Los Periodistas

«Brumario de tinta»

#ElRinconDeZalacain | El aventurero se somete a un robot con IA para confeccionarle una loción a su medida, en Madrid.

Hacía algunos años Zalacaín había leído la novela “El Perfume” de Patrick Süskind, 1985, describe la habilidad olfativa del personaje central, quien es un ser superdotado en la capacidad de “oler” en la Francia del siglo XVIII. La novela relata su intenso interés en descubrir el olor de una mujer pelirroja a quien había conocido en París y empieza a oler sus fragancias en Grasse, y luego se convierte en un asesino.

La charla vino aquella mañana frente al aparador de un negocio en Madrid, “XIA Perfumes” y el deseo de entrar y experimentar la oferta, descubrir el perfume, la loción ideal, creada por la Inteligencia Artificial y hecha realidad con un brazo robotizado y una colección infinita de extractos de esencias.

Alguno de los amigos lo animó y Zalacaín dio el paso, entró.

Lo recibió una chica, joven, muy preparada en el arte de la confección de perfumes. El aventurero soltó ¿sabes cuál es la perfumería más antigua de Europa?

La chica dudó pero citó a Francia.

No, dijo el aventurero Zalacaín. Florencia, en Italia, ha sido la cuna de las lociones y perfumes, quizá al lado de la historia de Colonia, hoy Alemania, con su “Agua”.

En 1612 fue conocida la ”Officina Profumo, Santa Maria Novella”, responsable de fabricar las mezclas de “agua de colonia” con el sello florentino, en la calle “Almirante”, dijo Zalacaín, hay una sucursal, parece más una botica y no tanto una perfumería.

La charla -como dicen los expertos- “fluyó” y de las anécdotas pasó Zalacaín a convertirse en un cliente de “XIA”.

Para empezar hubo de llenar una serie de cuestionarios en un ordenador, computadora, respondiendo a preguntas como edad, sexo, actividad profesional, física, pasatiempos, las horas de uso de la loción, mañana, tarde, noche, todo el día, ejemplos de lociones usadas en la actualidad.

Zalacaín citó solo dos, Creed y Esencia de Lowe.

Todos los datos iban siendo procesados. Le preguntaron sobre preferencias de pasatiempos, olores más notables, hábitos alimenticios; Zalacaín destacó el consumo de vinos, tabaco, etcétera.

Paso seguido la computadora arrojó un resultado y empezó a solicitar al aventurero destapar una serie de “campanas” de porcelana, unas negras numeradas, y otras blancas con el abecedario.

En la pantalla Zalacaín iba leyendo “Levante la campana con la letra F” y así lo hizo, olía y a continuación calificaba del 1 al 5, el gusto por ese olor; la operación se repitió con las campanas numeradas.

Después el cuestionario pedía levantar las campanas blancas, con letras y la operación fue similar.

Minutos después la computadora le tomo una fotografía y pidió unos últimos datos sobre la actividad principal y pasatiempos.

Poco después, una vez pagado el producto, fue llevado al exterior de un cilindro de vidrio, enorme, en su interior había cientos de botellitas y en el centro un brazo robotizado, y empezó a moverse y depositar los líquidos en la botella de XIA.

La chica siguió con la charla sobre los perfumes y los olores y le dijo a Zalacaín “Jeniffer Aniston tiene una frase: El mejor olor del mundo es del hombre que amas”.

Ambos rieron y Zalacaín aportó otra frase de Coco Chanel: “El perfume anuncia la llegada de una mujer y alarga su marcha”.

Y siguió el debate de frases, Paco Rabanne decía “Moda y perfumes son dos pilares en pos de la seducción”; ¿y la de Giorgio Armani? Era muy completa: “Una fragancia bien escogida puede ser una característica distintiva. Es la primera cosa que la gente percibe cuando entras en una habitación y la última que sienten cuando te vas”.

El robot seguía dando veultas y absorviendo esencias y metiéndolas en el frasco negro.

Al final, terminó por colocar el envase frente a Zalacaín, se abrió una pequeña puerta, empujó el recipiente, lo tomó la chica, lo agitó y llevó al aventurero a un escritorio.

Ahí estaba una caja negra, cuadrada, elegante, la abrió y depositó la botella en un espacio a medida, en la tapa de la caja apareció la fotografía de Zalacaín, con la actitud recabada por la IA, una taza de café, unos libros, una máquina de escribir.

Y junto a la botella la descripción de las esencias y el nombre de la loción “creada” especialmente para el aventurero, “Brumario de Tinta” se llamaba, y el texto decía:

“En cada roció emerge la bruma de un estudio revestido de cuero, donde las notas especiadas se funden con humo dulce y maderas cálidas. Jazzy, íntimo y sofisticado, evoca la tinta fresca sobre papel y un café humeante mientras la lluvia golpea los cristales, creando inspiración constante durante la tranquila tarde otoñal”.

Al final del texto y luego de una explicación sobre los acordes, las características donde, según la IA se identificaba la personalidad del aventurero: Familia olfativa: oriental, cuero, especiada; Notas de salida, cardamomo, pimienta negra, bergamota; Notas de Corazón: orquídea, vainilla, incienso; Notas de fondo: Tabaco, Benjui y Vetiver.

Y el sello de la creación: Acento: Tabaco.

La verdad fue una experiencia sorprendente.

Y una invitación para abrirse a nuevas experiencias no solo de los olores, pronto la IA actuará sobre las recetas de los alimentos, las bebidas, los cócteles, los vinos.

Por suerte el sentimiento, la “química”, el cariño, el deseo, aún son humanos.

Pero esa, esa es otra historia.

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YouTube El Rincón de Zalacaín

* Autor de “Orígenes de la Cocina Poblana” Editorial Planeta.

elrincondezalacain@gmail.com

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