{"id":7482,"date":"2021-04-30T09:35:31","date_gmt":"2021-04-30T14:35:31","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=7482"},"modified":"2021-04-30T09:35:32","modified_gmt":"2021-04-30T14:35:32","slug":"libros-a-la-hoguera-la-historia-de-5-000-anos-de-la-mayor-salvajada-cultural-jamas-perpetrada-papel-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/libros-a-la-hoguera-la-historia-de-5-000-anos-de-la-mayor-salvajada-cultural-jamas-perpetrada-papel-el-mundo\/","title":{"rendered":"Libros a la hoguera: la historia de 5.000 a\u00f1os de la mayor salvajada cultural jam\u00e1s perpetrada | Papel | El Mundo"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"font-size:18px\"><em>De la gran biblioteca incendiada a la censura posmoderna, los libros son objetos &#8216;peligrosos&#8217; desde hace 5.000 a\u00f1os. Richard Ovenden, el gran bibliotecario de Oxford, repasa esta historia brutal: \u00abLos libros son un muro ante los gobiernos autoritarios\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"878\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Captura-de-Pantalla-2021-04-30-a-las-9.32.42-1024x878.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7483\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Captura-de-Pantalla-2021-04-30-a-las-9.32.42-1024x878.jpg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Captura-de-Pantalla-2021-04-30-a-las-9.32.42-300x257.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Captura-de-Pantalla-2021-04-30-a-las-9.32.42-768x659.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Captura-de-Pantalla-2021-04-30-a-las-9.32.42-1536x1317.jpg 1536w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Captura-de-Pantalla-2021-04-30-a-las-9.32.42.jpg 1924w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-medium-font-size\">ISMAEL MARINERO \/ PAPEL \/ EL MUNDO<\/p>\n\n\n\n<p>Existen pocas cosas m\u00e1s retr\u00f3gadas, irracionales y deshumanizadoras que quemar un libro. Que se lo pregunten a Montag, el bombero pir\u00f3mano de<em>&nbsp;Fahrenheit 451<\/em>&nbsp;de Ray Bradbury. A lo largo de la historia hay sobradas pruebas de c\u00f3mo ej\u00e9rcitos, gobiernos y grupos totalitarios se han dedicado a devastar bibliotecas, archivos y libros de toda procedencia y condici\u00f3n. \u00abAll\u00ed donde se queman libros se termina quemando tambi\u00e9n a personas\u00bb, dec\u00eda el poeta alem\u00e1n&nbsp;<strong>Heinrich Heine.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esta despiadada&nbsp;<em>tabula rasa<\/em>&nbsp;perdura hasta nuestros d\u00edas, utilizada por quienes ven la palabra escrita como la mayor de las amenazas. As\u00ed lo recoge<strong>&nbsp;Richard Ovenden<\/strong>&nbsp;en&nbsp;<em>Quemar libros<\/em>&nbsp;(Ed. Cr\u00edtica), un ensayo en el que repasa con rigor de archivero los hechos hist\u00f3ricos que han llevado a estos<em>&nbsp;bibliocaustos<\/em>. Y, tambi\u00e9n, la encomiable tarea de los bibliotecarios desde el a\u00f1o 3.000 a.C. hasta nuestros d\u00edas, cuando afanados documentalistas rescatan<a href=\"https:\/\/www.thetrumparchive.com\/\">&nbsp;los tuits m\u00e1s vergonzantes<\/a>&nbsp;que borr\u00f3 todo un presidente del Estados Unidos como Donald Trump.<\/p>\n\n\n\n<p>Richard Ovenden, actual jefe de la<strong>&nbsp;Biblioteca Bodleiana de Oxford<\/strong>, una de las m\u00e1s importantes de Europa, explica por videoconferencia desde su despacho -rodeado de libros, claro est\u00e1- que hubo un momento clave para el nacimiento de esta carta de amor hacia las bibliotecas y los archivos. \u00abEn 2018 fui a Berl\u00edn porque tenemos un acuerdo de colaboraci\u00f3n con la Biblioteca Nacional Alemana\u00bb, cuenta en su exquisito acento ingl\u00e9s. \u00abEn medio de esa calle hab\u00eda una placa protegida por un cristal que conmemora&nbsp;<strong>la noche del 10 de mayo de 1933<\/strong>, cuando