{"id":6257,"date":"2021-03-27T09:34:10","date_gmt":"2021-03-27T15:34:10","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=6257"},"modified":"2021-03-27T09:34:12","modified_gmt":"2021-03-27T15:34:12","slug":"baudelaire-el-inventor-de-la-vida-moderna-el-pais","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/baudelaire-el-inventor-de-la-vida-moderna-el-pais\/","title":{"rendered":"Baudelaire, el inventor de la vida moderna | El Pa\u00eds"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"font-size:18px\"><em>Maldito pero clarividente, el poeta se adelant\u00f3 a casi todo. Con motivo del bicentenario de su nacimiento, diez expertos analizan los conceptos clave en su vida y su obra para poner al d\u00eda su legado<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"602\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Captura-de-Pantalla-2021-03-27-a-las-9.29.44-1024x602.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6258\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Captura-de-Pantalla-2021-03-27-a-las-9.29.44-1024x602.jpg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Captura-de-Pantalla-2021-03-27-a-las-9.29.44-300x176.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Captura-de-Pantalla-2021-03-27-a-las-9.29.44-768x451.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Captura-de-Pantalla-2021-03-27-a-las-9.29.44-1536x903.jpg 1536w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Captura-de-Pantalla-2021-03-27-a-las-9.29.44.jpg 1960w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-medium-font-size\">EL PA\u00cdS<\/p>\n\n\n\n<p>Del malditismo como destino inevitable para todo artista que quiera salirse de las pautas al hast\u00edo como condici\u00f3n intr\u00ednseca a la vida, del paseo por la ciudad como pr\u00e1ctica filos\u00f3fica a la cr\u00edtica de arte como ejercicio po\u00e9tico, todo estaba ya en la obra del poeta franc\u00e9s. Dos siglos despu\u00e9s de su nacimiento, la sombra de\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/charles-baudelaire\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Charles Baudelaire<\/a>, el primer poeta moderno, se alarga hasta nuestro tiempo. Artista demasiado joven en un siglo viejo, en el que todo parec\u00eda ya dicho, dej\u00f3 una huella imborrable en la cultura europea. Lo demuestran estos 10 t\u00e9rminos comentados por 10 especialistas que subrayan su innegable contemporaneidad.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/gQHAjkeOwIKSzx22Fv_x_xTfye0=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/SQCKBHF3QBCJXFQ2ESFAUV757A.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">ARTISTA MODERNO<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por Luis Magriny\u00e0<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Por suerte para todos, el uso de \u201cmoderno\u201d en Baudelaire es anterior a las categorizaciones hist\u00f3ricas y a la tendencia a asociarse con part\u00edculas ominosas (pre-, pos-, anti-, -ista). Est\u00e1 muy cerca a\u00fan de su etimolog\u00eda: significa \u2018presente, actual\u2019, como mucho \u2018reciente\u2019; es aquello en lo que no se fija el artista del pasado, por irrelevante, perecedero, an\u00f3nimo o mal visto. El artista \u201cmoderno\u201d, en cambio, es el que se fija en estas trivialidades y ofrece luego sus \u201crepresentaciones del presente\u201d. Se deleita en un acto de contemplaci\u00f3n creativo, sin vanidad ni jerarqu\u00edas, del que resulta un costumbrismo din\u00e1mico y feliz. Pero no es solo un \u201carchivista de la vida\u201d para satisfacci\u00f3n de historiadores futuros, sino un observador que se descubre embriagado por el propio hecho de observar.