{"id":54286,"date":"2023-07-07T13:55:54","date_gmt":"2023-07-07T18:55:54","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=54286"},"modified":"2023-07-07T13:55:56","modified_gmt":"2023-07-07T18:55:56","slug":"machistas-pero-sutiles-el-debate-de-la-mujer-en-la-revista-de-occidente-la-lectura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/machistas-pero-sutiles-el-debate-de-la-mujer-en-la-revista-de-occidente-la-lectura\/","title":{"rendered":"Machistas, pero sutiles: el debate de la mujer en la Revista de Occidente | La Lectura"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background has-medium-font-size\">Hijo de su \u00e9poca, la modernidad del proyecto orteguiano se desdibujaba en la emancipaci\u00f3n femenina. Sin embargo, la revista incorpor\u00f3 a las principales intelectuales de su tiempo y marc\u00f3 la evoluci\u00f3n de la mujer en la cultura del siglo XX<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"990\" height=\"660\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/16886657740786.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-54287\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/16886657740786.jpg 990w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/16886657740786-300x200.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/16886657740786-768x512.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 990px) 100vw, 990px\" \/><figcaption>Ortega, Victoria Ocampo y Tota Atucha en Manzanares del Real (1925) <strong>Fundaci\u00f3n Ortega Mara\u00f1\u00f3n<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-medium-font-size\"><strong>PILAR G\u00d3MEZ \/ LA LECTURA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Verano de 1923. Una nueva publicaci\u00f3n se presenta en sociedad. Es la<em>&nbsp;Revista de Occidente<\/em>, la de&nbsp;<strong>Ortega y Gasset,<\/strong>&nbsp;y viene dispuesta a impulsar la&nbsp;<strong>modernidad&nbsp;<\/strong>desde sus p\u00e1ginas. En ese \u00abconocer por d\u00f3nde va el mundo\u00bb que se afirma entre los&nbsp;<em>Prop\u00f3sitos&nbsp;<\/em>del primer n\u00famero, la&nbsp;<strong>cuesti\u00f3n femenina<\/strong>&nbsp;era un tema inesquivable.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo parece casual\u00bb, se\u00f1ala<strong>&nbsp;Amalia Iglesias<\/strong>, poeta y coordinadora de creaci\u00f3n literaria de la revista en la actualidad, \u00abque Ortega dedique&nbsp;<strong>su primer ensayo en el primer n\u00famero a una mujer<\/strong>, la poeta francesa&nbsp;<strong>Anna de Noailles,<\/strong>&nbsp;aunque fuera para poner en el disparadero de la pol\u00e9mica la diferencia entre los sexos, un tema muy vigente en los a\u00f1os veinte al que pensadores como&nbsp;<strong>Georg Simmel&nbsp;<\/strong>dedicaron tantas p\u00e1ginas en su&nbsp;<em>Filosof\u00eda Femenina<\/em>, publicado por la revista, primero por entregas y m\u00e1s tarde como libro\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMuchos art\u00edculos abordaron directamente la cuesti\u00f3n femenina\u00bb, escribe&nbsp;<strong>Alba Mart\u00edn Santaella<\/strong>, autora de<em>&nbsp;Desde la otra orilla: mujeres en<\/em>&nbsp;la&nbsp;<em>Revista de Occidente<\/em>&nbsp;(1923-1936). \u00abY desde m\u00faltiples \u00e1mbitos del saber: filosof\u00eda (<strong>Ortega<\/strong>,&nbsp;<em>Oknos el soguero<\/em>), medicina (Mara\u00f1\u00f3n,<em>&nbsp;Sexo y trabajo<\/em>), sociolog\u00eda (<strong>Simmel<\/strong>,<em>&nbsp;Lo masculino y lo femenino: para una psicolog\u00eda de los sexos<\/em>) o literatura (Ortega,&nbsp;<em>La poes\u00eda de Anna de Noailles<\/em>). La posici\u00f3n de partida fue considerar a las mujeres como seres inferiores en lo que se refiere al \u00e1mbito del intelecto, pero muchos de esos discursos intentaron ser sutiles y se hicieron desde posturas &#8216;galantes&#8217; o &#8216;caballerosas&#8217;;&nbsp;<strong>se intent\u00f3 valorar la cultura femenina<\/strong>, pero siempre y cuando se mantuviera dentro de unos&nbsp;<strong>l\u00edmites muy<\/strong><strong>definidos&nbsp;<\/strong>(hogar, crianza, \u00e1mbito privado) y siempre y cuando las mujeres no intentaran equipararse a los hombres\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">MUJER Y PLANTA.