los nazis dirigidos por Goebbels orquestaron una gran quema de libros. Conoc\u00eda con detalle lo que hab\u00eda sucedido, pero estar all\u00ed, en ese mismo lugar, rodeado por la Biblioteca Nacional, la Universidad Humboldt, la \u00d3pera&#8230; Es incre\u00edble que aquel acto horrendo tuviera lugar en el centro cultural e intelectual de Alemania\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero rebobinemos al origen de esta historia. Los primeros registros escritos llegaron con el paso de las sociedades n\u00f3madas a otras sedentarias: primero en tablillas cuneiformes de piedra y arcilla, luego en papiros, rollos, pergaminos y finalmente en libros, el formato m\u00e1s antiguo y duradero para la transmisi\u00f3n del conocimiento. Quienes lo dieron por muerto cuando apareci\u00f3 la radio, luego la televisi\u00f3n y, hace unas d\u00e9cadas, la rutilante era digital no sab\u00edan con qui\u00e9n est\u00e1n tratando.<\/p>\n\n\n\n<p>Por m\u00e1s que ardan con facilidad, sean v\u00edctimas propicias de la humedad o de la voracidad de la carcoma, estos objetos de papel y tinta han demostrado ser tremendamente resistentes a lo largo de los siglos, con la inestimable ayuda de quienes los preservan frente a la barbarie humana. Esa es la otra cara de esta historia,&nbsp;<strong>los destrozos de quienes buscan borrar de un plumazo la identidad&nbsp;<\/strong>de civilizaciones y culturas enteras.<\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<em>Memoria vegetal<\/em>&nbsp;(Ed. Lumen), una recopilaci\u00f3n de escritos de<strong>&nbsp;Umberto Eco<\/strong>&nbsp;sobre la pasi\u00f3n bibli\u00f3fila, el autor de&nbsp;<em>El nombre de la rosa<\/em>&nbsp;pone nombre a la destrucci\u00f3n de libros. Lo llama&nbsp;<strong>biblioclastia<\/strong>&nbsp;y distingue entre los fundamentalistas (\u00abtemen su contenido y no quieren que otros los lean\u00bb), los que lo son por dejadez (\u00abdejan que se deterioren o los hacen desaparecer en escondites inaccesibles\u00bb) y los que destruyen libros por inter\u00e9s (\u00abpara venderlos por partes, porque as\u00ed sacan mucho m\u00e1s que vendi\u00e9ndolos enteros\u00bb). Quemar libros se centra en las dos primeras categor\u00edas, las m\u00e1s reiteradas y devastadoras de la historia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2021\/04\/29\/16197192680832.jpg\" alt=\"Activistas isl\u00e1micos queman 'Los versos sat\u00e1nicos' de Salman Rushdie en Derby el 15 de marzo de 1989\"\/><figcaption>Activistas isl\u00e1micos queman &#8216;Los versos sat\u00e1nicos&#8217; de Salman Rushdie en Derby el 15 de marzo de 1989<strong>Staff\/Mirrorpix<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>No puede existir un libro sobre la destrucci\u00f3n de bibliotecas sin un cap\u00edtulo dedicado a la de Alejandr\u00eda, aquella que pretend\u00eda acumular toda la memoria del mundo para ponerla a disposici\u00f3n de los eruditos. Fue la casa de Euclides, Arqu\u00edmedes, Apolonio de Rodas y otras tantas mentes preclaras de la \u00e9poca, reunidos en unos edificios construidos para impresionar. \u00abSu destrucci\u00f3n se ha convertido en algo casi tan importante como su propia existencia\u00bb, se\u00f1ala Ovenden en su libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso que en torno a la desaparici\u00f3n de ese monumento a la sabidur\u00eda hay m\u00e1s de mito que de realidad. El fuego,<strong>&nbsp;ya sea provocado por Julio C\u00e9sar en el puerto de Alejandr\u00eda o por el \u00edmpetu de las tropas del emperador Aureliano<\/strong>, caus\u00f3 estragos en repetidas ocasiones en las colecciones del Museo y el Serapeo, los dos edificios dedicados a almacenar miles de rollos sobre las m\u00e1s diversas disciplinas. Pero los incendios no fueron, desvela Ovenden, los principales responsables de su final.