{"id":63813,"date":"2023-11-28T05:56:56","date_gmt":"2023-11-28T11:56:56","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=63813"},"modified":"2023-11-28T05:56:58","modified_gmt":"2023-11-28T11:56:58","slug":"francesco-petrarca-confesiones-detras-de-una-mascara-la-lectura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/francesco-petrarca-confesiones-detras-de-una-mascara-la-lectura\/","title":{"rendered":"Francesco Petrarca, confesiones detr\u00e1s de una m\u00e1scara | La Lectura"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-background has-medium-font-size\" style=\"background-color:#eea665\">Acantilado re\u00fane en una cuidada y monumental edici\u00f3n antol\u00f3gica el &#8216;compendium&#8217; de las ep\u00edstolas del poeta, fil\u00f3logo y humanista italiano, una obra capital para entender los albores de la \u00e9poca moderna<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"990\" height=\"660\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/17008190975396.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-63814\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/17008190975396.jpg 990w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/17008190975396-300x200.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/17008190975396-768x512.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 990px) 100vw, 990px\" \/><figcaption>Ilustraci\u00f3n de Ulises Culebro<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-medium-font-size\"><strong>CARLOS M\u00c1RMOL \/ LA LECTURA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las s\u00fabitas sacudidas de la Tierra, antes de mudar en terremotos, comienzan con un leve temblor y una grieta.&nbsp;<strong>Algo an\u00e1logo sucede con el tr\u00e1nsito entre las literaturas antiguas y las modernas. Hasta el Romanticismo, todo es ret\u00f3rica; despu\u00e9s, la cosa depende ya de cada caso<\/strong>. Esta frase enuncia una paradoja porque, en el fondo, no es que a finales del siglo XVIII desaparezcan por completo los c\u00f3digos art\u00edsticos existentes durante la Ilustraci\u00f3n y el Neoclasicismo, sino que mutan o se camuflan bajo la apariencia de la naturalidad, que es una forma m\u00e1s de ret\u00f3rica.<strong>&nbsp;La historia de la literatura entera podr\u00eda condensarse a partir de esta progresi\u00f3n: los escritores, obedeciendo a las preceptivas y a las po\u00e9ticas, replican primero los modos de decir m\u00e1s nobles y acrisolados; a continuaci\u00f3n, los cuestionan<\/strong>&nbsp;desde dentro cuando descubren que estas dicciones heredadas son hermosas jaulas que no permiten trasladar con la intensidad necesaria sus sentimientos.&nbsp;<strong>Por \u00faltimo, las destruyen para conquistar su libertad<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2023\/11\/24\/17008190945698.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Epistolario<\/h2>\n\n\n\n<p>Francesco Petrarca<\/p>\n\n\n\n<p>Introducciones y notas de Ugo Dotti y Alessandro Pancheri. Traducci\u00f3n de Francisco Socas. Acantilado. 4.336 p\u00e1ginas. 148 \u20ac<br><a href=\"https:\/\/amzn.to\/3uuWGoC\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Puedes comprarlo aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La frontera que distingue a la poes\u00eda antigua de la moderna reside en el significado de la primera persona.