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Sabina, Silvia Intxaurrondo y la paradoja del feminismo canalla | VozPópuli

Aprovechando la despedida  del cantautor rockero, el progresismo dejó claro que los enfoques feministas no los aplican a su tiempo libre

Entre el domingo por la noche y el lunes por la mañana asistimos a un espectáculo fascinante: decenas de presentadoras, tertulianos y opinadores de todo pelaje deshaciéndose en elogios hacia Joaquín Sabina, que ofreció el último concierto de su carrera en el Movistar Arena de Madrid. No me malinterpreten, Sabina lo merece de sobra, pero llama la atención que quienes llevan una década dando la turra con el feminismo, la perspectiva de género y las gafas violetas despidan con retórica de grupi hiperventilada al cantautor con mayor número de letras machistas del pop-rock español.

Ejemplos tenemos para parar un tren de mercancías, el que más me llamó la atención fue el telediario matinal del lunes de Silvia Intxaurrondo, donde la presentadora estuvo especialmente generosa y eufórica, hasta el punto de pedir a cada uno de sus tertulianos que escogiese su canción preferida del artista de Jaén y explicase los motivos. Un madurito canoso se puso a celebrar «Princesa», himno donde un hombre venido arriba se recrea despreciando el deterioro físico de una antigua amante. «Entre la cirrosis y la sobredosis/ andas siempre, muñeca./Con tu sucia camisa/ y, en lugar de sonrisa,/ una especie de mueca./Cómo no recordarte, hace apenas dos años/ cuando eras la princesa de la boca de fresa…», arranca don Joaquín. No es solo la objetificación, sino que debe de haber decenas de denuncias por maltrato psicológico con frases mucho más suaves. Para el colaborador de Intxaurrondo, esto era un final «festivo», broche ideal para despedir la carrera de un clásico.

Hagamos el siguiente ejercicio mental: ¿cuál creen que sería la reacción de nuestra  prensa progresista si Bertín Osborne o José Manuel Soto hubieran escrito una letra como la de «Pisa el acelerador»? «Dentro de algún tiempo estarás acabada/ metida en tu casa, haciendo la colada/ Nadie te dirá ‘muñeca, ven conmigo’/ ¿dónde irás cuando no tengas un amigo?/Tarde ya comprenderás por qué te digo ‘Pisa el acelerador'», recita Sabina en otro de sus himnos de los años ochenta. ¿Se puede ser más machirulocuñado y sobrado?

La misma progresía que linchó a Chanel pir su himno hedonista para Eurovisión elogia las letras tóxicas de Sabina

 Está claro que al superventas del bombín se le permiten libertades que a otros les valdrían una lapidación mediática. Muchas feministas, vayan ustedes a saber por qué, adoran este rollo canallita si viene de un icono progresista como Sabina, aunque en la recta final de su vida haya abjurado de esa fe poíitica para declarar que ha «visto demasiadas cosas como para seguir siendo de izquierda». Con los ‘progres’ nunca es el qué, sino el quién, un axioma que estos días quedó más claro que nunca.

Muchos recordamos aquella campaña de 2016 contra Maluma, que comenzó en change.org y luego abanderaron medios progresistas como el Huffington post y la cadena Ser. Su pecado fue la letra de ‘Cuatro babys’, una simple apología del placer sexual con el lenguaje explícito y callejero que gusta a los seguidores del género latino urbano. Se intentaba presionar a ayuntamientos y medios de comunicación públicos para que cancelasen a la estrella colombiana, una inciativa que por suerte fracasó. Algunas feministas sensatas, como June Fernández, han denunciado el doble rasero que aplicamos a los artistas. No causa escándalo una canción de Alejandro Sanz que dice ‘si me has tentado, no puedes dar marcha atrás’, pero no llevamos las manos a la cabeza si un artista latino habla claro sobre sexo. «Alejandro Sanz es tan machista como Maluma, aunque no hable de correrse», resumía. 

En brazos del Don Juan tóxico

Recordamos también el aquelarre que montaron desde la izquierda contra Chanel, cuando fue escogida en 2022 para representar a España en Eurovisión. Militantes feministas del Bloque Nacionalista Gallego promovieron una campaña contra la cantante por objetificar a la mujer. La mayoría de tertulianas progresistas simpatizaban con la tesis. Claramente hay un doble estándar, con artistas canallitas como Sabina escapando a la crítica, mientras que si fueran de derechas o latinos tendrían que dar muchas más explicaciones.

Al final, después de dar tanta matraca con los cuidados, la responsabilidad afectiva y el rechazo al ghosting, parece que lo que disfrutan es el donjuan tóxico de toda la vida. «Yo no quiero juntar para mañana,/ no me pidas llegar a fin de mes;/ yo no quiero comerme una manzana/ dos veces por semana,/ sin ganas de comer», canta Sabina en «Contigo», otras de las canciones elogiadas por los tertulianos de Intxaurrondo. También podríamos hablar de «Y sin embargo», o de tantas otras, pero a qué vamos a repetir otra vez lo mismo si ya está claro que los malos somos nosotros, lo que preferimos los boleros monógamos de Armando Manzanero y los desamores sin remedio de Juan Gabriel. 

Fuente: https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/sabina-silvia-intxaurrondo-y-la-paradoja-del-feminismo-canalla.html

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