{"id":70148,"date":"2024-03-08T07:08:04","date_gmt":"2024-03-08T13:08:04","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=70148"},"modified":"2024-03-08T07:15:52","modified_gmt":"2024-03-08T13:15:52","slug":"jean-guitton-el-filosofo-y-el-creyente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/jean-guitton-el-filosofo-y-el-creyente\/","title":{"rendered":"Jean Guitton, el fil\u00f3sofo y el creyente"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-medium-font-size\"><strong><em>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A&nbsp;<strong>Guitton&nbsp;<\/strong>lo he ido conociendo poco a poco. No s\u00e9 qu\u00e9 imagen tomar respecto a mi acercamiento hacia su pensamiento, si la de la playa y el mar, o la del bosque y sus senderos. En cualquier caso, no me he&nbsp;<strong>sentido perdido<\/strong>. Aunque en los cursos iniciales de la carrera uno de sus libros nos fue recomendado por alg\u00fan profesor, para aprender a estudiar filosof\u00eda, no fue sino hasta muy tarde cuando lo le\u00ed con actitud de&nbsp;<strong>apropiarme<\/strong>&nbsp;<strong>de buenos consejos metodol\u00f3gicos<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u2026 lo \u00fanico que merec\u00eda detener la atenci\u00f3n es el&nbsp;<em>hecho<\/em>&nbsp;iluminado por una&nbsp;<em>idea<\/em>; es la&nbsp;<em>idea<\/em>&nbsp;encarnada en un&nbsp;<em>hecho<\/em>.\u201d (1)<\/p>\n\n\n\n<p>He tratado, desde entonces, de&nbsp;<strong>seguir ese consejo<\/strong>: Tratar de ver la idea encarnada en los hechos y elevarme de \u00e9stos a la idea. Por otro lado, tambi\u00e9n he procurado&nbsp;<strong>mirar en mi interior<\/strong>, ordenar mis pensamientos y sentimientos, y escribir. A veces puedo confeccionar textos aceptables, sugerentes, que valgan la pena; otras veces la<strong>&nbsp;inspiraci\u00f3n<\/strong>&nbsp;no se asoma, pero siempre me queda una<strong>&nbsp;sensaci\u00f3n<\/strong>&nbsp;de haber recorrido pasajes que Guitton mismo mira y explica, casi como si sintiera yo sus mismas emociones, su pensamiento y coraz\u00f3n juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero hacer alusi\u00f3n a&nbsp;<strong>tres momentos<\/strong>&nbsp;de su pensamiento que han sido relevantes para m\u00ed. M\u00e1s o menos han sido cronol\u00f3gicos. El primero fue cuando, siendo yo un&nbsp;<strong>profesor joven<\/strong>, para mis clases de Filosof\u00eda de la Historia, cay\u00f3 en mis manos un libro suyo que ser\u00eda parte del elenco bibliogr\u00e1fico para ese curso que impart\u00ed por varios a\u00f1os:&nbsp;<strong><em>Historia y destino<\/em><\/strong>&nbsp;(2). Hay varias ideas nucleares ah\u00ed; la que me impact\u00f3 en esas varias lecturas fue la del&nbsp;<strong><em>azar subsistente<\/em><\/strong>: la conjunci\u00f3n entre la instancia y las circunstancias en el destino (3). Fue como si me sumergiera yo en el mar directamente. Sobre esto volver\u00e9 m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo momento fue con su libro&nbsp;<strong><em>Mi testamento filos\u00f3fico<\/em><\/strong>&nbsp;(4). Se me hizo f\u00e1cil seguirlo a trav\u00e9s de su reflexi\u00f3n sobre su&nbsp;<strong>propia muerte<\/strong>, los personajes que lo visitan en su lecho previamente a su final mortal, los personajes con quienes se encuentra mientras presencia su funeral, sus di\u00e1logos, sus puntualizaciones, sus miradas, hasta que, finalmente en su juicio personal, escucha la sentencia. Esa primera lectura del libro me hizo pensar e imaginar&nbsp;<strong>mi propia muerte<\/strong>&nbsp;y hacer un s\u00edmil de la&nbsp;<strong>reflexi\u00f3n guittoniana<\/strong>&nbsp;en mi caso personal.