<\/h2>\n\n\n\n<p>En aquel primer art\u00edculo sobre<strong>\u00a0Anna de Noailles<\/strong>, el propio\u00a0<strong>Ortega\u00a0<\/strong>escribi\u00f3: \u00abSi intentamos imaginar el alma de una planta, no podremos atribuirle ideas ni sentimientos: no habr\u00e1 en ella m\u00e1s que sensaciones, y aun estas, vagas, difusas, atmosf\u00e9ricas. La planta se sentir\u00e1 bien bajo un cielo benigno, bajo la blanda mano de un viento suave; se sentir\u00e1 mal bajo la borrasca, azotada por la nieve inverniza. La\u00a0<strong>voluptuosidad femenina\u00a0<\/strong>es acaso, de todas las humanas impresiones, la que m\u00e1s pr\u00f3xima nos parece a la existencia bot\u00e1nica\u00bb. Y m\u00e1s all\u00e1 se pregunta: \u00ab\u00bfHasta qu\u00e9 punto puede alojarse en la mujer la genialidad l\u00edrica?\u00bb. Y despu\u00e9s: \u00abEs vano oponerse a la ley esencial (&#8230;) que hace del var\u00f3n un ser substancialmente p\u00fablico y de la mujer un temperamento privado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En una reciente conferencia sobre el aniversario de la&nbsp;<em>Revista de Occidente<\/em>, la fil\u00f3loga&nbsp;<strong>Mar\u00eda Luisa Maillard<\/strong>, presidenta de la&nbsp;<strong>Asociaci\u00f3n Matritense de Mujeres Universitarias<\/strong>, explicaba que Ortega es heredero de una \u00ab<strong>tradici\u00f3n aristot\u00e9lica que entend\u00eda que el ser diferencial de la mujer era ajeno al esp\u00edritu<\/strong>, que ella estaba m\u00e1s pr\u00f3xima al cuerpo, mientras el esp\u00edritu, que era varonil fundamentalmente, pod\u00eda llegar a la trascendencia, a la&nbsp;<strong>universalidad<\/strong><strong>del pensamiento<\/strong>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">LA PARADOJA.<\/h2>\n\n\n\n<p>Obviamente, Ortega no era el \u00fanico en su tiempo; por una vez se sub\u00eda al carro de la opini\u00f3n mayoritaria y si la Revista iba a traer modernidad, la excepci\u00f3n iba a ser la consideraci\u00f3n de las mujeres. La paradoja iba ser, entonces, encontrar all\u00ed a las intelectuales de su tiempo, como<strong>&nbsp;Mar\u00eda Zambrano, Maruja Mallo, Margarita Nelken, Victoria Ocampo, Virginia Woolf o Norah Borges,<\/strong>&nbsp;expresando sus puntos de vista, enriqueciendo el&nbsp;<strong>debate&nbsp;<\/strong>con sus contempor\u00e1neos o, en el caso de<strong>&nbsp;Rosa Chacel<\/strong>, en el ensayo&nbsp;<em>Esquema de los problemas pr\u00e1cticos y actuales del amor,<\/em>&nbsp;enfrent\u00e1ndose a ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSi algo ha caracterizado desde siempre a la revista fue la presencia de las&nbsp;<strong>mujeres<\/strong>&nbsp;y la libertad de expresi\u00f3n\u00bb, responde Amalia Iglesias. Destaca \u00abla complicidad con la gran&nbsp;<strong>humanista&nbsp;<\/strong>y&nbsp;<strong>pedagoga Mar\u00eda de Maeztu<\/strong>, que aport\u00f3 para la fundaci\u00f3n de la revista la misma cantidad que sus compa\u00f1eros (1.000 pesetas) y contribuy\u00f3 a su difusi\u00f3n en Estados Unidos. Resulta significativo que&nbsp;<em>Revista de Occidente<\/em>, en el coraz\u00f3n de la Fundaci\u00f3n Jos\u00e9 Ortega y Gasset-Gregorio Mara\u00f1\u00f3n, est\u00e9 ubicada en la que fuera la antigua Residencia de Se\u00f1oritas, que&nbsp;<strong>Mar\u00eda de Maeztu&nbsp;<\/strong>dirigi\u00f3 entre&nbsp;<strong>1915&nbsp;<\/strong>y&nbsp;<strong>1936<\/strong>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2023\/07\/06\/16886657735223.jpg\" alt=\"'Estampa' (1927) de Maruja Mallo\"\/><figcaption>&#8216;Estampa&#8217; (1927) de Maruja Mallo<strong>Galer\u00eda Guillermo de Osma<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>\u00bfEs posible que, en tiempos en los que no se hablaba de cuota, Ortega estuviera inventando algo as\u00ed como la&nbsp;<strong>discriminaci\u00f3n inversa<\/strong>? Seg\u00fan Mart\u00edn Santaella, \u00ablas mujeres a las que se les permiti\u00f3 la entrada eran muy privilegiadas, cercanas a la \u00f3rbita de Ortega (<strong>Chacel, Zambrano, Ocampo<\/strong>) en lo intelectual y en lo personal.