{"id":81876,"date":"2024-08-06T12:25:56","date_gmt":"2024-08-06T17:25:56","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=81876"},"modified":"2024-08-06T13:23:02","modified_gmt":"2024-08-06T18:23:02","slug":"la-revolucion-industrial-desato-los-mismos-miedos-a-la-tecnologia-que-hoy-la-vanguardia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/la-revolucion-industrial-desato-los-mismos-miedos-a-la-tecnologia-que-hoy-la-vanguardia\/","title":{"rendered":"La Revoluci\u00f3n Industrial desat\u00f3 los mismos miedos a la tecnolog\u00eda que hoy | La Vanguardia"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"has-light-green-cyan-background-color has-background wp-block-heading\">El historiador Robert Peckham explora en &#8216;Miedo&#8217; la cara B del progreso y los temores del siglo XIX a la transformaci\u00f3n del trabajo, a la vida acelerada y a las m\u00e1quinas<\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"990\" height=\"484\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/66a8b1dbc6569.r_d.2126-1307-2328.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-81878\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/66a8b1dbc6569.r_d.2126-1307-2328.jpeg 990w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/66a8b1dbc6569.r_d.2126-1307-2328-300x147.jpeg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/66a8b1dbc6569.r_d.2126-1307-2328-768x375.jpeg 768w\" sizes=\"(max-width: 990px) 100vw, 990px\" \/><figcaption>Las condiciones laborales eran muy malas durante la Revoluci\u00f3n Industrial: en la imagen, mano de obra infantil en el sector textil a inicios del siglo XX&nbsp;&nbsp;| Philippe Cl\u00e9ment\/Getty<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-medium-font-size\"><strong>F\u00c9LIX VADIA \/ Barcelona \/ La Vanguardia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El ferrocarril, gran s\u00edmbolo del progreso industrial del siglo XIX, ten\u00eda una cara B, la del miedo a los accidentes y a los trastornos mentales que, se aseguraba, implicaba viajar en este medio de transporte. La introducci\u00f3n de la moderna maquinaria industrial dispar\u00f3 la productividad y redefini\u00f3 el trabajo, pero tambi\u00e9n impuls\u00f3 el temor a los accidentes, a la p\u00e9rdida del empleo y a la alienaci\u00f3n de los trabajadores. El tel\u00e9grafo revolucion\u00f3 las comunicaciones, pero fue criticado porque, seg\u00fan peri\u00f3dicos de la \u00e9poca, \u201cera demasiado r\u00e1pido para la verdad\u201d. La Revoluci\u00f3n Industrial fue un gran salto adelante para la humanidad, pero ese cambio no fue precisamente amable, sino que extendi\u00f3 el miedo como una mancha de aceite entre amplios grupos de poblaci\u00f3n.javascript:false2Lee tambi\u00e9n<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/historiayvida\/propuestas\/20240125\/9492021\/libros-febrero-revolucion-industrial-armas.html\">Contra la leyenda rosa de la Revoluci\u00f3n industrial<\/a><\/h2>\n\n\n\n<p>Carlos Hern\u00e1ndez Echevarr\u00eda<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/files\/image_104_108\/uploads\/2019\/11\/18\/5fa52e374699c.jpeg\" alt=\"Horizontal\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Unos temores que se asemejan llamativamente a los que est\u00e1n provocando los cambios tecnol\u00f3gicos en la actualidad en terrenos como la inteligencia artificial, el mercado laboral o las redes sociales. El historiador brit\u00e1nico Robert Peckham ha publicado Miedo. Una historia alternativa del mundo (Paid\u00f3s), donde estudia milenios de p\u00e1nicos y temores, y analiza c\u00f3mo estos han condicionado la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica. La Revoluci\u00f3n Industrial, normalmente descrita como un periodo pujante y de brillante progreso, es objeto de varios cap\u00edtulos del libro, porque, aunque es cierto que suscit\u00f3 una oleada de tecnooptimismo, tambi\u00e9n lo es que de la misma manera desat\u00f3 un nada moderado tecnopesimismo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Al ferrocarril, emblema de la Revoluci\u00f3n Industrial, se le responsabilizaba de toda clase de enfermedades mentales y f\u00edsicas<\/h3>\n\n\n\n<p>\u201cEs dif\u00edcil hacerse a la idea de la escala y la velocidad del cambio tecnol\u00f3gico durante el siglo XIX e inicios del XX: desde la mecanizaci\u00f3n y automatizaci\u00f3n del puesto de trabajo hasta las comunicaciones casi instant\u00e1neas pasando por la llegada de sistemas masivos de transporte. Casi cada aspecto de la vida se transform\u00f3\u201d, explica Peckham a La Vanguardia.