{"id":82110,"date":"2024-08-09T06:39:18","date_gmt":"2024-08-09T11:39:18","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=82110"},"modified":"2024-08-09T06:39:20","modified_gmt":"2024-08-09T11:39:20","slug":"opinion-dignidad-humana-y-experiencia-del-otro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/opinion-dignidad-humana-y-experiencia-del-otro\/","title":{"rendered":"Opini\u00f3n | Dignidad humana y experiencia del otro\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color\" style=\"font-size:26px\"><strong><em>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lo humano lo experimentamos de diversas maneras, en diversos momentos de nuestra existencia, ya de ni\u00f1os, ya de j\u00f3venes, ya de maduros. A veces, para dirigirnos a lo humano, o para denotarlo, utilizamos los t\u00e9rminos que nos ofrece el lenguaje, los cuales, como la mayor\u00eda de ellos, tienen varias significaciones. Lo humano, as\u00ed, denota algo noble, sublime, valioso, solidario,&nbsp;humanizante. Muy humano, decimos de una persona que nos acoge, nos recibe, nos ayuda. Lo contrario es lo inhumano.<\/p>\n\n\n\n<p>En el lenguaje ordinario, tambi\u00e9n decimos que lo humano es la otra cara de la moneda: la equivocaci\u00f3n, el error, los fallos, incluso cierta inclinaci\u00f3n al mal, o a dejar de hacer el bien, en suma, como se ha dicho, lo inhumano. Aqu\u00ed hay una contradicci\u00f3n&nbsp;<em>in&nbsp;<\/em><em>terminis<\/em>: lo humano es lo inhumano. Aunque hay que matizar, no tanto lo inhumano, cuanto lo imperfecto. Esa cierta inclinaci\u00f3n a lo malo, a lo bajo, a lo inhumano, tambi\u00e9n lo experimentamos de alguna manera. El extremo son los campos de exterminio.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de esa experiencia de inhumanidad, emergi\u00f3 con fuerza la necesidad de reconocer que el ser humano posee una dignidad propia, basada en su n\u00facleo m\u00e1s profundo:&nbsp;el hecho de ser y de existir. La&nbsp;<em>Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos<\/em>&nbsp;ha sido la muestra m\u00e1s clara de esa conciencia, tambi\u00e9n com\u00fan a todo ser humano, que buscaba resguardar ese n\u00facleo, esa dignidad humana. Tales derechos brotan de esa fuente. El ser humano tiene dignidad por ser persona.<\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<em>Declaraci\u00f3n<\/em>&nbsp;mencionada es la referencia m\u00e1s cercana al principio de la dignidad inalienable de la persona humana,&nbsp;<em>Piedra miliar<\/em>&nbsp;en el largo y complejo camino de la humanidad y una de las m\u00e1s altas expresiones de la conciencia humana (1). El problema, sin embargo, es que han brotado malentendidos que alteran o eliminan el significado profundo de los derechos humanos consignados en dicho documento. Por lo que vale la pena recordar algunos principios esenciales sobre la dignidad humana.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fundamento ontol\u00f3gico de la dignidad humana<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pese a una mayor conciencia de la dignidad humana, no deja de haber discrepancias sobre el concepto de dignidad y su significado. Para algunos es mejor hablar de \u201cdignidad personal\u201d, o de \u201cderechos de la persona\u201d, sobre todo manteniendo la premisa de que la persona lo es por su capacidad de raciocinio o su capacidad de&nbsp;elegir. Pero si la dignidad descansa en el conocimiento o en la libertad, se aprecia de inmediato que no todos los seres humanos estar\u00edan dotados de tales capacidades (2).<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, el no-nacido, el anciano incapaz de juicio o decisi\u00f3n y los discapacitados mentales estar\u00edan excluidos de la dignidad.