¿Por qué el cacao fue información estratégica durante casi un siglo en nuestro país? Los sorprendentes motivos del secreto.

Sarah Romero / Historia National Geographic
Hoy el cacao está por todas partes; pero hubo un tiempo en el que su destino en Europa fue tan delicado como el de un mapa de rutas marítimas: España lo trató como un secreto de Estado. Durante décadas, la receta, el circuito comercial y el acceso a la bebida de chocolate se mantuvieron bajo control, como si fueran parte del ‘arsenal’ del Imperio; como si de un arma secreta se tratara. ¿Por qué?
El cacao como moneda
El cacao no nació europeo. Sus raíces se encuentran en Mesoamérica, donde culturas como olmecas, mayas y aztecas lo convirtieron en alimento ritual, repleto de símbolos y movilizador de su economía. Pero originalmente, el chocolate no venía en forma de tabletas ni de bombones, sino como una bebida amarga, espumosa y especiada, asociada al prestigio y, en ocasiones, a lo sagrado.
En el mundo azteca, además, el cacao funcionó como unidad de intercambio: las semillas eran valiosas, transportables y fáciles de contabilizar, y por eso se usaban como dinero. Era un producto tan preciado que los comerciantes lo guardaban como si tratara de efectivo en una caja registradora. Así que cuando los europeos se toparon con el cacao, descubrieron un producto con valor económico, social y simbólico, ya integrado en un sistema de poder. Y así lo trataron.
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La llegada a España: de Cortés a los monasterios
¿En qué momento entra el cacao en el tablero europeo? La mayoría de las fuentes sitúa el punto de inflexión en el siglo XVI con Hernán Cortés y el contacto con la corte de Moctezuma ya que, precisamente fue Cortés quien se encarga de enviar el primer cargamento de cacao a España.
Una vez que llega a nuestro país no parece convencer de inmediato al público por su amargor, ya que el cacao original es amargo y no dulce. De ahí que fueran los monjes quienes decidieron adaptar la bebida al paladar aristocrático, añadiendo miel y condimentos y sirviéndola caliente. Se había convertido en una bebida gustosa al paladar. Gracias a esa modificación monástica el chocolate se convirtió en un lujo. Y lo lujoso, en un imperio tan competitivo como era el Imperio español por aquel entonces, tiende a volverse controlado.

¿Por qué el cacao fue ‘secreto de Estado’ durante 100 años?
Se debe a varios factores. Por un lado, poder contar con el monopolio económico y una ventaja comercial fue esencial. España intentó mantener el cacao en secreto para monopolizar la producción y el comercio en Europa. Controlaba plantaciones y rutas en sus colonias y podía limitar la distribución y, gracias a su colonización temprana, España mantuvo un monopolio durante muchos años. Ese control condujo a que se convirtiera en un producto de alta exclusividad social. Un producto de lujo para la nobleza y el clero.
Pero, además, no era solo tener cacao; también era la receta de transformarlo en una bebida muy agradable de beber. Los españoles sustituyeron chiles y especias americanas por azúcar, miel, leche y aromatizantes más acordes a los gustos locales y esa adaptación fue el secreto de su éxito. Y, en tiempos de competencia entre potencias europeas, mantener la receta y el circuito del cacao en secreto daba a España una ventaja en política y comercial. Esta receta culinaria se gestionó con mentalidad de información estratégica.
El secreto se rompe
Ningún secreto aguanta demasiado cuando genera deseo. Y, finalmente, parece que los propios monjes de la Iglesia Católica se convirtieron en vehículo de difusión compartiendo la receta en otros reinos, así como la llegada a Francia a través de alianzas dinásticas.
Lo que queda claro es que, a partir del siglo XVII, el chocolate se pone de moda fuera de España. Surgen casas de chocolate en Londres y la bebida caliente y suculenta se instala en la vida social europea tal y como lo hiciera el café. Pasó de convertirse en producto de lujo a uno de consumo masivo. Y, con el paso del tiempo el procesado del cacao se llevó a cabo de forma más eficiente y poco a poco, empezaron a aparecer innovaciones como el cacao en polvo (asociado a la legendaria familia Van Houten) o las tabletas, el chocolate con leche… En esencia, podemos decir que el cacao se popularizó por la industrialización.