&nbsp;<strong>Para los cl\u00e1sicos, el yo es un arquetipo que representa a una comunidad (concretada en una voz individual)<\/strong>. Para los rom\u00e1nticos, padres de la tradici\u00f3n de la ruptura, como explica Octavio Paz en&nbsp;<em>Los hijos del limo<\/em>, la primera persona es un esp\u00edritu, la cima de la monta\u00f1a desde donde se contempla el terremoto. Entre ambas geograf\u00edas se extiende el p\u00e1ramo del temblor:&nbsp;<strong>los escritores que, desde el oto\u00f1o de la Edad Media hasta comienzos del Renacimiento, empiezan a abrir (a machete) la trocha por la que huir\u00e1 el poeta<\/strong>&nbsp;que se siente encadenado por la herencia de sus mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre estos escritores figura&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/elmundolibro\/2004\/07\/20\/poesia\/1090319109.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Francesco Petrarca<\/a>&nbsp;(1304-1374), fil\u00f3logo y humanista de Arezzo considerado el homo antecessor del escritor moderno.&nbsp;<strong>Su&nbsp;<\/strong><em><strong>Cancionero<\/strong><\/em><strong>, la influyente colecci\u00f3n de rimas \u00abvulgares\u00bb -escritas en estricto romance- sin la que no hubieran existido ni Garcilaso, ni Lope, ni tampoco Quevedo, no ha contribuido, sin embargo, a resaltar el perfil prosaico del poeta<\/strong>, al que s\u00f3lo se le relaciona con los versos de amor dedicados a la enigm\u00e1tica Laura. Es natural. Parece una exageraci\u00f3n que alguien pueda considerar moderno a un autor que escrib\u00eda en lat\u00edn y que empieza, sin duda debido a una indudable vanidad, a reunir sus fragmentos y nader\u00edas po\u00e9ticas a los 32 a\u00f1os. En el&nbsp;<em>Cancionero&nbsp;<\/em>aparece una primera persona que narra (en verso) y que simula hacerlo siguiendo una cronolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">UN TESORO LITERARIO<\/h2>\n\n\n\n<p>Otro tanto sucede con el Petrarca prosista, cuya m\u00e1xima expresi\u00f3n son sus cartas, que acaban de ser reunidas por la editorial Acantilado en un&nbsp;<em>compendium<\/em>&nbsp;con traducci\u00f3n de Francisco Socas, revisi\u00f3n a cargo de Jordi Bayod e introducciones y notas de Ugo Dotti y Alessandro Pancheri.&nbsp;<strong>Una obra filol\u00f3gica magna cuya producci\u00f3n se ha dilatado durante m\u00e1s de una d\u00e9cada y que se nos entrega como lo que es: un tesoro (literario)<\/strong>&nbsp;dentro de un hermoso estuche. La colecci\u00f3n completa de ep\u00edstolas escritas por Petrarca durante su vida, distribuidas en cuatro copiosos tomos y siguiendo su ordenaci\u00f3n tradicional:&nbsp;<em>Familiares, Seniles, Sine Nomine Liber<\/em>&nbsp;y<em>&nbsp;Variae<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Verter las misivas del poeta italiano al espa\u00f1ol -hasta ahora s\u00f3lo exist\u00edan antolog\u00edas- es&nbsp;<strong>un proyecto editorial colosal que honra la memoria de&nbsp;<\/strong><a href=\"https:\/\/www.elespanol.com\/el-cultural\/letras\/20141218\/jaume-vallcorba-memoria\/15998728_0.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><strong>Jaume Vallcorba<\/strong><\/a><strong>, el fundador del sello que dirige&nbsp;<\/strong><a href=\"https:\/\/www.elespanol.com\/el-cultural\/20160823\/sandra-ollo-editor-consiste-invitar-conversacion\/149985843_0.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><strong>Sandra Ollo<\/strong><\/a>. Al mismo tiempo, confirma una bendita anomal\u00eda: no quedan en Espa\u00f1a demasiadas editoriales (independientes) que, sin dejar de estar sometidas a las circunstancias del mercado, mantengan el impulso cultural de Acantilado, que&nbsp;<strong>ya ten\u00eda dentro de su cat\u00e1logo la obra m\u00e1s popular del poeta italiano: sus&nbsp;<\/strong><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/cultura\/literatura\/2023\/03\/04\/6401faef21efa0745f8b459e.