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl declive sucedi\u00f3 durante un largo per\u00edodo de tiempo y tuvo m\u00e1s que ver con la negligencia y la falta de financiaci\u00f3n\u00bb, cuenta. \u00abCuando fue fundada, la Biblioteca era un s\u00edmbolo de prestigio imperial,&nbsp;<strong>un ejemplo de c\u00f3mo la dinast\u00eda ptolemaica quer\u00eda mostrarse ante el mundo antiguo<\/strong>&nbsp;como portadores del conocimiento. Pasaron los siglos y dej\u00f3 de ejercer ese poder simb\u00f3lico, por lo que se fue descomponiendo gradualmente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La destrucci\u00f3n de la Biblioteca de Alejandr\u00eda se ha convertido en algo tan importante como su existencia<strong><\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Esa es, seg\u00fan Ovenden, la lecci\u00f3n de Alejandria para nuestra \u00e9poca: \u00abSi quieres mantener vivas estas instituciones y que sigan teniendo una funci\u00f3n clave en la sociedad, es necesario<strong>&nbsp;invertir en su supervisi\u00f3n, cuidado y mejora<\/strong>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00e9poca m\u00e1s negra para las bibliotecas fue la de la Reforma, que se sald\u00f3 con cientos de miles de libros quemados, perdidos o desubicados de los archivos que durante siglos los hab\u00edan custodiado. La fiebre bibli\u00f3foba se extendi\u00f3 por toda Europa con la misma eficiencia y brutalidad que la peste negra.<strong>&nbsp;Arraig\u00f3 especialmente en la Inglaterra de Enrique VIII&nbsp;<\/strong>quien, en su intento por deshacerse del control del Papa, orden\u00f3 una \u00abintensiva b\u00fasqueda\u00bb en las bibliotecas medievales, para asegurarse de que los libros m\u00e1s importantes fueran llevados a la biblioteca real y destruir el resto.<\/p>\n\n\n\n<p>Una mezcla de celo religioso y lucha por el poder pol\u00edtico de aniquil\u00f3 cerca del 80% del contenido de las bibliotecas brit\u00e1nicas anteriores a la Reforma protestante. \u00abAquella \u00e9poca muestra el estrecho v\u00ednculo entre conocimiento y poder, adem\u00e1s del deseo de imponer un nuevo r\u00e9gimen a trav\u00e9s de la destrucci\u00f3n y el control de determinadas ideas\u00bb, afirma Ovenden.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy en d\u00eda,<strong>&nbsp;la Biblioteca del Congreso de EEUU es la m\u00e1s grande y ambiciosa del mundo<\/strong>, con cerca de 160 millones de documentos en sus estanter\u00edas y almacenes. Naci\u00f3 en los albores del siglo XIX con un cat\u00e1logo de 273 vol\u00famenes y la pretensi\u00f3n de recopilar todo libro y tratado relacionado con el derecho de las naciones, adem\u00e1s de ejemplares y legajos que les permitieran obtener pruebas para defenderse de las reivindicaciones de las potencias europeas sobre los territorios estadounidenses.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La destrucci\u00f3n en la IGM de la Biblioteca de Lovaina provoc\u00f3 una cl\u00e1usula en el Tratado de Versalles<strong><\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Los brit\u00e1nicos acabaron con esa primera tentativa tras atacar Washington y quemar hasta los cimientos de la Casa Blanca y el Capitolio, donde se ubicaba la Biblioteca. Casi no hubo tiempo para lamentarse: \u00abAquello entorpeci\u00f3 el funcionamiento del gobierno estadounidense,<strong>&nbsp;pero muy pronto Thomas Jefferson ofreci\u00f3 su propia biblioteca<\/strong>, reunida durante m\u00e1s de 50 a\u00f1os, para reemplazar y renovar la colecci\u00f3n inicial\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una de las constantes en esta historia que alterna incendios, persecuciones y ruina con nuevas oportunidades y redoblados esfuerzos por preservar libros y archivos. Sucedi\u00f3 tambi\u00e9n en 1914, despu\u00e9s de que<strong>&nbsp;los alemanes atacaran la Biblioteca de Lovaina<\/strong>, en B\u00e9lgica, cuando