{"id":8274,"date":"2021-05-23T11:51:12","date_gmt":"2021-05-23T16:51:12","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=8274"},"modified":"2021-05-23T10:51:32","modified_gmt":"2021-05-23T15:51:32","slug":"por-que-puedes-tener-hasta-150-amigos-pero-solo-cinco-intimos-papel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/por-que-puedes-tener-hasta-150-amigos-pero-solo-cinco-intimos-papel\/","title":{"rendered":"Por qu\u00e9 puedes tener hasta 150 amigos&#8230; pero s\u00f3lo cinco \u00edntimos | Papel"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"font-size:18px\"><em>Ni las redes sociales han aumentado nuestro c\u00edrculo ni la pandemia lo ha reducido. El antrop\u00f3logo Robin Dunbar, &#8216;cient\u00edfico de la amistad&#8217;, sostiene que el &#8216;n\u00famero m\u00e1gico&#8217; sigue siendo 150<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"930\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Captura-de-Pantalla-2021-05-23-a-las-10.47.32-1024x930.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8275\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Captura-de-Pantalla-2021-05-23-a-las-10.47.32-1024x930.jpg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Captura-de-Pantalla-2021-05-23-a-las-10.47.32-300x273.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Captura-de-Pantalla-2021-05-23-a-las-10.47.32-768x698.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Captura-de-Pantalla-2021-05-23-a-las-10.47.32-1536x1396.jpg 1536w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Captura-de-Pantalla-2021-05-23-a-las-10.47.32-396x360.jpg 396w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Captura-de-Pantalla-2021-05-23-a-las-10.47.32.jpg 1926w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-medium-font-size\">JORGE BEN\u00cdTEZ \/ JOSETXU PI\u00d1EIRO \/ Ilustraci\u00f3n \/ PAPEL \/ EL MUNDO<\/p>\n\n\n\n<p>De la amistad se ha escrito tanto como del amor y la guerra. La han tratado desde los fil\u00f3sofos griegos hasta cualquier manual de autoayuda de aeropuerto. Nos representa porque es un anhelo f\u00e1cil de identificar, incluso en la ficci\u00f3n, da igual si se nutre de la relaci\u00f3n entre Sherlock y Watson, del salto al vac\u00edo de Thelma y Louise o viene de una galaxia, muy, muy lejana con C3PO y DR2D2.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sus cimientos han sufrido<strong>&nbsp;dos impactos tremendos<\/strong>&nbsp;que nos hacen replantearnos sus l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero se&nbsp;produjo con la&nbsp;<strong>aparici\u00f3n de las redes sociales<\/strong>, cuando nuestro cerebro parec\u00eda el anuncio de una conocida marca de boller\u00eda: nos salieron \u00abamigos por todos partes\u00bb. No s\u00f3lo recuperamos a aquellos a los que hab\u00edamos perdido la pista, sino que ampliamos nuestro c\u00edrculo con personas que estaban a miles de kil\u00f3metros o que ni siquiera conoc\u00edamos. Todo gracias a la br\u00fajula de los algoritmos, que presentan a gente que comparte los mismos gustos y aficiones: as\u00ed descubrimos que hay amigos m\u00e1s all\u00e1 de las reuniones y las felicitaciones navide\u00f1as y que se comunicaban con nosotros con<em>&nbsp;likes<\/em>, retuits y comentarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras a\u00fan proces\u00e1bamos la novedad de la amistad virtual, apareci\u00f3 el segundo impacto: la pandemia. En esta ocasi\u00f3n sucedi\u00f3 lo contrario, un<em>&nbsp;big crunch<\/em>&nbsp;que supuso la implosi\u00f3n de la sociabilidad. El confinamiento obligado, las sucesivas restricciones y el miedo al contagio eliminaron el contacto f\u00edsico.