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em><strong>Remedios para la vida<\/strong><\/em><\/a><strong>&nbsp;(<\/strong><em><strong>y escarmiento de los pr\u00f3speros y consuelo de los desdichados<\/strong><\/em><strong>)<\/strong>, con estupenda traducci\u00f3n de Jos\u00e9 Mar\u00eda Mic\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Escribir para la posteridad<\/h2>\n\n\n\n<p>El poeta italiano concibe sus cartas a partir de 1350, con m\u00e1s de 40 a\u00f1os. Lo hace con un plan cronol\u00f3gico que empieza en su juventud. Esta decisi\u00f3n de ordenar el material \u00edntimo a partir de un criterio temporal le lleva a introducir la ficci\u00f3n -misivas no escritas y personajes difuntos- en una obra que no fue concebida con una estructura azarosa, al contrario que los ensayos de Montaigne. Las \u00faltimas cartas est\u00e1n fechadas el a\u00f1o anterior a su muerte. Si las&nbsp;<em>Familiares<\/em>&nbsp;tratan, entre otros asuntos, sobre la gloria y la caducidad de la juventud, en las&nbsp;<em>Seniles&nbsp;<\/em>la materia es la vejez, la muerte, los malos m\u00e9dicos, la obsesi\u00f3n por la posteridad, la memoria sobre la infancia y una recapitulaci\u00f3n: \u00abLa adolescencia me enga\u00f1\u00f3, la juventud me extravi\u00f3, la vejez me enmend\u00f3\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El epistolario integral, accesible ahora para lectores de cualquier condici\u00f3n,&nbsp;<strong>es una obra clave para entender los albores de la Edad Moderna y el cambio de piel (cultural) que desde los a\u00f1os oscuros del Medievo y la Teolog\u00eda llega hasta el cromatismo del Trecento<\/strong>. El espect\u00e1culo que ofrece es fascinante: el arte compitiendo con la religi\u00f3n -aunque no la sustituya hasta siglos despu\u00e9s- y el creyente, sin dejar de ser cristiano,&nbsp;<strong>transformado de pronto en un hombre de carne y hueso, ser mortal pero con ansias de trascendencia y conciencia de la posteridad<\/strong>. En ellas hay de todo: historias, retratos, viajes, pensamientos, personajes, diatribas. Son los episodios de una gran novela en marcha -como dir\u00eda Andr\u00e9s Trapiello- cuya g\u00e9nesis, igual que el hielo del coronel Aureliano Buend\u00eda, acaso habr\u00eda que buscarla un d\u00eda de 1345, cuando el hijo del notario Pietro di Parenzo di Garzo -apodado Ser Petracco- descubre en Lieja el&nbsp;<em>Pro Archia Poeta<\/em>&nbsp;y, un poco m\u00e1s tarde, en Verona, encuentra el&nbsp;<em>Ad Atticum, Ad Quintum<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>Ad Brutum<\/em>.&nbsp;<strong>Las cartas de Cicer\u00f3n que, junto al S\u00e9neca de las&nbsp;<\/strong><em><strong>Ep\u00edstolas Morales a Lucilio<\/strong><\/em><strong>, ser\u00e1n sus modelos ret\u00f3ricos<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">UNA NUEVA VOLUNTAD<\/h2>\n\n\n\n<p>La revelaci\u00f3n fue absoluta: el poeta italiano, que nunca domin\u00f3 el griego a pesar de intentar aprenderlo para leer a Homero,&nbsp;<strong>encontrar\u00eda en la dicci\u00f3n familiar del fil\u00f3sofo, distinta a la del c\u00e9lebre orador, su particular oro de los tigres<\/strong>. Que eligiera reconstruir su vida creando una colecci\u00f3n equivalente de ep\u00edstolas donde nunca est\u00e1 claro por completo qu\u00e9 es realidad y qu\u00e9 es ficci\u00f3n &#8211;<strong>la ambig\u00fcedad convierte el&nbsp;<\/strong><em><strong>Epistolario&nbsp;<\/strong><\/em><strong>en un precedente del ensayo de Montaigne y de la novela cervantina<\/strong>, cuya versatilidad estil\u00edstica en Espa\u00f1a anunciar\u00edan las&nbsp;<em>Ep\u00edstolas<\/em>&nbsp;de Antonio de Guevara- no parece responder a una casualidad. Es una nueva voluntad.