{"id":2601,"date":"2020-12-21T09:43:04","date_gmt":"2020-12-21T15:43:04","guid":{"rendered":"http:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=2601"},"modified":"2020-12-21T09:43:04","modified_gmt":"2020-12-21T15:43:04","slug":"discurso-del-papa-francisco-a-la-curia-romana-para-las-felicitaciones-navidenas-aci","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/discurso-del-papa-francisco-a-la-curia-romana-para-las-felicitaciones-navidenas-aci\/","title":{"rendered":"Discurso del Papa Francisco a la Curia Romana para las felicitaciones navide\u00f1as | ACI"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-medium-font-size\">ACI PRENSA<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa Francisco se reuni\u00f3 este 21 de diciembre con los cardenales y los superiores de la Curia Romana para el tradicional encuentro de felicitaciones navide\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>En su largo discurso pronunciado en el aula de las Bendiciones del Vaticano, el Santo Padre destac\u00f3 la importancia de la humildad, la vida de oraci\u00f3n, el evitar el chismorreo y la atenci\u00f3n a los pobres.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, el Pont\u00edfice reflexion\u00f3 sobre el significado de la crisis al recorrer algunos personajes de la Biblia hasta llegar a Jes\u00fas y a la Iglesia y agradeci\u00f3 el trabajo de quienes dan testimonio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAqu\u00ed en la Curia hay muchos que dan testimonio con su trabajo humilde, discreto, silencioso, leal, profesional y honesto. Nuestra \u00e9poca tambi\u00e9n tiene sus problemas, pero tambi\u00e9n tiene el testimonio vivo del hecho de que el Se\u00f1or no ha abandonado a su pueblo, con la \u00fanica diferencia de que los problemas aparecen inmediatamente en los peri\u00f3dicos, en cambio los signos de esperanza son noticia s\u00f3lo despu\u00e9s de mucho tiempo, y no siempre\u201d, dijo el Papa.<\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, el texto preparado por el Papa Francisco:<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos y hermanas:<\/p>\n\n\n\n<p>La Navidad es el misterio del nacimiento de Jes\u00fas de Nazaret que nos recuerda que \u00ablos hombres,&nbsp;<em>aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar<\/em>\u00bb,[1] como observa de modo tan brillante e incisivo Hanna Arendt, la fil\u00f3sofa hebrea que desmonta el pensamiento de su maestro Heidegger, seg\u00fan el cual el hombre nace para ser arrojado a la muerte. Sobre las ruinas de los totalitarismos del siglo veinte, Arendt reconoce esta verdad luminosa: \u00abEl milagro que salva al mundo, a la esfera de los asuntos humanos, de su ruina normal y \u201cnatural\u201d es en \u00faltimo t\u00e9rmino el hecho de la natalidad. [\u2026] Esta fe y esperanza en el mundo encontr\u00f3 tal vez su m\u00e1s gloriosa y sucinta expresi\u00f3n en las pocas palabras que en los evangelios anuncian la&nbsp;<em>gran alegr\u00eda<\/em>: \u201cLes ha nacido hoy un Salvador\u201d\u00bb.[2]<\/p>\n\n\n\n<p>Ante el Misterio de la Encarnaci\u00f3n, junto al Ni\u00f1o acostado en un pesebre (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>2,16), as\u00ed como frente al Misterio Pascual, en presencia del hombre crucificado, encontramos el lugar adecuado s\u00f3lo si somos inermes, humildes, esenciales; s\u00f3lo despu\u00e9s de haber puesto en pr\u00e1ctica en el ambiente en el que vivimos \u2014incluyendo la Curia Romana\u2014 el programa de vida sugerido por san Pablo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDesaparezca de ustedes toda amargura, ira, enojo, insulto, injurias y cualquier tipo de maldad. Sean bondadosos unos con otros, sean compasivos y perd\u00f3nense mutuamente, as\u00ed como Dios los perdon\u00f3 en Cristo\u00bb (<em>Ef&nbsp;<\/em>4,31-32); s\u00f3lo \u201crevestidos de humildad\u201d (cf.&nbsp;<em>1 P&nbsp;<\/em>5,5), imitando a Jes\u00fas \u00abmanso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>11, 29); s\u00f3lo despu\u00e9s de habernos colocado \u00aben el \u00faltimo puesto\u00bb (<em>Lc&nbsp;<\/em>14,10) y habernos hecho \u201csiervos de todos\u201d (cf.