&nbsp;Con el cristianismo&nbsp;se plantea que&nbsp;la dignidad de toda persona humana permanece m\u00e1s all\u00e1 de&nbsp;cualquier situaci\u00f3n, porque aqu\u00e9lla le es intr\u00ednseca. \u201cUna dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, m\u00e1s all\u00e1 de toda circunstancia y en cualquier estado y situaci\u00f3n en que se encuentre.\u201d (3).<\/p>\n\n\n\n<p>Ese hecho es la manifestaci\u00f3n de su ser.&nbsp;Por tanto, est\u00e1 primero la realidad, la persona humana; luego, el conocimiento de la persona; y posteriormente&nbsp;el reconocimiento moral y jur\u00eddico. Sin esta referencia ontol\u00f3gica, tal reconocimiento depender\u00eda de valoraciones diversas, variadas y oscilatorias, es decir, arbitrarias. De tal manera que s\u00f3lo por el reconocimiento de la dignidad intr\u00ednseca del ser humano se puede garantizar a tal cualidad un fundamento inviolable y seguro, desde el comienzo de su ser \u2014en la concepci\u00f3n\u2014 hasta su final natural.&nbsp;Esto es: toda la existencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00fanica condici\u00f3n para que se hable de dignidad por s\u00ed misma inherente a la persona es que \u00e9sta pertenezca a la especie humana, por lo que, en tal horizonte, \u201clos derechos de la persona son los derechos humanos.\u201d&nbsp;(4). Lo relevante de estas tesis es que la dignidad humana descansa en el ser mismo de la persona y es la fuente de los derechos humanos. No dependen m\u00e1s que del hecho de ser, no del conocimiento ni del reconocimiento. Al rev\u00e9s,los derechos&nbsp;se&nbsp;basan&nbsp;en el ser&nbsp;de la persona humana.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Libertad humana, \u00bffundamento de la dignidad?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Se suele abusar del concepto de dignidad humana para justificar la proliferaci\u00f3n arbitraria de nuevos derechos (generaciones de derechos humanos, suele decirse). Muchos de tales derechos, a veces, son contradictorios a los derechos originales consignados en la&nbsp;<em>Declaraci\u00f3n Universal<\/em>&nbsp;mencionada, concretamente&nbsp;al derecho a la vida. Si la dignidad la queremos fundamentar en una libertad aislada e individualista, luego \u00e9sta quiere imponer como derechos \u2014pagados con recursos p\u00fablicos\u2014 ciertas preferencias y deseos subjetivos. Los resultados son la arbitrariedad y la&nbsp;veleidosidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra faceta del subjetivismo que quiere fundar la dignidad&nbsp;humana&nbsp;es la identificaci\u00f3n de&nbsp;\u00e9sta&nbsp;\u00fanicamente con el bienestar psicof\u00edsico del individuo. Pero volvemos al mismo problema: siempre habr\u00e1 excluidos. Adem\u00e1s, en este planteamiento hay una reducci\u00f3n de la dignidad a una parte de la condici\u00f3n humana que, por otro lado, no es la m\u00e1s noble, con todo y lo enriquecedor que pueda ser poseer una armon\u00eda psicof\u00edsica en lo individual: esto no fundamenta la dignidad humana en su dimensi\u00f3n aut\u00e9ntica.<\/p>\n\n\n\n<p>La dignidad humana se fundamenta en las exigencias constitutivas de la naturaleza humana que no dependen de las arbitrariedades,&nbsp;veleidosidades&nbsp;ni oscilaciones del individuo ni del conjunto social&nbsp;(5). No es un asunto de opini\u00f3n p\u00fablica; \u00e9sta puede mandar al cadalso a personas inocentes; m\u00e1s&nbsp;aun, puede no reconocer su realidad de personas. La base de tal dignidad es la naturaleza humana com\u00fan, de donde brotan los derechos y deberes humanos, y&nbsp;es la&nbsp;referencia&nbsp;objetiva&nbsp;y concreta&nbsp;para la libertad.&nbsp;Sin esto, la dignidad humana queda sometida a la arbitrariedad y al poder.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Relacionalidad\u00a0de la persona humana<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La dignidad humana,&nbsp;<em>sub&nbsp;<\/em><em>specie<\/em><em>&nbsp;<\/em><em>relationis<\/em>, supera la concepci\u00f3n de la persona encerrada en s\u00ed misma, autorreferencial e individualista, como denotan ciertas modas de autoayuda para superar el estr\u00e9s y la depresi\u00f3n.