<\/p>\n\n\n\n<p>El tercer momento fue la lectura de una entrevista que le hizo&nbsp;<strong>Jaime Ant\u00fanez Aldunate<\/strong>&nbsp;(5), recogida en un libro de entrevistas que incluye a otros pensadores relevantes como Juli\u00e1n Mar\u00edas, el&nbsp;<em>Dalai Lama<\/em>, Octavio Paz, Robert Spaeman, Joseph Ratzinger, Carlo Caffarra, Rafael Alvira, Andr\u00e9 Frossard o Josef Pieper, entre otros. Habla del siglo XX, de&nbsp;<strong>Jes\u00fas<\/strong>, de la verdad, de san Agust\u00edn, de Blondel, de Bergson, del Concilio, de Althusser, de un tema central en su filosof\u00eda, el del cruce del tiempo y la eternidad en la historia, del v\u00ednculo entre las ideas y la historia personal, entre otros temas (6). Brinda un panorama del&nbsp;<strong>crep\u00fasculo de una \u00e9poca<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La encarnaci\u00f3n de las ideas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Veamos, antes de los tres momentos antedichos, su consejo sobre la&nbsp;<strong>idea y los hechos<\/strong>. Hay que se\u00f1alar que&nbsp;<strong>Guitton<\/strong>&nbsp;fue prisionero de guerra durante la ocupaci\u00f3n alemana en Francia en la Segunda Guerra Mundial. El tratar de ver c\u00f3mo las ideas se encarnan en&nbsp;<strong>los hechos hist\u00f3ricos<\/strong>, que es una de sus tesis en su visi\u00f3n de la historia, tiene que ver, primero, con asumir la circunstancia, la situaci\u00f3n. Como pr\u00e1cticamente hab\u00eda nada en el campo de concentraci\u00f3n, la privaci\u00f3n era imperante. Se carec\u00eda de lo que antes se consideraba imprescindible:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201c\u2026 se est\u00e1 reducido a la atenci\u00f3n, a la memoria, a raras conversaciones: lo que induce a pensar, ante todo, que los libros no son indispensables y que, en cualquier caso, unos pocos deben bastar.\u201d (7)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Su consejo es mirar con atenci\u00f3n,&nbsp;<strong>ser observador,<\/strong>&nbsp;tratar de guardar todo ello en la memoria. Esto coincide, por otra parte, con un consejo de&nbsp;<strong>Lev Tolst\u00f3i<\/strong>:&nbsp;<em>\u201cNunca busques en un libro si has olvidado algo, intenta recordarlo por ti mismo.\u201d<\/em>&nbsp;(8) La cuesti\u00f3n es que, en un caso extremo como la&nbsp;<strong>guerra<\/strong>&nbsp;\u2014aunque no necesitamos llegar a tal grado\u2014, podamos implementar la atenci\u00f3n, la observaci\u00f3n y la memoria para, en medio de la situaci\u00f3n, de los hechos, podamos mirar la idea, o las ideas reflejadas en esos hechos. Seguramente encontraremos un sentido:&nbsp;<strong><em>su<\/em>&nbsp;significado<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de un&nbsp;<strong>doble movimiento<\/strong>; por un lado, al decir c\u00f3mo se encarnan las ideas, implica ver c\u00f3mo las&nbsp;<strong>esencias&nbsp;<\/strong>se hacen presentes en los hechos. Guardando las proporciones, por ejemplo, en el caso de&nbsp;<strong>Jes\u00fas de Nazaret<\/strong>, ver c\u00f3mo en los acontecimientos que estaban ocurriendo en el camino hacia la cruz, estaba ya anunciado en la Escritura, en la palabra, y c\u00f3mo \u00e9sta se cumpl\u00eda en los hechos que estaban ocurriendo. Y luego, por otro lado, mirar c\u00f3mo esos hechos verificaban la Escritura. Es en el fondo el n\u00facleo de la historia (9).