{"id":41979,"date":"2022-11-27T07:58:55","date_gmt":"2022-11-27T13:58:55","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=41979"},"modified":"2022-11-27T07:58:57","modified_gmt":"2022-11-27T13:58:57","slug":"adelanto-de-lo-que-la-primavera-hace-con-los-cerezos-el-nuevo-libro-de-marta-robles-sobre-las-relaciones-de-amor-y-desamor-de-los-creadores-la-razon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/adelanto-de-lo-que-la-primavera-hace-con-los-cerezos-el-nuevo-libro-de-marta-robles-sobre-las-relaciones-de-amor-y-desamor-de-los-creadores-la-razon\/","title":{"rendered":"Adelanto de \u201cLo que la primavera hace con los cerezos\u201d, el nuevo libro de Marta Robles, sobre las relaciones de amor y desamor de los creadores | La Raz\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"has-pale-cyan-blue-background-color has-background has-medium-font-size wp-block-heading\">Marta Robles se adentra en su nuevo libro en las relaciones amorosas de creadores tan dispares como Joyce y Quevedo o Neruda y Marilyn Monroe. Adelantamos un extracto del cap\u00edtulo dedicado a Frida Khalo y Diego Rivera<\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-style-default\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"600\" height=\"400\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/AIAZ5IUH6BCJDGUL2ARQA4W72M.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-41980\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/AIAZ5IUH6BCJDGUL2ARQA4W72M.jpg 600w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/AIAZ5IUH6BCJDGUL2ARQA4W72M-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><figcaption><strong>Frida Kahlo y Diego Rivera posan para un retrato en esta imagen de 1940<\/strong>\u00a0FOTO:\u00a0NICKOLAS MURAY\u00a0AP<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-medium-font-size\">MARTA ROBLES \/ LA RAZ\u00d3N<\/p>\n\n\n\n<p>Diego Rivera ya era el Elefante. Y ella la Paloma. Pero ni su aspecto, ni su panza, ni la diferencia de edad (veinti\u00fan a\u00f1os), que conjugados dan origen a sus respectivos apodos, restan atractivo al hombre a los ojos de la ni\u00f1a que, a\u00f1os m\u00e1s tarde, se pondr\u00e1 en contacto con \u00e9l a trav\u00e9s de Julio Antonio Mella y Tina Modotti, dos comunistas, \u00e9l cubano exilado en M\u00e9xico y ella italiana, fot\u00f3grafa y activista revolucionaria del Partido Comunista de M\u00e9xico. Les une la pintura, pero tambi\u00e9n la ideolog\u00eda, que facilita que Diego vea los cuadros que Frida le lleva mientras contin\u00faa con sus murales. Entre ellos, aquella primera pintura que le regal\u00f3 en su d\u00eda a su novio y que le fue devuelta, que es la que m\u00e1s valora y alaba el consagrado Rivera.<\/p>\n\n\n\n<p>Diego est\u00e1 de regreso de su viaje por el mundo, donde ha ido combinando el aprendizaje del arte con las pasiones amorosas. Antes de encontrarse con Frida, ya se ha casado en Par\u00eds con la tambi\u00e9n pintora Angelina Petrovna Belova, con la que tiene un hijo que fallece al a\u00f1o, y ha tenido otra relaci\u00f3n con otra pintora, Marevna Vorobev-Stebeslka, con quien tiene una hija. Y luego, al volver a M\u00e9xico para hacer ese mural en la Escuela Nacional Preparatoria, donde Frida posa por primera vez sus ojos en \u00e9l, ha contra\u00eddo matrimonio de nuevo con Guadalupe Mar\u00edn, con quien tiene dos hijas. No parece el mejor escenario para una nueva relaci\u00f3n, pero en el ideario de Diego Rivera los compromisos est\u00e1n para romperlos, y eso hace \u00e9l, para poder casarse una vez m\u00e1s, en esa ocasi\u00f3n con esa joven artista que tambi\u00e9n lo ama y que no es otra que Frida. Un enlace que no acepta sin rencor la \u00faltima esposa abandonada, Lupe Mar\u00edn. El mismo d\u00eda en que se celebran los esponsales de Diego y Frida en la terraza de Tina Modotti (amante ocasional de Rivera y amiga