{"id":71424,"date":"2024-03-28T11:20:44","date_gmt":"2024-03-28T17:20:44","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=71424"},"modified":"2024-03-28T11:20:46","modified_gmt":"2024-03-28T17:20:46","slug":"opinion-miraran-al-que-atravesaron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/opinion-miraran-al-que-atravesaron\/","title":{"rendered":"Opini\u00f3n | \u201cMirar\u00e1n al que atravesaron\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color\" style=\"font-size:26px\"><strong><em>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El tema del&nbsp;<strong>ser humano<\/strong>&nbsp;es un misterio, un enigma, una inc\u00f3gnita. La teolog\u00eda, la filosof\u00eda, la psicolog\u00eda, la sociolog\u00eda, el arte y las diversas&nbsp;<strong>disciplinas humanas<\/strong>&nbsp;\u2014incluso tecnol\u00f3gicas\u2014 han querido responderlo, a veces con luces, a veces sin tener del todo claro. La persona humana suscita m\u00e1s&nbsp;<strong>dudas que respuestas<\/strong>, sobre todo si enfocamos la atenci\u00f3n en nosotros mismos, en el ser que nos hace humanos, personas, con rasgos propios, \u00fanicos. Somos lo m\u00e1s cercano a nosotros y, sin embargo, lo m\u00e1s desconocido. Nos conocemos sin conocernos del todo. Conocemos algo de nosotros sin conocer otras cosas fundamentales.<\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<strong>inc\u00f3gnita&nbsp;<\/strong>no s\u00f3lo es acerca de nosotros mismos, sino tambi\u00e9n respecto a los dem\u00e1s, los cercanos a nosotros y los lejanos. Pese al misterio, tambi\u00e9n hay datos, atisbos, trazos en los que podemos reconocernos. El&nbsp;<strong>cuento jas\u00eddico<\/strong>&nbsp;del&nbsp;<strong>rabino Eisik<\/strong>&nbsp;\u2014de Martin Buber\u2014 es muy ilustrativo. Eisik viv\u00eda en Cracovia y ten\u00eda un sue\u00f1o recurrente: en Praga, debajo de un puente, se encontraba un&nbsp;<strong>tesoro muy valioso<\/strong>&nbsp;para \u00e9l. Fue a la capital checa y ubic\u00f3 el lugar de su sue\u00f1o. Pero \u00e9ste era vigilado siempre. Su insistencia llam\u00f3 la atenci\u00f3n del capit\u00e1n de los guardias, quien le pregunt\u00f3 el motivo de su estar ah\u00ed. El&nbsp;<strong>rabino le cont\u00f3 su sue\u00f1o<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>El jefe de los guardias, sin ocultar su sonrisa, le dijo que en vano hab\u00eda gastado sus zapatos; que \u00e9l, a su vez, tambi\u00e9n ten\u00eda un sue\u00f1o, en una casa en Cracovia,&nbsp;<strong>debajo de una estufa<\/strong>, se encontraba un&nbsp;<strong>tesoro<\/strong>. Le detall\u00f3 lo que so\u00f1aba, pero le dijo que no iba a emprender un viaje por un sue\u00f1o. El rabino comprendi\u00f3 lo que le dec\u00eda el capit\u00e1n. Regres\u00f3 a su casa, rasc\u00f3 debajo de su estufa y encontr\u00f3 el tesoro que buscaba (1). Hay rasgos a destacar en esta historia. Lo primero es el deseo, el anhelo, el sue\u00f1o, la inquietud por encontrar el mayor tesoro:&nbsp;<strong>saber qui\u00e9nes somos<\/strong>. Lo segundo es salir de nosotros mismos (de nuestra casa). Lo tercero es que alguien, en otro lugar, fuera de nosotros, nos indica su sue\u00f1o \u2014que en el fondo es el nuestro. Por \u00faltimo, debemos regresar a nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con frecuencia son otros, con sus&nbsp;<strong>propios sue\u00f1os<\/strong>&nbsp;\u2014que no est\u00e1n dispuestos muchas veces a seguir\u2014, los que nos indican d\u00f3nde est\u00e1 la respuesta al misterio de nuestro ser personal. Descubrimos entonces que, en nosotros mismos, en la casa de&nbsp;<strong>nuestra dignidad<\/strong>, se encuentra ese tesoro que ya los cl\u00e1sicos hab\u00edan se\u00f1alado con ah\u00ednco: \u00a1Con\u00f3cete, pues, hombre! Ya los Padres apologistas de la Iglesia hab\u00edan ense\u00f1ado que ni el cielo ni la luna ni nada hab\u00eda sido hecho a imagen de Dios:&nbsp;<strong>\u201ccomo t\u00fa\u201d.