<\/p>\n\n\n\n<p>El arte, por otro lado, est\u00e1 autorizado a recrear, adem\u00e1s de lo espont\u00e1neo, lo ya recreado (las pompas, los adornos, el maquillaje). Baudelaire era muy amigo de la recreaci\u00f3n: casi todo&nbsp;<em>El pintor de la vida moderna<\/em>&nbsp;es una versi\u00f3n en prosa simpatiqu\u00edsima de los dibujos y acuarelas de Constantin Guys; dos tercios de&nbsp;<em>Los para\u00edsos artificiales<\/em>&nbsp;son una glosa exuberante de las&nbsp;<em>Confesiones<\/em>&nbsp;de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/thomas-de-quincey\/\">De Quincey<\/a>. Para nuestra \u201cmodernidad\u201d quiz\u00e1 esta forma art\u00edstica consistente en trabajar sobre lo ya trabajado haya sido el hallazgo m\u00e1s perdurable. En todo caso, \u201ca quienes la seriedad impida buscar lo bello en sus manifestaciones m\u00e1s \u00ednfimas\u201d, siempre se les podr\u00e1 decir: \u201cEn nada me afecta su juicio austero\u201d.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/OCaU2HG6KBvxD0TU0PHLaNsOf20=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/VDCBALZJQNEJNHAD4V2RECI2I4.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">CR\u00cdTICO<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por Estrella de Diego<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hace tiempo, cuando Baudelaire planteaba en&nbsp;<em>El sal\u00f3n de 1846<\/em>&nbsp;los balbuceos de lo que siempre se lee como la moderna cr\u00edtica, hacer cr\u00edtica de arte era una actividad creativa cuya funci\u00f3n no era formar los gustos ni dirigirlos: se trataba de escribir una evocaci\u00f3n sobre la obra m\u00e1s all\u00e1 del texto interpretativo. Un trabajo, por tanto, de poetas. Luego las cosas cambiaron y la cr\u00edtica se volvi\u00f3 el lugar para ejercicio de poder m\u00e1s all\u00e1 de la obra misma; el ansia del dise\u00f1o en los recorridos del arte a la manera de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/1987\/05\/21\/cultura\/548546411_850215.html\">Clement Greenberg<\/a>: existir\u00eda solo aquello de lo cual el cr\u00edtico escribiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora la cr\u00edtica ha perdido por completo su poder \u2014alguien lleg\u00f3 a decir ya hace a\u00f1os que no se fiaba de los cr\u00edticos sin fortuna personal\u2014, tras dejar el espacio de control a las grandes exposiciones y los comisarios estrella. Por eso, con los valores trastocados en esta \u00e9poca de cambio, quiz\u00e1s ha llegado el momento de recuperar en la cr\u00edtica el trabajo del poeta, para quien pueda permit\u00edrselo. Regresar a ese tiempo en el cual \u2014dice Baudelaire en su dedicatoria a&nbsp;<em>Sal\u00f3n de 1846<\/em>\u2014 para algunos era posible vivir tres d\u00edas sin pan, pero ni uno sin poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/NAeVFHl0G2IX9I7ne18ZxnKHBgc=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/6IVMLYXVJRGTHAODCPNPLJ5ITM.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">DANDI<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por Paul B. Preciado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>T\u00e9rmino peyorativo que en ingl\u00e9s designaba hasta mediados del siglo XIX al nuevo burgu\u00e9s rid\u00edculo y extra\u00f1amente vestido, el dandi va a convertirse en las obras de&nbsp;<a href=\"https:\/\/librotea.elpais.com\/libros\/diabolicas-las-n1llnsfg8m\/\">Jules Barbey d\u2019Aurevilly<\/a>&nbsp;y de Baudelaire en la figura fundamental de la revuelta de la modernidad contra s\u00ed misma. Burgu\u00e9s que ha renegado de los valores de la burgues\u00eda, arist\u00f3crata sin t\u00edtulo, rico sin dinero, ocupado siempre en no tener ocupaci\u00f3n fija \u2014\u201cH\u00e9rcules sin empleo\u201d, los llama Baudelaire\u2014, dotado de una elegancia peligrosamente lim\u00edtrofe de lo hortera, extranjero en su propio pa\u00eds, el dandi hace de su extravagancia est\u00e9tica el \u00edndice de una disidencia frente a la norma.