para siempre de Kahlo), engalanada para la ocasi\u00f3n con coloridos adornos y repleta de comida t\u00edpica, la exmujer despechada del pintor, furiosa sobre todo porque su exmarido no le pasa la pensi\u00f3n de sus hijas, levanta la falda de Frida durante la fiesta y deja a la vista de todos sus piernas delgad\u00edsimas (una m\u00e1s que la otra), para burlarse del cambio de Rivera. \u00abMiren esos dos palitos. Por ese par de piernas me ha cambiado Diego\u00bb, dice Guadalupe con rencor. Rivera, borracho, dispara al aire y su recient\u00edsima esposa, al intentar detenerlo, acaba derribada sobre el suelo. Tan sonado comienzo no es m\u00e1s escandaloso de lo que ser\u00e1 toda su relaci\u00f3n posterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Al a\u00f1o del enlace, Frida se queda en estado. Parece que una de sus ilusiones va a cumplirse por fin. Est\u00e1 con el hombre que ama y admira y va a darle un hijo\u2026 Su sue\u00f1o, sin embargo, se trunca muy al principio del embarazo. Su cuerpo roto y recompuesto no admite una gestaci\u00f3n ni permite que el beb\u00e9 se forme. La soluci\u00f3n es un aborto terap\u00e9utico que hunde a Frida en un des\u00e1nimo que se agranda con el pron\u00f3stico, casi probado, de que no podr\u00e1 tener hijos jam\u00e1s. De entonces es una de sus m\u00e1s reconocidas obras: Aborto en Detroit. [&#8230;]<\/p>\n\n\n\n<p>[&#8230;]Cuando al fin regresan a M\u00e9xico se instalan en dos casas unidas por un puente en el barrio de San \u00c1ngel que Rivera encarga construir al arquitecto Juan O\u2019Gorman, tal vez para facilitar la doble vida de \u00e9l, con o sin la aceptaci\u00f3n de ella, que, pese a lo tantas veces contado, jam\u00e1s muestra sumisi\u00f3n ni a su marido ni a la vida. En medio de esa autonom\u00eda y codependencia representada por las casas conectadas, ella vuelve a concebir un tercer hijo que tampoco llega a nacer. Su cuerpo no vale para la maternidad. Su cuerpo es un escollo para vivir que se va deshaciendo poco a poco. No as\u00ed su talento.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando unos meses m\u00e1s tarde tienen que amputarle unos dedos del pie derecho, Frida, quebrada hasta el infinito, sabiendo que jam\u00e1s tendr\u00e1 ya ese hijo que tanto desea y consciente de su estado f\u00edsico, se concentra en la pintura en cuerpo y alma. Mientras, su Diego, su Elefante amado, va midiendo el talento de las artistas con las que se cruza \u00absiempre en relaci\u00f3n con la temperatura de sus bajos\u00bb, a decir de Frida, y se dedica a compartir su propio \u00abcalor\u00bb con ellas. Su esposa acaba conoci\u00e9ndolas a todas sin remedio. Le incomodan m\u00e1s que herirla, por la conciencia de las limitaciones de su propio cuerpo y por pensar que ellas le ofrecen a su marido lo que ella no puede darle. Lo soporta todo hasta que llega la traici\u00f3n terrible e inesperada compartida por su esposo y su hermana Cristina. Su c\u00f3mplice desde ni\u00f1a, su amiga, su confidente, es la misma que le pide a Diego que la contrate como secretaria y modelo y que acaba convirti\u00e9ndose en su nueva amante. Ese dolor intenso e inesperado rompe en mil pedazos el atormentado coraz\u00f3n de la artista.<\/p>\n\n\n\n<p>Frida se va. Y pinta. Como siempre que siente ese dolor que es parte de su vida. Pinta y asesina en su cuadro Unos cuantos piquetitos, en el que una mujer se desangra sobre el lecho tras recibir las pu\u00f1aladas de su pareja. Es la traducci\u00f3n de una noticia aparecida en el diario. O tal vez el ansia de matar a la traidora. O al traidor. O a ambos. O al dolor de la traici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie imagina lo que esas dos almas creadoras se necesitan, pese a todo, y c\u00f3mo les es imposible no volver a juntarse, aunque con la marca de la afrenta en el coraz\u00f3n de ella. Y entonces vuelven a