{"id":74970,"date":"2024-05-23T09:53:55","date_gmt":"2024-05-23T14:53:55","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=74970"},"modified":"2024-05-23T09:53:58","modified_gmt":"2024-05-23T14:53:58","slug":"la-sociedad-de-la-distraccion-ethic-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/la-sociedad-de-la-distraccion-ethic-2\/","title":{"rendered":"La sociedad de la distracci\u00f3n | ethic"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"has-background has-medium-font-size wp-block-heading\" style=\"background-color:#3cf1af\">La atenci\u00f3n, el bien m\u00e1s preciado del ser humano, disminuye seg\u00fan avanza un estilo de vida cada vez m\u00e1s trepidante, que cabalga a lomos del avance de la tecnolog\u00eda, la competitividad laboral y el estr\u00e9s inducido. Cada vez m\u00e1s expertos dan la voz de alarma, resumida en una misma pregunta: \u00bfnos la est\u00e1n arrebatando, o es una consecuencia natural de nuestra propia evoluci\u00f3n?<\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"614\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/distraccion-1024x614.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-74971\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/distraccion-1024x614.png 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/distraccion-300x180.png 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/distraccion-768x461.png 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/distraccion.png 1500w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Ilustraci\u00f3n \u00d3scar Guti\u00e9rrez<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<h6 class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/ethic.es\/articulistas\/luis-meyer\">Luis Meyer<\/a> \/ ethic<\/h6>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan una leyenda celta, el lago Enol existe desde que la diosa Deva derram\u00f3 sus l\u00e1grimas en una zona apartada de los exuberantes Picos de Europa asturianos. Su belleza, a m\u00e1s de mil metros de altitud, es directamente proporcional al sacrificio que conlleva contemplarlo sin hordas de turistas alrededor: conviene llegar antes de las siete y media de la ma\u00f1ana, porque despu\u00e9s se restringen los veh\u00edculos particulares.<\/p>\n\n\n\n<p>La joven surcoreana lleg\u00f3 puntual en su utilitario de alquiler, poco despu\u00e9s de las siete. Se acerc\u00f3 al borde del lago, se puso de espaldas, encendi\u00f3<strong>\u00a0la c\u00e1mara del tel\u00e9fono<\/strong>, extendi\u00f3 su palo\u00a0<em>selfie<\/em>\u00a0telesc\u00f3pico, murmur\u00f3 unas palabras en su idioma, hizo unos cuantos mohines durante poco m\u00e1s de un minuto y se fue por donde vino, sin darse la vuelta. Es posible que la diosa Deva derramase hoy las mismas l\u00e1grimas que hace miles de a\u00f1os, pero no por los pastores que le negaron cobijo una noche de tormenta, sino por el desprecio hacia su creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Elvis Presley tambi\u00e9n se echar\u00eda una llorera si viera hoy su mansi\u00f3n, Graceland, recorrida cada d\u00eda por cientos de fanes con las cabezas sumergidas en sus iPad. Una situaci\u00f3n que inspir\u00f3 \u2013o m\u00e1s bien, provoc\u00f3\u2013 a Johann Hari para escribir&nbsp;<em>El valor de la atenci\u00f3n<\/em>. Por qu\u00e9 nos la robaron y c\u00f3mo recuperarla. \u00abLa organizaci\u00f3n da esos dispositivos a los visitantes para ayudarles en el recorrido, o para consultar algo puntual, pero me di cuenta de que todo el mundo all\u00ed, despu\u00e9s de llegar a Memphis a adorar a su \u00eddolo, prefer\u00eda