{"id":43222,"date":"2022-12-17T08:27:58","date_gmt":"2022-12-17T14:27:58","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=43222"},"modified":"2022-12-17T08:28:00","modified_gmt":"2022-12-17T14:28:00","slug":"la-tatuada-chen-y-demas-ciberesclavos-de-las-vegas-de-indochina-cronica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/la-tatuada-chen-y-demas-ciberesclavos-de-las-vegas-de-indochina-cronica\/","title":{"rendered":"La tatuada Chen y dem\u00e1s ciberesclavos de Las Vegas de Indochina | Cr\u00f3nica"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background has-medium-font-size\">La historia de Chen, con su tatuaje de \u00abMi mundo s\u00f3lo soy yo\u00bb, narrada a &#8216;Cr\u00f3nica&#8217; por un empresario chino que dirige una organizaci\u00f3n en Camboya que rescata a las v\u00edctimas de las mafias llevadas con enga\u00f1o como trabajadoras a Sihanoukville, con mayor densidad de casinos que el famoso barrio del juego de Las Vegas<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"990\" height=\"660\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/16711101770507.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-43223\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/16711101770507.jpg 990w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/16711101770507-300x200.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/16711101770507-768x512.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 990px) 100vw, 990px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-medium-font-size\">LUCAS DE LA CAL \/ Shangh\u00e1i \/ CRONICA<\/p>\n\n\n\n<p>Chen Gui Qong pas\u00f3 dos a\u00f1os encerrada en una habitaci\u00f3n con&nbsp;<strong>tres ordenadores y cinco m\u00f3viles<\/strong>. Su \u00fanico contacto en ese tiempo con el mundo exterior fue una peque\u00f1a ventana, sellada con barrotes, que daba a un estrecho callej\u00f3n donde se trapicheaba con pastillas de metanfetamina. El cuarto era muy oscuro, apenas entraba el sol un par de horas por la ma\u00f1ana.<strong>&nbsp;El retrete estaba en una esquina,<\/strong>&nbsp;al lado de una esterilla en el suelo, donde dorm\u00eda. Al otro lado de la puerta, siempre cerrada, cinco hombres se turnaban para vigilar que Chen no intentara escapar. Ellos le llevaban comida a diario, normalmente un cuenco de arroz con algo de pollo y verduras, un paquete de tabaco a la semana y, de vez en cuando, si los captores estaban contentos con su trabajo, la premiaban con un poco de t\u00e9 y&nbsp;<strong>un paquete de galletas de chocolate.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Chen, mujer menuda de cuna de campesinos del sur de China, de entre 35 y 40 a\u00f1os, se levantaba todos los d\u00edas al amanecer. Lo primero que hac\u00eda era encender uno de los ordenadores y&nbsp;<strong>bucear por las p\u00e1ginas chinas<\/strong>&nbsp;donde las administraciones locales publican listas de morosos. Buscaba perfiles de personas de zonas rurales que tuvieran grandes deudas con bancos o con prestamistas, gente que necesitara dinero urgente o una salida r\u00e1pida del pa\u00eds. Tras localizar a sus objetivos, bien por redes sociales o por tel\u00e9fono, extend\u00eda una oferta de trabajo: teleoperador en una agencia de viajes que organizaba&nbsp;<strong>tours para ciudadanos chinos por los casinos de Sihanoukville<\/strong>, una ciudad costera al sur de Camboya que en la \u00faltima d\u00e9cada ha pasado de ser un para\u00edso para mochileros occidentales por sus aguas cristalinas y arena blanca, a uno de los centros del juego en el sudeste asi\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>La agencia de tours que vend\u00eda Chen no exist\u00eda. Sus captores le hab\u00edan obligado a&nbsp;<strong>convertirse, a la fuerza, en una estafadora<\/strong>. La mujer lleg\u00f3 a principios de 2020 a Sihanoukville seducida por una supuesta promotora inmobiliaria china que la ofreci\u00f3 alojamiento y trabajo. Pero nada m\u00e1s llegar se dio cuenta de que hab\u00eda ca\u00eddo en una red de tr\u00e1fico de personas. Varios hombres la encerraron en un apartamento con una docena m\u00e1s de chinos, taiwaneses y vietnamitas que tambi\u00e9n estaban retenidos. La amenazaron con hacerle da\u00f1o a su familia si intentaba escapar. Le quitaron el pasaporte y le prometieron que se lo devolver\u00edan y la dejar\u00edan libre cuando pagara la deuda que hab\u00eda contra\u00eddo con ellos por el coste del viaje. Para ello ten\u00eda que pasarse&nbsp;<strong>12 horas al d\u00eda realizando estafas telef\u00f3nicas&nbsp;<\/strong>a compatriotas con inversiones ficticias en oro o criptomonedas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2022\/12\/15\/16711101758758.