{"id":78507,"date":"2024-07-02T13:27:28","date_gmt":"2024-07-02T18:27:28","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=78507"},"modified":"2024-07-02T13:27:31","modified_gmt":"2024-07-02T18:27:31","slug":"de-depilarse-con-cal-viva-a-tenirse-el-pelo-con-lejia-o-blanquear-la-piel-con-arsenico-la-cosmetica-extrema-de-las-mujeres-de-ayer-s-moda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/de-depilarse-con-cal-viva-a-tenirse-el-pelo-con-lejia-o-blanquear-la-piel-con-arsenico-la-cosmetica-extrema-de-las-mujeres-de-ayer-s-moda\/","title":{"rendered":"De depilarse con cal viva a te\u00f1irse el pelo con lej\u00eda o blanquear la piel con ars\u00e9nico, la cosm\u00e9tica &#8216;extrema&#8217; de las mujeres de ayer | S Moda"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-background has-medium-font-size\" style=\"background-color:#f0cfd7\"><strong>&#8216;C\u00f3mo ser una mujer en el Renacimiento&#8217;, de\u00a0Jill Burque\u00a0(ed. Cr\u00edtica) nos abre la puerta a un mundo fascinante, el del ideal de belleza de nuestras antepasadas europeas y c\u00f3mo se las apa\u00f1aban para alcanzarlo (o acercarse), a menudo, con gran riesgo para sus propias vidas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"825\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/17194961799751-825x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-78508\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/17194961799751-825x1024.jpg 825w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/17194961799751-242x300.jpg 242w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/17194961799751-768x953.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/17194961799751.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 825px) 100vw, 825px\" \/><figcaption>Tiziano. &#8216;Mujer ante el espejo&#8217; (entre 1512 y 1515). Todas las mujeres venecianas aspiraban a tener el pelo rubio y utilizaban diversos medios para conseguirlo.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-medium-font-size\"><strong>SILVIA NIETO \/ S MODA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>al vez si se nos&nbsp;<strong>proh\u00edben los adornos,&nbsp;<\/strong>nosotras, esposas, hijas y hermanas, nos mostraremos menos dispuestas a someternos a vosotros, hasta el punto de que ya no podremos garantizar que no vayamos a decir adi\u00f3s a nuestra familia y romper las cadenas de la servidumbre femenina\u00bb. Este texto, fragmento del titulado &#8216;Declamaci\u00f3n de las se\u00f1oras de Cesena sobre la ostentaci\u00f3n&#8217;, data de 1575. S\u00ed. En pleno siglo XVI, estas damas&nbsp;<strong>defend\u00edan su derecho a estar guapas.&nbsp;<\/strong>Lo hac\u00edan para oponerse a un proyecto de ley suntuaria que amenazaba con prohibirles el uso de determinadas prendas, peinados o maquillajes. Estaban dispuestas incluso a abandonar a sus familias, ah\u00ed es nada, si les apretaban las tuercas. \u00abPero qu\u00e9 broma es esta\u00bb, les falt\u00f3 decir, \u00abantes muertas que sencillas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Menuda sorpresa. Protofeminismo por la v\u00eda de la reivindicaci\u00f3n cosm\u00e9tica y vestimentaria (la propia Christine de Pizan, siempre presente en los textos sobre los inicios del feminismo, defend\u00eda el buen aspecto en las damas). Es uno de las muchos hallazgos fascinantes que la catedr\u00e1tica de Culturas Visuales y Materiales del Renacimiento en la Universidad de Edimburgo,&nbsp;<strong>Jill Burke,<\/strong>&nbsp;nos regala en<strong>&nbsp;&#8216;C\u00f3mo ser mujer en el