{"id":65172,"date":"2023-12-21T13:11:33","date_gmt":"2023-12-21T19:11:33","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=65172"},"modified":"2023-12-21T13:11:35","modified_gmt":"2023-12-21T19:11:35","slug":"cronicas-navidenas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/cronicas-navidenas\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas Navide\u00f1as"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\">ElRinconDeZalacain | <em>\u201cLa Navidad, con voz aguardentosa, llama a la d\u00f3cil puerta del est\u00f3mago. Los aparadores ostentan detr\u00e1s de los cristales, empa\u00f1ados por el fr\u00edo, todas las obras maestras de la glotoner\u00eda\u2026\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe title=\"Cr\u00f3nicas Navide\u00f1as | Dic 21 de 2023\" width=\"500\" height=\"281\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/dgUvtcrJ1B0?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color\" style=\"font-size:26px\"><strong><em>Por Jes\u00fas Manuel Hern\u00e1ndez*<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En el pasado, muy pasado, la Navidad estaba rodeada de m\u00fasica y poes\u00eda, hab\u00eda <strong>\u201cvillancicos\u201d<\/strong>, heredados desde el siglo XV y cuya prducci\u00f3n se mantuvo hasta el XVIII en Portugal y Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>En Puebla hubo un famoso compositor del barroco, <strong>Juan Guti\u00e9rrez de Padilla<\/strong>, quien aport\u00f3 algunas composiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En las pastorelas del siglo pasado hab\u00eda por tanto villancicos m\u00e1s modernos, casi todos llegados de Espa\u00f1a y adaptados al espa\u00f1ol de M\u00e9xico, como <strong>\u201cArre borriquito\u201d<\/strong>, <strong>\u201cLos peces en el r\u00edo\u201d<\/strong>, o del &nbsp;ingl\u00e9s como <strong>\u201cBlanca Navidad\u201d<\/strong> de Irving Berlin, y por supuesto <strong>\u201cNoche de paz\u201d<\/strong> traducida a unos 300 idiomas y declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y donada al mundo por el compositor austriaco <strong>Franz Xaver Gruber<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hab\u00eda <strong>tambi\u00e9n cuentos de navidad<\/strong> y en algunas casas se le\u00edan las cr\u00f3nicas propias de las fechas pero heredadas del siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n<p>Zalaca\u00edn hab\u00eda buscado algunas de las cr\u00f3nicas de esa \u00e9poca, se top\u00f3 de inmediato con dos, ambas referidas a las experiencias en la Ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dos autores escribieron sobre el tema, Guillermo Prieto y Manuel Guti\u00e9rrez Najera<\/strong>, considerado este \u00faltimo el primer cronista de la Ciudad de M\u00e9xico, y quien muri\u00f3 en 1895, ejerci\u00f3 el periodismo, redact\u00f3 cuentos, cr\u00f3nicas y poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Zalaca\u00edn hab\u00eda tomado el libro de Salvador Novo quien hab\u00eda publicado varias cr\u00f3nicas de la Ciudad de M\u00e9xico relacionadas con la gastronom\u00eda y ah\u00ed localiz\u00f3 la aportaci\u00f3n de Guti\u00e9rrez N\u00e1jera; pr\u00e1cticamente la devor\u00f3 acompa\u00f1ado de una copa de una copa de un vino canadiense, <strong>IceWine, derivado de la prodredumbre noble, un Vidal del 2003<\/strong>, guardado con mucho celo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Zalaca\u00edn ley\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLa Navidad, con voz aguardentosa, llama a la d\u00f3cil puerta del est\u00f3mago. Los aparadores ostentan detr\u00e1s de los cristales, empa\u00f1ados por el fr\u00edo, todas las obras maestras de la glotoner\u00eda. El severo jam\u00f3n, con gravedad de hombre pol\u00edtico, se pavonea dichoso al lado de los eternos salchichones, envueltos en su funda plateada, como los ricos agiotistas y los tabacos de la Habana. El pavo, atravesado por un pu\u00f1al luciente, abre su pico inm\u00f3vil pidiendo misericordia. Los chorizos se juntan, atados como galeotes, y formando collares pantagru\u00e9licos, excitan los apetitos m\u00e1s reacios. El gas alumbra con su luz descocada e insolente, las pilastras y torres de lustrosas latas, anchas y angostas, oblongas y cuadradas, todas resplandecientes como el acero bru\u00f1ido y reflejando la llama tranquila de los quemadores.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cPor entre las mara\u00f1as y guedejas de heno peinado, cuelgan cuerpos de az\u00facar y \u00e1ngeles de caramelo. Las cajas de galletas abiertas con malicia, dejan ver sus hileras color de oro. Pendientes de las ramas puestas en el aparador, figurando \u00e1rboles, danzan alegremente las peque\u00f1as canastas de nervioso mimbre o de cabellos argentinos. Adentro,&nbsp; tras el gran mostrador siempre ocupado, los dependientes, con la chaqueta negra abotonada, se multiplican destapando botes, abriendo cajas y cortando queso. Sobre aquel c\u00edrculo inmenso&nbsp; forrado de lat\u00f3n, descansa un queso suizo respirando glotoner\u00eda por cada uno de sus mil ojuelos. Las botellas, escalonadas como batallones de prusianos, con sus cascos plateados y amarillos, preparan el ataque en pelotones.