{"id":99165,"date":"2025-05-09T09:03:47","date_gmt":"2025-05-09T15:03:47","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=99165"},"modified":"2025-05-09T09:03:49","modified_gmt":"2025-05-09T15:03:49","slug":"opinion-leon-xiv-la-paz-sea-con-ustedes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/opinion-leon-xiv-la-paz-sea-con-ustedes\/","title":{"rendered":"Opini\u00f3n | Le\u00f3n XIV: \u00a1La paz sea con ustedes!"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image alignright size-full is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"500\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-71831\" style=\"width:131px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar.jpeg 500w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar-300x300.jpeg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Fidencio-Aguilar-150x150.jpeg 150w\" sizes=\"(max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-c24cd105d0bf0a69011886fb6d0c0823\" style=\"font-size:26px\"><strong><em>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez <\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Antes de hablar, el&nbsp;<strong>Papa se muestra visiblemente emocionado<\/strong>. Guarda varios segundos de silencio; sus ojos apenas contienen el brillo de unas l\u00e1grimas. Me contagio de esa emoci\u00f3n. Su&nbsp;<strong>primer saludo<\/strong>, como \u00e9l mismo lo dijo, es el del Resucitado:&nbsp;<strong><em>\u00ab\u00a1La paz sea con ustedes!\u00bb.&nbsp;<\/em><\/strong>Es la paz de Cristo, la que tanto necesitamos. Para alcanzarla, nos recuerda&nbsp;<strong>Le\u00f3n XIV<\/strong>, es necesario abrirnos y ser puentes de di\u00e1logo. En una sociedad, en una \u00e9poca, en un mundo donde el di\u00e1logo es escaso o inexistente,&nbsp;<strong>construir la paz<\/strong>&nbsp;se vuelve un verdadero desaf\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa describe esa paz como\u00a0<strong>desarmada y desarmante<\/strong>. Una paz que, para ser aut\u00e9ntica, debe provenir de Dios, quien nos ama a todos y a cada uno. A pesar del mal,\u00a0<strong>Le\u00f3n XIV<\/strong>\u00a0nos invita a\u00a0<strong>caminar de la mano de Dios<\/strong>\u00a0y de la mano entre nosotros: fe en Dios y fraternidad entre los seres humanos. El mal y sus consecuencias no tienen la \u00faltima palabra. No prevalecer\u00e1n. En su\u00a0<strong>discurso<\/strong>, menciona a\u00a0<strong>Francisco<\/strong>\u00a0para agradecerle su legado, trazando as\u00ed una clara l\u00ednea de continuidad. Habla m\u00e1s adelante de una Iglesia sinodal y misionera.<\/p>\n\n\n\n<p>Lanza luego una petici\u00f3n:&nbsp;<strong>pide ayuda a los fieles<\/strong>&nbsp;para construir&nbsp;<strong>puentes de di\u00e1logo<\/strong>&nbsp;por la&nbsp;<strong>paz y la justicia<\/strong>, con el prop\u00f3sito de constituir un solo pueblo unido. Propone una Iglesia como pueblo que camina unido, buscadora y promotora de la paz y de la justicia; una Iglesia que proclame el Evangelio y que, con esa encomienda, sea&nbsp;<strong>misionera en este mundo complejo<\/strong>, en este tiempo contradictorio, marcado por la incertidumbre y por problemas que nadie puede resolver en soledad.&nbsp;<strong>Una Iglesia abierta a todos<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Se declara&nbsp;<strong>hijo de san Agust\u00edn<\/strong>&nbsp;y lo cita con palabras memorables:&nbsp;<em>\u00abCon ustedes soy cristiano y para ustedes obispo\u00bb<\/em>. Caminamos juntos hacia la patria que Dios nos ha preparado. En mi mente y en mi coraz\u00f3n evoco al santo de Hipona, quien tambi\u00e9n \u2014en tiempos dif\u00edciles, como la ca\u00edda de Roma en el a\u00f1o 410\u2014 alentaba a los cristianos a no creer que la ruina del imperio significaba el fin de la fe. Aclaraba el santo que, si bien el poder terrenal puede derrumbarse, la&nbsp;<strong>fe en Cristo permanece<\/strong>. El&nbsp;<strong>cristianismo<\/strong>&nbsp;no puede ni debe confundirse con el&nbsp;<strong>poder pol\u00edtico<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Como buen agustiniano,&nbsp;<strong>Le\u00f3n XIV<\/strong>&nbsp;conoce a fondo la perspectiva teol\u00f3gica y filos\u00f3fica del obispo de Hipona sobre la pol\u00edtica y sobre los asuntos de la fe. La patria que Dios ha preparado para los que lo aman \u2014<strong>la Ciudad de Dios<\/strong>\u2014 camina a lo largo de la historia, siendo preparada por Cristo en y por la Iglesia, aunque su realizaci\u00f3n plena se dar\u00e1 en la eternidad, en la dimensi\u00f3n del amor y la gloria de Dios. Mientras tanto, caminamos como peregrinos en este mundo, sin esperar de \u00e9l lo absoluto, la&nbsp;<strong>plenitud.