{"id":41580,"date":"2022-11-22T06:30:00","date_gmt":"2022-11-22T12:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=41580"},"modified":"2022-11-22T05:52:24","modified_gmt":"2022-11-22T11:52:24","slug":"antiguas-anecdotas-del-uso-del-telefono","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/antiguas-anecdotas-del-uso-del-telefono\/","title":{"rendered":"Antiguas an\u00e9cdotas del uso del tel\u00e9fono"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\">*Pocos recuerdan la vieja frase de: Bueno \u00bfcon qui\u00e9n hablo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-background-color has-background\"><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"631\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/LOS-VIEJOS-TELE\u0301FONOS-1024x631.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-41581\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/LOS-VIEJOS-TELE\u0301FONOS-1024x631.jpeg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/LOS-VIEJOS-TELE\u0301FONOS-300x185.jpeg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/LOS-VIEJOS-TELE\u0301FONOS-768x474.jpeg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/LOS-VIEJOS-TELE\u0301FONOS.jpeg 1080w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color\" style=\"font-size:26px\"><strong><em>Por Ra\u00fal Torres Salmer\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En pocos a\u00f1os la vida ha cambiado. La tecnolog\u00eda nos invade y lo nuevo tiene gran peso entre la gente. \u00bfY la juventud? Ni se diga. Seguramente no recuerda aquellos viejos aparatos telef\u00f3nicos de cable, siempre de color negro y luego en color beige o azul claro.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ya ni hablar de aquellos tel\u00e9fonos a los que hab\u00eda que darles cuerda. Ya nada de eso lo recuerdan los j\u00f3venes y menos a\u00fan en la \u00e9poca actual de los m\u00f3viles o los celulares.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo anterior viene a cuento por haber rele\u00eddo aquel famoso libro del escritor guanajuatense Jorge Ibarg\u00fcengoitia (1928-1983), titulado Instrucciones Para Vivir en M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorge, escritor y periodista, era considerado uno de los m\u00e1s agudos e ir\u00f3nicos de la literatura hispanoamericana y un cr\u00edtico mordaz de la realidad social y pol\u00edtica de M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>En el libro se concentra una selecci\u00f3n de los art\u00edculos que Jorge Ibarg\u00fcengoitia escribi\u00f3 para el peri\u00f3dico Exc\u00e9lsior de 1969 a 1976. Este material explora el aspecto sentimental e ir\u00f3nico, en palabras de Guillermo Sheridan, de la vida en un pa\u00eds como M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, su escrito llamado \u00bfCon qui\u00e9n hablo? Aventuras Telef\u00f3nicas, publicado en el diario Exc\u00e9lsior el 15 de mayo de 1970. Ojal\u00e1 lo disfrute el lector.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde hace seis meses soy el orgulloso poseedor de un tel\u00e9fono. Sin embargo, no vaya a pensarse que considero que esta circunstancia es una bendici\u00f3n completa, porque tiene sus bemoles.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar hay que advertir que en los treinta a\u00f1os que pas\u00e9 sin tel\u00e9fono el arte de hablar por el mismo, es decir, lo que podr\u00eda llamarse modales telef\u00f3nicos, se ha deteriorado de una manera espeluznante. Estamos en plena anarqu\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En mi ni\u00f1ez hab\u00eda una f\u00f3rmula para empezar una conversaci\u00f3n, aceptada y puesta en pr\u00e1ctica por todos los usuarios, tanto del sistema Ericsson, como del Mexicana, que consist\u00eda en tres pasos fundamentales: 1) \u00bfBueno? 2) \u00bfCon qui\u00e9n hablo? 3) La casa del se\u00f1or Fulano de tal. Dados estos tres pasos, el di\u00e1logo que ven\u00eda a continuaci\u00f3n era ad libitum. Todo dentro de una gran cortes\u00eda. Pod\u00eda uno decir, por ejemplo:<\/p>\n\n\n\n<p>-Tenga usted la bondad de decirle al joven Zutano que se ponga al aparato.