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Fueron pasando los meses de principios de pandemia y la deuda de Chen no paraba de subir. Sus captores le dec\u00edan que los gastos de su alojamiento y manutenci\u00f3n estaban aumentando y que ella no los estaba cubriendo con su trabajo. Un d\u00eda, la separaron del grupo y la llevaron a otra casa. Encerrada&nbsp;<strong>en la habitaci\u00f3n oscura con vistas al callej\u00f3<\/strong>n de la metanfetamina, su cometido por las ma\u00f1anas era buscar v\u00edctimas con la falsa oferta de trabajo de la agencia de viajes. Por las tardes continuaba con las estafas telef\u00f3nicas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">LAS MAFIAS CHINAS<\/h2>\n\n\n\n<p>Chen era una ciberesclava que reclutaba nuevos ciberesclavos. As\u00ed se ha bautizado a este nuevo a este nuevo&nbsp;<em>modus operandi<\/em>&nbsp;de esclavitud moderna, dirigida sobre todo por mafias chinas que han fijado su centro de operaciones en Sihanoukville. La historia de Chen la cuenta a&nbsp;<em>Cr\u00f3nica<\/em>&nbsp;un empresario chino que dirige una organizaci\u00f3n local en Camboya que&nbsp;<strong>rescata a las v\u00edctimas de las mafias<\/strong>. Prefiere que su nombre no se haga p\u00fablico por miedo a represalias.<\/p>\n\n\n\n<p>En los \u00faltimos tres a\u00f1os, con las fronteras chinas cerradas por las restricciones de la pandemia y con&nbsp;<strong>precios de vuelos prohibitivos para mucho<\/strong>s trabajadores migrantes chinos, el empresario ha abierto en Camboya varios pisos de acogida para las v\u00edctimas. En uno de ellos se encuentra ahora Chen. A principios de oto\u00f1o, la polic\u00eda hizo una redada en la casa donde estaba la mujer y detuvo a sus cinco captores. En las fotograf\u00edas que difundieron las autoridades locales, acompa\u00f1ando al comunicado sobre el operativo, se ven las marcas en el cuerpo de Chen de&nbsp;<strong>las palizas que le daban durante su cautiverio.&nbsp;<\/strong>Ella cont\u00f3 que tambi\u00e9n la torturaron con descargas el\u00e9ctricas. En una de las instant\u00e1neas se aprecia el tatuaje con una frase en ingl\u00e9s que tiene la mujer en la espalda, rodeada de los moratones de los golpes: \u00ab<em>My world is only me<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2022\/12\/15\/16711101726630.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Varias palizas tambi\u00e9n se llev\u00f3 en Sihanoukville otro joven chino de apellido Li. En unos v\u00eddeos a los que tuvo acceso el peri\u00f3dico japon\u00e9s<em>&nbsp;Nikkei Asia<\/em>, sale un hombre lanz\u00e1ndole pu\u00f1etazos en la cara y&nbsp;<strong>rodillazos en el est\u00f3mago ante la impasividad del chico<\/strong>, incapaz de defenderse porque tiene las manos esposadas. \u00abPap\u00e1, estoy en Camboya, no estoy en China\u00bb, dice Li entre l\u00e1grimas, con la voz quebrada y la sangre brotando de su nariz, cuando su atacante le ordena que mire a la c\u00e1mara. \u00abTe lo ruego, env\u00eda dinero para que me liberen\u00bb. Li, era un ciberesclavo. Adem\u00e1s de realizar estafas telef\u00f3nicas, pas\u00f3 un a\u00f1o trabajando a la fuerza en una web de juegos de azar en l\u00ednea y apuestas<em>&nbsp;online<\/em>, tambi\u00e9n dirigida por la red que lo hab\u00eda llevado hasta all\u00ed con una falsa oferta de empleo en un casino<strong>&nbsp;en el viejo pueblo tur\u00edstico de pescadores<\/strong>&nbsp;que se hab\u00eda convertido en Las Vegas de Indochina.