ser pareja. Pero ya no como antes. Ya no es la pobre Frida aguantando los deslices del gran Diego, sino ella tambi\u00e9n amando a destajo a hombres y mujeres. Georgia O\u2019Keeffe, Jos\u00e9phine Baker, Dolores del R\u00edo, artistas, cantantes, actrices\u2026 Rivera no siente desagrado al pensar en las relaciones de su mujer con otras. Ni siquiera inquieta al pintor el arrebatado amor (nunca sabremos si f\u00edsico o plat\u00f3nico) que comparte m\u00e1s adelante con Chavela Vargas, cuya magnitud se revela en sus apasionadas cartas de ida y vuelta. La cantante destruye las de la pintora, pero algunas de las que Frida env\u00eda al escritor Carlos Pellicer tras conocer a Chavela no dejan lugar a la duda: \u00abHoy conoc\u00ed a Chavela Vargas. Extraordinaria, lesbiana, es m\u00e1s, se me antoj\u00f3 er\u00f3ticamente. No s\u00e9 si ella sinti\u00f3 lo que yo. Pero creo que es una mujer lo bastante liberal, que, si me lo pide, no dudar\u00eda un segundo en desnudarme ante ella. \u00bfCu\u00e1ntas veces no se te antoja un acost\u00f3n y ya? Ella, repito, es er\u00f3tica. \u00bfAcaso es un regalo que el cielo me env\u00eda?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni este discurso de Frida ni el de \u00abvivo para Diego y para ti. Nada m\u00e1s\u00bb que le escribe a Chavela Vargas, quien se va a vivir a la Casa Azul con ella y con Diego durante un tiempo, supone motivo de zozobra para el pintor. Pero cuando descubre a su mujer junto al escultor Isamu Noguchi, la cosa cambia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Separaos \u2014dice Diego, apuntando con una pistola al escultor al encontrarlo en la cama con su esposa\u2014. Ahora. Si no quer\u00e9is que le vuele la cabeza. Tal vez os la vuele a los dos. Frida no cambia el gesto. La vida y la muerte le son igual de familiares. Siempre ha vivido en el filo de la navaja y no le preocupa dejar este mundo cuando le toque.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Baja el arma, Diego. Es un poco tarde para orgullos heridos. Pero el escultor no duda en levantarse, desnudo, y tampoco en correr hacia su ropa sin dejar de mirar a Diego Rivera, por si acaso se le escapa un disparo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya me voy, Diego, ya me voy.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed concluye la fiesta y ese romance de meses que Frida cambia, al poco, por el que sostiene con el fot\u00f3grafo residente en Nueva York Nickolas Murray (su querido Nick). \u00abTe quiero tanto, Nick, tanto te necesito que me duele el coraz\u00f3n\u00bb, le escribe en sus cartas. Un idilio que se extiende, con muchas interrupciones, durante un largo periodo, casi hasta el inicio de uno de sus amores m\u00e1s sonados y relevantes para Frida, aunque no obtenga correspondencia: el que siente por Le\u00f3n Trotsky.<\/p>\n\n\n\n<p>El revolucionario ruso llega a M\u00e9xico en 1937, acompa\u00f1ado por su esposa Natalia Sedova y huyendo del l\u00edder ruso I\u00f3sif Stalin, que ha dado \u00f3rdenes precisas de asesinarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>La familia de Frida lo acoge de inmediato, y entre Le\u00f3n y Frida comienza una intensa relaci\u00f3n marcada por la admiraci\u00f3n pol\u00edtica, que ella quiere ampliar hasta el romance. Es Natalia Sedova quien lo evita, dando un ultim\u00e1tum a su marido, que decide mantener a Frida a cierta distancia, aunque tanto ella como su marido, trotskistas declarados, formen parte de su clan m\u00e1s cercano.