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El destino<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pasemos entonces al primer momento, el del&nbsp;<strong>tema del destino<\/strong>, la predestinaci\u00f3n, el azar subsistente, abordado en el libro ya mencionado&nbsp;<em>Historia y destino<\/em>. Dar\u00e9 un poco de contexto para comprender el momento en que el tema se vuelve relevante. Se trata de los cursos de Filosof\u00eda de la Historia que durante a\u00f1os impart\u00ed en la universidad. Pretend\u00eda con ellos que los alumnos comprendieran&nbsp;<strong>qu\u00e9 es la historia<\/strong>, c\u00f3mo se conoce y la&nbsp;<strong>condici\u00f3n hist\u00f3rica del ser humano<\/strong>. A partir de ah\u00ed, mirar si pod\u00eda verse el significado de la&nbsp;<strong>historia en general<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese curso era para estudiantes de Filosof\u00eda, pero tambi\u00e9n para estudiantes de Ciencias Pol\u00edticas. Comenz\u00e1bamos con el t\u00e9rmino&nbsp;<strong>\u00abhistoria\u00bb<\/strong>&nbsp;y sus significados (ah\u00ed estudi\u00e1bamos a un autor que se llamaba&nbsp;<strong>Erich Kahler<\/strong>) (10). En seguida analiz\u00e1bamos la palabra y el concepto para entrar al tema del acontecer hist\u00f3rico (11). De ah\u00ed entr\u00e1bamos a cierta densidad con&nbsp;<strong>Antonio Mill\u00e1n Puelles<\/strong>&nbsp;(12) para acercarnos a la esencia y al ser de la historia. Segu\u00eda el texto de&nbsp;<strong>Jacques Maritain<\/strong>&nbsp;sobre las leyes de la historia (13). Posteriormente analiz\u00e1bamos las causas de la historia seg\u00fan los historiadores (14) para, enseguida, entrar a la acci\u00f3n hist\u00f3rica, donde estudi\u00e1bamos las tesis de&nbsp;<strong>Paul Ricoeur<\/strong>&nbsp;(15).<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, ya en un segundo momento, les recetaba un libro m\u00edo sobre la idea de la historia en&nbsp;<strong>san Agust\u00edn<\/strong>&nbsp;(16), m\u00e1s tarde unos ensayos de&nbsp;<strong>Alegre Gorri<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Javier Sadaba<\/strong>&nbsp;sobre el tiempo y la historia, y el fin de la historia (17). Para cerrar, propon\u00eda yo el texto de&nbsp;<strong>Nicolai Berdiaev<\/strong>&nbsp;sobre el sentido de la historia (18). Hasta que, no recuerdo c\u00f3mo, acaso alg\u00fan colega me lo recomend\u00f3, apareci\u00f3 en el horizonte el libro de Guitton. Al principio ten\u00eda cierta reserva: el tema del destino se me hac\u00eda no s\u00f3lo complicado, sino inabordable:&nbsp;<strong>\u00bfC\u00f3mo entrarle?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al leerlo, me fui adentrando no s\u00f3lo en el pensamiento, sino, como he dicho, en la sensaci\u00f3n de ser yo mismo el protagonista. Un primer se\u00f1alamiento del texto de Guitton pareci\u00f3 ganar mi confianza:&nbsp;<em>\u201cPor destino traduzco la experiencia m\u00e1s profunda, m\u00e1s humana, de un orden de mi vida que refleja una Pronoia (<\/em><em>\u03c0\u03c1\u03cc\u03bd\u03bf\u03b9\u03b1<\/em><em>), una providencia, una voluntad creadora.