&nbsp;Es a veces fascinante construir castillos en el aire, sobre todo cuando se ha experimentado la dureza de la vida: el desamor, el desempleo, la muerte de un ser querido. La tentaci\u00f3n es grande, la ilusi\u00f3n emerge con fuerza y el resultado es el desencanto.<\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;relacionalidad, en cambio,&nbsp;abre al&nbsp;otro&nbsp;para encontrarse a s\u00ed&nbsp;mismo.Me&nbsp;gusta mucho recordar esa historia que ya coment\u00e9 en otro momento&nbsp;(6), sobre&nbsp;el&nbsp;rabino&nbsp;Eisek,&nbsp;que viv\u00eda en Cracovia: So\u00f1aba&nbsp;constantemente con un tesoro debajo del puente de otra ciudad, Praga. Acuciado por la inquietud, decidi\u00f3&nbsp;hacer&nbsp;la b\u00fasqueda.&nbsp;Ya en Praga, buscaba el momento oportuno para iniciar su cometido. Un guardia, al verlo inquieto, le pregunt\u00f3 qu\u00e9 buscaba. El rabino le cont\u00f3 su sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin ocultar una sonrisa,&nbsp;el vigilante le dijo que \u00e9l tambi\u00e9n&nbsp;hab\u00eda tenido&nbsp;un sue\u00f1o:&nbsp;que&nbsp;en Cracovia, en una casa, debajo de la estufa, hab\u00eda un tesoro;&nbsp;pero que \u00e9l no iba a hacerle caso a su sue\u00f1o, ser\u00eda una locura.&nbsp;El rabino&nbsp;Eisek&nbsp;se dio cuenta que se trataba de su&nbsp;propiacasa. Regres\u00f3 a&nbsp;ella, cav\u00f3 debajo de la estufa y encontr\u00f3 el tesoro&nbsp;que buscaba.&nbsp;El sue\u00f1o le hab\u00eda llevado fuera de su casa y de su ciudad; otra persona, revel\u00e1ndole su sue\u00f1o, le hab\u00eda indicado d\u00f3nde se encontraba lo que buscaba.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia contada nos muestra algunos elementos de la antropolog\u00eda humana y de su estructura relacional. Ciertamente, la persona humana busca su tesoro, sue\u00f1a con \u00e9l, lo desea fervientemente, hasta que su coraz\u00f3n inquieto lo impulsa a ir por \u00e9l. No importa que sea fuera de la ciudad donde vive, hay que salir de&nbsp;s\u00ed mismo. En esa salida, hay otros \u2014como el guardia\u2014 que, desinteresados por sus propios anhelos, nos indican el tesoro que hay en nuestra casa, en nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese tesoro es real, es la imagen de la dignidad humana. Pero a veces es preciso salir de nosotros mismos y que alguien nos diga&nbsp;indirectamente&nbsp;d\u00f3nde est\u00e1 nuestro tesoro.&nbsp;La persona humana entendida como un sujeto autorreferencial, encerrado&nbsp;en s\u00ed mismo,&nbsp;capaz de crear sus propios valores&nbsp;\u2014prescindiendo de las normas objetivas del bien y de la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s\u2014, termina en la pura subjetividad y en el deseo vol\u00e1til. El riesgo de tal actitud y concepci\u00f3n es no s\u00f3lo el aislamiento, sino la renuncia a pertenecer a la comunidad (familia, escuela, trabajo, ciudad).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se concibe la libertad sin esa referencia objetiva&nbsp;del bien y de la apertura a los dem\u00e1s, los derechos y los deberes no se reconocen mutuamente para el cuidado de los unos por los otros. Entonces, se vac\u00eda el sentido original de la persona como don de s\u00ed y como acogida del otro (7). Pero entendiendo la dignidad humana como estructura relacional (<em>sub&nbsp;<\/em><em>specie<\/em><em>&nbsp;<\/em><em>relationis<\/em>),&nbsp;brota&nbsp;por su propia naturaleza&nbsp;la&nbsp;capacidad&nbsp;de la persona&nbsp;de asumir responsabilidad y obligaciones hacia los otros (8).<\/p>\n\n\n\n<p>Los otros son, en primera instancia, sus semejantes, pero tambi\u00e9n los dem\u00e1s seres vivos; incluso el cosmos entero. Ciertamente, hay una diferencia esencial entre el ser humano y los otros seres vivos, gracias a la dignidad humana. Este principio ontol\u00f3gico no debe hacernos olvidar que los otros seres vivos comportan una bondad&nbsp;creatural&nbsp;(9).