<strong>&nbsp;El cara a cara y el abrazo dejaron de existir<\/strong>, salvo para nuestros amigos m\u00e1s \u00edntimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante estos sucesos extraordinarios, en pleno 2021 surge una pregunta: \u00bfhan cambiado para siempre los l\u00edmites de la amistad? \u00abNo lo creo: puede que los amigos cercanos hayan&nbsp;<strong>podido alejarse un poco en la pandemia&nbsp;<\/strong>y es posible que tengamos dudas sobre nuestro grado de amistad, por no haberlos visto tantas veces como era habitual, pero no veo grandes variaciones\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed de rotundo habla<strong>&nbsp;Robin Dunbar (Liverpool, 1947)<\/strong>, el cient\u00edfico de la amistad m\u00e1s influyente del mundo. Hace 30 a\u00f1os, este antrop\u00f3logo y psic\u00f3logo concret\u00f3 la cantidad de amigos que podemos tener. Para \u00e9l la cifra m\u00e1gica es 150: es decir, el n\u00famero de personas con las que los humanos podemos relacionarnos de forma cercana. Es lo que se conoce como el n\u00famero Dunbar.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Hace 30 a\u00f1os no imagine que mi investigaci\u00f3n tendr\u00eda tanta influencia<\/p><p><strong>ROBIN DUNBAR (ANTROP\u00d3LOGO Y PSIC\u00d3LOGO)<\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La hip\u00f3tesis del cerebro social de este profesor em\u00e9rito del&nbsp;<strong>Magdalen College de Oxford<\/strong>&nbsp;sali\u00f3 a la luz p\u00fablica en su ya c\u00e9lebre art\u00edculo&nbsp;<em>Behavioural and Brain Sciences<\/em>. Y justo ahora, tras tres d\u00e9cadas de dominio, algunos lo ponen en cuesti\u00f3n. Aunque \u00e9l, claro, defiende su vigencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso s\u00ed: antes de relatar las guerras acad\u00e9micas, recordemos qu\u00e9 cont\u00f3 Dunbar en su&nbsp;<em>paper<\/em>&nbsp;y en qu\u00e9 consiste su legado amenazado.<\/p>\n\n\n\n<p>Su teor\u00eda, formulada cuando internet estaba en pa\u00f1ales, est\u00e1 basada en el estudio del tama\u00f1o del neoc\u00f3rtex de los primates, la parte del cerebro responsable del pensamiento consciente. Dunbar advirti\u00f3 que&nbsp;<strong>cuanto m\u00e1s grande era, mayor era el tama\u00f1o de su grupo social<\/strong>. Y, a partir de esa conclusi\u00f3n, traslad\u00f3 sus datos al cerebro humano y obtuvo la cifra famosa de los 150 amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, se atrevi\u00f3 a poner una barrera: superar ampliamente este n\u00famero pone en peligro la cohesi\u00f3n de nuestra red social. Dentro de este margen, el grupo se lleva razonablemente bien, pero si crece sus miembros se dispersan y aparecen los problemas internos. La raz\u00f3n:<strong>&nbsp;limitaciones cognitivas como la memoria restringen la capacidad humana para relacionarlos<\/strong>. Por eso no podemos tener infinitas relaciones.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Dunbar sostiene que los amigos \u00edntimos no superan los cinco y las redes y la pandemia no var\u00edan esto<strong><\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan Dunbar, nuestra red de contactos se despliega en c\u00edrculos interconectados que tienen distintos grados de intimidad. El n\u00facleo m\u00e1s estrecho lo componen los seres queridos: de media no son m\u00e1s de cinco personas. En un reciente estudio, titulado&nbsp;<em>Amigos: entender el poder de las relaciones importantes<\/em>, Dunbar aclara que estos intim\u00edsimos pueden ser&nbsp;<strong>tanto amigos como familiares muy cercanos<\/strong>. Este grupo es una fortaleza a salvo del asedio de las redes sociales y la pandemia. Sustituirlos por otros es muy dif\u00edcil en la edad adulta.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras los amigos del alma viene el siguiente c\u00edrculo en el que se encuentran unos 15 buenos amigos. A continuaci\u00f3n, tendr\u00edamos unos 50 con los que hay confianza suficiente, aunque no contacto regular.