\u201d(<\/em>19). Ca\u00ed en la cuenta que mi&nbsp;<strong>experiencia vital<\/strong>&nbsp;m\u00e1s \u00edntima hab\u00eda sido sostenida hasta ese momento por esa providencia, esa voluntad. No era yo ajeno a mi&nbsp;<strong>propio devenir hist\u00f3rico<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi siempre que se habla del destino es inevitable plantear si nosotros lo hacemos con&nbsp;<strong>nuestra libertad<\/strong>&nbsp;o si alguien m\u00e1s lo ha escrito, como en un libreto, para que nosotros simplemente lo actuemos. Con la definici\u00f3n de Guitton, sobre todo el asunto de la&nbsp;<strong>experiencia profunda<\/strong>&nbsp;de nosotros, la voluntad creadora providencial ya no me sonaba arbitraria. Es m\u00e1s, no hab\u00eda que elegir entre mi propia voluntad y esa otra voluntad providencial, sino mirar una&nbsp;<strong>suerte de conjunci\u00f3n<\/strong>&nbsp;entre mi yo y esa fuerza favorable a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>En los&nbsp;<strong>acontecimientos y hechos<\/strong>&nbsp;de nuestra vida, \u00bfqu\u00e9 hay de&nbsp;<strong>caracteres inmortales<\/strong>, por as\u00ed decirlo, eternos, sustanciales, que nos definen en lo m\u00e1s profundo de nuestro ser? \u00bfQu\u00e9 rasgos se encuentran en nuestra persona que pueden ser considerados \u201cresonantes\u201d en la eternidad? O, mejor dicho, \u00bfqu\u00e9&nbsp;<strong>acciones nuestras<\/strong>, que hacemos, tienen esa caracter\u00edstica, ese toque, que resuena para siempre? \u00bfHay actos nuestros que, en efecto, tengan esa resonancia, esa proyecci\u00f3n, ese v\u00ednculo con lo&nbsp;<strong>eterno y definitivo<\/strong>?<\/p>\n\n\n\n<p>A esa presencia de esencias eternas en la vida hist\u00f3rica, personal, de cada quien, a esa visi\u00f3n de esas esencias, Guitton le llama&nbsp;<strong>\u201cticolog\u00eda\u201d<\/strong>, esto es,&nbsp;<em>\u201cpasos de la eternidad en el tiempo de una vida humana\u201d<\/em>. (20) Esa presencia, o esa esencia eterna,&nbsp;<strong>\u00bfsoy yo?<\/strong>&nbsp;O, bien, \u00bfes un&nbsp;<strong><em>super-ello<\/em><\/strong>&nbsp;impuesto a m\u00ed que suscita mis circunstancias? En suma, la vida, \u00bfyo la tomo en mis manos o, como el agua del r\u00edo, me conduce&nbsp;<strong>a pesar m\u00edo<\/strong>&nbsp;a donde no quiero? Al analizar mi vida, en ese momento, ve\u00eda que, sin querer del todo, hab\u00eda sido conducido a un&nbsp;<strong>escenario&nbsp;<\/strong>que no hab\u00eda yo vislumbrado, pero que me daba mayor gratificaci\u00f3n en mi ser vital.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de afirmar o negar el azar; de hecho, por momentos, nuestra vida est\u00e1 llena de azares, ya sea por las circunstancias que no dependen de nosotros, ya sea por nuestros \u00edntimos y profundos deseos de que algo ocurra y que buscamos afanosamente. Ambos son azares, unos externos y otros internos. El tema que plantea Guitton es si&nbsp;<strong>dichos azares<\/strong>&nbsp;son&nbsp;<strong>racionales&nbsp;<\/strong>o no, si tienen sentido y significado o no. Porque si tienen<strong>&nbsp;<em>logos<\/em><\/strong>, significado, es factible adherirse, es decir, actuar con&nbsp;<strong>total libertad<\/strong>. Si no hay&nbsp;<em>logos<\/em>, adviene el absurdo.<\/p>\n\n\n\n<p>De la<strong>&nbsp;racionalidad<\/strong>&nbsp;podemos pasar a discernir entre lo necesario y lo accidental. Esto es algo que incluso compete al \u00e1mbito del historiador. Cuando se estudia la historia de algo, de un acontecimiento, la&nbsp;<strong>Revoluci\u00f3n mexicana<\/strong>, por ejemplo, hay cosas que se ve\u00edan venir, hay inercias, secuelas naturales del dinamismo hist\u00f3rico, una&nbsp;<strong>nueva Constituci\u00f3n<\/strong>. Pero hay algo completamente imprevisible, como lo fue el&nbsp;<strong><em>maximato<\/em>&nbsp;de Calles<\/strong>. \u00c9ste, aunque fue una consecuencia de dicha revoluci\u00f3n, no era previsible para quienes miraban la historia en ese momento.