El psicoanalista ha defendido que una mujer puede enamorarse profundamente del éxito de un hombre. Una reflexión que cuestiona los prejuicios sobre el amor romántico y pone el foco en cómo funciona realmente la atracción
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Por ACyV
Daniel Tejedor, psicoanalista, ha vuelto a remover el debate sobre el amor, la atracción y las motivaciones que hay detrás de una relación sentimental. Lo ha hecho en el pódcast La pura verdad, de Rubén Caparrós, donde reflexiona sin rodeos sobre por qué nos enamoramos de determinadas personas y qué elementos influyen realmente en ese proceso.
Durante la charla, Tejedor cuestiona una idea muy extendida: que amar a alguien por rasgos externos o por su posición social implica una falta de amor auténtico. Para el psicoanalista, esa lectura es simplista. “¿Esa mujer ha elegido a ese hombre porque tiene muchos tatuajes o mucho dinero? ¿Eso significa que no le quiere?”, plantea, antes de señalar que las personas también se enamoran de esos factores.
Uno de los momentos más comentados de la conversación llega cuando defiende que una mujer puede enamorarse profundamente del éxito de un hombre. “Una mujer se puede enamorar, con toda la profundidad que eso implica, de que un hombre tenga éxito”, afirma. Según explica, ese tipo de atracción genera “las mismas reacciones neuroquímicas” que cuando un hombre se enamora de una mujer simplemente porque le resulta muy atractiva físicamente.
Tejedor subraya que el cerebro no establece jerarquías morales entre unas razones y otras para enamorarse. Desde su punto de vista, el deseo, la admiración o el estatus social activan mecanismos similares a los de la atracción física. “Nos enamoramos de esas cosas”
También ironiza sobre uno de los argumentos más recurrentes en este tipo de debates: el paso del tiempo y el deterioro físico. “Me hace mucha gracia lo de ‘ya verás tú cuando esa mujer empieza a ser fea y vieja’”, comenta, para lanzar una pregunta incómoda: “¿Tienes algo tú que sepas a ciencia cierta que te va a durar toda la vida?”. Con ello, pone el foco en la fragilidad de cualquier atributo, ya sea físico, económico o simbólico.
Las palabras del psicoanalista invitan a replantear los discursos tradicionales sobre el amor romántico y a aceptar que las relaciones humanas se construyen desde múltiples capas. Para Tejedor, idealizar unas motivaciones y demonizar otras no solo es poco realista, sino que ignora cómo funciona realmente el deseo en la mente humana.