&nbsp;Ellos existen no s\u00f3lo en funci\u00f3n del ser humano, sino con un valor propio que armoniza el delicado equilibrio de los circuitos de la vida y de la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese equilibrio ha sido confiado a los seres humanos para ser custodiado y cultivado. La dignidad humana de los seres humanos y la bondad&nbsp;creatural&nbsp;de los dem\u00e1s seres vivos y del cosmos entero son los polos de la vocaci\u00f3n humana por excelencia: hacer de este mundo, en el espacio y en el tiempo, la casa com\u00fan de los vivientes&nbsp;y de las condiciones para que su vida persista. Al propio tiempo, dicha dignidad denota el fin trascendente de cada ser humano: la plenitud de la persona m\u00e1s all\u00e1 de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los seres humanos est\u00e1n llamados a respetar la dignidad humana en s\u00ed mismos y en sus semejantes, as\u00ed como a respetar todo lo creado en sus leyes internas. La bondad y la perfecci\u00f3n de toda criatura muestran la bondad y la sabidur\u00eda del Creador en grado superlativo. El ser humano debe respetar esto. Debe someter su propio poder (tecnocient\u00edfico) a este orden ontol\u00f3gico (del ser de lo real) y a la conciencia moral que siempre se\u00f1ala lo que es bueno y lo que es malo para dicho equilibrio. A final de cuentas, la vida humana no se sostiene sin las dem\u00e1s criaturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo anterior ser\u00eda parte de un \u00abantropocentrismo situado\u00bb&nbsp;como principio de una&nbsp;\u00abecolog\u00eda humana\u00bb&nbsp;(10). Ciertamente, el ser humano es la criatura m\u00e1s excelsa del orden natural (por su dignidad), pero esto no significa despotismo (aunque siempre hay el riesgo), sino responsabilidad, de s\u00ed mismo, de los dem\u00e1s \u2014sus semejantes\u2014, de&nbsp;todo ser vivo y de todo cosmos. Esa es la aut\u00e9ntica&nbsp;\u00abmaiestas\u00bb, majestad, que implica el se\u00f1or\u00edo sobre las cosas, pero a partir del se\u00f1or\u00edo sobre s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Citas:<\/p>\n\n\n\n<p>(1)&nbsp;Francisco,&nbsp;<em>Audiencia general<\/em>&nbsp;(12 de agosto 2020):&nbsp;<em>L\u2019Osservatore<\/em><em>&nbsp;Romano<\/em>&nbsp;(13 de agosto 2020), p. 8, que cita a Juan Pablo II,&nbsp;<em>Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas<\/em>&nbsp;(2 de octubre 1979), 7 y 2, y&nbsp;<em>Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas<\/em>&nbsp;(5 de octubre 1995), 2.<\/p>\n\n\n\n<p>(2)&nbsp;<em>Dignitas infinita<\/em>, Declaraci\u00f3n del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, 2024, n. 24.<\/p>\n\n\n\n<p>(3)&nbsp;<em>Ib<\/em>., n. 1.<\/p>\n\n\n\n<p>(4)&nbsp;<em>Ib<\/em>., n. 24; cita a la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional,&nbsp;<em>La libertad religiosa para el bien de todos<\/em>&nbsp;(2019), n. 38.<\/p>\n\n\n\n<p>(5)&nbsp;<em>Ib<\/em>., n. 25.<\/p>\n\n\n\n<p>(6)&nbsp;Fidencio Aguilar V\u00edquez,&nbsp;\u201cMirar\u00e1n al que atravesaron\u201d,&nbsp;<em>e-consulta<\/em>, 28 de marzo 2024,&nbsp;https:\/\/acortar.link\/rCd1aq. Ver la cita 1:&nbsp;Martin Buber,&nbsp;<em>Khassidischen B\u00fccher<\/em>, citado&nbsp;por M. El\u00edade,&nbsp;<em>Briser le toit de la maison<\/em>, Gallimard, Paris 1985,&nbsp;https:\/\/acortar.link\/CkO0k8.<\/p>\n\n\n\n<p>(7)&nbsp;Juan Pablo II,&nbsp;<em>Evangelium vitae<\/em>, n. 19.<\/p>\n\n\n\n<p>(8)&nbsp;<em>Dignitas infinita<\/em>, n. 27.<\/p>\n\n\n\n<p>(9)&nbsp;<em>Ib<\/em>., n. 28.<\/p>\n\n\n\n<p>(10) Francisco,&nbsp;<em>Laudato si\u2019<\/em>, n. 69.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez Introducci\u00f3n Lo humano lo experimentamos de diversas maneras, en diversos momentos de nuestra existencia, ya 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