<\/p>\n\n\n\n<p>El gusto inmoderado por el vestido y la soberan\u00eda del gesto no son, seg\u00fan Baudelaire, un fin en s\u00ed mismo, sino el modo a trav\u00e9s del que el dandi construye poco a poco su esp\u00edritu como la m\u00e1s artificial y bella de las catedrales. Superando las distinciones modernas entre alma y cuerpo, entre obra y artista, el dandi hace de sus zapatos el escenario port\u00e1til en el que instalar en todo momento un estridente teatro social. Aunque tradicionalmente se considera el dandismo como una pr\u00e1ctica masculina, lo que caracteriza al dandi no es la virilidad, sino, al contrario, el cuestionamiento de las convenciones sexuales y de g\u00e9nero.<\/p>\n\n\n\n<p>El dandi es demasiado afeminado para ser simplemente un hombre. Antes y mejor que nadie, el dandi entiende la funci\u00f3n teatral de la identidad y la fuerza del artificio para producir el g\u00e9nero. A trav\u00e9s del exceso performativo, el dandi revela la dimensi\u00f3n construida de toda forma de masculinidad. El dandi es, en definitiva, un hombre travestido de hombre. Solo que no utiliza el travestismo para cambiar de g\u00e9nero, sino para connotar una forma de disidencia respecto a la masculinidad burguesa dominante, abriendo camino a todas las que llegar\u00edan despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/1VAdyiU7gESQF3DzAvZeaRM7PEY=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/7MBCO6XNARDABEZA2RQXG6RKSM.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">DROGAS<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por Fidel Moreno<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Baudelaire asent\u00f3 la idea de que las ebriedades farmacol\u00f3gicas son&nbsp;<a href=\"https:\/\/librotea.elpais.com\/libros\/los-paraisos-artificiales-e1gdlphveg\/\">para\u00edsos artificiales<\/a>. Salvaba el vino, pero condenaba al opio y al hach\u00eds como placenteros desv\u00edos que acaban en el infierno. Ese po\u00e9tico sintagma se populariz\u00f3 sin las sugerentes contradicciones de la obra original y llega hasta hoy porque viene de muy atr\u00e1s, porque el placer siempre fue anatema de las religiones que prescriben el sufrimiento como lo m\u00e1s natural. As\u00ed los para\u00edsos artificiales, prohibidos primero por la moral y luego por la ley, encarnan en la cultura de masas el secular mito de la \u00adperdici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, nunca han faltado voces disidentes que recuerdan que la esencia humana es un artificio donde lo org\u00e1nico es moldeado sin descanso por la t\u00e9cnica, que necesitamos hackear el cerebro para ampliar la mente y que las sustancias modificadoras del \u00e1nimo y de la conciencia siempre han estado a nuestro lado, en la salud y en la enfermedad, haci\u00e9ndonos la vida m\u00e1s interesante, f\u00e1cil y gozosa. Las drogas \u2014y el poeta lo sab\u00eda por experiencia\u2014 no son para\u00edsos artificiales, sino herramientas que el ingenio humano ha sabido extraer de la naturaleza para poder vivir con alegr\u00eda. Eso s\u00ed, el mal uso hace que pierdan su gracia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/SgsUSV_F2tIAeBtx36-NaRkA4GQ=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/VIUBEEBV5NHS7OKBEWD4GUIFKQ.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">&#8216;FL\u00c2NEUR&#8217;<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por Mercedes Cebri\u00e1n<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<em>El pintor de la vida moderna<\/em>, Baudelaire bautiza como&nbsp;<em>fl\u00e2neurs<\/em>&nbsp;a aquellos paseantes que vagaban fascinados por las calles y los bulevares de las capitales europeas de su \u00e9poca. Como agentes activos de la \u00admodernidad, los&nbsp;<em>fl\u00e2neurs<\/em>&nbsp;gozaban perdi\u00e9ndose entre la multitud y aguzando los sentidos para, a modo de detectives, asimilar la ciudad al completo. Lamentablemente, no hab\u00eda&nbsp;<em>fl\u00e2neuses<\/em>&nbsp;en aquel momento: las mujeres que paseaban solas y sin rumbo fijo por la ciudad llevaban nombres menos l\u00fadicos como el de prostituta.