<\/p>\n\n\n\n<p>En sentido estricto no hay&nbsp;<strong>historia de lo previsible<\/strong>, sino justamente de lo imprevisible. O, mejor dicho, de la distinci\u00f3n entre uno y otro para mirar c\u00f3mo emerge lo imprevisible.&nbsp;<em>\u201cHacer historia consiste en discernir lo que, en un acontecimiento, es fruto de las leyes fundamentales de la naturaleza humana o de la naturaleza hist\u00f3rica, y lo que, al contrario, deriva del encuentro (accidental) de ciertas series o de la acci\u00f3n \u00abimprevisible\u00bb de altas personalidades.\u201d&nbsp;<\/em>(21). Precisamente eso imprevisible le da&nbsp;<strong>giros definitorios<\/strong>&nbsp;a la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso ocurre tambi\u00e9n a&nbsp;<strong>nivel personal<\/strong>. Experiencias como la amistad o el amor comienzan, a veces, sin pensarlo o sin buscarlas, con el cruce imprevisto de unas miradas, en situaciones que no correspond\u00edan al curso ordinario de nuestra vida. No, es, digamos, como un milagro, en el sentido de una&nbsp;<strong>irrupci\u00f3n<\/strong>&nbsp;de algo totalmente ajeno a la din\u00e1mica de la historia personal, pero, siendo un acontecimiento hist\u00f3rico, no estaba previsto. Las cosas m\u00e1s relevantes de nuestra vida suelen tener ese car\u00e1cter de lo completamente&nbsp;<strong>imprevisible<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>A ese car\u00e1cter azaroso de los momentos m\u00e1s relevantes de nuestra vida, Guitton le llama el&nbsp;<strong>\u00abazar subsistente\u00bb<\/strong>. Primero hay que mirar lo que es el azar: Lo imprevisible, lo inesperado, lo que no se encuentra en la secuencia de acontecimientos. En \u00e9stos, convergen las circunstancias que nos rodean y nuestras pretensiones. Unas son externas y otras internas. El azar afecta a ambas; o a un \u00e1mbito. Y con ello modifica todo el&nbsp;<strong>curso de la historia<\/strong>, tanto&nbsp;<strong>personal&nbsp;<\/strong>como&nbsp;<strong>colectiva<\/strong>. Lo que se mira en la historia colectiva, se mira m\u00e1s en la personal.<\/p>\n\n\n\n<p>A los deseos y aspiraciones internas, nuestro pensador le llama, en conjunto,&nbsp;<strong>\u00abinstancia\u00bb,<\/strong>&nbsp;<em>stare<\/em>&nbsp;<em>in<\/em>,&nbsp;<em>in<\/em>&nbsp;<em>stare<\/em>, \u00abestar en\u00bb. A las situaciones externas que nos rodean le denomina&nbsp;<strong>\u00abcircunstancias\u00bb<\/strong>,&nbsp;<em>circum<\/em>&nbsp;<em>stare<\/em>, \u00abestar alrededor\u00bb. Yo soy el que \u00abest\u00e1 en\u00bb las situaciones, y \u00e9stas, las circunstancias, \u00abest\u00e1n en rededor m\u00edo\u00bb. Pues, bien, yo deseo, por ejemplo, la salud, el bienestar, o la salvaci\u00f3n en caso de peligro, o encontrar a la persona que puede ayudarme a resolver los problemas que padezco. Pero ello no significa que ocurran.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a veces, ocurre esa coincidencia entre&nbsp;<strong>mi deseo<\/strong>&nbsp;y el advenimiento de las circunstancias conforme a ese deseo m\u00edo. Es excepcional que ocurra el acuerdo o conexi\u00f3n entre el deseo \u00edntimo y el hecho, pero si as\u00ed ocurre le llamamos&nbsp;<strong>\u00absuerte\u00bb<\/strong>&nbsp;o&nbsp;<strong>\u00abfortuna\u00bb.