<\/strong>&nbsp;Clemente de Alejandr\u00eda, Gregorio de Nisa, el maestro Eckhard, coincidieron en que nada de lo que existe es capaz de contener la&nbsp;<strong>dignidad humana<\/strong>&nbsp;(2).<\/p>\n\n\n\n<p>Es una invitaci\u00f3n a cada uno \u2014una\u2014 de nosotros: a darnos cuenta de la&nbsp;<strong>nobleza y dignidad<\/strong>&nbsp;que hay en nuestra persona, la grandeza de nuestro ser y de nuestra vocaci\u00f3n. \u00a1Con\u00f3cete a ti mismo!, fue la m\u00e1xima de Epicteto y de S\u00f3crates. El&nbsp;<strong>cristianismo<\/strong>&nbsp;ense\u00f1\u00f3 que somos, cada quien, el reflejo del&nbsp;<strong>esp\u00edritu de Dios<\/strong>: \u00a1No desprecies lo admirable que hay en ti! Crees que eres poca cosa, pero yo te ense\u00f1ar\u00e9 que eres alguien grande. Considera tu&nbsp;<strong>real dignidad<\/strong>&nbsp;\u2014parecen decir.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, el&nbsp;<strong>humanismo moderno<\/strong>&nbsp;ha modificado la percepci\u00f3n del ser humano.&nbsp;<strong>Feuerbach<\/strong>&nbsp;ha se\u00f1alado que el hombre ha sido despose\u00eddo de algo que le pertenece esencialmente en provecho de una realidad ilusoria:&nbsp;<strong><em>homo homini Deus<\/em><\/strong>. Sabidur\u00eda, querer, justicia y amor constituyen el ser propio del hombre y le afectan, pese a todo, como si fueran de otro ser (3).&nbsp;<strong>Nietzsche<\/strong>&nbsp;ha sostenido que en el hombre hay dos aspectos, uno ordinario, donde se muestra piadoso y d\u00e9bil; otro, raro y sorprendente, donde se muestra fuerte, como&nbsp;<strong>\u00abDios\u00bb.<\/strong>&nbsp;La religi\u00f3n produce el primero (es una alteraci\u00f3n de la personalidad); la \u00abvoluntad de poder\u00bb el segundo (4). El&nbsp;<strong>hombre \u00abaut\u00e9ntico\u00bb<\/strong>&nbsp;es \u00e9ste, cosa que muy pocos logran.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Comte<\/strong>&nbsp;ha establecido un nuevo \u00abdios\u00bb: el&nbsp;<strong>g\u00e9nero humano<\/strong>. Pero ha sido un largo proceso de aprendizaje para llegar a esto. Ante los diversos fen\u00f3menos, el hombre de la conciencia arcaica los explicaba atribuy\u00e9ndolos a agentes sobrenaturales; el hombre de la conciencia cl\u00e1sica, los explicaba mediante fuerzas abstractas inherentes al cuerpo, diferentes y heterog\u00e9neas; finalmente, el&nbsp;<strong>hombre de la conciencia cient\u00edfica<\/strong>, a las leyes naturales. El saber cient\u00edfico ha sustituido las causas de las cosas \u2014y la causa \u00faltima\u2014 por el conocimiento de las leyes funcionales. Sin embargo, el estado positivo propuesto por el padre del positivismo, ha acentuado \u2014mediante la sociocracia\u2014 el&nbsp;<strong>positivismo religioso,<\/strong>&nbsp;donde el&nbsp;<em>gran Ser<\/em>, el&nbsp;<em>gran Fetiche<\/em>&nbsp;y el&nbsp;<em>gran Medio<\/em>&nbsp;son los nuevos dioses (5).