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, en un momento en el que el aura de las ciudades est\u00e1 perdiendo puntos precipitadamente, muchos reivindican de nuevo la llamada&nbsp;<em>wanderlust<\/em>, ese t\u00e9rmino que define la pasi\u00f3n por caminar sin la moderna br\u00fajula que encarna el GPS y que dio t\u00edtulo al ensayo esencial de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2020-07-10\/rebecca-solnit-la-pandemia-es-anticapitalista-nos-ensena-otras-maneras-de-vivir.html\">Rebecca Solnit<\/a>&nbsp;sobre el tema. El mundo editorial se ha hecho eco de este furor renovado por el paseo en todas sus vertientes y ha rescatado t\u00edtulos como los de Jane Jacobs y Franz Hessel, entre otros muchos. Seguir recorriendo a pie las calles es un lujo que requiere tiempo libre, pero tambi\u00e9n es una responsabilidad, si no queremos que el Mago de Oz de lo digital nos arrebate nuestras ciudades con sus excusas y artima\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/jt9UCWXFPR6ipv6XDwKU4q0DMKc=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/3WUALTA225H3BPM673VVYPBPYE.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">INSTANTE<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por Marta Peirano<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<em>El Spleen de Par\u00eds<\/em>, el poeta cambia de habitaci\u00f3n sin moverse de sitio. La estancia fragante donde las pareces sue\u00f1an, la muselina llueve y las telas hablan en su lengua muda y deliciosa se transforma en un cuchitril mohoso de muebles necios, la morada del aburrimiento eterno, imperio de acreedores, concubinas y editores de actualidad. La vida implacable \u201cha reasumido su brutal dictadura. Y me azuza, como si fuese un buey\u201d. Baudelaire no quiere ser buey. Encuentra la eternidad en lo ef\u00edmero, en los ojos de los gatos, la niebla fina de la noche y los oscuros muslos de su amante, Jeanne Duval. Y con ayuda del l\u00e1udano, detiene los relojes. \u201c\u00bfQu\u00e9 le importa la condena eterna a quien ha encontrado, aunque solo sea un segundo, lo infinito del goce?\u201d. Esa entrega al instante luminoso, eterno y a la vez transitorio recibe un nombre nuevo:&nbsp;<em>modernit\u00e9<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy lo moderno es no tener tiempo; ni para salir de casa, ni para leer poemas. Ni para vagar por las calles o emborracharnos en los caf\u00e9s sin convertirlo en un anuncio de Instagram. Es sacrificar cada luminoso instante en el altar del entretenimiento eterno, un ej\u00e9rcito de bueyes atrapado en un simu\u00adlacro de realidad.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/-Wex8FQq8noSDqDbtfbpiRfpS84=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/YZG6UFOG5VCNLELP5JO2DITRQM.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">MALDITO<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por J. Benito Fern\u00e1ndez<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Baudelaire fue el primer maldito en la literatura, pues en el juicio suscitado por su obra magna, Las flores del mal, fue acusado de autor blasfemo, inmoral, depravado, hip\u00f3crita, abominable. Sentenciado, trataron de acabar con \u00e9l y fue expulsado de esa sociedad de atm\u00f3sfera cerrada, asfixiante. Le dieron por loco, quisieron condenarle al silencio. En definitiva, le maldijeron. Pero el poeta hizo del desprecio una obra de arte; para \u00e9l, su impopular altivez era signo de aristocracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Su fundacional malditismo tuvo seguidores, sin duda. No en vano, Verlaine, influido por el poema \u2018Bendici\u00f3n\u2019, public\u00f3&nbsp;<em>Los poetas malditos<\/em>. A\u00fan