<\/strong>&nbsp;En cambio, si ocurre contra nuestra voluntad o contra nuestro deseo, le llamamos \u00abinfortunio\u00bb. La instancia y la circunstancia, en el vaiv\u00e9n de la historia, de nuestra historia, son los elementos esenciales.<\/p>\n\n\n\n<p>Viene el azar y, sobre todo en momentos delicados, vitales, parece que nos lleva por donde nuestros deseos esperaban, incluso en un mejor plano. Col\u00f3n buscaba, por ejemplo, nuevas rutas comerciales a la India e inici\u00f3 el descubrimiento de un nuevo mundo. As\u00ed ocurre a veces con&nbsp;<strong>nuestras instancias<\/strong>: queremos algo bueno para nosotros y, por alguna raz\u00f3n, ocurre no lo que quer\u00edamos exactamente, sino algo mejor.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201c\u2026 pregunto<\/em>&nbsp;-escribe Guitton-&nbsp;<em>si, en la experiencia ordinaria de toda vida humana, no se encuentran ciertas correspondencias entre un deseo y un azar\u201d. Se lo pregunta porque, en efecto, parece que, en ciertos casos, cuando nos encontramos en una suerte de callej\u00f3n sin salida, cuando una necesidad nos apremia, cuando estamos al borde del colapso, de repente emerge una salida, una soluci\u00f3n, un horizonte venturoso, una soluci\u00f3n sencilla, simple, inocente, por decirlo as\u00ed, y volvemos a respirar tranquilos, en paz; \u201cen todos esos casos tenemos la sensaci\u00f3n de que interviene en la existencia algo que no es producido por nosotros. Es un don.\u201d&nbsp;<\/em>(22). Varios casos de&nbsp;<strong>nuestra propia vida<\/strong>&nbsp;pueden ilustrar lo anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero debo terminar esta larga parte; s\u00f3lo a\u00f1adir\u00e9 unas&nbsp;<strong>\u00faltimas l\u00edneas<\/strong>&nbsp;que me cautivaron de este libro hace ya lejanos a\u00f1os<em>. \u201cSe da el yo, y se dan las circunstancias. No soy yo el que crea las circunstancias. Y sin embargo, hay un acuerdo entre estos dos t\u00e9rminos heterog\u00e9neos.\u201d<\/em>&nbsp;(23). Esa coincidencia siempre es, o suele ser, ben\u00e9fica, es decir, corresponde a lo m\u00e1s hondo, no de lo que deseamos, sino de nuestro ser m\u00e1s profundo. No es nuestra voluntad la que es completada, sino nuestra existencia,&nbsp;<strong>nuestro interior<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La aut\u00e9ntica religiosidad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Del segundo momento de mi encuentro con&nbsp;<strong>Guitton<\/strong>, he citado&nbsp;<em>Mi testamento filos\u00f3fico<\/em>: Es una suerte de novela sobre&nbsp;<strong>su historia previa a la muerte<\/strong>, la muerte misma, el sepelio, c\u00f3mo Guitton lo presencia, con quienes se encuentra, y c\u00f3mo es pronunciada la sentencia de su juicio personal. Son muchos los temas que ser\u00eda largo recorrerlos, sin embargo, querr\u00eda yo tratar s\u00f3lo el tema de su&nbsp;<strong>di\u00e1logo con Pascal<\/strong>, previo a la muerte de Guitton, en la historia del libro. Es el tema de la relaci\u00f3n con Dios, de la&nbsp;<strong>libertad religiosa<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Se le aparece Pascal en su lecho de muerte, luego de la visita del diablo y antes de&nbsp;<strong>la visita de Bergson<\/strong>, que fue su maestro. Le pregunta&nbsp;<strong>Pascal a Guitton<\/strong>: \u00bfC\u00f3mo explica usted la indiferencia religiosa? Por un lado, explica Guitton, los seres humanos le pedimos a Dios por nuestras necesidades o carencias materiales: la salud, un buen empleo, cosas para nuestra estancia en el mundo (hacemos de la religi\u00f3n una religiosidad materialista). Cuando por la&nbsp;<strong>ciencia y la t\u00e9cnica<\/strong>, eso lo puede alcanzar el ser humano mismo, dejamos a Dios a un lado.