Renacimiento&#8217;,&nbsp;<\/strong>un viaje a trav\u00e9s de la cultura de la belleza del cinquecento, sus estrictos c\u00e1nones y c\u00f3mo se las compon\u00edan ellas para cumplirlos. Desde&nbsp;<strong>depilarse&nbsp;<\/strong>hasta&nbsp;<strong>te\u00f1irse de rubio<\/strong>&nbsp;(el color de pelo fetiche de la \u00e9poca, nada nuevo bajo el sol), eliminar&nbsp;<strong>arrugas,<\/strong><strong>adelgazar&nbsp;<\/strong>o conseguir la&nbsp;<strong>nariz perfecta<\/strong>&nbsp;(v\u00eda rinoplastia, s\u00ed). El libro incluye, adem\u00e1s, algunas de las recetas para elaborar cosm\u00e9ticos de la \u00e9poca (de las que la autora ha eliminado los ingredientes t\u00f3xicos, por cierto). Como el &#8216;Colorete muy ligero y excelente de Catalina Sforza&#8217;, que se elabora con&nbsp;<strong>virutas de s\u00e1ndalo rojo y vodka.<\/strong>&nbsp;O la&nbsp;<strong>&#8216;Crema antiarrugas de sebo y alm\u00e1ciga&#8217;&nbsp;<\/strong>que se hace con sebo de cordero, clara de huevo, mantequilla, incienso y l\u00e1grimas de alm\u00e1ciga (no, la alm\u00e1ciga no era un invento de&nbsp;<strong>Monty Python,&nbsp;<\/strong>es la resina del lentisco).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Rinoplastias en pleno siglo XVI<\/h2>\n\n\n\n<p>El libro de Burke nos lleva de asombro en asobro. En 1590, relata por ejemplo, el caso de \u00abuna joven suiza a la que s\u00f3lo se conoce como Susanna N, quien \u00abfue atacada por un grupo de soldados. Se resisti\u00f3 a sus intentos de violarla y, como venganza,&nbsp;<strong>le cortaron la nariz.<\/strong>&nbsp;Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el cirujano franc\u00e9s&nbsp;<strong>Jean Griffon<\/strong>&nbsp;reconstruy\u00f3 con \u00e9xito su nariz mediante el empleo de t\u00e9cnicas nuevas desarrolladas por primera vez en el sur de Italia, que consist\u00edan en utilizar&nbsp;<strong>piel de la parte superior del brazo.&nbsp;<\/strong>Hay constancia documental de que su nueva nariz, salvo porque se volv\u00eda ligeramente azul cuando hac\u00eda mucho fr\u00edo, segu\u00eda teniendo buen aspecto en 1611 y 1613&#8243;. No nos lo creemos del todo, porque las&nbsp;<strong>fake news&nbsp;<\/strong>ya exist\u00edan en el siglo XV, pero vale.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ni un pelo de tontas<\/h2>\n\n\n\n<p>Una de las conclusiones m\u00e1s f\u00e1ciles de extraer del libro es la siguiente: no hemos inventado nada, ni siquiera nuestras fijaciones est\u00e9ticas. En el Renacimiento lo que molaba era ir depilados. Depilados ellos y depiladas ellas, porque el vello estaba fatal visto.&nbsp;<strong>El vello se rasuraba,&nbsp;<\/strong>pero tambi\u00e9n se eliminaba con una pasta. \u00bfQu\u00e9 pasta? Una inspirada en una utilizada en Oriente, la&nbsp;<em>rusma,&nbsp;<\/em>una mezcla muy alcalina de&nbsp;<strong>oropimente&nbsp;<\/strong>(sulfuro de ars\u00e9nico) y&nbsp;<strong>cal viva<\/strong>&nbsp;(\u00f3xido de calcio) que arrancaba el cabello \u00abde un modo muy similar a las cremas depilatorias actuales\u00bb (el milagro es que no arrancase tambi\u00e9n la piel, la carne y los huesos). Tambi\u00e9n&nbsp;<strong>se te\u00f1\u00eda el vello p\u00fablico<\/strong>&nbsp;con alhe\u00f1a, vamos, con henna.<\/p>\n\n\n\n<p>Burke cita un texto del temprano siglo XII escrito por un&nbsp;<strong>m\u00e9dico de Salerno<\/strong>&nbsp;donde ya se refer\u00eda a c\u00f3mo proceder para la depilaci\u00f3n. Entre otras cosas dec\u00eda: \u00abPara que una mujer pueda llegar a estar suav\u00edsima y lisa, y&nbsp;<strong>sin pelos de la cabeza a los pies&#8230;<\/strong>&nbsp;debe tomar un ba\u00f1o de vapor y untarse un depilatorio hecho con oropimente y cal viva&#8230; pero no debe frotarse porque se excoriar\u00edan sus miembros\u00bb. Lo dicho, que toda precauci\u00f3n era poca.