&nbsp;<em>Mc&nbsp;<\/em>10,44). A este prop\u00f3sito, san Ignacio en sus Ejercicios llega hasta el punto de pedir que nos imaginemos estar en la escena del nacimiento, \u00abhaci\u00e9ndome yo<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014escribe\u2014 un pobrecito y esclavito indigno, mir\u00e1ndolos, contempl\u00e1ndolos y sirvi\u00e9ndolos en sus necesidades\u00bb (114).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Esta Navidad es la Navidad de la pandemia<\/strong>, de la crisis sanitaria, socioecon\u00f3mica e incluso eclesial que ha lacerado cruelmente al mundo entero. La crisis ha dejado de ser un lugar com\u00fan del discurso y del&nbsp;<em>establishment&nbsp;<\/em>intelectual para transformarse en una realidad compartida por todos. Este flagelo ha sido una prueba importante y, al mismo tiempo, una gran oportunidad para convertirnos y recuperar la autenticidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el pasado 27 de marzo, en la Plaza de San Pedro, ante la plaza vac\u00eda pero llena de una pertenencia com\u00fan que nos une con cada rinc\u00f3n de la tierra, quise rezar por todos y con todos; tuve la oportunidad de decir en voz alta el significado posible de la \u201ctempestad\u201d (cf.&nbsp;<em>Mc&nbsp;<\/em>4,35-41) que hab\u00eda golpeado al mundo: \u00abLa tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que hab\u00edamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra c\u00f3mo hab\u00edamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutri\u00f3 el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas \u201csalvadoras\u201d, incapaces de apelar a nuestras ra\u00edces y evocar la memoria de nuestros ancianos, priv\u00e1ndonos as\u00ed de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.&nbsp;<strong>Con la tempestad, se cay\u00f3 el maquillaje de esos estereotipos con los que disfraz\u00e1bamos nuestros egos<\/strong>&nbsp;siempre pretenciosos de querer aparentar; y dej\u00f3 al descubierto, una vez m\u00e1s, esa (bendita) pertenencia com\u00fan de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La Providencia quiso que en este tiempo dif\u00edcil haya podido escribir&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.aciprensa.com\/pdf\/enciclica-fratelli-tutti.pdf\"><em>Fratelli tutti<\/em>,<\/a>&nbsp;la Enc\u00edclica dedicada al tema de la fraternidad y de la amistad social. Y una gran lecci\u00f3n nos llega de los Evangelios de la infancia, donde se narra el nacimiento de Jes\u00fas, es la de una nueva complicidad y uni\u00f3n que se crea entre los protagonistas: Mar\u00eda, Jos\u00e9, los pastores, los magos y todos aquellos que, de un modo u otro, ofrecieron su fraternidad, su amistad para que el Verbo que se hizo carne fuera acogido en las tinieblas de la historia (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>1,14). Esto escrib\u00ed al principio de esta Enc\u00edclica: \u00abAnhelo que en esta \u00e9poca que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Entre todos: \u201cHe ah\u00ed un hermoso secreto para so\u00f1ar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. [\u2026] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. \u00a1Qu\u00e9 importante es so\u00f1ar juntos! [\u2026] Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sue\u00f1os se construyen juntos\u201d.[3] So\u00f1emos como una \u00fanica humanidad, como caminantes hechos de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos\u00bb (n. 8).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La crisis de la pandemia es una buena oportunidad para hacer una breve reflexi\u00f3n sobre el&nbsp;<em>significado de la crisis<\/em><\/strong>, que puede ayudar a todos.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis es un fen\u00f3meno que afecta a todo y a todos. Est\u00e1 presente en todas partes y en todos los per\u00edodos de la historia, abarca las ideolog\u00edas, la pol\u00edtica, la econom\u00eda, la tecnolog\u00eda, la ecolog\u00eda, la religi\u00f3n. Es una etapa obligatoria en la historia personal y social. Se manifiesta como un acontecimiento extraordinario, que siempre causa una sensaci\u00f3n de inquietud, ansiedad, desequilibrio e incertidumbre en las decisiones que se deben tomar. Como recuerda la ra\u00edz etimol\u00f3gica del verbo&nbsp;<em>krino<\/em>: la crisis es esa criba que limpia el grano de trigo despu\u00e9s de la cosecha.