<\/p>\n\n\n\n<p>De entre los&nbsp;<strong>pensadores modernos<\/strong>, destacan, seg\u00fan Henri de Lubac, dos que han ahondado en las profundidades humanas:&nbsp;<strong>Kierkegaard<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Dostoievski<\/strong>. El dan\u00e9s tiene una serie de trazos en ello: a) Vive a profundidad su pensamiento; b) Fue un lector apasionado de Schopenhauer; c) Atribuye un papel de humanizaci\u00f3n fundamental al sufrimiento; d) Critica al cristianismo de su tiempo; e) Se muestra ansioso por un estilo de vida interior; y f) Est\u00e1 contra Hegel y todo el racionalismo idealista moderno. Todo ello le devuelve al hombre el&nbsp;<strong>aut\u00e9ntico contacto con Dios<\/strong>. As\u00ed, el cristiano es el individuo real frente al Dios real. Eso es, finalmente, la profundizaci\u00f3n de la existencia (6).<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a&nbsp;<strong>Dostoievsk<\/strong>i,&nbsp;<strong>De Lubac<\/strong>&nbsp;lo considera un escritor con mirada prof\u00e9tica. Se\u00f1ala el pensador ruso que no es posible un aut\u00e9ntico amor a la humanidad sin la inmortalidad m\u00e1s all\u00e1 de la historia. Sus h\u00e9roes \u2014creyentes, ateos, fan\u00e1ticos, herejes, etc\u00e9tera\u2014 muestran tambi\u00e9n la hondura de los deseos y afanes humanos. Me detengo en un pasaje de&nbsp;<em>El idiota<\/em>, citado por el jesuita, el del&nbsp;<em>pr\u00edncipe Muchkin<\/em>&nbsp;ante el cuadro de Holbein (<em>Cristo muerto<\/em>, bajado de la cruz). Dostoievski mismo visit\u00f3 el cuadro en Basilea en 1877, en vez de perder la fe, como suger\u00eda el personaje de su novela, se queda impresionado, ante el asombro de su esposa. Siente en su propia carne la dimensi\u00f3n de la&nbsp;<strong>fuerza infinita<\/strong>&nbsp;del&nbsp;<strong>amor de Dios<\/strong>&nbsp;y el desplome de la ilusi\u00f3n moderna sobre el hombre (7).<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1 el punto a donde quiero llegar: La&nbsp;<strong>figura de Cristo<\/strong>, crucificado y muerto, que celebramos estos d\u00edas. M\u00e1s all\u00e1 del juicio injusto, tanto por el Sanedr\u00edn como por Poncio Pilato, est\u00e1 esa conjunci\u00f3n \u2014dice Benedicto XVI\u2014 entre la palabra b\u00edblica y los hechos mismos acaecidos ese&nbsp;<strong>viernes de la crucifixi\u00f3n<\/strong>, es decir, la coincidencia entre las profec\u00edas y la historia que estaba ocurriendo en el G\u00f3lgota (8). Los gestos, las palabras y las acciones de Jes\u00fas nos muestran, a los seres humanos, qui\u00e9nes somos realmente y por qu\u00e9 ha venido \u00c9l a&nbsp;<strong>restaurar<\/strong>&nbsp;lo que estaba fragmentado y desfigurado:&nbsp;<strong>nuestro propio ser<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>No hace falta recordar lo que insistentemente los ministros religiosos nos han formulado respecto a estos&nbsp;<strong>d\u00edas santos<\/strong>. Hay, sin embargo, algunos puntos de la reflexi\u00f3n de Ratzinger que me han dado luz para percibir el modo en que Dios interviene en la&nbsp;<strong>historia de la humanidad&nbsp;<\/strong>y en la&nbsp;<strong>vida personal<\/strong>&nbsp;\u2014en mi vida personal, para hablar en primera persona. Se trata del&nbsp;<em>siervo de Dios<\/em>, prefigurado en los pasajes de&nbsp;<em>Isa\u00edas<\/em>&nbsp;(Is 53) y en el&nbsp;<em>Salmo<\/em>&nbsp;22. El sufriente clama ante Dios; sus enemigos se burlan y se reparten sus vestidos. Incluso, el sufriente, Cristo mismo, que clama: \u00ab<em>Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb<\/em>&nbsp;(Mt 27, 46) parece mostrar que nada se puede esperar. Y m\u00e1s adelante: \u00abTodo est\u00e1 consumado\u00bb (Jn 19, 30).