anatemizado, Baudelaire tuvo ascendiente entre otros sucesores malditos, como&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/arthur-rimbaud\/\">Arthur Rimbaud<\/a>. Igualmente los muy postreros, seducidos por el fracaso y los intentos de suicidio. Sin embargo, no hay que olvidar que Rimbaud quiso huir del malditismo; so\u00f1\u00f3 con millones de francos. En Espa\u00f1a, el poeta Antonio Mart\u00ednez Sarri\u00f3n, traductor de&nbsp;<em>Las flores del mal<\/em>, sol\u00eda decir a sus cong\u00e9neres: \u201cHay que ser absolutamente moderno\u201d. Los novelistas Juan Benet y Juan Garc\u00eda Hortelano, sus amigos, le bautizaron como El Moderno, dada su querencia por el&nbsp;<em>rock and roll<\/em>, pero ese es otro cantar. Es dif\u00edcil encontrar un sosias de Charles Baudelaire. Hoy su vacante sigue ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/qJffo7ryP9I_6L_nuL_xvh3RqpI=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/XJVRRXB56BFXDDSVW37FVZ4N5E.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">MULTITUD<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por M\u00e1riam M. Bascu\u00f1\u00e1n<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo habitar la muchedumbre si no se ha estado mano a mano con la soledad? \u00bfQu\u00e9 es una \u201cairada muchedumbre\u201d, se preguntaba Cernuda, sino la soledad misma? Olvidar el nombre de los hombres le permiti\u00f3 amarlos en muchedumbre. Y as\u00ed tambi\u00e9n lo sinti\u00f3 Walt Whitman, el yo que albergaba multitudes.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese espacio donde se fragua el amor y se dispone el canto contiene el poeta todas las multitudes. Soledad y multitud son equivalentes, y antes que nadie nos lo dijo Baudelaire. \u00c9l nos descubri\u00f3 que el mundo cabe en el coraz\u00f3n del ser humano, como un microcosmos, con todas las criaturas pand\u00e9micas y celestes, al decir de Gil de Biedma. Pero el coraz\u00f3n no puede entregarse a la multitud si no ha conocido la soledad. Solo as\u00ed albergar\u00e1 todos los yoes dentro del yo. Y tambi\u00e9n el t\u00fa, para estar solos juntos, como cantaba&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/leonard-cohen\/\">Leonard Cohen<\/a>:&nbsp;<em>Let\u2019s be alone together \/ Let\u2019s see if we are that strong<\/em>. Soledad y multitud son dos caras de una misma moneda. Hannah Arendt nos dijo que de esa comuni\u00f3n puede surgir el poder. Pero tambi\u00e9n de la uni\u00f3n de cuerpos distintos, haci\u00e9ndose presente a la luz de lo p\u00fablico, emerge otra forma de poder, esta vez con Judith Butler: el poder de la resistencia. Lo hemos aprendido con la pandemia: nuestros balcones fueron el anverso y reverso de aquella moneda de Baudelaire. Fue el momento en el que vivimos la soledad para amar la muchedumbre.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/UuzDlq6EuqwcHswrXupuuAkMFFE=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/QDZPPLNJDVAI7K3V56WF37GCEU.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">POETA<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por Javier Rodr\u00edguez Marcos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>In\u00fatil e independiente. As\u00ed era la poes\u00eda para Charles Baudelaire. Hasta su revelaci\u00f3n como, en palabras de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/thomas-stearns-eliot\/\">T. S. Eliot<\/a>, \u201cel ejemplo m\u00e1s grande de poeta moderno en cualquier idioma\u201d, los escritores serv\u00edan a Dios o a la aristocracia. Muerto el primero y decapitada la segunda, el nuevo mecenas es colectivo y tiene un hombre que horroriza a los esp\u00edritus exquisitos con ansias de inmortalidad: sociedad burguesa. \u00bfQu\u00e9 hacer, pues, en un mundo que ol\u00eda cada vez m\u00e1s a comercio? Decretar la autonom\u00eda de la literatura, cuya \u201cl\u00f3gica interna\u201d \u2014de temas y, sobre todo, de formas\u2014 ser\u00e1 desde entonces el \u00fanico elemento autorizado para juzgarla: ni la moral, ni la realidad; ni el yo siquiera. Ya no ser\u00e1 un medio para expresar algo, sino un fin en s\u00ed misma. \u201cLa poes\u00eda no dice, es\u201d: he aqu\u00ed el nuevo mantra.