arrancaban los combates de la Primera Guerra Mundial. \u00abEso llev\u00f3 a la redacci\u00f3n de una cl\u00e1usula en el&nbsp;<strong>Tratado de Versalles<\/strong>, que obligaba a los alemanes a reemplazar millones de libros perdidos durante la contienda\u00bb, recuerda Ovenden. \u00abLos americanos decidieron utilizar esa oportunidad para influir y traer algo de su poder blando a Europa, poniendo fondos para reconstruir la biblioteca\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Los descendientes de Jefferson, queda claro, nunca dan puntada sin hilo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n hay numerosos h\u00e9roes entre las p\u00e1ginas de esta historia universal de la&nbsp;<em>biblioclastia<\/em>. Quiz\u00e1 el mejor ejemplo sea la<strong>&nbsp;Brigada del Papel<\/strong>, los jud\u00edos que arriesgaron su vida para preservar el registro escrito de su cultura en la Lituania ocupada por los nazis. \u00abEscond\u00edan p\u00e1ginas en su ropa para llevarlas de vuelta al gueto de noche, mientras de d\u00eda eran obligados a punta de pistola a enviar miles de libros a las f\u00e1bricas de papel. Sab\u00edan que era muy improbable que ellos sobrevivieran, pero confiaban en que quiz\u00e1 su cultura s\u00ed podr\u00eda salvarse\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Los libros son un muro frente a los gobiernos autoritarios y el monopolio de las tecnol\u00f3gicas<strong>RICHARD OVENDEN<\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Y lo hizo: finalizada la contienda, los pocos que no fueron v\u00edctimas del Holocausto regresaron a los escondites para recuperar aquellos documentos. La alegr\u00eda de encontrarlos dur\u00f3 poco: \u00abEsos mismos libros pronto ser\u00edan tachados de anticomunistas y enviados de nuevo a las f\u00e1bricas de papel por los sovi\u00e9ticos. En esta ocasi\u00f3n fue un bibliotecario,&nbsp;<strong>Antonas Ulpis<\/strong>, el que se dedic\u00f3 a rescatar textos de la destrucci\u00f3n y los escondi\u00f3 hasta el desmoronamiento de la URSS. Es una fascinante historia de supervivencia, de gente arriesgando su vida para preservar su identidad, su cultura y su sentido de la comunidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El destrozo libresco ha continuado de forma salvaje en lugares como Sri Lanka, Bosnia, Irak o Yemen, pero tambi\u00e9n puede producirse por culpa de incendios accidentales como el que arras\u00f3 hace unos d\u00edas la<strong>&nbsp;Biblioteca Jagger de Ciudad del Cabo<\/strong>. Y, aunque Ovenden se\u00f1ala \u00abla enorme diferencia cualitativa y cuantitativa\u00bb entre estas aberraciones y la llamada&nbsp;<em>cancelaci\u00f3n cultural<\/em>, tambi\u00e9n tienen algo de s\u00edntoma de una era enferma los obst\u00e1culos para publicar la autobiograf\u00eda de Woody Allen o la reciente retirada del mercado de la biograf\u00eda de&nbsp;<strong>Philip Roth&nbsp;<\/strong>porque su autor ha sido acusado de acoso sexual.<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, el objetivo de Ovenden es reivindicar \u00abel papel clave\u00bb de las bibliotecas y los archivos tanto hoy como en el futuro.<strong>&nbsp;\u00abSon un muro frente a los gobiernos autoritarios<\/strong>&nbsp;y al monopolio que est\u00e1n imponiendo las grandes compa\u00f1\u00edas tecnol\u00f3gicas sobre el control de la informaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya lo advert\u00eda Umberto Eco: \u00abEl libro es un seguro de vida, una peque\u00f1a anticipaci\u00f3n de la inmortalidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/cultura\/2021\/04\/29\/608adc4ffdddff153c8b45bf.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De la gran biblioteca incendiada a la censura posmoderna, los libros son objetos &#8216;peligrosos&#8217; desde hace 5.000 a\u00f1os. 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