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a su conexi\u00f3n en el alma, el arte y la pol\u00edtica, Frida y Diego siguen si\u00e9ndose mutuamente infieles de forma continuada. Despu\u00e9s de muchas mujeres y hombres an\u00f3nimos que pasan por las camas de ambos, Frida inicia una sonada aventura con el m\u00e9dico Heinz Berggruen, en Nueva York, que el galeno reconoce que carece de todo compromiso, puesto que ella le ha dejado muy claro el v\u00ednculo que existe con su esposo. Mientras, Diego se enreda con otras dos sucesivas amantes: primero con Irene Bohus y despu\u00e9s con la actriz norteamericana Paulette Goddard. No parecen romances distintos a tantos otros disfrutados por el pintor, pero, sin que conozca el motivo, el Elefante le pide el divorcio a la Paloma y no tarda en hacerse efectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Frida, como respuesta a la separaci\u00f3n, hace lo que acostumbra: alejarse y pintar. Y deprimirse y beber. Se refugia en la casa familiar de Coyoac\u00e1n, pero como el recuerdo de su infancia no es suficiente para mitigar sus penas, prueba a hacerlo con el co\u00f1ac. \u00abQuise ahogar mis penas en licor \u2014dice a sus amigos\u2014 pero las condenadas aprendieron a nadar\u00bb. Bebe y pinta. Pinta y bebe. Y se siente sola. Y triste. Y sufre. Ni contigo ni sin ti. No puede estar con Diego, pero estar sin \u00e9l es la mayor de las torturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Entretanto, Trotsky, ya no tan pr\u00f3ximo pol\u00edticamente a la pareja separada y lejos de la Casa Azul de los padres de Frida, es asesinado por Ram\u00f3n Mercader. Un partidario de Stalin, pero m\u00e1s a\u00fan un obediente hijo de su madre, Caridad (del R\u00edo) Mercader, que lo adiestra para vivir una vida falsa con el \u00fanico objetivo de realizar el encargo del l\u00edder comunista al que ella venera: asesinar a Trotsky.<\/p>\n\n\n\n<p>El crimen resulta tan inesperado que Frida Kahlo, por cercan\u00eda, por ese amor que no prosper\u00f3 o por las circunstancias de un M\u00e9xico sorprendido por la muerte del revolucionario ruso, es arrestada como posible c\u00f3mplice del asesino, aunque, por suerte y por falta de pruebas, es liberada poco despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras el incidente, la salud de Frida empeora y ha de regresar a San Francisco para visitar a su siempre querido amigo el doctor Eloesser; pero al hacerlo y acercarse tambi\u00e9n a saludar a su exesposo, que convive con dos mujeres, se desata tal pasi\u00f3n entre los exc\u00f3nyuges, que \u00e9l le pide volver a casarse. Frida acepta, pero imponiendo nuevas reglas: compartir\u00e1n vida, gastos y amor por el arte, pero\u2026 jam\u00e1s volver\u00e1n a tener ning\u00fan contacto sexual.<\/p>\n\n\n\n<p>Sorprendentemente, Diego Rivera consiente y ambos se entregan a las reglas de ese nuevo matrimonio y dejan el sexo fuera de \u00e9l. A cambio, las relaciones extraconyugales se multiplican. Entre los infinitos nombres cabe destacar el de Rina Lazo por el lado de \u00e9l o el de Josep Bartol\u00ed por el de ella, aparte de otras muchas relaciones diferentes en las que, en el caso de Diego, sobresale un nombre, el de Mar\u00eda F\u00e9lix. Se enamora con tal intensidad y devoci\u00f3n de la actriz que hasta procura que la propia Frida sienta ese mismo amor y que su relaci\u00f3n se convierta en un tri\u00e1ngulo amoroso. La actriz comparte con ambos largas temporadas en la Casa Azul; pero se desconoce si realmente el tr\u00edo llega a consumarse.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e9xito y reconocimiento de Frida crecen al ritmo de sus pasiones carnales, amores y desamores, y de todo ese enredo de sentimientos compartidos o no con su esposo, pero su salud sigue siendo su infierno en la tierra. No le importa luchar por demostrar que ella no es una pintora surrealista, por m\u00e1s que Andr\u00e9 Breton lo afirme, porque ella sabe desde ni\u00f1a que la pintura es la expresi\u00f3n de sus dolores m\u00e1s reales, de sus propias tragedias, que acaban retratadas en sus lienzos. Los intentos por conseguir mejorar sus males f\u00edsicos a trav\u00e9s del trasplante de un hueso y por evitarle los dolores son infructuosos. Tanto