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2023\/11\/24\/17008190955249.jpg\" alt=\"Ilustraci\u00f3n de\"\/><figcaption>Ilustraci\u00f3n de<strong>Ulises Culebro<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Para los griegos antiguos, la dicci\u00f3n epistolar toleraba un grado de espontaneidad mayor que los g\u00e9neros solemnes. Una carta escrita deb\u00eda ser la traslaci\u00f3n de una conversaci\u00f3n entre ausentes. As\u00ed las prescribe su primer preceptista, Pseudo-Libanio.&nbsp;<strong>Su ret\u00f3rica admit\u00eda la sinceridad,&nbsp;<\/strong><em><strong>ma non troppo<\/strong><\/em><strong>, porque no deb\u00edan saltarse las leyes del decoro. Los escritores de estas ep\u00edstolas primitivas ten\u00edan que hacer como Pessoa: fingir que de verdad sent\u00edan aquello que les conmov\u00eda<\/strong>. Esta tradici\u00f3n literaria a la que Petrarca se acoge con fines literarios, sin prescindir de los personales, porque sus misivas tambi\u00e9n son una galer\u00eda de autorretratos, es la grecolatina.&nbsp;<strong>En la era inmediatamente anterior -los tiempos medievales- las ep\u00edstolas hab\u00edan sido codificadas dentro de un patr\u00f3n cerrado. Dejan de ser escritos privados y se convierten en obras del&nbsp;<\/strong><em><strong>ars dictaminis<\/strong><\/em>. Una forma r\u00edgida, escrita a partir de las plantillas en serie, una disposici\u00f3n obligatoria en partes &#8211;<em>salutatio, exordium, narratio, petitio<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>conclusio<\/em>&#8211; y&nbsp;<strong>cuya funci\u00f3n es hacer de veh\u00edculo doctrinal y pol\u00edtico eficaz<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>El&nbsp;<em>Epistolario<\/em>&nbsp;de Petrarca se separa de este paradigma medieval para retornar a la semilla. La carta que inaugura las Familiares, escrita el 15 de enero de 1350 en Padua, se dirige a Ludovico Santo de Beringen, al que el poeta de Arezzo llamaba S\u00f3crates.&nbsp;<strong>El encabezamiento es expl\u00edcito: \u00abA mi amigo\u00bb. M\u00e1s todav\u00eda lo es el arranque: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hacer ahora, hermano? Mira, ya hemos intentado casi todo y en ninguna parte hay descanso. \u00bfPara cu\u00e1ndo lo esperamos? \u00bfD\u00f3nde lo buscaremos?<\/strong>&nbsp;Los instantes, como dicen, se escurren entre los dedos; nuestras viejas esperanzas han quedado enterradas con los amigos\u00bb. En comparaci\u00f3n con el f\u00e9rreo molde medieval, que obligaba a respetar una prelaci\u00f3n a la hora de nombrar a los destinatarios, cuyo nombre conven\u00eda acompa\u00f1ar de una gradaci\u00f3n de superlativos virtuosos, la voz de Petrarca contiene la claridad de los antiguos.&nbsp;<strong>La suya es una prosa que no renuncia a la ret\u00f3rica; simplemente, elige otra clase de artificio, devolvi\u00e9ndole al lat\u00edn la nobleza de una lengua natural<\/strong>. Se trata de un ejemplo cualquiera -la colecci\u00f3n de Acantilado, con m\u00e1s de 4.300 p\u00e1ginas, es un arca de las maravillas en este sentido- que ayuda comprender el&nbsp;<em>Epistolario&nbsp;<\/em>como patrimonio de un bien pensar y un bien decir olvidados.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Autonom\u00eda intelectual<\/h2>\n\n\n\n<p>Petrarca vivi\u00f3 toda su vida de las rentas, ya fueran las que proced\u00edan de su condici\u00f3n de cl\u00e9rigo&nbsp;<em>in absentia<\/em>&nbsp;-dispensado de salvar almas- o de los servicios que prestaba a las grandes familias patricias, como los Colonna.