{"id":98125,"date":"2025-04-21T08:38:39","date_gmt":"2025-04-21T14:38:39","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=98125"},"modified":"2025-04-21T08:38:40","modified_gmt":"2025-04-21T14:38:40","slug":"mujeres-que-leen-un-universo-de-privacidad-la-vanguardia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/mujeres-que-leen-un-universo-de-privacidad-la-vanguardia\/","title":{"rendered":"Mujeres que leen, un universo de privacidad | La Vanguardia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\">Hace unos 300 a\u00f1os empez\u00f3 a urdirse un v\u00ednculo de afinidad secreta entre la palabra escrita y las mujeres, que hallaron en los libros una v\u00eda de escape a la estrechez dom\u00e9stica<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"990\" height=\"484\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/67ff8b2e804e4.r_d.1504-1206-3434.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-98126\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/67ff8b2e804e4.r_d.1504-1206-3434.jpeg 990w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/67ff8b2e804e4.r_d.1504-1206-3434-300x147.jpeg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/67ff8b2e804e4.r_d.1504-1206-3434-768x375.jpeg 768w\" sizes=\"(max-width: 990px) 100vw, 990px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Una actriz apodada \u2018El Cuerpo\u2019. Raquel Welch en 1970, durante el rodaje de la pel\u00edcula \u2018Myra Breckinridge\u2019, basada en la novela hom\u00f3nima de Gore Vidal | Getty Images<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f39ef63dcd0bd3c936c03681e674830\"><strong>Olga Merino \/ La Vanguardia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A la escritora argentina Mar\u00eda Moreno, su madre la ense\u00f1\u00f3 a leer antes de empezar la escuela, trazando letras con un palo sobre la tierra roja del jard\u00edn bot\u00e1nico de Buenos Aires. Escrib\u00eda palabras como \u201cmam\u00e1\u201d y \u201cnena\u201d (su pedagog\u00eda era narcisista).<\/p>\n\n\n\n<p>Lola Larumbe \u2014dirige la librer\u00eda Alberti, un templo cultural en Madrid\u2014 cuenta que aprendi\u00f3 a leer asimismo con su progenitora, madre de cinco hijos que consagraba dos horas diarias a la lectura, de cuatro a seis de la tarde, despu\u00e9s de haber cerrado la cocina y el botiqu\u00edn. Que los cr\u00edos no le pidieran un vaso de agua ni una tira de esparadrapo; quer\u00eda estar sola, zambullirse en el refugio de la lectura para volver a ser ella, la joven curiosa y universitaria que hab\u00eda echado a caminar en la Espa\u00f1a pacata de los a\u00f1os&nbsp; cuarenta, donde apenas hab\u00eda otro horizonte para las chicas que el altar y la maternidad.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">A la escritora argentina Mar\u00eda Moreno, su madre la ense\u00f1\u00f3 a leer antes de empezar la escuela<\/h3>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n recuerdo a m\u00eda ayud\u00e1ndome a remachar en la cocorota los \u00faltimos eslabones del silabario. De alguna manera, suele destellar una mujer, ya sea la madre, la \u201cse\u00f1orita\u201d del parvulario o una bibliotecaria vocacional, en ese momento m\u00e1gico en que las letras se convierten en s\u00edlabas y estas en palabras y sentido, un instante que abre de par en par el campo de la libertad propia. Siempre una mujer en el estallido primigenio.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde muy antiguo existe entre la hembra y la palabra escrita una corriente c\u00e1lida, una especie de afinidad secreta (Laure Adler). El ensayista alem\u00e1n, Stefan Bollmann, se ha dedicado a explorar ese v\u00ednculo en obras como<em>&nbsp;Mujeres y libros: una pasi\u00f3n con consecuencias&nbsp;<\/em>y&nbsp;<em>Las mujeres que leen son peligrosas<\/em>, volumen este \u00faltimo donde compila cuadros y fotograf\u00edas de mujeres, muchachas y ni\u00f1as con un libro en el regazo, desde la edad media hasta el presente.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"566\" height=\"369\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/67ff8b9566e58.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-98127\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/67ff8b9566e58.jpeg 566w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/67ff8b9566e58-300x196.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 566px) 100vw, 566px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Simonetta Gianfelice leyendo en el Caff\u00e8 Della Pace de Roma&nbsp;Ferdinando Scianna \/ Magnum Photos \/ ContactoPhoto<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Sostiene Bollmann que la mujer que lee en silencio logra sustraerse del control de la sociedad y de su entorno inmediato; tambi\u00e9n cultiva un sentimiento de autoestima e independencia, que no necesariamente coincide con el patr\u00f3n de la \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea de la lectura como fuente de placer nace entre los siglos XVII y XVIII, en los salones de Par\u00eds, espacios muy elitistas para el intercambio de ideas, donde las anfitrionas resultaban el pilar esencial. Las llamadas&nbsp;<em>salonni\u00e8res&nbsp;<\/em>sol\u00edan ser mujeres maduras, con autoridad, don de gentes y el peculio suficiente para dar de comer y beber a los invitados.Lee tambi\u00e9n<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading has-medium-font-size\"><a href=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/magazine\/protagonistas\/20221016\/8568890\/planeta-mujeres-empoderadas.html\">Un Planeta de mujeres empoderadas<\/a><\/h2>\n\n\n\n<p>Andr\u00e9s Guerra<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/files\/image_104_108\/files\/fp\/uploads\/2022\/10\/16\/634b547186cdc.r_d.749-283.jpeg\" alt=\"Cuatro de las autoras que anoche brillaron en la gala del MNAC.