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que antes ped\u00edamos a la Providencia divina, hoy lo obtenemos por la&nbsp;<strong>ciencia<\/strong>, la&nbsp;<strong>t\u00e9cnica<\/strong>&nbsp;o el&nbsp;<strong>Estado<\/strong>. Dejamos a Dios para otras cosas, hasta que de \u00c9l nos olvidamos. De ah\u00ed, poco a poco, va brotando la indiferencia porque dejamos de orar y de pedir.&nbsp;<strong>Pascal le increpa<\/strong>, sin embargo, \u201cest\u00e1 bien pedirle a Dios por nuestras necesidades\u201d, puesto que es un Padre amoroso. S\u00ed, responde Guitton, el problema es el<strong>&nbsp;abuso<\/strong>. M\u00e1s a\u00fan, en el fondo, la relaci\u00f3n verdadera con Dios es adorarle, agradecerle y, sobre todo, buscar su voluntad<em>: \u201cH\u00e1gase tu voluntad.\u201d<\/em>&nbsp;Esta es la sustancia y lo esencial de la relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, le&nbsp;<strong>pregunta Pascal<\/strong>, \u00bfpor qu\u00e9 se da la agresividad antirreligiosa? La respuesta de Guitton es en este sentido: el&nbsp;<strong>hombre est\u00e1 resentido por Dios<\/strong>&nbsp;<em>\u201cpor no estar a la altura de los t\u00e9cnicos\u201d.<\/em>&nbsp;Tiene la sensaci\u00f3n de estar humillado por haberle pedido a Dios durante mucho tiempo las cosas que depend\u00edan de la voluntad humana.&nbsp;<em>\u201cYa no soporta la idea de un ser superior, en el que ya no ve la utilidad material.\u201d&nbsp;<\/em>(24) Y luego plantea el n\u00facleo de la religiosidad:&nbsp;<strong>la m\u00edstica<\/strong>.&nbsp;<em>\u201cLa m\u00edstica es el centro de la religi\u00f3n. En caso contrario, lo que llamamos religi\u00f3n no es m\u00e1s que una mezcla de magia y de esp\u00edritu gregario.\u201d<\/em>&nbsp;(25)<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos m\u00e1s temas pueden aludirse sobre este libro que, en efecto, es un&nbsp;<strong>testamento<\/strong>, un legado, no para agotar el pensamiento de Guitton, pero s\u00ed para tener una visi\u00f3n general o, al menos, una buena introducci\u00f3n. A m\u00ed, tal lectura me indujo a pensar en&nbsp;<strong>mi propia muerte<\/strong>, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda ser? \u00bfSer\u00eda yo visitado por algunos personajes con los cuales he convivido a lo largo de mi vida? \u00bfPor qui\u00e9nes? \u00bfIgualmente vendr\u00eda a visitarme el no-esperado esp\u00edritu del mal para tratar de inducirme a la duda final? \u00bfVer\u00eda yo a mis profesores, a mis maestros? Como a Guitton, \u00bfme encontrar\u00eda yo con los santos a quienes guard\u00e9 devoci\u00f3n? \u00bfMe tomar\u00eda bajo su conducci\u00f3n, antes del fallo final, la Virgen? Realmente es&nbsp;<strong>un libro para pensar<\/strong>. Por todo lo anterior no hay duda de que Guitton fue un&nbsp;<strong>fil\u00f3sofo y un creyente<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Unidad del pensamiento y la vida<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>De la entrevista que le hizo&nbsp;<strong>Ant\u00fanez Aldunate<\/strong>, s\u00f3lo destacar\u00eda yo la&nbsp;<strong>unidad entre el pensamiento<\/strong>&nbsp;de una persona y su vida. En el \u00e1mbito intelectual es muy frecuente