&nbsp;<strong>Y el siguiente lo forman los 150 contactos significativos, la cifra m\u00e1gica<\/strong>, en la que se incluyen tambi\u00e9n a quienes nos encanta ver, pero con los que no tenemos un v\u00ednculo estrecho: te tomas un caf\u00e9 c\u00f3modamente con ellos si te lo encuentras en una estaci\u00f3n, pero la relaci\u00f3n no va m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta aqu\u00ed llegan los que todos denominamos amigos, en mayor o menor medida.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego tenemos dos \u00faltimos c\u00edrculos sociales que completan esta madeja de relaciones. Uno compuesto por unos 500 conocidos -el camarero que te sirve cada d\u00eda el caf\u00e9 en tu bar favorito y te pregunta por tu equipo de f\u00fatbol- y el \u00faltimo, compuesto por unas 1.500 personas, a quienes somos capaces de reconocer (la vecina del quinto que siempre se cuela en el supermercado), pero que no nos importan demasiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es, en definitiva, este es el mapa de la amistad. Los llamamos&nbsp;<strong>tronco, tron, t\u00edo, colegote, pana o wey<\/strong>, pero tambi\u00e9n&nbsp;<strong>compa\u00f1ero, camarada, conocido, adicto, aliado, incondicional, inseparable y leal<\/strong>. Todas estas definiciones entran en el atlas Dunbar. Eso s\u00ed, sin llegar a cantar a lo Roberto Carlos: &#8216;Yo s\u00f3lo quiero tener un mill\u00f3n de amigos&#8217;.<\/p>\n\n\n\n<p>Con 150 basta. Pero si llegamos a 250, recuerden, hay un cortocircuito.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cristina Acedo Carmona<\/strong>, antrop\u00f3loga social y economista de la Universidad de Le\u00f3n, convivi\u00f3 con dos comunidades del norte de Ghana y de M\u00e9xico para su doctorado. Su objetivo era estudiar si los n\u00fameros de Dunbar eran variables en culturas tan distintas y con diferentes necesidades sociales. \u00abLas bases de su trabajo son muy s\u00f3lidas, especialmente en relaci\u00f3n con las limitaciones cognitivas, pero sostener esos n\u00fameros tan cerrados es discutible\u00bb, dice por tel\u00e9fono. \u00abHay comunidades con necesidades de supervivencia m\u00e1s duras que requieren m\u00e1s interacci\u00f3n,&nbsp;<strong>se necesitan m\u00e1s los unos a los otros<\/strong>&nbsp;que en sociedades m\u00e1s pr\u00f3speras\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Dos a\u00f1os de pandemia no son suficientes para alterar un comportamiento social adquirido durante miles de a\u00f1os<\/p><p><strong>CRISTINA ACEDO CARMONA (ANTROP\u00d3LOGA)<\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Dunbar considera que su hip\u00f3tesis sigue vigente y que no ha sido alterada ni por la interconexi\u00f3n digital ni el coronavirus. Sostiene que nuestras&nbsp;<strong>\u00abrelaciones de calidad\u00bb no han variado,<\/strong>&nbsp;aunque s\u00ed hayan aumentado el n\u00famero de \u00abconocidos\u00bb en nuestros paseos por Facebook e Instagram. \u00abHay diversos estudios de redes sociales y redes de comunicaci\u00f3n que sacan un mismo n\u00famero de relaciones que las que yo postul\u00e9\u00bb, insiste.<\/p>\n\n\n\n<p>Acedo Carmona est\u00e1 de acuerdo con Dunbar en este punto: \u00abLas sociedades m\u00e1s tecnol\u00f3gicas tienden a ser m\u00e1s individualistas. Las redes sociales cubren necesidades que no son vitales pero s\u00ed nuestras carencias sociales m\u00e1s superficiales\u00bb. Respecto a la pandemia, esta antrop\u00f3loga sostiene que su impacto tampoco resulta determinante: \u00abDos a\u00f1os de pandemia no son suficientes para alterar un comportamiento social adquirido durante cientos de miles de a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, \u00faltimamente a Dunbar le han salido detractores y eso no parece gustarle mucho. Un estudio de la&nbsp;<strong>Universidad de Estocolmo<\/strong>, publicado este mes en la revista&nbsp;<em>Biology Letters<\/em>, cuestiona su teor\u00eda y apunta que su cifra de relaciones es capaz de crecer si las personas se esfuerzan. No s\u00f3lo eso, considera que los l\u00edmites sociales de los seres humanos no dependen del tama\u00f1o del neoc\u00f3rtex.