Simple títere de rusos y británicos durante el siglo XIX, el país se convirtió en un poder regional a partir de la revolución iraní de 1979.

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Francesc Cervera / Historia National Geographic
Al igual que el Imperio otomano, el reino de Persia entró en el siglo XIX aquejado por una debilidad fundamental que lo convertía en presa fácil de imperios como el ruso. Para empeorar las cosas, en su frontera occidental Gran Bretaña culminó su conquista de la India, atrapando al país entre dos potencias expansionistas.
Ambos imperios se encontraban enfrascados en el Gran Juego, una política de influencia más que de conquista. Mediante golpes de Estado y revueltas influenciaban a los gobernantes de los atrasados reinos que los separaban, como Persia y Afganistán, para impedir una guerra directa en lugares alejados de sus intereses imperiales.
El peón persa
Fueron los rusos quienes movieron ficha primero al apoyar al Shah Mohammad en su ataque a la ciudad afgana de Herat. Esto abrió la puerta a la amenaza rusa sobre la India y fue respondido por un desembarco británico en la isla de Larek, que controlaba el estrecho de Hormuz. Ello cortaba efectivamente la salida al océano de Persia, por lo que el Shah levantó el asedio e hizo las paces con su vecino, aprovechando mejor ocasión para atacar.
En 1856 estalló la guerra entre rusos y británicos en Crimea, momento en el que el Shah atacó de nuevo Herat confiando en la falta de efectivos ingleses en la India. Nada más lejos de la realidad, pues el virrey había concentrado una numerosa fuerza británica que de nuevo tomó Larek e incluso desembarcó en la costa Persa, tomando Bushire y derrotando al ejército persa en batalla.

Esta segunda derrota acabó con toda nueva intentona expansionista del monarca oriental, cuyos descendientes permanecieron al margen como simples títeres de rusos y británicos. Aún peor, el auge de Alemania como potencia europea llevó a ambos rivales a resolver sus diferencias, y por una convención de 1907, Persia quedó dividida en dos áreas de influencia ocupadas por ambos ejércitos sin resistencia. Además, los británicos encontraron petróleo en el sur y lo explotaron sin rendir cuentas al Shah.
El estallido de la Primera Guerra Mundial no hizo sino incrementar este estado de sumisión, pues aunque Persia se declaró neutral, rusos y británicos la ocuparon militarmente luchando contra los turcos en la frontera occidental como si el país fuera una más de sus colonias. Esto provocó con sus requisas de paso una terrible hambruna que se cobró entre 2 y 4 millones de vidas persas. En 1917 la revolución rusa supuso el fin de la influencia eslava, cuyos soldados volvieron a casa para tomar parte en la guerra civil entre rojos y blancos, quedando Persia como protectorado británico.
El gobierno de Su Majestad implantó algunos cambios en el período de entreguerras, sustituyendo a la dinastía Qajar por un joven oficial llamado Reza Pahlavi, quien modernizó en parte la atrasada infraestructura del país (llamado ahora Irán) con la construcción de su primera línea férrea, aunque sin tocar las concesiones de petróleo británicas ni democratizar el gobierno.

Aun así su reinado terminó con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en la que por declararse neutral e incluso tener simpatías nazis, fue depuesto en favor de su hijo Mohammad, quien permitió a soviéticos y británicos ocupar de nuevo Irán a cambio de ayuda económica. En Teherán incluso se celebró la conferencia en la que Stalin, Churchill y Roesevelt se repartieron el mundo, evento al que el Shah no fue invitado dado su papel de simple monarca títere.
De monarquía a teocracia
Una vez terminado el conflicto global, los aliados acordaron retirarse de Irán en 1946 para garantizar una cierta soberanía, pacto incumplido por Stalin, quien incitó una revuelta en el noroeste del país que llevó a la creación de una república soviética rica en petróleo. La presión de EE.UU. y la ONU fueron suficientes para forzar su retirada, tras lo que el Shah aplastó sin piedad al estado separatista.
Sin embargo, el espejismo de autonomía les duró poco a los iraníes. En 1951 un golpe de Estado derrocó a Reza y llevó a la creación de un gobierno autonomista liderado por Mohammed Mossadeq que inmediatamente nacionalizó los pozos de petróleo. El exiliado Shah pidió ayuda a los Estados Unidos, que respondieron con un golpe de Estado que lo restauró en el trono con la condición de que pusiera freno a los soviéticos en plena Guerra Fría.

De vuelta en Teherán Reza reprimió con ayuda de la CIA todo intento de subversión, pero ni los 3.000 ejecutados por su régimen pudieron impedir que la revolución triunfara en 1979 (con una indudable ayuda soviética) aupado al ayatolá Jomeiní y su visión de un estado islamista al poder. Ello llevó a una transformación fundamental del país siguiendo las estrictas regulaciones del Corán, que eliminaron todos los derechos conseguidos por las mujeres y las minorías de un plumazo.
Pero aun así no logró Irán la paz, pues aprovechando el caos de la revolución, el dictador Saddam Husein atacó el país en una guerra que se alargaría de 1980 a 1988 por el control de los pozos petrolíferos vecinos a Irak. Apoyados por los soviéticos, los iraníes lograron la victoria tras un conflicto que costó cerca de un millón de muertos, consolidando así con la victoria su férreo control sobre la nación.

Los ayatolas pusieron entonces sus ojos en Israel, cambiando la tradicional política de cooperación del Shah por una de enfrentamiento indirecto que aún prosigue hoy en día, con la fundación de numerosos grupos armados como Hamás, Hezbollah y los hutíes de Yemen para atacar a los aliados de EE.UU. en la región. Al mismo tiempo, estos subvencionan esporádicas revueltas contra el régimen en las principales ciudades de Irán.
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Es así como de un simple títere en manos de las grandes potencias, Irán ha sabido convertirse en un poderoso jugador a escala regional, aunque contando siempre con el respaldo de gigantes como la Unión Soviética y actualmente Rusia y China en el gran juego por la hegemonía mundial.
Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/iran-peon-imperial-a-espina-flanco-estados-unidos_25437