ver el palacio de Elvis en una tableta\u00bb, explica el periodista brit\u00e1nico. Igual que la joven coreana y su lago asturiano, muchos hab\u00edan llegado desde la otra punta del mundo despu\u00e9s de invertir tiempo, dinero y miles de kil\u00f3metros para&nbsp;<strong>admirar algo a trav\u00e9s de una pantalla<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p><strong><em>28 a\u00f1os de la vida humana se van en navegar por internet, una cifra comprensible si se piensa que la persona media pasa diez horas al d\u00eda ante una pantalla<\/em><\/strong><\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>No es casual que Hari hubiera escrito antes&nbsp;<em>Tras el grito<\/em>, otra investigaci\u00f3n sobre los claroscuros de la guerra contra las drogas en el mundo. Sus dos libros hablan de adicciones. La que tiene que ver con las pantallas, que podr\u00eda resumirse en el neologismo&nbsp;<strong>\u00abnomofobia\u00bb<\/strong>&nbsp;\u2013el miedo irracional a estar sin tel\u00e9fono m\u00f3vil\u2013 se sustenta en datos. Seg\u00fan una encuesta realizada por la empresa \u00f3ptica Vision Direct, cada persona pasa de media unas diez horas diarias frente a tel\u00e9fonos inteligentes, ordenadores port\u00e1tiles y televisores. Otro estudio de App Annie, organizaci\u00f3n dedicada al an\u00e1lisis de datos del mercado de las&nbsp;<em>apps<\/em>, alumbra que en 2020 casi la mitad de esas horas las dedicamos a la pantalla del m\u00f3vil, un 30% m\u00e1s que el a\u00f1o anterior. Si nos centramos en Espa\u00f1a, la compa\u00f1\u00eda de redes virtuales NordVPN augura que pasaremos 28 a\u00f1os, nueve meses y diez d\u00edas conectados a internet a lo largo nuestra vida. Si se toma como referencia la esperanza de vida promedio \u201383,4 a\u00f1os\u2013, supone que pr\u00e1cticamente la tercera parte de la existencia se ir\u00e1 entre ordenadores y&nbsp;<em>tablets<\/em>&nbsp;pero sobre todo tel\u00e9fonos m\u00f3viles. En Espa\u00f1a ya hay casi 41 millones de usuarios habituales de redes sociales, seg\u00fan el \u00faltimo Digital Report de We Are Social, lo que supone un 85,6% de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda inexacto, con todo, limitar el acaparamiento de la atenci\u00f3n al \u00e1mbito de la tecnolog\u00eda. El estilo de vida que nos hemos impuesto contiene otros elementos distractores. Como enumera Hari en su libro, el estr\u00e9s, un sistema de trabajo basado en la competitividad y hasta la forma en que nos alimentamos hoy en d\u00eda merman la capacidad de prestar atenci\u00f3n. En Zeamo, una consultora sobre el bienestar laboral, recuerdan que nuestro cerebro solo es responsable del 2% de nuestro peso corporal, pero&nbsp;<strong>utiliza hasta el 20% de nuestra energ\u00eda<\/strong>: \u00abLa raz\u00f3n por la que eres lento o incapaz de concentrarte puede ser tan simple como lo que comiste en el almuerzo\u00bb. La poluci\u00f3n tambi\u00e9n influye en nuestra capacidad de atenci\u00f3n: The National Center for Biotechnology Information, organismo dependiente del Gobierno de Estados Unidos, advierte de los efectos potencialmente da\u00f1inos de los contaminantes inhalados durante la \u00faltima d\u00e9cada en el sistema nervioso central. \u00abLa exposici\u00f3n a un aire de mala calidad se asocia con efectos adversos en el desarrollo mental y en las funciones conductuales, como la atenci\u00f3n, un coeficiente intelectual global reducido o una disminuci\u00f3n de la memoria y el rendimiento acad\u00e9mico\u00bb, afirman.