<\/p>\n\n\n\n<p>Es mala construcci\u00f3n, pero se entiende y nadie queda ni ofendido ni confuso. Ahora todo ha cambiado. Llegaron muchos extranjeros e importaron nuevas f\u00f3rmulas, las amas de casa cambian de criada con tanta frecuencia que no les da tiempo de ense\u00f1arles a contestar, la elevaci\u00f3n de los niveles vida ha puesto el tel\u00e9fono al alcance de las clases populares, las cuales, a pesar de haber progresado en lo econ\u00f3mico no han mejorado en su instrucci\u00f3n, por lo que, vez de marcar el 525-48-06, marcan el 543-22-37, etc\u00e9tera. Pero lo esencial es que la gente tiene menos tiempo disponible, peor humor y m\u00e1s desconfianza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 cosa m\u00e1s cortante, por ejemplo, que la f\u00f3rmula \u00e9sta de descolgar el tel\u00e9fono y ordenar: \u00bfDiga?? \u00bfC\u00f3mo diga? \u00bfDiga qu\u00e9 cosa, si no s\u00e9 a d\u00f3nde estoy hablando? Y si pregunto a d\u00f3nde estoy hablando me contestan 548-38-32, lo cual es una estupidez, porque \u00e9se es precisamente el n\u00famero que estoy marcando. Lo que quiero saber es si el n\u00famero que marqu\u00e9 corresponde al del tel\u00e9fono del lugar a donde quiero hablar. Tengo la impresi\u00f3n de que el que contesta diga, en vez de bueno, tiene la intenci\u00f3n de desconcertar al interlocutor y el que dice su n\u00famero de tel\u00e9fono en vez de su nombre tiene la intenci\u00f3n de ocultar su identidad. Pero esto no es nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya que me dijeron que diga y me dieron el n\u00famero que marqu\u00e9, me preguntan:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfCon qui\u00e9n desea usted hablar?<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfC\u00f3mo que con qui\u00e9n deseo hablar? Este es un interrogatorio de comisar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Depende de a d\u00f3nde estoy hablando. Si estoy hablando a un lugar a donde no quiero hablar, no quiero hablar con nadie. Por otra parte, si el receptor est\u00e1 tratando de ocultar su identidad, como lo demuestra el hecho de que me d\u00e9 el n\u00famero de tel\u00e9fono en vez de decirme su nombre, \u00bfpor qu\u00e9 me pregunta con qui\u00e9n quiero hablar? \u00bfPor Qu\u00e9 cree que yo le voy a hacer una confidencia?<\/p>\n\n\n\n<p>Otro obst\u00e1culo para la comunicaci\u00f3n telef\u00f3nica es el ni\u00f1o sociable, quien apenas suena el tel\u00e9fono corre a contestar.<\/p>\n\n\n\n<p>-H\u00e1blale a tu pap\u00e1, ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQui\u00e9n eres? \u2014pregunta el ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay quien aconseja que lo mejor en estos casos es contestar: \u00a1Soy Dios! y colgar inmediatamente, antes de que nos caiga un rayo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero adem\u00e1s de la multitud de tarados que andan queriendo hablar por tel\u00e9fono sin saber de n\u00fameros, de los tel\u00e9fonos reacios que se niegan a interpretar las se\u00f1ales que les da el disco, de los que contestan el tel\u00e9fono queriendo conservar el inc\u00f3gnito, de las sirvientas que no saben c\u00f3mo se llama la patrona y de los ni\u00f1os sociables, est\u00e1 la Compa\u00f1\u00eda de Tel\u00e9fonos, que tiene la costumbre de cambiar, de vez en cuando, los n\u00fameros de ciertos tel\u00e9fonos.<\/p>\n\n\n\n<p>El que me dieron a m\u00ed, al instalarme el aparato, es el que antiguamente correspond\u00eda al tel\u00e9fono de una familia de catorce personas que adem\u00e1s tiene en la casa un taller en donde trabajan seis operarios. La se\u00f1orita Esquivel, su hermano y el maestro Jurado tambi\u00e9n recib\u00edan llamadas en ese tel\u00e9fono. Lo mismo ocurr\u00eda con una se\u00f1ora llamada Conchita la del 5 y con otra tal Leonor que vive a la vuelta. Por si fuera poco, una se\u00f1ora que puso en venta un terreno en la colonia Juan Escutia tuvo la ocurrencia de escribir el n\u00famero de mi tel\u00e9fono en la barda del solar.<\/p>\n\n\n\n<p>Como durante la primera semana de tener tel\u00e9fono recib\u00ed ciento cuarenta y cinco llamadas equivocadas, averig\u00fc\u00e9 el nuevo n\u00famero del de la familia de catorce personas, y cada vez que alguien llama a mi casa queriendo en realidad hablar con alguno de los veinticinco afectados yo contesto:<\/p>\n\n\n\n<p>-Les cambiaron el n\u00famero de tel\u00e9fono, llame al\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Lo malo es que el que est\u00e1 del otro lado de la l\u00ednea apunta este n\u00famero en un papelito y despu\u00e9s lo pierde. As\u00ed que ahora soy el se\u00f1or que da el nuevo n\u00famero de tel\u00e9fono. Cada vez que alguien quiere hablar con alguno de esos veinticinco, me llama a m\u00ed primero.<\/p>\n\n\n\n<p>En fin, como escribi\u00f3 Alfonsina Storni (Argentina, 1892-1938), en su poema Voy a Dormir:<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00e9jame sola: oyes romper los brotes&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Te acuna un pie celeste desde arriba<\/p>\n\n\n\n<p>y un p\u00e1jaro te traza unos compases<\/p>\n\n\n\n<p>para que olvides&#8230; Gracias. Ah, un encargo:<\/p>\n\n\n\n<p>si \u00e9l llama nuevamente por tel\u00e9fono<\/p>\n\n\n\n<p>le dices que no insista, que he salido&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>raultorress@hotmail.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>*Pocos recuerdan la vieja frase de: Bueno \u00bfcon qui\u00e9n hablo? 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