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Menopausia y la nueva silueta: «Ya no me reconozco. ¿Quién me ha robado la cintura? Este no es mi cuerpo» | Yo Dona

Uno de los efectos que puede sobrevenir con el climaterio es el temido aumento de peso. Los kilos, encima, tienen a encallar en el tronco, transformando la figura femenina.

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Hay quien detesta hablar de síntomas cuando se refiere a los signos de cambio que a veces trae la menopausia. Más que nada por aquello de no patologizar un proceso fisiológico que muchas se niegan a aproximar a nada que suene a enfermedad. Sostienen que, además, a menudo la pérdida de la fertilidad pasa sin pena ni gloria para las mujeres, o sea, sin sofocos, sin alteraciones en el estado de ánimo, sin mucosas y piel secas, sin niebla mental y sin el temido aumento de peso. Pero ojo, otras sí los experimentan, si no todos, sí algunos de esos síntomas/signos.

Sobre este último efecto secundario, el freno hormonal puede traer consigo cambios en la báscula. Una nueva silueta aparece y al cabo de unos meses aquella ropa que nos sentaba divinamente ya no cierra o se nos pega a los contornos más de lo deseado. Un estudio realizado por Domma, una empresa que desarrolla tratamientos naturales para combatir los síntomas de la menopausia, revela que la preocupación estética no pasa desapercibida: «Muchas españolas tienen problemas para aceptar los cambios corporales, el envejecimiento, la flacidez, etc.», señala Mireia Roca, cofundadora de la firma.

Según sus datos, tres de cada cuatro mujeres mayores de 45 años afirman que acumulan más grasa abdominal en el climaterio y la mitad declara sentirse más hinchadas y tener más dificultad para perder peso. A lo que hay que añadir, claro, la pérdida de músculo, de masa ósea y la alteración de marcadores de salud, como el colesterol, glucosa, tensión, etc.

«He regalado muchísima ropa porque ya no me veo bien»

Existen mujeres que aprencian esos cambios de modo paulatino, pero no todas. Pilar Castellanos tiene 48 años y, en su caso, no experimentó ninguna gradación: «Yo lo noté de un día para otro, sin ninguna evolución. Mi constitución ha cambiado totalmente. Siempre he tenido caderas, culo y muslos, incluso en épocas en las que he estado muy delgada». «Pero de repente me salió tripa y papada. Todo lo que engordo se me va ahí. Ya no es como antes, que si subía de peso se iba a las caderas», cuenta.

Es el síntoma/signo de la menopausia que más ha sufrido, con mucha diferencia. También se queja de las dificultades para adelgazar un solo gramo, por mucho que se alimente mejor y haga ejercicio. «Los kilos parece que se te alicatan. Antes, podía perder peso controlando las cenas o evitando el dulce. Ahora ya no».

Pilar no considera estar al final de su proceso de aceptación, sino inmersa en él: «Ya no me reconozco y me hace sentir insegura. ¿Quién me ha robado la cintura? Este no es mi cuerpo, el que siempre he tenido. Es como si fueses otra», remata. Ante su nueva silueta, afirma, ya no compra ropa pensando en las prendas que más le gustan, sino en las que mejor le queda: «He regalado muchísima porque ya no me veo bien con ella. Cuando me compro algo, solo pienso en patrones anchos para que disimulen la tripa. Sabía qué pantalones me favorecían, por ejemplo, pero todo eso ha cambiado ya», concluye.

Tips para que la moda nos eche una mano

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Nagore tiene 52 años y lleva una década con un perfil en Instagram (@elrincondenagore) dedicado a la moda. Está en plena perimenopausia, en enero dejó de fumar tras un susto respiratorio y un problema de rodilla la ha llevado a estar de baja en el trabajo. Estos factores han ocasionado la tormenta perfecta. Ha engordado y siente que ya no es la misma. Dudó si publicar un vídeo en sus redes hablando de su cambio corporal y de lo que le estaba costando adaptarse, pero se atrevió. Y encima, luciendo, precisamente, su tripa, esa visita reciente que parece haber llegado para quedarse.

«Ha sido el reel que más éxito ha tenido de todos los que he grabado. Se hizo viral y lleva más de 1.300.000 visualizaciones ya. Me han escrito muchas mujeres porque se sienten muy identificadas. Han conectado con ese mensaje y me agradecen hablar de esta realidad», cuenta. Sostiene que el proceso no está siendo fácil para ella, que nunca ha hecho ninguna dieta ni ha tenido ese «flotador» que ha aparecido desde hace poco en su abdomen

Ella, como entendida en moda, cree que la ropa es una herramienta para poder subirnos la autoestima: «Hay veces que te sientes tan hichada que no te ves bien con nada. En esos momentos, utilizo pantalones y faldas que no me marcan, vestidos fluidos, caftanes y túnicas, porque no aprietan y están más ligera, cómoda, mejor».