<\/p>\n\n\n\n<p>Sihanoukville era el hogar de poco m\u00e1s de 70.000 personas y capital de una provincia con el mismo nombre donde viv\u00edan 150.000, hasta que comenz\u00f3 a abrir sus puertas en 2013 a una avalancha de capital chino atra\u00eddo por<strong>&nbsp;el boom inmobiliario y el potencial de su industri<\/strong>a del juego. Miles de edificios altos se comenzaron a levantar en una tierra entonces est\u00e9ril. M\u00e1s de 300.000 chinos se mudaron a una regi\u00f3n que, de 2014 a 2019, pas\u00f3 de tener medio centenar de casinos a m\u00e1s de 150<strong>, todos ellos propiedad de ciudadanos del gigante asi\u00e1tico,<\/strong>&nbsp;al igual que el 90% de los hoteles, restaurantes y empresas de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>La densidad de casinos en Sihanoukville lleg\u00f3 a ser mayor que la de The Strip, el famoso barrio del juego de Las Vegas, aunque sin tanto glamour, lujo ni luces de ne\u00f3n. Gran parte del dinero que impuls\u00f3 esa construcci\u00f3n desenfrenada ven\u00eda del negocio de los juegos en l\u00ednea. Las leyes laxas en Camboya motivaron a muchos jugadores e&nbsp;<strong>inversores de un pa\u00eds donde los casinos est\u00e1n prohibidos,&nbsp;<\/strong>a excepci\u00f3n de la ex colonia portuguesa de Macao. Pero tambi\u00e9n atrajeron al crimen organizado.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e00-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2022\/12\/15\/16711101790821.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Cuando las mafias chinas se instalaron en Sihanoukville, comenz\u00f3 a saltar continuamente noticias sobre tiroteos, asesinatos, secuestros, tr\u00e1fico de drogas y lavado de dinero. El desarrollo que hab\u00eda tra\u00eddo el juego vino acompa\u00f1ado por una ola de delincuencia que el gobierno local trat\u00f3 de cortar de ra\u00edz&nbsp;<strong>prohibiendo hace dos a\u00f1os los juegos de azar en l\u00ednea.<\/strong>&nbsp;Eso provoc\u00f3 una sacudida para la econom\u00eda de Sihanoukville. Muchos empresarios chinos volvieron a su pa\u00eds y varios proyectos de construcci\u00f3n de viviendas se detuvieron, dejando un paisaje urbano<strong>&nbsp;lleno de terrenos con gr\u00faas en desuso y edificios inacabados.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Algunos casinos cerraron, pero en su lugar, sobre todo tras las restricciones de movimiento por la pandemia, comenzaron a proliferar m\u00e1s empresas de estafas cibern\u00e9ticas que&nbsp;<strong>se registraban como \u00abcompa\u00f1\u00edas de inversi\u00f3n en Internet<\/strong>\u00bb. \u00abDecenas de miles de personas de pa\u00edses de todo Asia y de lugares tan lejanos como Ucrania est\u00e1n retenidas contra su voluntad en Camboya y obligadas a realizar estafas cibern\u00e9ticas\u00bb, reza un informe reciente publicado por Iniciativa Global, una red internacional de investigadores<strong>&nbsp;centrada en el crimen organizado internacional.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSi le ofrecen un trabajo en l\u00ednea bien remunerado en Camboya en una aplicaci\u00f3n como WeChat, QQ, WhatsApp o Telegram, y nunca ha o\u00eddo hablar de la empresa que lo ofrece, entonces hay una buena posibilidad de que se trate de una estafa muy peligrosa. El patr\u00f3n habitual es que a las v\u00edctimas&nbsp;<strong>se les dice cuando llegan que han acumulado grandes deuda<\/strong>s en costes de reubicaci\u00f3n y que deben trabajar para pagarlas\u00bb, contin\u00faa el informe.<\/p>\n\n\n\n<p>El pasado septiembre, un barco con 40 chinos se hundi\u00f3 cuando sal\u00eda de las costas de Sihanoukville, frente al Golfo de Tailandia. Tres se ahogaron. Hubo ocho desaparecidos. Los supervivientes&nbsp;<strong>relataron que trataban de escapar de la ciudad.<\/strong>&nbsp;\u00abMe ofrecieron entre 10.000 y 20.000 yuanes (entre 1.300 y 2.700 euros) por unos 10 d\u00edas de trabajo como pescador. Cuando llegu\u00e9, me quitaron todas mis pertenencias y mi documentaci\u00f3n, y me llevaron<strong>&nbsp;a una casa llena de ordenadores y tel\u00e9fonos<\/strong>\u00bb, relataba un hombre llamado Zhu Pingfan. Durante los \u00faltimos a\u00f1os, pa\u00edses como Vietnam y Tailandia han enviado a Sihanoukville a polic\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unas semanas, la polic\u00eda camboyana realiz\u00f3 una mega operaci\u00f3n contra las estafas, con varias redadas que acabaron con un centenar de sospechosos detenidos. Se confiscaron 8.000 tel\u00e9fonos, 804 ordenadores y ocho&nbsp;<strong>pistolas t\u00e1ser con las que electrocutaban a ciberesclavos<\/strong>&nbsp;como Chen, la china menuda del tatuaje en la espalda que pas\u00f3 dos a\u00f1os encerrada en una habitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/www.elmundo.es\/cronica\/2022\/12\/16\/63937973fc6c83357b8b4595.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La historia de Chen, con su tatuaje de \u00abMi mundo s\u00f3lo soy yo\u00bb, narrada a &#8216;Cr\u00f3nica&#8217; por un empresario chino 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