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta investigaci\u00f3n actualiza los datos usados para hallar el n\u00famero de Dunbar. El tama\u00f1o medio de las diferentes estructuras cerebrales analizadas en los primates no se han conocido lo suficientemente hasta hace relativamente poco, ya que cuando se estudia el cerebro&nbsp;<em>postmortem<\/em>&nbsp;se registran cambios en su volumen relativo y densidad. Adem\u00e1s, afirma en sus conclusiones que existe una gran variabilidad entre los sujetos y<strong>&nbsp;cuestiona que la medici\u00f3n cerebral sirva como prueba<\/strong>&nbsp;del tama\u00f1o de los de otro miembro de su especie.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a estos ataques, Dunbar no se amilana. La semana pasada contraatac\u00f3 con un art\u00edculo en el que acusaba a esa investigaci\u00f3n de contar con \u00abdeficiencias estad\u00edsticas\u00bb y de una \u00abcomprensi\u00f3n pobre del comportamiento social tanto de los primates como de los seres humanos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que es seguro es que el profesor<strong>&nbsp;Johan Lund<\/strong>, autor del estudio sueco, no est\u00e1 dentro del&nbsp;<em>n\u00famero Dunbar<\/em>&nbsp;del se\u00f1or Dunbar.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro factor que genera controversia es el cultural. La psic\u00f3loga especialista en emociones<strong>&nbsp;Patricia D\u00edaz Saco<\/strong>&nbsp;considera que si hay dudas sobre la validez de trasladar conclusiones de los primates a los humanos en materia de relaciones, hacer comparaciones entre grupos humanos resulta igualmente arriesgado. \u00abPesa en nosotros una visi\u00f3n muy occidental\u00bb. Y se pregunta: \u00ab\u00bfTienen acaso un mismo concepto de la amistad un espa\u00f1ol, un japon\u00e9s o un maor\u00ed?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de todo, casi nadie niega la fuerza del n\u00famero Dunbar. Aparece citado en&nbsp;<strong>1.400 art\u00edculos del buscador acad\u00e9mico Google Scholar y tiene 26.5000.000 visitas en Google<\/strong>. Su influencia es tal que ha trascendido los campos de la antropolog\u00eda y la psicolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00bfTienen acaso un mismo concepto de la amistad un espa\u00f1ol, un japon\u00e9s o un maor\u00ed?<strong>PATRICIA D\u00cdAZ SACO (PSIC\u00d3LOGA)<\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>En 2007, la Agencia Tributaria suiza reorganiz\u00f3 todas sus oficinas para que&nbsp;<strong>no superaran el l\u00edmite de 150 empleados<\/strong>. Tambi\u00e9n ha influido en la arquitectura, en el funcionamiento de las redes sociales y su env\u00edo de mensajes, as\u00ed como en estudios demogr\u00e1ficos y en algoritmos detectores de&nbsp;<em>bots<\/em>. \u00abLa verdad es que hace 30 a\u00f1os no pod\u00eda imaginarme que esta investigaci\u00f3n ser\u00eda tan influyente\u00bb, dice su autor.<\/p>\n\n\n\n<p>El antrop\u00f3logo es consciente de ello. Cuando en una ocasi\u00f3n le preguntaron en el\u00a0<em>New York Times<\/em>\u00a0cu\u00e1ntos amigos ten\u00eda, Dunbar contest\u00f3: \u00abUnos 150\u00bb. Y a\u00f1adi\u00f3, con una elegancia muy inglesa, que esto no iba de analizarse a uno mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2021\/05\/22\/60a8f2c621efa0e40f8b457a.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ni las redes sociales han aumentado nuestro c\u00edrculo ni la pandemia lo ha reducido. 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