<\/p>\n\n\n\n<p>No era la \u00fanica t\u00e9cnica de depilaci\u00f3n. Unas m\u00e1s b\u00e1rbaras que otras, demuestran el enorme inter\u00e9s por quitarse todo pelo de encima, tambi\u00e9n en Espa\u00f1a. Las clientas de&nbsp;<strong>la Lozana andaluza,<\/strong>&nbsp;por ejemplo, le piden&nbsp;<strong>depilaci\u00f3n&nbsp;<\/strong>porque sus maridos \u00ablo quieren ans\u00ed, que no quieren que parezcamos a&nbsp;<strong>las romanas que jam\u00e1s se lo rapan\u00bb<\/strong>. Igualmente, Marinello, en el siglo XVI, exhorta a las mujeres a depilarse porque, dice, muchas damas se vuelven tan peludas \u00abque parecen una bestia salvaje\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Dicen que tienes veneno en la piel (y era cien por cien verdad)<\/h2>\n\n\n\n<p>El arsenal cosm\u00e9tico era enorme en la \u00e9poca. La idea era tener una piel muy blanca y sin imperfecciones, sonrosada lo justo, y por supuesto con las menos arrugas posibles. \u00bfNos suena? En busca de productos que lo lograran, se llegaron a usar muchos venenosos. Entre ellos, el ars\u00e9nico \u00abcom\u00fanmente utilizado como insecticida t\u00f3pico contra par\u00e1sitos como los \u00e1caros de la sarna y los piojos. Tambi\u00e9n se usaba de vez en cuando en cremas para blanquear la piel, como en la compleja receta de Caterina Sforza de alrededor de 1500 para elaborar un \u00abagua excelente que deja la cara, la garganta, el cuello, el pecho y las manos de las mujeres blancos y, por lo dem\u00e1s, bien coloreados\u00bb. Se obten\u00eda del oropimente que, junto con la cal viva, ya hemos visto que eran habituales en las cremas depilatorias. Aqu\u00ed advierte Burke contra la&nbsp;<strong>tentaci\u00f3n&nbsp;<\/strong>de pensar que las&nbsp;<strong>mujeres renacentistas eran bobas<\/strong>&nbsp;por usar productos venenosos para su propio cuidado. Lo sab\u00edan muy bien, afirman, y m\u00e1s de una us\u00f3 su propio maquillaje para huir de su matrimonio&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Otro producto com\u00fan en el &#8216;cuidado&#8217; de la piel era el mercurio, en su encarnaci\u00f3n como &#8216;solim\u00e1n&#8217;. Tambi\u00e9n se usaba albayalde, blanco de plomo. Se frotaban las mejillas con amianto para enrojecerlas. Pero, ojo, como explica Burke, \u00abel mercurio, el plomo y el amianto se utilizaron ampliamente en la producci\u00f3n de diversos productos y muchos tratamientos m\u00e9dicos hasta el siglo XX\u00bb. Vamos, que no es que las mujeres fuesen suicidas, es que nadie conoc\u00eda el potencial t\u00f3xico de estas sustancias.<\/p>\n\n\n\n<p>Isabel de Arag\u00f3n (1470-1524), hija del que ser\u00eda el rey Alfonso II de N\u00e1poles y esposa del duque de Mil\u00e1n Gian Galeazzo Sforza, se hizo famosa, aparte de por sus sufrimientos, por inventar un blanqueador de piel que, seg\u00fan Burke, pudo ser el responsable \u00faltimo de su muerte. El producto se elaboraba con 12 limones, 25 huevos y una mezcla de alumbre, amianto, b\u00f3rax, alcanfor y solim\u00e1n. \u00abTras melar estos ingredientes se coloca todo en una olla con leche de burra y malva, y despu\u00e9s se destila en un alambique\u00bb. La usuaria debe prepararse la cara lav\u00e1ndola con un&nbsp;<strong>exfoliante de migas de pan<\/strong>&nbsp;y, a continuaci\u00f3n, aplicarse el agua durante una hora. La exposici\u00f3n constante al mercurio del solim\u00e1n, durante la cocci\u00f3n y la aplicaci\u00f3n, podr\u00edan haber llevado a la muerte a Isabel.