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Olivier Polge, perfumista de Chanel: “Un perfume es un éxito cuando se vende mucho. No existe una receta. El día antes de su lanzamiento nadie lo sabe, es un poco inexplicable» | Vanity Fair

Nació en la capital mundial del perfume y sucedió a su padre como nariz de la maison. Olivier Polge es el guardián del legado olfativo de Chanel. Viajamos a Grasse para comprobar por qué es el tipo perfecto para una tarea titánica

Olivier Polge | Chanel

Entre los meses de agosto y octubre, cuando apenas ha amanecido, los recolectores de jazmín forman un colorido grupo entre los arbustos frondosos de Grasse. Se afanan para llenar los cestos antes de que el sol alcance su cénit. Recogen cada flor de su rama con la precisión que otorgan sus años de experiencia en una labor meticulosa, en la que la media diaria se sitúa alrededor de los dos kilos por persona y jornada. Depositan la preciada carga en cestas de mimbre y la cubren con un paño húmedo para preservar al máximo sus propiedades aromáticas. La renuncia a los métodos industriales asegura una calidad excelente. “Cada trabajador almacena 350 gramos de esta especie autóctona por hora; un kilo de jazmín equivale a 8.000 flores”, desgrana Olivier Polge (Grasse, 1974).

El perfumista de Chanel no solo nació en la capital global de la perfumería, sino que es el hijo de una leyenda del sector: Jacques Polge. Verlo en acción es presenciar una suerte de ritual. En los campos de Grasse este hombre elegante y refinado sigue con pasión el viaje de las flores recolectadas que, después de pesarse, se colocan en cajas metálicas y se transportan a la fábrica, donde se transfieren a cubas gigantes para su extracción; allí, mediante presión y una mezcla de disolventes a altas temperaturas, liberan toda su fragancia y dan paso al concreto: una pasta similar a la cera que despliega todo el potencial olfativo del jazmín. También supervisa el trabajo en la destilería, donde se extraen las esencias concentradas que darán vida a los perfumes emblema de la casa. “Grasse es un enclave especial para el sector que atesora expertos en extraer lo mejor de cada flor”, sentencia Polge, que sucedió a su padre en 2015.

Jacques Polgue ejerció de nariz en Chanel durante 37 años. Fue precisamente él quien afianzó la relación entre la casa y Grasse. En 1987 el famoso perfumista comprometió a la maison a cultivar sus flores de forma sostenible en esta zona de la Provenza, frente a la Costa Azul; una faena que, desde entonces, realizan en colaboración con una familia local, los Mul. La alianza, que garantiza tanto la calidad olfativa como la producción de las cantidades necesarias para los perfumes de la firma, arrancó con un ingrediente estratégico: el jazmín, que allí se produce en condiciones idílicas.

Gabrielle Chanel con tailleur y bolso 2.55 en 1957.

Delicada y sensual, esta variedad de cinco pétalos con forma de estrella florece por la noche y libera un intenso y dulce olor al albor del día. En el último coletazo del verano, arropado por el clima mediterráneo, el jazmín brota entre las hileras verdes que crean una singular escena considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Esta flor, que atesora una fragancia suave y distintiva con un matiz de té verde, es clave en las notas olfativas de Chanel Nº 5, el perfume ideado en 1921 por Ernest Beaux. Un frasco de 15 mililitros contiene nada menos que un millar de flores de jazmín; el buqué incluye una generosa dosis de aldehídos, ylang-ylang, bergamota, iris y rosa.

Cuentan que Chanel Nº 5 debe su nombre a que fue la quinta muestra de cuantas Beaux presentó a Coco Chanel y fue la que conquistó definitivamente su olfato. Esta leyenda ha dado lugar a innumerables artículos de prensa e incluso a varios libros —el más reciente, El aroma de los imperios Chanel nº 5 y Moscú Rojo, de Karl Schlögel (Acantilado)—, pero su fórmula es un secreto muy bien guardado que se ha mantenido inalterado a lo largo de su centenaria historia. Olivier Polge es hoy el encargado de preservarla, como la del resto de aromas icónicos de la Rue Cambon. También el responsable de crear las fragancias del futuro.

El nariz ha concebido casi una veintena de aromas desde que asumió el mando hace 10 años. Entre ellos, Chance Eau Vive y Gabrielle Essence Eau de Parfum. Y, sobre todo, Nº 5 L’Eau, su versión del clásico que usaba la actriz Marilyn Monroe para dormir y era el favorito de la reina Isabel II de Inglaterra. “Un perfume es un éxito cuando se vende mucho. No existe una receta. A veces piensas que no va a funcionar, y lo hace. Otras crees que va a triunfar, y no es así. El día antes de su lanzamiento nadie lo sabe. Es un poco inexplicable”, razona con modestia quien vive entregado a preservar y continuar tanto el legado de Chanel como el de su padre, a seguir alimentando la leyenda olfativa de Chanel y, en especial, la de su icónico Nº 5. Un perfume centenario que todavía seduce a estrellas de Hollywood, reinas y, en resumen, mujeres que quieren dejar tras de sí un aroma de leyenda.

Fuente: https://www.revistavanityfair.es/articulos/oliver-polge-perfumista-chanel-entrevista

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