<\/p>\n\n\n\n<p>Con una transformaci\u00f3n de esta envergadura parece l\u00f3gico que se dispararan los temores. Primero, por algo evidente, la siniestralidad, con frecuentes accidentes en las f\u00e1bricas, minas que se desmoronaban o choques de trenes. En segundo lugar, \u201cla tecnolog\u00eda era vista como disruptiva, se cre\u00eda que amenazaba a los empleos tradicionales y que erosionaba la cohesi\u00f3n social\u201d, se\u00f1ala el autor. Y, por \u00faltimo, a medida que avanzaba el siglo XIX muchos comentaristas empezaron a ver las innovaciones como alienantes. Soci\u00f3logos e investigadores en medicina \u201catribuyeron nuevos tipos de enfermedades mentales, f\u00edsicas e incluso sexuales a la velocidad del cambio tecnol\u00f3gico\u201d. Estos miedos constituyen la cara sombr\u00eda del progreso, algo que tal vez nos resulte familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, al ferrocarril, emblema de la Revoluci\u00f3n Industrial, se le asociaba a esa antinatural aceleraci\u00f3n de la vida, con sus efectos nocivos desde el punto de vista mental \u2013neurosis hist\u00e9rica y neurosis traum\u00e1tica, se se\u00f1alaba- y f\u00edsico \u2013con la llamada columna vertebral del ferrocarril-. El tren fue acusado tambi\u00e9n de favorecer la transmisi\u00f3n de enfermedades a gran velocidad, como de hecho sucedi\u00f3 con la gripe de 1918, o como hace poco ocurri\u00f3 con la Covid y los modernos medios de transporte.<\/p>\n\n\n\n<p>Las coincidencias entre ese clima creado en el siglo XIX y principios del XX, y los recelos que en nuestros tiempos ha propiciado el desarrollo de la tecnolog\u00eda son sorprendentes y numerosas, hasta el punto que \u201choy las advertencias de algunos comentaristas del siglo XIX sonar\u00edan totalmente contempor\u00e1neas\u201d. Peckham se refiere al temor, ya expresado en aquellos tiempos, a que las m\u00e1quinas terminaran por tener conciencia o a que tomaran el control, una conexi\u00f3n directa con los miedos desatados hoy en d\u00eda por la inteligencia artificial. De la misma manera, tambi\u00e9n preocupaban los problemas de privacidad o la erosi\u00f3n de la individualidad. Los temores se extend\u00edan a los posibles efectos secundarios de la electricidad o del tel\u00e9fono, un miedo, este \u00faltimo, que no resulta extraordinario si se tiene presente el recelo causado en \u00e9poca contempor\u00e1nea por las consecuencias para la salud de la telefon\u00eda m\u00f3vil.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El miedo no era unidireccional; las \u00e9lites tem\u00edan constamentemente el estallido social entre las clases bajas por las malas condiciones de vida<\/h3>\n\n\n\n<p>Peckham llama la atenci\u00f3n sobre el papel de los primeros medios de comunicaci\u00f3n de masas que funcionaron como una forma para expandir los miedos a, por ejemplo, los accidentes causados por la nueva tecnolog\u00eda industrial, un efecto difusor que, salvando todas las distancias, recuerda al de las redes sociales hoy. Tambi\u00e9n respecto a lo que denomina \u201cnegocio del miedo\u201d pueden establecerse paralelismos: a inicios del siglo XX, coincidiendo con los avances en el estudio de los microorganismos y en la transmisi\u00f3n de enfermedades, floreci\u00f3 un mercado tanto de medicamentos como de nuevos equipamientos dom\u00e9sticos m\u00e1s higi\u00e9nicos alimentado por una publicidad que jugaba con el temor como instrumento promocional. Peckham lo equipara al actual \u201cmercado de la felicidad, es decir, el negocio de vender productos y servicios para mitigar nuestros miedos a la infelicidad, enfermedad o envejecimiento\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El temor, sin embargo, no era solo propio de las clases bajas. De la misma manera que estas tem\u00edan perder el trabajo o no poder adaptarse a los nuevos tiempos, las \u00e9lites sent\u00edan p\u00e1nico ante la perspectiva de que las malas condiciones y la superpoblaci\u00f3n en las que viv\u00edan las capas m\u00e1s humildes de la poblaci\u00f3n que hab\u00edan llegado a la ciudad para trabajar en las nuevas f\u00e1bricas desataran la revoluci\u00f3n y el caos, en medio de las epidemias m\u00e1s o menos frecuentes.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/files\/content_image_mobile_filter\/uploads\/2024\/07\/30\/66a8b28e3bc63.jpeg\" alt=\"Train locomotive destroyed during the train wreck in Dax, France, November 15, photo taken four hours after the catastrophe, from L'Illustrazione Italiana, Year XXVII, No 47, November 25, 1900.