&nbsp;<strong>Esta servidumbre con el&nbsp;<\/strong><em><strong>signore<\/strong><\/em><strong>, obligada para un poeta dependiente del caprichoso mecenazgo, acaso fuera la raz\u00f3n de que ambicionara como ideal la autonom\u00eda intelectual<\/strong>. Ese sue\u00f1o ten\u00eda un nombre: Vaucluse, el lugar de soledad, estudio y libertad donde se refugia. Un valle cerrado, ajeno a las vanidades, y desde cuyo escritorio&nbsp;<strong>Petrarca critica con una asombrosa libertad a las clases dirigentes tradicionales y a la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica<\/strong>, anticipando -seg\u00fan Ugo Dotti- a Maquiavelo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">UNAS GOTAS DE FICCI\u00d3N<\/h2>\n\n\n\n<p>Petrarca no escribe con la voz de un&nbsp;<em>dictator<\/em>. Lo hace como un ser absolutamente terrestre y, por tanto, seg\u00fan la opini\u00f3n de Francisco Rico, perito en la materia, que miente sobre su vida y su persona, entreverando cartas fingidas con otras reales.&nbsp;<strong>Gracias a esta mezcla el poeta se retrata con la faz con la que desea ser recordado, no con la que ten\u00eda. Su tono privado, en realidad, disimula una proclama p\u00fablica<\/strong>. Si los instrumentos ret\u00f3ricos medievales deb\u00edan ser solemnes, al igual que un ingenio mec\u00e1nico primitivo, la convenci\u00f3n del Trecento es volverse elocuentemente discreto, si no invisible.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas misivas la m\u00fasica que suena es la del hombre com\u00fan, nunca la del personaje. Petrarca parece confesarse ante sus interlocutores, pero en el fondo escribe desde detr\u00e1s de una m\u00e1scara.&nbsp;<strong>Su estilo, que bebe de las fuentes romanas, fijar\u00e1 el devenir del g\u00e9nero hasta el siglo XVI y alumbrar\u00e1 otras formas literarias escritas en esta primera persona<\/strong>&nbsp;que ya no tiene un sentido comunal, sino significado subjetivo, que es el rasgo que identifica a la modernidad antes de la modernidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo que sucede con las autobiograf\u00edas (frente a las medievales vidas de santos), donde los autores tratan de explicarse a s\u00ed mismos en un contexto cultural que censuraba la confesi\u00f3n por considerarla una muestra de jactancia;&nbsp;<strong>pasar\u00e1 en el caso del ensayo -Montaigne fue un devoto lector de epistolarios- y en la novela corta, que adopta la forma epistolar, como ocurre en el&nbsp;<\/strong><em><strong>Lazarillo de Tormes<\/strong><\/em>, cuya narraci\u00f3n finge ser di\u00e1logo, la f\u00e1bula se rinde ante el realismo y la distancia temporal, que en nuestro caso es un abismo, se diluye.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es como\u00a0<strong>Petrarca consigue esa magia que -sin citarlo, pero refiri\u00e9ndose a \u00e9l- describe Bob Dylan en\u00a0<\/strong><em><strong>Tangled Up in Blu<\/strong><\/em><strong>e<\/strong>: \u00ab<em>Ella abri\u00f3 un libro de poemas y me lo entreg\u00f3. \/ Escrito por un poeta italiano del siglo XIII. \/ Y cada una de sus palabras son\u00f3 cierta \/ Y brillaba como carb\u00f3n ardiendo \/ Derramando de cada p\u00e1gina \/ Como si estuviera escrito en mi alma, de m\u00ed para ti<\/em>\u00ab. Es la emoci\u00f3n que s\u00f3lo crea la gran literatura:\u00a0<strong>decirnos, con las mismas palabras que usar\u00edamos nosotros, pero dot\u00e1ndolas de una intensidad deslumbrante<\/strong>\u00a0y desconocida lo que sentimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2023\/11\/24\/656070b7fc6c83a77e8b45f1.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2023\/11\/24\/656070b7fc6c83a77e8b45f1.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acantilado re\u00fane en una cuidada y monumental edici\u00f3n antol\u00f3gica el &#8216;compendium&#8217; de las ep\u00edstolas del poeta, fil\u00f3logo y humanista italiano, 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