&nbsp;<strong>Fueron la excepci\u00f3n a una norma excluyente<\/strong>, quiz\u00e1s para que&nbsp;<em>Revista&nbsp;<\/em>no perdiera ese tinte de modernidad tan importante para Ortega\u00bb. Pero tambi\u00e9n hubo excepciones entre los hombres: \u00ab<strong>Moreno Villa o Francisco Ayala&nbsp;<\/strong>presentaron en su narrativa mujeres que se atrev\u00edan a alterar el orden patriarcal. Tambi\u00e9n en el ensayo,&nbsp;<strong>textos de Bertrand Russell o Rodr\u00edguez Lafora<\/strong>&nbsp;sostuvieron posturas m\u00e1s modernas e igualitarias\u00bb, contin\u00faa&nbsp;<strong>Mart\u00edn Santaella<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Menci\u00f3n especial merece Maruja Mallo, que sin ser del c\u00edrculo de Ortega, entr\u00f3 por la puerta grande en la<em>&nbsp;Revista de Occidente<\/em>. Lleg\u00f3, despleg\u00f3 su obra y triunf\u00f3: la revista, que nunca realiz\u00f3 una exposici\u00f3n, lo hizo para&nbsp;<strong>Maruja Mallo&nbsp;<\/strong>en 1928 en su sede de la Gran V\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><\/h2>\n\n\n\n<p>Cercanas a Ortega en lo intelectual y lo personal, Chacel, Zambrano u Ocampo fueron la excepci\u00f3n a una norma excluyente<\/p>\n\n\n\n<p>La primera etapa de<strong>&nbsp;la revista dur\u00f3 hasta la Guerra Civil y su modernidad<\/strong>, seg\u00fan Mart\u00edn Santaella,&nbsp;<strong>qued\u00f3 en entredicho<\/strong>: \u00abMantuvo un esp\u00edritu de vanguardia y aperturismo, pero en esa idea regeneracionista de Ortega del porvenir nacional, el papel de las mujeres deb\u00eda seguir siendo el de sost\u00e9n de la familia tradicional, y, por supuesto, apartadas de inquietudes creativas o intelectuales\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">REFERENTES.<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00bfSe pudo haber hecho m\u00e1s o mejor en esa primera etapa en favor de la&nbsp;<strong>emancipaci\u00f3n de las mujeres<\/strong>? \u00abNo se puede juzgar desde par\u00e1metros actuales ideas de hace un siglo,&nbsp;<strong>apegadas a su contexto<\/strong>\u00ab, replica Iglesias. \u00ab<em>La Revista de Occidente<\/em>&nbsp;contribuy\u00f3 decisivamente a poner&nbsp;<strong>los cimientos de las grandes conquistas de la emancipaci\u00f3n y la igualdad<\/strong>&nbsp;que se han producido en estos cien a\u00f1os. Sin duda habr\u00eda errores, pero algo debieron de hacer muy bien porque las mujeres que tuvieron contacto con la revista son hoy&nbsp;<strong>referentes&nbsp;<\/strong>indiscutibles de nuestra cultura\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<strong>Guerra Civil&nbsp;<\/strong>interrumpi\u00f3 el curso de la publicaci\u00f3n. La segunda etapa de la revista ya no tuvo a Ortega como protagonista, sino a su hijo,&nbsp;<strong>Jos\u00e9 Ortega Spottorno<\/strong>. \u00abEn la&nbsp;<strong>Transici\u00f3n<\/strong>, la revista volvi\u00f3 a dar visibilidad a las&nbsp;<strong>nuevas generaciones<\/strong>\u00ab, explica Amalia Iglesias, \u00aby, por supuesto, a las mujeres: escritoras, pensadoras, artistas y cr\u00edticas como&nbsp;<strong>Aurora de Albornoz<\/strong>,&nbsp;<strong>Julia Escobar<\/strong>,&nbsp;<strong>Soledad Pu\u00e9rtolas<\/strong>,&nbsp;<strong>Victoria Camps<\/strong>,&nbsp;<strong>Amelia Valc\u00e1rcel<\/strong>,&nbsp;<strong>Anna Caball\u00e9<\/strong>,&nbsp;<strong>Lourdes Ortiz<\/strong>,&nbsp;<strong>Clara Jan\u00e9s<\/strong>,<strong>&nbsp;Carolyn Richmond, Ioana Zlotescu&#8230;,<\/strong>&nbsp;incorporando hasta la actualidad a especialistas de todos los \u00e1mbitos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia de las mujeres y la&nbsp;<em>Revista de Occidente<\/em>&nbsp;ten\u00eda reservado un giro de guion cuando Soledad Ortega Spottorno se puso al frente de la publicaci\u00f3n en 1980. \u00ab<strong>Ella supo recoger el legado anterior y dar una continuidad a sus valores fundacionales<\/strong>, al tiempo que se adaptaba para responder a los nuevos tiempos. En plena Transici\u00f3n volvi\u00f3 a hacer de<em>&nbsp;Revista de Occidente&nbsp;<\/em>un referente vivo de nuestra cultura\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-cyan-bluish-gray-background-color has-background\">Soledad Ortega Spottorno dirigi\u00f3 la revista en plena Transici\u00f3n y la adapt\u00f3 para responder a los nuevos tiempos<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2023\/07\/07\/64a703d021efa0d7648b45ba.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2023\/07\/07\/64a703d021efa0d7648b45ba.html<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hijo de su \u00e9poca, la modernidad del proyecto orteguiano se desdibujaba en la emancipaci\u00f3n femenina. 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