<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso la Biblia est\u00e1 llena de personas que han sido \u201ctamizadas\u201d, de \u201cpersonajes en crisis\u201d que, sin embargo, a trav\u00e9s de estas cumplen la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis de&nbsp;<strong><em>Abrah\u00e1<\/em><\/strong><em>n<\/em>, que abandon\u00f3 su tierra (cf.&nbsp;<em>Gn&nbsp;<\/em>12,1-2) y tuvo que vivir la gran prueba de tener que sacrificar su \u00fanico hijo Isaac a Dios (cf.&nbsp;<em>Gn&nbsp;<\/em>22,1-19), se resolvi\u00f3 desde el punto de vista teol\u00f3gico con el nacimiento de un nuevo pueblo. Pero este nacimiento no evit\u00f3 que Abrah\u00e1n viviera un drama en el que la confusi\u00f3n y el desconcierto no prevalecieran s\u00f3lo gracias a la fuerza de su fe.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis de&nbsp;<strong><em>Mois\u00e9s<\/em><\/strong>&nbsp;se manifest\u00f3 en la desconfianza de s\u00ed mismo: \u00ab\u00bfQui\u00e9n soy yo para ir al fara\u00f3n y sacar a los israelitas de Egipto?\u00bb (<em>Ex&nbsp;<\/em>3,11); \u00abyo nunca he sido un hombre con facilidad de palabra, [\u2026] pues soy torpe de boca y de lengua\u00bb (<em>Ex&nbsp;<\/em>4,10); \u00abno s\u00e9 hablar\u00bb (<em>Ex&nbsp;<\/em>6,12.30). Por eso trat\u00f3 de escapar de la misi\u00f3n que Dios le hab\u00eda confiado: \u201cSe\u00f1or, env\u00eda a otros\u201d (cf.&nbsp;<em>Ex&nbsp;<\/em>4,13). Pero a trav\u00e9s de esa crisis, Dios hizo a Mois\u00e9s su siervo, que guio al pueblo fuera de Egipto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>El\u00edas<\/em><\/strong><strong>,<\/strong>&nbsp;el profeta tan fuerte que era comparado con el fuego (cf.&nbsp;<em>Sir&nbsp;<\/em>48,1), en un momento de gran crisis incluso anhel\u00f3 la muerte, pero luego experiment\u00f3 la presencia de Dios no en el viento impetuoso, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en \u201cel susurro de una brisa suave\u201d (cf.&nbsp;<em>1 R&nbsp;<\/em>19,11- 12). La voz de Dios nunca est\u00e1 en el&nbsp;<em>ruido&nbsp;<\/em>de la crisis, sino en la voz&nbsp;<em>silenciosa&nbsp;<\/em>que nos habla&nbsp;<em>dentro&nbsp;<\/em>de la misma crisis.<\/p>\n\n\n\n<p>A&nbsp;<strong><em>Juan el Bautista<\/em><\/strong>&nbsp;le asalt\u00f3 la duda sobre la identidad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>11,2-6), porque no se presentaba como el libertador que tal vez esperaba (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>3,11-12); sin embargo, fue precisamente el encarcelamiento de Juan el evento que llev\u00f3 a Jes\u00fas a comenzar la predicaci\u00f3n del Evangelio de Dios (cf.&nbsp;<em>Mc&nbsp;<\/em>1,14).<\/p>\n\n\n\n<p>Y finalmente, la crisis religiosa de&nbsp;<strong><em>Pablo de Tarso<\/em><\/strong>: sacudido por el deslumbrante encuentro con Cristo en el camino de Damasco (cf.&nbsp;<em>Hch&nbsp;<\/em>9,1-19;&nbsp;<em>Ga&nbsp;<\/em>1,15-16), se vio obligado a dejar sus seguridades para seguir a Jes\u00fas (cf.&nbsp;<em>Flp&nbsp;<\/em>3,4-10). San Pablo fue en efecto un hombre que se dej\u00f3 transformar por la crisis y, por esta raz\u00f3n, fue el art\u00edfice de aquella crisis que llev\u00f3 a la Iglesia fuera del recinto de Israel para llegar a los confines de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos ampliar la lista de personajes b\u00edblicos, y en ella cada uno de nosotros podr\u00eda encontrar su lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la crisis m\u00e1s elocuente fue la de&nbsp;<strong><em>Jes\u00fas<\/em><\/strong>. Los Evangelios sin\u00f3pticos enfatizan que \u00c9l inaugur\u00f3 su vida p\u00fablica a trav\u00e9s de la experiencia de la crisis vivida en las tentaciones. Aunque pareciera que el protagonista de esa situaci\u00f3n fuera el diablo con sus falsas propuestas, en realidad el verdadero protagonista