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El pelo, rubio brillante, ande o no ande<\/h2>\n\n\n\n<p>El cuidado y belleza del cabello es otro asunto que Burke trata extensamente. En lo que a la est\u00e9tica se refiere, todas las mujeres aspiraban, cuenta, al pelo rubio dorado, presente en todas las descripciones de mujeres bellas de la \u00e9poca. As\u00ed que, explica, no es de extra\u00f1ar \u00abla existencia de una gran cantidad de recetas para aclarar el pelo en las fuentes de la Edad Moderna, m\u00e1s que para ning\u00fan otro color\u00bb. Aunque el rubio dorado -o &#8216;hilo de oro&#8217;- fuese el tono favorito, exist\u00edan otros tonos muy de moda como el rubio azafr\u00e1n o el ceniza.<\/p>\n\n\n\n<p>En Venecia el pelo se te\u00f1\u00eda en la azotea de la casa siguiendo un protocolo muy espec\u00edfico. Se hac\u00eda a la hora de mayor exposici\u00f3n solar, con un sombrero sin copa que proteg\u00eda del sol mientras el decolorante se aplicaba al pelo con una esponja atada a un mango y la ayuda de un espejo. Para la decoloraci\u00f3n se utilizaba sosa, b\u00e1sicamente. La mencionada exposici\u00f3n al sol era clave para acelerar el proceso. Para el lavado del cabello exist\u00edan muchas mezclas, que a menudo inclu\u00edan lej\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Cap\u00edtulo aparte, muy divertido por cierto, lo constituye la descripci\u00f3n del&nbsp;<strong>lavado del cabello,<\/strong>&nbsp;que en la \u00e9poca se relacionaba con aspectos de salud. Para lav\u00e1rselo, cuenta Burke, hab\u00eda que \u00abdejar la vida en suspenso\u00bb. De hecho, relata, la dificultad de secarse el pelo en invierno se pod\u00eda utilizar \u00abcomo una pr\u00e1ctica&nbsp;<strong>excusa para evitar actos sociales.&nbsp;<\/strong>Por ejemplo,&nbsp;<strong>Lucrecia Borgia&nbsp;<\/strong>recurri\u00f3 varias veces al pretexto de que necesitaba descansar despu\u00e9s de lavarse la cabeza para esquivar fiestas a las que no quer\u00eda asistir\u00bb. Un lavado de pelo lleg\u00f3 a retrasar su entrada ceremonial en Faenza. Cinco d\u00edas despu\u00e9s, \u00abdesapareci\u00f3 durante un d\u00eda para lav\u00e1rselo una vez m\u00e1s. Al parecer, si no lo hac\u00eda con bastante frecuencia, ten\u00eda jaquecas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen, una lectura refrescante, muy interesante y desprejuiciadora, que no s\u00f3lo cambiar\u00e1 nuestra visi\u00f3n de las mujeres del pasado, sino que tambi\u00e9n nos ayudar\u00e1 a relativizar la imagen que tenemos de las del presente. Un b\u00e1sico para tu biblioteca.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2024\/06\/28\/17195716631889.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">C\u00f3mo ser una mujer del Renacimiento. Mujeres, poder y el nacimiento del mito de la belleza<\/h2>\n\n\n\n<p>JILL BURKE<\/p>\n\n\n\n<p>346 p\u00e1ginas. Ed. Cr\u00edtica. Puedes comprarlo\u00a0<a href=\"https:\/\/amzn.to\/4btgZ5w\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><strong>aqu\u00ed.<\/strong><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/yodona\/lifestyle\/2024\/06\/28\/667d624efc6c8343248b45a2.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/yodona\/lifestyle\/2024\/06\/28\/667d624efc6c8343248b45a2.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8216;C\u00f3mo ser una mujer en el Renacimiento&#8217;, de\u00a0Jill Burque\u00a0(ed. 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