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mucho se ha discutido sobre esta distinci\u00f3n entre la&nbsp;<strong>ciudad terrena<\/strong>&nbsp;y la&nbsp;<strong>ciudad de Dios<\/strong>. No pretendo desarrollarla aqu\u00ed, m\u00e1s que como eco de la evocaci\u00f3n del Papa a san Agust\u00edn. La otra evocaci\u00f3n fue hacia la<strong>&nbsp;interioridad<\/strong>. Nuevamente, viene a mi mente el santo de Hipona, sus b\u00fasquedas, sus inquietudes, sus dudas, sus ca\u00eddas.<em>&nbsp;\u00abNo vayas fuera, regresa a ti mismo, pues la verdad habita en el interior del hombre, y si encuentras que tu naturaleza es mutable, trasci\u00e9ndete a ti mismo\u00bb&nbsp;<\/em>(1).&nbsp;<strong>Mirar con ojos puestos en Dios<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra imagen que aflora es la del inicio de&nbsp;<strong><em>Las confesiones<\/em>.<\/strong>&nbsp;Es un pasaje ya cl\u00e1sico, donde Agust\u00edn reconoce al&nbsp;<strong>ser humano<\/strong>&nbsp;como una&nbsp;<strong>parte peque\u00f1a de la creaci\u00f3n<\/strong>, pero con un deseo inmenso de absoluto, de infinito, de plenitud:&nbsp;<em>\u00abT\u00fa mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta que descanse en ti\u00bb<\/em>&nbsp;(2). Claro est\u00e1, tambi\u00e9n hay no creyentes que atestiguan ese anhelo que va m\u00e1s all\u00e1 de este mundo.&nbsp;<strong>Albert Camus&nbsp;<\/strong>es uno de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvamos al nuevo Papa. Al saludar a la Iglesia de Roma, insiste en que busquemos juntos una&nbsp;<strong>Iglesia misionera<\/strong>, abierta al di\u00e1logo,&nbsp;<strong>abierta a todos<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda despu\u00e9s su paso por la&nbsp;<strong>Di\u00f3cesis de Chiclayo<\/strong>, en Per\u00fa, donde fue<strong>&nbsp;pastor<\/strong>. La emoci\u00f3n lo embarga de nuevo. Reitera la necesidad de una Iglesia sinodal que siempre busque y colabore en la&nbsp;<strong>construcci\u00f3n de la paz<\/strong>. San Agust\u00edn mismo se\u00f1alaba que los cristianos han de colaborar, junto con los no creyentes, en la paz terrena, porque as\u00ed tambi\u00e9n se&nbsp;<strong>abre el coraz\u00f3n<\/strong>&nbsp;a la&nbsp;<strong>paz eterna<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo anterior implica, s\u00ed, la&nbsp;<strong>b\u00fasqueda de la paz<\/strong>, pero necesariamente acompa\u00f1ada de&nbsp;<strong>justicia<\/strong>. No hay verdadera paz sin justicia. Desde luego, la justicia no es violencia ni venganza. La imagen de la&nbsp;<strong>\u201cpaz desarmada y desarmante\u201d&nbsp;<\/strong>de&nbsp;<strong>Le\u00f3n XIV<\/strong>&nbsp;es muy elocuente. Sobre todo, se trata de una Iglesia que acompa\u00f1a a quienes m\u00e1s sufren, a los olvidados, los descartados, los \u00faltimos de los \u00faltimos. Cierra su alocuci\u00f3n invocando a&nbsp;<strong>la Virgen de Pompeya<\/strong>.&nbsp;<em>\u00abRecemos juntos\u00bb, dice: \u00abAve Mar\u00eda, llena de gracia\u2026\u00bb.<\/em>&nbsp;El&nbsp;<strong>Resucitado y la Virgen<\/strong>&nbsp;son las grandes referencias en esta&nbsp;<strong>primera salutaci\u00f3n&nbsp;<\/strong>del Papa frente al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Notas<\/strong>:<br>1. Agust\u00edn, san,&nbsp;<em>La verdadera religi\u00f3n<\/em>, 39, 72, en&nbsp;<em>Obras de San Agust\u00edn<\/em>, t. IV, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1975.<br>2. Agust\u00edn, san,&nbsp;<em>Las confesiones<\/em>, I, 1, en&nbsp;<em>Obras completas de San Agust\u00edn<\/em>, t. II, BAC, Madrid, 2002, p. 73.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez Antes de hablar, el&nbsp;Papa se muestra visiblemente emocionado. 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