era el Esp\u00edritu Santo. De hecho, \u00c9l era quien conduc\u00eda a Jes\u00fas en ese momento decisivo de su vida: \u00abEnseguida, el Esp\u00edritu llev\u00f3 a Jes\u00fas al desierto para ser puesto a prueba por el Diablo\u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>4,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Los evangelistas subrayan que los cuarenta d\u00edas que Jes\u00fas pas\u00f3 en el desierto estuvieron marcados por la experiencia del hambre y de la debilidad (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>4,2;&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>4,2). Y es precisamente en el trasfondo de esa hambre y debilidad donde el Maligno intent\u00f3 jugar su mejor carta, aprovech\u00e1ndose de la humanidad cansada de Jes\u00fas. Pero, en ese hombre probado por el ayuno, el Tentador experiment\u00f3 la presencia del Hijo de Dios que supo c\u00f3mo vencer la tentaci\u00f3n a trav\u00e9s de la Palabra de Dios.&nbsp;<strong>Jes\u00fas nunca dialog\u00f3 con el diablo: o lo expulsaba, o lo obligaba a manifestar su nombre. Con el diablo nunca se dialoga<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s tarde, Jes\u00fas se enfrent\u00f3 a una crisis indescriptible en Getseman\u00ed: soledad, miedo, angustia, la traici\u00f3n de Judas y el abandono de los Ap\u00f3stoles (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>26,36-50). Por \u00faltimo, lleg\u00f3 la crisis extrema en la Cruz: la solidaridad con los pecadores hasta el punto de sentirse abandonado por<\/p>\n\n\n\n<p>el Padre (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>27,46). A pesar de ello, \u00c9l, con confianza total, \u201centreg\u00f3 su esp\u00edritu en las manos del Padre\u201d (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>23,46). Y su abandono pleno y confiado abri\u00f3 el camino a la Resurrecci\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Hb&nbsp;<\/em>5,7).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta reflexi\u00f3n sobre la crisis nos pone en guardia ante el&nbsp;<strong>peligro de juzgar precipitadamente a la Iglesia por las crisis&nbsp;<\/strong>que causaron los esc\u00e1ndalos de ayer y de hoy, como lo hizo el profeta El\u00edas que, al desahogarse con el Se\u00f1or, le present\u00f3 una narraci\u00f3n desesperanzadora de la realidad: \u00ab\u00a1Me consumo de celo por el Se\u00f1or, Dios del universo, porque los israelitas han abandonado tu Alianza, han derribado tus altares y han matado a tus profetas por la espada: he quedado yo solo y buscan tambi\u00e9n quitarme la vida!\u00bb (<em>1 R&nbsp;<\/em>19,14). Con qu\u00e9 frecuencia incluso nuestros an\u00e1lisis eclesiales parecen historias sin esperanza. Una lectura desesperada de la realidad no se puede llamar realista. La esperanza da a nuestros an\u00e1lisis lo que nuestra mirada miope es tan a menudo incapaz de percibir. Dios responde a El\u00edas que la realidad no es como la percibi\u00f3: \u00abRegresa por tu camino hacia el desierto de Damasco. [\u2026] He dejado en Israel siete mil personas, todas las rodillas que no se doblaron ante Baal y todas las bocas que no lo besaron\u00bb (<em>1 R&nbsp;<\/em>19,15.18). No es verdad que est\u00e1 solo. Dios sigue haciendo germinar las semillas de su Reino entre nosotros.&nbsp;<strong>Aqu\u00ed en la Curia hay muchos que dan testimonio con su trabajo humilde, discreto, silencioso, leal, profesional y honesto.<\/strong>&nbsp;Nuestra \u00e9poca tambi\u00e9n tiene sus problemas, pero tambi\u00e9n tiene el testimonio vivo del hecho de que el Se\u00f1or no ha abandonado a su pueblo, con la \u00fanica diferencia de que los problemas aparecen inmediatamente en los peri\u00f3dicos, en cambio los signos de esperanza son noticia s\u00f3lo despu\u00e9s de mucho tiempo, y no siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienes no miran la crisis a la luz del Evangelio, se limitan a hacer la autopsia de un cad\u00e1ver. La crisis nos asusta no s\u00f3lo porque nos hemos olvidado de evaluarla como nos invita el Evangelio, sino porque nos hemos olvidado de que el Evangelio es el primero que nos pone en crisis.