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta, llegados a este punto, es clara: \u00bfqu\u00e9 es exactamente la atenci\u00f3n, ese valor humano que la vida moderna est\u00e1 robando, seg\u00fan denuncian cada vez m\u00e1s autores? \u00abEstar atentos es estar presentes\u00bb, afirma el fil\u00f3sofo Amador Fern\u00e1ndez-Savater, que acaba de coordinar&nbsp;<em>El eclipse de la atenci\u00f3n<\/em>, un ensayo firmado por varios autores. \u00abEs, en primer lugar, un trabajo negativo: vaciar, quitar cosas, desaturar, suspender, abrir un intervalo, interrumpir, parar y detener\u00bb, se\u00f1ala. Y pone un ejemplo: \u00abLa lucha de los sanitarios de atenci\u00f3n primaria es un caso claro. La atenci\u00f3n no es solo un tema de percepci\u00f3n personal,<strong>&nbsp;es tambi\u00e9n el v\u00ednculo con el otro<\/strong>, como el cuidado. \u00bfPor qu\u00e9 luchan los sanitarios? Por buenas condiciones de atenci\u00f3n, por poder escuchar a cada uno de los pacientes que se les presentan en su singularidad, en lugar de despacharlos mirando una pantalla\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p><strong><em>Amador Fern\u00e1ndez-Savater: \u00abLa atenci\u00f3n es, en primer lugar, un trabajo negativo: vaciar, quitar cosas, suspender, interrumpir, parar y detener\u00bb<\/em><\/strong><\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Fern\u00e1ndez-Savater opina que<strong>&nbsp;el problema de la sociedad de la distracci\u00f3n es pol\u00edtico<\/strong>. \u00abTiene que ver con tiempo, con recursos y con contextos institucionales adecuados o no\u00bb, indica, \u00aby lo mismo de los sanitarios podemos aplicarlo a la escuela: un buen profesor puede hacer todos los esfuerzos para activar la atenci\u00f3n de sus alumnos, pero si est\u00e1 trabajando en malas condiciones, con programas que se imponen, rutinas burocr\u00e1ticas que le quitan tiempo e impiden una atenci\u00f3n individualizada a cada uno de los chicos, estamos en el mismo problema\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El v\u00ednculo con el otro, al que se refiere el autor, es uno de los factores m\u00e1s vulnerables a los efectos de la distracci\u00f3n, como coincide \u00c1ngeles Era\u00f1a, directora de la Red Mexicana de Mujeres Fil\u00f3sofas. \u00abNuestro estilo de vida implica que vivamos muy encerrados en nosotros mismos, y si el mundo se sigue moviendo en esa direcci\u00f3n, la idea de trabajar juntos, de forma colectiva, a favor de objetivos que nos van a hacer bien a todos, va a ser m\u00e1s dif\u00edcil de sostener\u00bb, se\u00f1ala. \u00abLa pandemia es un ejemplo que exacerb\u00f3 esta situaci\u00f3n, y nos hizo ver las consecuencias de<strong>&nbsp;ver al otro como un peligro<\/strong>, en vez de como todo lo contrario\u00bb, a\u00f1ade. Y apunta: \u00abEl miedo es una evitaci\u00f3n de la realidad, y en la medida en que el discurso p\u00fablico en la mayor\u00eda de los pa\u00edses es un discurso de terror, la solidaridad estar\u00e1 cada vez menos presente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Afrontar los retos a los que nos enfrentan las nuevas tecnolog\u00edas, como la inteligencia artificial y su intempestiva irrupci\u00f3n en nuestra cotidianidad a trav\u00e9s de&nbsp;<a href=\"https:\/\/ethic.es\/2023\/02\/chatgpt-y-la-era-de-la-facilidad\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">ChatGPT<\/a>, es poco compatible con la falta de atenci\u00f3n. Marta Garc\u00eda Aller, periodista y autora de&nbsp;<em>Lo imprevisible<\/em>, recuerda que es la primera vez en la historia en la que estamos haciendo ese esfuerzo en tiempo real y de forma generalizada. \u00abDe ah\u00ed viene buena parte del v\u00e9rtigo que generan estos cambios que estamos viviendo, por disponer de herramientas que mantienen al mundo conectado en nuestra mano, con las que podemos<strong>&nbsp;asistir al gran espect\u00e1culo del cambio<\/strong>&nbsp;con sus miserias y sus promesas y sus ventajas, y de ah\u00ed viene gran parte de la incertidumbre ante cambios vertiginosos y ubicuos; eso no deja mucho espacio para la reflexi\u00f3n\u00bb, explica.