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cAll\u00ed descubro el Chateau-Larose, carm\u00edneo, como las ardientes mejillas de la se\u00f1orita P&#8230; , el Johanisberg&nbsp; fluido y transparente; el finchado Oporto que da la petulancia, y el verdoso Rin, que da el amor. iPaso a los coraceros! El champagne, aparatoso y fatuo, como buen franc\u00e9s, lleno de condecoraciones y dorados, cautivos los ojos con su lujo aristocr\u00e1tico. Las bodegas del Marne se han vaciado para llenar esos escaparates. Ah\u00ed est\u00e1n las botellas alemanas, con sus cuellos de caballos de carrera, largos y flacos, hechos para uso de las grullas y de los berlineses; las botellas francesas, coquetas y relucientes, con trajes de amazona y sombrerillos de lof\u00f3foros; los graneles vinos espa\u00f1oles, los grandes se\u00f1ores de los vinos, altivos y severos, como nobles castellanos delante de su rey; las cosechas de Andaluc\u00eda, los l\u00edquidos transparentes, que tienen un \u00e1tomo de sol en cada gota; los tarros de Cognac, los barriles de Burdeos, con la bronceada espita abierta y derramando el generoso l\u00edquido en las botellas de verdinegro vidrio; el Ajenjo, color de oc\u00e9ano, y la Chartreuse, color de \u00e1mbar; toda la interminable descendencia de la uva, toda la tumultuosa variedad de vinos, asecha al comprador, parapetada en los escaparates; y las botellas, altas y chaparras, gruesas y delgadas, adustas y coquetas, airosas y desgarbadas, provocan y llaman a los glotones transe\u00fantes, con el descaro de una turba de loretas, tirando de la levita al extranjero que pasa a media noche por los boulevares.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLa mar, la eterna esclava, env\u00eda diariamente a nuestras fondas, gruesas de ostras y cargamento de pescado. El huachinango, abierto por mitad, muestra su blancura l\u00e1ctea y su carne de camelia. El p\u00e1mpano se sonroja detr\u00e1s de las vidrieras. Los caracoles se juntan al camar\u00f3n rojizo. Y junto a estos criollos de la mar, asoman siempre altivos los pescados extranjeros, el Salm\u00f3n, la Langosta, el Makerel, el Maquereau , el Calamar y la Lamprea en promiscuo ayuntamiento con el jam\u00f3n endiablado y con el jam\u00f3n en pasta, el Turkey y el Chiken, el Beef-Touque y el Pat\u00e9 de foiegras, las aceitunas, los pickles y las anchoas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLos pasteleros no se dan un punto de descanso. El horno, constantemente encendido, tuesta con sus besos de fuego la obediente masa. Una dorada y apetitosa costra rodea las grandes empanadas,&nbsp; rellenas de jam\u00f3n o sardinas. La viuda Genin encarcela en los aparadores de cristales grandes ej\u00e9rcitos de pasteles, todav\u00eda calientes y cada vez que levanta su cubierta, sube de aquella masa un humo tenue, que acaricia los olfatos lerdistas de los parroquianos. Messer vende bombones a carretadas. Zepeda vac\u00eda sus bodegas para abastecer a los clientes. Acabo de ver, en pie, junto a un aparador, a un pobre viejo, que tiritando de fr\u00edo, con las manos ocultas en los bolsillos del pantal\u00f3n, prendido con un alfiler el cuello del ra\u00eddo saco, y calado el grasiento sombrero hasta los ojos, contempla con tristeza mezclada de codicia, la sana rubicundez de los jamones y la blancura aristocr\u00e1tica de los pescados. \u00a1Pobre viejo! Estaba cenando mentalmente. Sus ojos, resplandecientes de glotoner\u00eda, hubieran devorado hasta las velas de esperma que danzaban en el aparador, pendientes de las ramas. \u00a1Bien se conoce que esta noche es Nochebuena!\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Una verdadera maravilla de cr\u00f3nica donde Guti\u00e9rrez N\u00e1jera va describiendo la riqueza gastron\u00f3mica ofertada a finales del siglo XIX y la tristeza de quienes s\u00f3lo pod\u00edan cenar en su mente\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La cr\u00f3nica de Guillermo Prieto, tambi\u00e9n era muy interesante, pero esa, esa ser\u00e1 otra historia.<\/p>\n\n\n\n<p>*Autor de \u201cOr\u00edgenes de la Cocina Poblana\u201d, Ed. Planeta<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"mailto:elrincondezalacain@gmail.com\">elrincondezalacain@gmail.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ElRinconDeZalacain | \u201cLa Navidad, con voz aguardentosa, llama a la d\u00f3cil puerta del est\u00f3mago. 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