que se había enamorado de otra mujer, con la que ya había estado, y que quería el divorcio.

Agatha Christie

La escritora huyó inmediatamente de su hogar sin dejar rastro. A los pocos días de descubrir su coche abandonado en una cuneta, el mundo comenzó a temer que hubiera sido víctima de un crimen real, como los que ella misma inventaba para sus libros, aquellos que la consagraron como una referente del género policial; con todo respeto a Anna Katharine Green y otras precursoras. Once noches después su marido la encontró leyendo en una sala común de un hotel de Yorkshire, a tres días a pie de su domicilio, donde se había registrado con el nombre de Theresa y un apellido falso, el de la amante de él, Nancy Neele.

Cuando le preguntaron qué había ocurrido, dijo no recordar nada. Los médicos le diagnosticaron una “fuga mental disociativa”, y con su muerte —de la que se cumplió medio siglo el pasado 12 de enero— se llevó a la tumba el mayor misterio de su biografía: qué hizo durante los días en los que estuvo desaparecida. Su segunda desaparición, en cambio, sí fue premeditada. En enero de 1927, ya divorciada y con su reputación aún en entredicho —había quienes pensaban que había fingido todo por castigar al coronel—, voló al Gran Hotel Taoro, en Puerto de la Cruz (Tenerife), el primero de gran lujo de España, para recuperarse. Las únicas personas que quiso que la acompañaran en este viaje fueron su secretaria y amiga, Charlotte Fischer, y su hija, Rosalind. Tardaron unas dos semanas en llegar a España, y permanecieron en el resort aproximadamente otras dos. Durante su estancia en aquella “isla pacífica de playas magníficas y aves de paso”, haciendo referencia a la multiculturalidad del lugar, Christie hizo surf en la playa de Las Canteras, se bronceó al sol, buceó en las aguas del Atlántico, leyó mucho, terminó de escribir El misterio del tren azul mientras contemplaba el Teide y completó otro relato más, El hombre del mar. Aquí recuperó su estabilidad y, a su vuelta, su popularidad como escritora incrementó. “Puerto de la Cruz es un lugar tranquilo y lleno de paz”, explicó en su autobiografía. “Tenía dos playas perfectas… La mayor parte del día soplaba una brisa estupenda y las noches eran los suficientemente cálidas para sentarse al aire libre”.

Pero la verdadera pregunta de esta historia, más allá del misterio de su desaparición que no se pudo resolver, es: ¿Por qué la escritora eligió este hotel, tan lejos de su ciudad natal, para tomarse unas vacaciones? Además de estar sobrepasada y necesitar distancia, tanto física como emocional, de todo lo que había vivido, las relaciones entre el Reino Unido y Canarias en aquel entonces eran muy prósperas, lo que permitió que numerosos empresarios británicos se establecieran en la isla y desarrollaran proyectos de gran envergadura. Entre ellos se encontraban los fundadores del Gran Hotel Taoro, que se juntaron con otros empresarios locales y alemanes para levantar el proyecto. Allí no tardaron en llegar los huéspedes ilustres: miembros de la realeza británica como Eduardo VIII, y unos años después, en 1938, Jorge, duque de Kent, acompañado de su esposa Marina de Grecia (en la foto principal), poco antes de que él falleciera en un accidente de avión.

Alfonso XIII de España
Guillermo II de Alemania

Pero no fueron los únicos: Alfonso XIII de EspañaGuillermo II emperador de Alemania y el rey Alberto I de Bélgica tampoco quisieron perderse la experiencia, acompañados de sus familias, amigos y otras celebridades de la época.

¿Qué ha sido del hotel? Tras muchos años inactivo, el Gran Hotel Taoro reabrió sus puertas a principios de este año. Aún continúa atrayendo a la élite internacional, aunque hoy, gracias a estrictas medidas de privacidad, se desconoce la identidad de quienes ocupan sus 199 habitaciones y suites; varias de estas últimas de hasta 130 metros cuadrados de extensión. La nueva propiedad también ha introducido cambios, aunque su principal objetivo ha sido preservar la esencia que, hace 135 años, convirtió a este lugar en un referente europeo de exclusividad. Virgilio Gutiérrez y Eustaquio Martínez, especialistas en conservación del patrimonio arquitectónico en Canarias, han reinterpretado la visión original del primer arquitecto del hotel, el francés Adolphe Coquet, adaptándola a las comodidades del presente.

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Las nuevas instalaciones incluyen como novedad una zona de bienestar, Sandára Wellness Center, y tratamientos integrales de la firma cosmética Anne Semonin Paris. Además, aspiran a ser destino gastronómico al integrar en el proyecto seis puntos de restauración: el japonés OKA, con la firma del reputado chef Ricardo Sanz, fundador de Kabuki; Lava, de autor, junto con Amalur, un bistró, ambos dirigidos por el dos estrellas Michelin Erlantz Gorostiza; Atlántico, el bufé del desayuno; La Carola, el bar de la piscina; y Tagoror Lobby Bar & Lounge, el punto de encuentro del hotel; todos abiertos al público además de a los huéspedes. Lo que no ha cambiado desde sus orígenes es su localización, rodeada de 100.000 metros de jardines, parques y miradores, y con vistas al Atlántico y, por supuesto, al volcán del Teide, que no solo inspiró a Agatha Christie, sino que también le curó el corazón y le devolvió la sonrisa.

Fuente: https://www.revistavanityfair.es/articulos/hotel-agatha-christie-gran-taoro

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