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s optimista es la visi\u00f3n de Enrique Dans, profesor de Innovaci\u00f3n en IE Business School, que acaba de publicar&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.planetadelibros.com\/libro-todo-vuelve-a-cambiar\/373065\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Todo vuelve a cambiar: c\u00f3mo la Web3 revolucionar\u00e1 el mundo tal y como lo conocemos<\/em><\/a>, sobre la influencia que tiene en nuestra atenci\u00f3n el estilo de vida actual y nuestra capacidad de lidiar incluso con realidades virtuales. \u00abEl problema es la concepci\u00f3n est\u00e1tica del cerebro humano, que es de la que parten los cr\u00edticos con la tecnolog\u00eda: es enormemente pl\u00e1stico, y con una<strong>&nbsp;capacidad de adaptaci\u00f3n brutal<\/strong>\u00bb, opina. El divulgador mantiene que eso es lo que nos diferencia a los humanos de las otras especies, a las que les resulta mucho m\u00e1s dif\u00edcil adaptarse a cambios de contexto. \u00abNicholas Carr [escritor especializado en tecnolog\u00eda] me dec\u00eda que Google nos estaba volviendo est\u00fapidos, pero eso es una visi\u00f3n est\u00e1tica, no din\u00e1mica, de nosotros mismos. Negar esta segunda visi\u00f3n es negar principios biol\u00f3gicos\u00bb. Y pone un ejemplo: \u00abEl m\u00f3vil en los colegios. Est\u00e1n los esc\u00e9pticos que dicen que los ni\u00f1os no pueden usarlo en clase porque se distraen, pero yo lo rebato: ens\u00e9\u00f1ales a que no se distraigan con el m\u00f3vil, y sacar\u00e1n algo positivo de ese dispositivo en su aprendizaje\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p><strong><em>Punyet: \u00abNuestro sistema est\u00e1 siendo cada vez m\u00e1s productivista y precario, una combinaci\u00f3n que, por definici\u00f3n, impide que nos detengamos\u00bb<\/em><\/strong><\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>\u00abTal vez suene algo provocador, pero no me parece que el problema esencial sean las tecnolog\u00edas\u00bb, coincide Fern\u00e1ndez-Savater. \u00abCreo de verdad que podr\u00edamos considerarlas como un efecto que retroalimenta el problema, pero no me parece que el foco est\u00e9 ah\u00ed\u00bb. Y se remite a una frase de&nbsp;<a href=\"https:\/\/ethic.es\/2021\/11\/simone-weil-contra-el-partidismo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Simone Weil<\/a>, pedagoga francesa que ya profundiz\u00f3 en el significado de la atenci\u00f3n a principios del siglo pasado: \u00abCuando hay deseo, hay esfuerzo de atenci\u00f3n\u00bb.&nbsp;<strong>El problema esencial, opina el autor, es la falta de deseo en la sociedad actual<\/strong>. \u00abAhora bien, tenemos que ver qu\u00e9 es eso del deseo, y hay una distinci\u00f3n bastante consensuada entre deseo y goce\u00bb, explica. \u00abLo segundo tiene m\u00e1s que ver con eso que llamamos consumo, con una temporalidad m\u00e1s inmediata, que se satisface normalmente en un objeto, tiene una intensidad bruta y ef\u00edmera, y por supuesto nos deja siempre insatisfechos; el deseo tiene otra temporalidad, que puede ser una vida entera; no se satisface en un objeto, sino que m\u00e1s bien los crea o pasa por ellos, e incluso puede atravesar zonas de sufrimiento\u00bb, se\u00f1ala. \u00abCreo que en nuestra sociedad hay mucho consumo y poco deseo, y ah\u00ed est\u00e1 el problema, porque cuando hay deseo, hay esfuerzo de atenci\u00f3n\u00bb, concluye.