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto, la autoridad de la \u00e9poca no opinaba lo mismo y secuestr\u00f3&nbsp;<em>Las flores del mal<\/em>&nbsp;por atentar contra las buenas costumbres. La posteridad, sin embargo, sacraliz\u00f3 la teor\u00eda de la autosuficiencia. Las ideas de Baudelaire sobre el tiempo, el lenguaje y el poema en prosa \u2014nacido de \u201cla frecuentaci\u00f3n de ciudades enormes\u201d\u2014 fueron decisivas para las letras anglosajonas y para el modernismo hispano. Tambi\u00e9n para novelistas como Proust o fil\u00f3sofos como Sartre y Benjamin. Para este \u00faltimo, la suya fue \u201cla \u00faltima obra l\u00edrica con repercusi\u00f3n europea\u201d. Paul Val\u00e9ry lo dijo de este modo: \u201cSi bien entre nosotros hay poetas m\u00e1s grandes que Baudelaire, no los hay, en cambio, m\u00e1s importantes\u201d.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/D43o38YeGQnH4dxOm0NLEUSFv5g=\/140x140\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/ZD63YD6PJNBQXG4ARW5TMXAPMM.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">&#8216;SPLEEN&#8217;<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Por Olivia Mu\u00f1oz-Rojas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Desde la antig\u00fcedad, el bazo,&nbsp;<em>spleen<\/em>&nbsp;en ingl\u00e9s, se ha entendido en numerosas culturas como el \u00f3rgano cuyos humores provocan el estado melanc\u00f3lico, recibiendo as\u00ed la atenci\u00f3n de poetas y escritores, siempre sensibles a esta disposici\u00f3n del \u00e1nimo.&nbsp;<em>The Spleen<\/em>, de Anne Finch, u&nbsp;<em>Ode to Melancholy<\/em>, de Elizabeth Carter, anticipan el febril inter\u00e9s del Romanticismo por la melancol\u00eda como patolog\u00eda f\u00edsica y espiritual, propia de las clases altas. En el siglo XIX se piensa que el spleen afecta, especialmente, a las mujeres, extremadamente sensibles y, al mismo tiempo, constre\u00f1idas por el puritanismo imperante, situaci\u00f3n que las consume en un invariable \u201cdeseo, pero no puedo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Baudelaire hace del spleen el \u00e1nimo del urbanita moderno: es la ambivalencia del&nbsp;<em>fl\u00e2neur<\/em>&nbsp;que observa las masas con desd\u00e9n, mientras se siente irresistiblemente atra\u00eddo por ellas; del artista que sufre con las transformaciones de las grandes metr\u00f3polis, pero no se imagina viviendo en otro lugar. Esta decepci\u00f3n estructural con la modernidad, pero sin renunciar a su ideal, lleva a Walter Benjamin a leer a Baudelaire en clave pol\u00edtica. En la cultura popular, el&nbsp;<em>spleen<\/em>&nbsp;se asienta como sin\u00f3nimo de aburrimiento, depresi\u00f3n,&nbsp;<em>blues<\/em>\u2026 Como un estado mental que se extiende y agudiza en estos tiempos \u00adpand\u00e9micos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Puedes seguir a BABELIA en\u00a0<\/em><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/babeliaelpais\"><em>Facebook<\/em><\/a><em>\u00a0y\u00a0<\/em><a href=\"https:\/\/twitter.com\/babelia_elpais\"><em>Twitter<\/em><\/a><em>, o apuntarte aqu\u00ed para recibir\u00a0<\/em><a href=\"https:\/\/plus.elpais.com\/newsletters\/lnp\/1\/254\"><em>nuestra newsletter semanal<\/em><\/a><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/elpais.com\/babelia\/2021-03-27\/baudelaire-el-inventor-de-la-vida-moderna.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Maldito pero clarividente, el poeta se adelant\u00f3 a casi todo. 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