[4] Pero si volvemos a encontrar el valor y la humildad de decir en voz alta que el tiempo de crisis es un tiempo del Esp\u00edritu, entonces, incluso ante la experiencia de la oscuridad, la debilidad, la fragilidad, las contradicciones, el desconcierto, ya no nos sentiremos agobiados, sino que mantendremos constantemente una confianza \u00edntima de que las cosas van a cambiar, que surge exclusivamente de la experiencia de una Gracia escondida en la oscuridad. \u00abPorque el oro se purifica con el fuego, y los que agradan a Dios, en el horno de la humillaci\u00f3n\u00bb (<em>Si&nbsp;<\/em>2,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, quisiera exhortarlos a&nbsp;<strong>no confundir la crisis con el&nbsp;<em>conflicto<\/em><\/strong>. La crisis generalmente tiene un resultado positivo, mientras que el conflicto siempre crea un contraste, una rivalidad, un antagonismo aparentemente sin soluci\u00f3n, entre sujetos divididos en amigos para amar y enemigos contra los que pelear, con la consiguiente victoria de una de las partes.<\/p>\n\n\n\n<p>La l\u00f3gica del conflicto siempre busca \u201cculpables\u201d a quienes estigmatizar y despreciar y \u201cjustos\u201d a quienes justificar, para introducir la conciencia \u2014muchas veces m\u00e1gica\u2014 de que esta o aquella situaci\u00f3n no nos pertenece. Esta p\u00e9rdida del sentido de pertenencia com\u00fan favorece el crecimiento o la afirmaci\u00f3n de ciertas actitudes de car\u00e1cter elitista y de \u201cgrupos cerrados\u201d que promueven l\u00f3gicas limitadoras y parciales, que empobrecen la universalidad de nuestra misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad\u00bb (Exhort. ap.&nbsp;<em>Evangelii gaudium<\/em>, 226).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia, entendida con las categor\u00edas de conflicto \u2014derecha e izquierda, progresista y tradicionalista\u2014, fragmenta, polariza, pervierte y traiciona su verdadera naturaleza. La Iglesia es un Cuerpo perpetuamente en crisis, precisamente porque est\u00e1 vivo, pero nunca debe convertirse en un Cuerpo en conflicto, con ganadores y perdedores. En efecto, de esta manera difundir\u00e1 temor, se har\u00e1 m\u00e1s r\u00edgida, menos sinodal, e impondr\u00e1 una l\u00f3gica uniforme y uniformadora, tan alejada de la riqueza y la pluralidad que el Esp\u00edritu ha dado a su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>La novedad introducida por la crisis que desea el Esp\u00edritu no es nunca una novedad en oposici\u00f3n a lo antiguo, sino una novedad que brota de lo antiguo y que siempre la hace fecunda. Jes\u00fas usa una expresi\u00f3n que explica este pasaje de un modo sencillo y claro: \u00abSi el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto\u00bb (<em>Jn&nbsp;<\/em>12,24). El acto de morir de la semilla es un acto ambivalente, porque al mismo tiempo marca el final de algo y el comienzo de<\/p>\n\n\n\n<p>otro. Llamamos al mismo momento muerte-descomponerse y nacimiento-germinar porque son la misma realidad. Ante nuestros ojos vemos un final y al mismo tiempo en ese final se manifiesta un comienzo nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, toda la&nbsp;<strong>resistencia que ponemos cuando entramos en crisis<\/strong>, a la que nos conduce el Esp\u00edritu en el momento de la prueba, nos condena a permanecer solos y est\u00e9riles. Al defendernos de la crisis, obstruimos la obra de la Gracia de Dios que quiere manifestarse en nosotros y a trav\u00e9s de nosotros. Por lo tanto, si un cierto realismo nos muestra nuestra historia reciente s\u00f3lo como la suma de intentos fallidos, de esc\u00e1ndalos, de ca\u00eddas, de pecados, de contradicciones, de cortocircuitos en el testimonio, no debemos temer, ni negar la evidencia de todo lo que en nosotros y en nuestras comunidades est\u00e1 afectado por la muerte y necesita conversi\u00f3n. Todo lo que de mal, contradictorio, d\u00e9bil y fr\u00e1gil se manifiesta abiertamente nos recuerda a\u00fan m\u00e1s fuertemente la necesidad de morir a una forma de ser, de razonar y de actuar que no refleja el Evangelio. S\u00f3lo muriendo a una cierta mentalidad se lograr\u00e1 tambi\u00e9n dar espacio a la novedad que el Esp\u00edritu suscita constantemente en el coraz\u00f3n de la Iglesia.