<\/p>\n\n\n\n<p>En doctor en Filosof\u00eda Enric Puig Punyet pas\u00f3 un a\u00f1o absolutamente desconectado de internet. Lo cont\u00f3 en 2017 en<em>&nbsp;La gran adicci\u00f3n<\/em>. \u00abComo teoric\u00e9 luego en publicaciones posteriores, el problema que tenemos es la capitalizaci\u00f3n de nuestra atenci\u00f3n\u00bb, explica. \u00abEsto sucede ya desde la imprenta,&nbsp;<strong>que cambi\u00f3 por completo nuestra forma de atender a la realidad<\/strong>, y viene desarroll\u00e1ndose desde hace cien a\u00f1os (lo contaba el libro&nbsp;<em>Propaganda<\/em>, de Edward Bernays, en 1928), ha estado en la base de la mayor\u00eda de las tecnolog\u00edas de la comunicaci\u00f3n que han ido apareciendo a lo largo del siglo XX; la televisi\u00f3n ya se bas\u00f3 en gran parte en c\u00f3mo lograr captar constantemente la atenci\u00f3n de la audiencia, acortando progresivamente los tiempos de estimulaci\u00f3n\u00bb, indica. Puig Punyet se refiere al capitalismo cognitivo, cuya cara m\u00e1s transaccional se refleja en la llamada econom\u00eda de la atenci\u00f3n. \u00abNuestro sistema est\u00e1 siendo cada vez m\u00e1s productivista y precario, una combinaci\u00f3n que, por definici\u00f3n, impide que nos detengamos y, al contrario, tenemos que estar en constante movimiento de producci\u00f3n y consumo\u00bb. La conectividad no es una excepci\u00f3n a esto, opina, sino todo lo contrario. \u00abLa riqueza generada por la acumulaci\u00f3n de atenci\u00f3n es mucho mayor que la que puede producir cualquier mercanc\u00eda. Por este motivo, el sistema basado en el continuo tr\u00e1fico de informaci\u00f3n \u2013en ambas direcciones: de generaci\u00f3n y consumo de informaci\u00f3n\u2013 no puede detenerse, y esta es la gran resistencia a la desconexi\u00f3n que estamos viviendo diariamente\u00bb, se\u00f1ala.<\/p>\n\n\n\n<p>Una desconexi\u00f3n que, considera, nunca podr\u00e1 ser total, pero s\u00ed puede servir para hacernos menos dependientes y aprender a darle su justa medida,\u00a0<strong>lo que reforzar\u00eda nuestra capacidad de atenci\u00f3n<\/strong>. La clave est\u00e1, seg\u00fan Enrique Dans, en la educaci\u00f3n desde la infancia. \u00abPara educar a los ni\u00f1os hay que cambiar muchas cosas, la manera en que estructuras una asignatura, incluso tu formaci\u00f3n, para estar un paso por delante en, por ejemplo, el uso de los dispositivos, y es algo de una gran dificultad incluso para docentes muy motivados\u00bb. Y concluye con una propuesta: \u00abA los ni\u00f1os hay que ense\u00f1arles a usar un buscador, a diferenciar entre fuentes v\u00e1lidas y las que no lo son, a verificar la informaci\u00f3n real y v\u00e1lida; es algo fundamental para centrarnos, para mantener la atenci\u00f3n requerida en algo concreto porque, hoy, la informaci\u00f3n est\u00e1 por todas partes, y ese es, en realidad, el gran cambio que estamos viviendo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/ethic.es\/2023\/07\/la-sociedad-de-la-distraccion\/\">https:\/\/ethic.es\/2023\/07\/la-sociedad-de-la-distraccion\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La atenci\u00f3n, el bien m\u00e1s preciado del ser humano, disminuye seg\u00fan avanza un estilo de vida cada vez m\u00e1s trepidante, 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