\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Como Madame Geoffrin, que lleg\u00f3 a codearse con los enciclopedistas. Pero no ser\u00e1 hasta el siglo XIX cuando estalle la fiebre lectora de las mujeres, tras descubrir entre las p\u00e1ginas una ventana abierta para escapar de la estrechez del \u00e1mbito dom\u00e9stico.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres que le\u00edan comenzaban a forjarse una identidad y a cuestionarse los preceptos que las ataban de pies y manos al modelo del \u201c\u00e1ngel del hogar\u201d (la cocina, los ni\u00f1os, el marido en pantuflas), de ah\u00ed que algunos m\u00e9dicos victorianos idearan tratamientos perversos para mantenerlas sujetas; aconsejaban, por ejemplo, retrasar al m\u00e1ximo la menstruaci\u00f3n mediante duchas fr\u00edas y prohibiendo a las ni\u00f1as la ingesta de carne, los colchones de plumas y las novelas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/files\/content_image_mobile_filter\/uploads\/2025\/04\/16\/67ff8a906514f.jpeg\" alt=\"\u2018La lectora\u2019 (1922). El pintor F\u00e9lix Vallotton retrat\u00f3 como nadie el acto \u00edntimo de leer\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">\u2018La lectora\u2019 (1922). El pintor F\u00e9lix Vallotton retrat\u00f3 como nadie el acto \u00edntimo de leer&nbsp;Album \/ Alamy<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>La mirada que se embebe en un libro genera de forma autom\u00e1tica un halo \u00edntimo a su alrededor, de privacidad absoluta, como sugieren las bellas im\u00e1genes que ilustran estas p\u00e1ginas. Desde el cuadro&nbsp;<em>La lectora<\/em>&nbsp;(1922), del suizo F\u00e9lix Vallotton, en que una mujer lee en la soledad de su cuarto, hasta la modelo Simonetta Gianfelice enfrascada en la lectura en el Caff\u00e8 Della Pace de Roma, todas las retratadas parecen abstra\u00eddas, recogidas en s\u00ed mismas, concentradas, inaccesibles al ruido aun estando en compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas ellas sumergidas en un acto \u00edntimo que sin embargo las relaciona con el mundo: el escritor, los personajes, el hervor de las ideas. Una de las instant\u00e1neas tiene su miga: la de Marilyn Monroe leyendo el&nbsp;<em>Ulises<\/em>&nbsp;en un parque infantil, de una serie que hizo la fot\u00f3grafa Eve Arnold en 1955.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/files\/content_image_mobile_filter\/uploads\/2025\/04\/16\/67ff899ca9696.jpeg\" alt=\"Leer es sexy. Marilyn Monroe lo dej\u00f3 bien claro frente a la c\u00e1mara de Eve Arnold en 1955\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Leer es sexy. Marilyn Monroe lo dej\u00f3 bien claro frente a la c\u00e1mara de Eve Arnold en 1955&nbsp;Eve Arnold \/ Magnum Photos \/ ContactoPhoto<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>\u00bfAquella bomba sexual frente a la intrincada novela de Joyce, s\u00edmbolo de la alta cultura? Pues, s\u00ed; Marilyn emple\u00f3 la lectura para fulminar el estereotipo de rubia tonta que hab\u00edan pretendido endilgarle. Dej\u00f3 claro que leer es sexy, por supuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>A estas alturas del siglo XXI ya nadie puede cuestionar el poder\u00edo femenino en el universo del libro (tal vez falte afianzar la visibilidad). El \u00faltimo bar\u00f3metro de h\u00e1bitos de lectura revela que las mujeres que leen en su tiempo libre (el 71,7%) superan a los hombres en todos los tramos de edad.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La lectura, por primera vez en la historia de Espa\u00f1a, supera el 65% de la poblaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Pero aqu\u00ed no se trata de una competici\u00f3n zafia, sino de disfrutar y aprender en pie de igualdad, de celebrar juntos el hecho de que la lectura, por primera vez en la historia de Espa\u00f1a, supera el 65% de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/magazine\/lifestyle\/20250421\/10591831\/mujeres-leen-lectoras-libros-forma-escape-empoderamiento.html\">https:\/\/www.lavanguardia.com\/magazine\/lifestyle\/20250421\/10591831\/mujeres-leen-lectoras-libros-forma-escape-empoderamiento.html<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos 300 a\u00f1os empez\u00f3 a urdirse un v\u00ednculo 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