que los pensadores separen su vida -como algo privado- de sus ideas. Para&nbsp;<strong>Guitton<\/strong>, en cambio, no s\u00f3lo est\u00e1n unidos pensamiento y vida por tratarse de la unidad de la persona, sino que, justamente, el punto medular, o uno de los puntos medulares, de su pensamiento es que las ideas, las esencias, lo eterno, tienen manifestaci\u00f3n y encarnaci\u00f3n en la&nbsp;<strong>historia personal<\/strong>, as\u00ed como en la&nbsp;<strong>historia universal<\/strong>. He aludido al caso de Jes\u00fas de Nazaret y la Escritura para ilustrar lo anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero extenderme m\u00e1s en esta disertaci\u00f3n. S\u00e9 que m\u00e1s que una s\u00edntesis del pensamiento de&nbsp;<strong>Jean Guitton<\/strong>&nbsp;s\u00f3lo he trazado el camino hacia la puerta de su mansi\u00f3n intelectual. Espero que, al haber cruzado por el jard\u00edn, se sirva, amable lector, lectora, abrir la puerta y cruzar el umbral de esa su casa. \u00c9l ha fallecido ya, pero su&nbsp;<strong>obra sigue viva<\/strong>&nbsp;entre nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><br>1. J. Guitton,&nbsp;<em>El trabajo intelectual<\/em>, en A. D. Sertillanges\/Jean Guitton,&nbsp;<em>La vida intelectual\/ El trabajo intelectual<\/em>, Porr\u00faa, M\u00e9xico 1994, p. 144.<br>2. Rialp, Madrid 1977.<br>3.&nbsp;<em>Ib<\/em>., pp. 107-138.<br>4. Encuentro, Madrid 1998.<br>5.&nbsp;<em>Cr\u00f3nica de las ideas. En busca del rumbo perdido<\/em>, Encuentro, Madrid 2001.<br>6.&nbsp;<em>Ib.<\/em>, pp. 27-39.<br>7. Guitton,&nbsp;<em>El trabajo intelectual<\/em>, op. cit., p. 127.<br>8. L. Tolst\u00f3i,&nbsp;<em>Diarios<\/em>&nbsp;(1847-1894), Era\/ Conaculta\/ Fonca, M\u00e9xico 2001, p. 14; 24 de marzo de 1847.<br>9. Cf. J. Ratzinger\/ Benedicto XVI,&nbsp;<em>Jes\u00fas de Nazaret<\/em>.&nbsp;<em>Desde la entrada en Jerusal\u00e9n hasta la Resurrecci\u00f3n<\/em>, Planeta\/ Encuentro, Madrid 2011, pp. 237-241.<br>10. E. Kahler,&nbsp;<em>\u00bfQu\u00e9 es la historia?<\/em>&nbsp;Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico 1966, 6\u00aa reimp. 1990.<br>11. El libro a estudiar era: Carlos A. Bali\u00f1as,&nbsp;<em>El acontecer hist\u00f3rico<\/em>, Rialp, Madrid 1965.<br>12. A. Mill\u00e1n Puelles,&nbsp;<em>Ontolog\u00eda de la existencia hist\u00f3rica<\/em>, Departamento de Filosof\u00eda de la Cultura, Madrid 1951.<br>13. J. Maritain,&nbsp;<em>Filosof\u00eda de la historia<\/em>, Club de Lectores, Buenos Aires 1985.<br>14. E. H. Carr,&nbsp;<em>\u00bfQu\u00e9 es la historia?<\/em>, Ariel, Barcelona 1983.<br>15. P. Ricoeur,&nbsp;<em>Historia y verdad<\/em>, Encuentro, Madrid 1990.<br>16. F. Aguilar V\u00edquez,&nbsp;<em>El hombre y su destino<\/em>, Upaep\/Edamex, M\u00e9xico 1999.<br>17. R. Mate (ed.),&nbsp;<em>Filosof\u00eda de la historia<\/em>, Trotta\/ Consejo Superior de Investigaciones Cient\u00edficas, Madrid 1993.<br>18. N. Berdiaev,&nbsp;<em>El sentido de la historia<\/em>, Encuentro, Madrid 1979.<br>19. Guitton,&nbsp;<em>Historia y destino<\/em>, p. 107.<br>20. Ib., p. 109.<br>21.&nbsp;<em>Ib.<\/em>, p. 114.<br>22.&nbsp;<em>Ib<\/em>., p. 121.<br>23.&nbsp;<em>Ib<\/em>., p. 137.<br>24. Guitton,&nbsp;<em>Mi estamento filos\u00f3fico<\/em>, p. 23.<br>25.&nbsp;<em>Ib<\/em>., p. 25.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dr. Fidencio Aguilar V\u00edquez A&nbsp;Guitton&nbsp;lo he ido conociendo poco a poco. 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