que, cuando por fin consigue una exposici\u00f3n individual en la Galer\u00eda de Arte Contempor\u00e1neo de Lola \u00c1lvarez Bravo, han de poner una cama de hospital en medio de la exhibici\u00f3n a la que llega en ambulancia, casi drogada por tantos medicamentos para tratar de aliviar su tormento interminable. Poco despu\u00e9s de aquel d\u00eda feliz en el que el padecimiento no evita que cante corridos, que beba sin parar y que celebre la ocasi\u00f3n vestida de mexicana, tienen que amputarle la pierna derecha. Le fabrican entonces sus famosas botas rojas, pero apenas si puede caminar. Y menos cuando empeora su salud y ella, tozuda, pretende seguir siendo independiente y tiene diversos peque\u00f1os accidentes, como el de clavarse una aguja en un gl\u00fateo al caerse de la cama. Su salud est\u00e1 tan minada y su organismo ofrece tan pocas defensas a cualquier cosa, que contrae una neumon\u00eda y resulta mortal.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mejor de su historia es que vive intensamente. Vive hasta la extenuaci\u00f3n, pese al tormento constante que supone la vida para ella. Ni siquiera el dolor puede evitar que la disfrute apasionadamente, dentro y fuera de las s\u00e1banas. Tampoco que su talento quede firmado en tantos lienzos que recogen su propia vida y su propio dolor. Su realidad. Todo cuanto le acontece. Lo \u00faltimo que escribe: \u00abEspero alegre mi salida y espero no volver jam\u00e1s\u00bb. Cualquiera en su caso hubiese querido partir antes para no regresar jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY Diego? La ama siempre, sin duda. Pese al sufrimiento que le provoca a lo largo de esa relaci\u00f3n (inspiradora en el amor y en el dolor), est\u00e1n hechos el uno para el otro. Pero \u00bfes necesario que la someta a tanto padecimiento a\u00f1adido al que le acarrea su fr\u00e1gil estado f\u00edsico? A la muerte de Frida el pintor tambi\u00e9n afirma: hombre es producto de la atm\u00f3sfera social en la que crece y yo soy quien soy. No tuve nunca moral alguna y viv\u00ed solo para el placer, doquiera que lo encontrara (\u2026). Si amaba a una mujer, mientras m\u00e1s la amaba, m\u00e1s deseaba lastimarla, Frida solo fue la v\u00edctima m\u00e1s obvia de esta desagradable v\u00edctima de mi personalidad\u00bb .<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no llega a entender Diego, quien tras la muerte de Frida se vuelve a casar por \u00faltima vez con Emma Hurtado, es que Frida jam\u00e1s fue v\u00edctima ni de \u00e9l ni de nadie. O tal vez de la propia vida, a la que le ech\u00f3 un pulso. Sin duda, pese a los tormentos, gan\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/www.larazon.es\/cultura\/literatura\/libros\/20221127\/vspeczt7wzdorg4q2mbidr45ye.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marta Robles se adentra en su nuevo libro en las relaciones amorosas de creadores tan dispares como Joyce y Quevedo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":41980,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[5519,14010,4223,14011,14009],"class_list":["post-41979","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticias","tag-diego-rivera","tag-frida-khalo","tag-libros","tag-mexico-historia","tag-tina-modotti"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41979","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41979"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41979\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":41981,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41979\/revisions\/41981"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/41980"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41979"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41979"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41979"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}