\"\/><figcaption>Un accidente ferroviario en Francia, el ao\u00f1 1900&nbsp;&nbsp;De Agostini via Getty Images<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>En ese contexto proliferaron los postulados higienistas y las capitales occidentales desarrollaron grandes planes urban\u00edsticos destinados a mejorar las condiciones de vida y as\u00ed asegurar la estabilidad social. Seg\u00fan esta interpretaci\u00f3n, el Eixample en la siempre explosiva Barcelona, habr\u00eda tenido como meta efectivamente mejorar las condiciones de vida de una parte de la poblaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n garantizar la paz social, un objetivo que a menudo no se logr\u00f3. Es revelador en este sentido que la demolici\u00f3n de las antiguas murallas de la ciudad se autorizara en 1848, en la d\u00e9cada siguiente a la gran epidemia de c\u00f3lera que barri\u00f3 la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Para las \u00e9lites de las sociedades industriales, los pobres, pues, eran vistos como un peligro. \u00bfEra la pobreza de entonces la inmigraci\u00f3n de hoy? \u201cDesde luego hay puntos en com\u00fan entre las respuestas a la pobreza y a la inmigraci\u00f3n\u201d, replica Peckham. \u201cEn los dos casos \u2013contin\u00faa-, un grupo social tiende a ser visto como una amenaza, particularmente en momentos de crisis, en los que los miedos son canalizados hacia minor\u00edas\u201d.Lee tambi\u00e9n<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/internacional\/vanguardia-dossier\/revista\/20240314\/9509167\/hay-miedo-ia-riesgos-vienen.html\">\u00bfHay que tener miedo a la IA? Los riesgos que vienen<\/a><\/h2>\n\n\n\n<p>Sen\u00e9n Barro Ameneiro<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/files\/image_104_108\/uploads\/2022\/10\/06\/633edb727d793.jpeg\" alt=\"Big Data, Blockchain, Technology, Data, Computer Network\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>En opini\u00f3n del historiador, el miedo es inherente a los grandes procesos de cambio. El siglo XIX, \u201cpese a todo el entusiasmo y a las estridentes loas al progreso, fue tambi\u00e9n una \u00e9poca de pesimismo tecnol\u00f3gico, que en muchos sentidos refleja la nuestra. A medida que los avances en inteligencia artificial (IA), rob\u00f3tica y biotecnolog\u00eda transforman nuestras vidas, entra\u00f1an tanto promesas como peligros. Y otro tanto sucedi\u00f3 cuando la energ\u00eda de vapor, la electricidad y la mecanizaci\u00f3n de la producci\u00f3n pusieron en marcha transformaciones econ\u00f3micas, sociales y pol\u00edticas de gran alcance\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El presidente que tem\u00eda electrocutarse<\/h2>\n\n\n\n<p>Aunque Peckham no lo recoge en su libro, hay un ejemplo muy llamativo de miedo a la tecnolog\u00eda en momentos de grandes cambios: el temor colectivo causado por la llegada de la electricidad al Reino Unido. A finales del siglo XIX, mientras otros pa\u00edses, como Francia o Estados Unidos, celebraban de forma entusiasta la llegada de la luz el\u00e9ctrica, parte de los brit\u00e1nicos se mostraban m\u00e1s reticentes, pues cre\u00edan que la nueva forma de energ\u00eda era peligrosa.<br><br>El motivo de esta creencia fue la eficaz campa\u00f1a de las empresas que suministraban gas para la iluminaci\u00f3n dom\u00e9stica, que advert\u00edan del riesgo de incendios o explosiones supuestamente causado por la electricidad, a pesar de que, en realidad, el peligro que entra\u00f1aba su propio negocio era mucho mayor. Los relatos de personal de servicio que se resist\u00eda a utilizar aparatos el\u00e9ctricos o de empleados de f\u00e1bricas que amenazaban con dejar su empleo si se aplicaba la nueva tecnolog\u00eda, eran comunes. La campa\u00f1a de las empresas gasistas fue tan eficaz que algunos domicilios mantuvieron la luz de gas hasta la d\u00e9cada de los 40 del siglo XX.<br><br>Fuera del Reino Unido, en algunos casos concretos tambi\u00e9n existi\u00f3 una aprensi\u00f3n a la electricidad, hasta el punto que incluso todo un presidente como Benjamin Harrison (1888-1892) se resist\u00eda a tocar los interruptores de la Casa Blanca porque cre\u00eda que se arriesgaba a electrocutarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20240806\/9839288\/revolucion-industrial-desato-miedos-tecnologia-hoy.html\">https:\/\/www.lavanguardia.com\/cultura\/20240806\/9839288\/revolucion-industrial-desato-miedos-tecnologia-hoy.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El historiador Robert Peckham explora en &#8216;Miedo&#8217; la cara B del progreso y los temores del siglo XIX a la 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