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo es que Dios libra de los&nbsp;<strong>males y sufrimientos<\/strong>&nbsp;a su siervo? La&nbsp;<strong>cruz y la muerte<\/strong>&nbsp;parecieran que son signos de que Dios no escucha a quien sufre. El llanto de los ni\u00f1os y la muerte de los inocentes es tantas veces el reclamo contra Dios. Y, sin embargo, el Se\u00f1or libra a su siervo del<strong>&nbsp;mal<\/strong>&nbsp;y del&nbsp;<strong>pecado<\/strong>, al grado, como reza el&nbsp;<em>Salmo<\/em>&nbsp;34, que \u201ccuida de todos sus huesos y ni uno solo se quebrar\u00e1\u201d (<em>Sal<\/em>&nbsp;34, 20ss). Es lo que ha pasado con Cristo (9). En todo, adem\u00e1s del amor hasta el extremo del mismo<strong>&nbsp;Jes\u00fas<\/strong>, se encuentra el amor del Padre por el ser humano que no ha perdonado a su propio Hijo (<em>Rom<\/em>&nbsp;8, 32).<\/p>\n\n\n\n<p>Una gran pista que encontr\u00e9 para entender un poco la&nbsp;<strong>intervenci\u00f3n de Dios<\/strong>&nbsp;en la historia personal es al escuchar la lectura de cuando Jos\u00e9, el hijo de Jacob, es vendido por sus hermanos (<em>Gen<\/em>&nbsp;37, 12-28). La envidia, el recelo, el mal realizado personalmente, llevan a ese acto deleznable. Sin embargo, de ah\u00ed viene \u2014en el caso de Jos\u00e9\u2014 la ulterior salvaci\u00f3n no s\u00f3lo de sus hermanos y su familia, sino de todo el&nbsp;<strong>pueblo de Israel<\/strong>. Egipto signific\u00f3 la condena de un inocente y, al mismo tiempo, la salvaci\u00f3n de un pueblo. Eso pas\u00f3 con Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso pasa con cada uno de nosotros, con todo el que sufre en su carne, en su persona. Podemos padecer todo tipo de males, incluso los que nosotros mismos realizamos, pero, si&nbsp;<strong>clamamos a Dios<\/strong>, en las consecuencias de esos males, de una o de otra forma, somos salvados, restituidos, renovados,&nbsp;<strong>revitalizados<\/strong>, en un sentido m\u00e1s hondo que aquel que imagin\u00e1bamos o esper\u00e1bamos. Con el tiempo, aquello con que padecimos un mal \u2014infligido por otro o realizado por nosotros mismos\u2014, en un nuevo sentido, constatamos que fue necesario que as\u00ed ocurriese para alcanzar algo mejor para nosotros, en un sentido m\u00e1s&nbsp;<strong>profundo y humano.<\/strong>&nbsp;Cristo nos ha mostrado esto: la cruz, m\u00e1s que ignominia, fue el signo de la salvaci\u00f3n. Su resurrecci\u00f3n nos da la esperanza de que todo ser\u00e1 renovado, porque ni el mal ni la muerte tienen la \u00faltima palabra:&nbsp;<em>\u201cMirar\u00e1n al que traspasaron<\/em>\u201d (Zac 12, 10).<\/p>\n\n\n\n<p>1) Martin Buber,&nbsp;<em>Khassidischen B\u00fccher<\/em>, citado por M. El\u00edade,&nbsp;<em>Briser le toit de la maison<\/em>, Gallimard, Paris 1985,&nbsp;<a href=\"https:\/\/acortar.link\/CkO0k8\">https:\/\/acortar.link\/CkO0k8<\/a>.<br>2) Henri de Lubac,&nbsp;<em>El drama del humanismo ateo<\/em>, Encuentro, Madrid 1990, pp. 18ss.<br>3)&nbsp;<em>Ib<\/em>., pp. 23ss.<br>4)&nbsp;<em>Ib<\/em>., pp. 34ss.<br>5)&nbsp;<em>Ib<\/em>., pp. 99ss, 124ss y 158ss.<br>6)&nbsp;<em>Ib<\/em>., pp. 69ss.<br>7)&nbsp;<em>Ib<\/em>., p. 207.<br>8) Joseph Ratzinger\/ Benedicto XVI,&nbsp;<em>Jes\u00fas de Nazaret<\/em>, Planeta\/Encuentro, Madrid 2011, 237\u2014241.<br>9)&nbsp;<em>Ib<\/em>., p. 262.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez El tema del&nbsp;ser humano&nbsp;es un misterio, un enigma, una inc\u00f3gnita. 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