Y ofrece más trucos: «Una tercera prenda, como una chaqueta o un kimono funciona muy bien, porque te estiliza y te da un plus de seguridad. Otra opción es apostar por los complementos, como bolsos, sombrerospañuelos, pendientes grandes, un poco de tacón que tanto estiliza… Todo eso ayuda a que las miradas se centren en tu estilo y no en el cuerpo», acaba.

En paz con nuestro cuerpo

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Ana Morales es psicóloga especializada en obesidad, trastorno por atracón y bulimia y autora del libro ¡Qué buena estoy!: tira las dietas a la basura y vive con salud emocional (La Esfera de los Libros). Ella lo tiene claro: «Cuando declaras la guerra a tu cuerpo, la pierdes tú». Esta batalla solo dará lugar, afirma, a ditas eternas y a tener «el espejo como enemigo».

Con lo que supone desde el punto de vista emocional y social: «Saltar de dieta en dieta aumenta la ansiedad, favorece el efecto rebote y te desgasta mentalmente. Muchas acaban aislándose, escondiéndose en fotos o evitando planes sociales». El precio de no aceptarse, continúa, es dejar de vivir mientras te peleas con tu cuerpo.

No obstante, la salida no es conformarse con «cada arruga o cada kilo nuevo», sino aceptar que ese cuerpo es el tuyo y que, aunque sea diferente, debes cuidarlo: «Tienes que dejar de compararlo con su versión de hace 10 años y empezar a preguntarte qué necesita hoy. No vamos a meter el cuerpo en el molde antiguo; vamos a construir un molde nuevo. Ahí empieza la paz», explica la psicóloga.

Morales ofrece algunas pistas para avanzar en ese camino, que pasan por cambiar el lenguaje que nos dedicamos, por ser más autocompasivas con nuestro cuerpo, por renovar el armario y dejar de guardar ropa «para cuando adelgaces», priorizar el autocuidado, hacer detox de comparación con cuerpos perfectos y tener un plan B para los días que denomina «bola»: una ducha caliente, un audio a tu amiga, un paseo, música para moverte, una minisiesta… «Elige uno y hazlo», concluye.

Con dietas restrictivas aumentan los síntomas de la menopausia

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Las recetas para vivir una menopausia saludable y aterrizar en un cuerpo que no nos haga sentir incómodas pasan por seguir una dieta adecuada y hacer actividad física. Pero quizá no la que pensamos: no vale con salir a andar un rato por la tarde ni con evitar el ascensor. Tampoco sirve reducir calorías, cenar ensaladas etéreas y huir de las grasas sin ninguna discriminación. Es decir, estos no son los ejes del mal.

Marta Marcè es nutricionista y naturópata, y ha publicado dos libros a propósito de cómo transitar por la menopausia, Disfruta tu menopausia y Nutre tu menopausia (ambos con Alienta Editorial). Marcè conoce de lo que habla, pues no en vano le tocó experimentarla con 26 años, debido a un cáncer de ovarios.

Por lo que respecta al ejercicio, propone como estrategias el entrenamiento de fuerza con peso («Levantar cargas moderadas o pesadas, de forma progresiva y bien guiada, ayuda a combatir la pérdida de músculo, fortalece los huesos y mejora el metabolismo» y los entrenamientos por intervalos de alta intensidad (HIIT), es decir, «sesiones cortas pero intensas que favorecen la quema de grasa, mejoran la salud cardiovascular y ayudan a modular el cortisol».

En cuanto a la alimentación, apuesta por pensar en nutrientes, más allá de obsesionarnos con contar calorías. Es más, lapida: «Hacer dietas restrictivas en la menopausia empeora los síntomas, puesto que nuestro cuerpo se pone en alerta y deja de segregar las pocas hormonas que le quedaban para centrarse en conseguir toda la energía posible para las funciones básicas de tu cuerpo. Y a menos hormonas, más síntomas».

Y sí, hay que comer alimentos antiinflamatorios: aceite de oliva, aceitunas, frutos secos, aguacate, pescado azul, semillas… «Estos alimentos nos dan mucho miedo porque tienen muchas grasas, pero son de las buenas, y los necesitamos», zanja. En cambio, hay que evitar los productos que favorecen la inflamación, como los azúcares añadidos, los procesados, bollería, el alcohol, los fritos… Una propuesta sencilla es una suerte de plato de Harvard adaptado a la menopausia. El plato ideal tendría 50% verduras y hortalizas; 25% proteínas y 25% carbohidratos complejos, como los provenientes de los cereales integrales y los tubérculos.

Fuente: https://www.elmundo.es/yodona/vida-saludable/2025/09/05/68b6ba7cfc6c83b3638b459e.html

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