[5]<\/p>\n\n\n\n<p><strong>De cada crisis emerge siempre una adecuada necesidad de renovaci\u00f3n<\/strong>. Pero si realmente queremos una renovaci\u00f3n, debemos tener la valent\u00eda de estar dispuestos a todo; debemos dejar de pensar en la reforma de la Iglesia como un remiendo en un vestido viejo, o la simple redacci\u00f3n de una nueva Constituci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de \u201cremendar un vestido\u201d, porque la Iglesia no es simplemente el \u201cvestido\u201d de Cristo, sino su cuerpo que abarca toda la historia (cf.&nbsp;<em>1 Co&nbsp;<\/em>12,27). Nosotros no estamos llamados a cambiar o reformar el Cuerpo de Cristo \u2014\u00abJesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre\u00bb (<em>Hb&nbsp;<\/em>13,8)\u2014<\/p>\n\n\n\n<p>, sino que estamos llamados a vestir ese mismo Cuerpo con un vestido nuevo, para que se manifieste claramente que la Gracia que se posee no viene de nosotros sino de Dios: porque \u00abllevamos este tesoro en vasijas de barro, para que quede claro que ese poder tan extraordinario proviene de Dios y no de nosotros\u00bb (<em>2 Co&nbsp;<\/em>4,7).&nbsp;<strong>La Iglesia es siempre una vasija de barro<\/strong>, preciosa por lo que contiene y no por lo que a veces muestra de s\u00ed misma. Este es un momento en el que parece evidente que el barro del que estamos modelados est\u00e1 desportillado, agrietado, roto. Debemos esforzarnos para&nbsp;<strong>que nuestra fragilidad no se convierta en un obst\u00e1culo para el anuncio del Evangelio<\/strong>, sino en un lugar donde se manifieste el gran amor con el que Dios, rico en misericordia, nos ha amado y nos ama (cf.&nbsp;<em>Ef&nbsp;<\/em>2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el per\u00edodo de la crisis, Jes\u00fas nos advierte sobre algunos intentos para salir de ella que est\u00e1n destinados desde el principio a ser infructuosos, como el que \u00abcorta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo\u00bb; el resultado es predecible: romper\u00e1s el nuevo, porque \u00abel remiendo no quedar\u00e1 bien en el vestido nuevo\u00bb. An\u00e1logamente, \u00abnadie echa vino nuevo en odres viejos. Si hace as\u00ed, el vino nuevo reventar\u00e1 los odres viejos, el vino se derramar\u00e1 y los odres se echar\u00e1n a perder. \u00a1El vino nuevo se echa en odres nuevos!\u00bb (<em>Lc&nbsp;<\/em>5,36-38).<\/p>\n\n\n\n<p>El comportamiento correcto es el del \u00abmaestro de la ley que se ha convertido en disc\u00edpulo del Reino de los cielos\u00bb, que \u00abse parece al due\u00f1o de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas\u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>13,52). El tesoro es la Tradici\u00f3n que, como recordaba Benedicto XVI, \u00abes el r\u00edo vivo que se remonta a los or\u00edgenes, el r\u00edo vivo en el que los or\u00edgenes est\u00e1n siempre presentes. El gran r\u00edo que nos lleva al puerto de la eternidad\u00bb (<em>Catequesis<\/em>, 26 abril 2006). Las \u201ccosas antiguas\u201d las constituyen la verdad y la gracia que ya poseemos. Las cosas nuevas las forman los diferentes aspectos de la verdad que vamos comprendiendo gradualmente. Ninguna forma hist\u00f3rica de vivir el Evangelio agota su comprensi\u00f3n. Si nos dejamos guiar por el Esp\u00edritu Santo, cada d\u00eda nos acercaremos m\u00e1s a \u00abtoda la verdad\u00bb (<em>Jn&nbsp;<\/em>16,13). Por el contrario, sin la gracia del Esp\u00edritu Santo, podemos incluso comenzar a pensar en la Iglesia de modo sinodal, pero, en lugar de hacer referencia a la comuni\u00f3n, se la concibe como una asamblea democr\u00e1tica cualquiera, formada por mayor\u00edas y minor\u00edas. S\u00f3lo la presencia del Esp\u00edritu Santo hace la diferencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer durante la crisis? En primer lugar, aceptarla como un tiempo de gracia que se nos ha dado para descubrir la voluntad de Dios para cada uno de nosotros y para toda la Iglesia. Es necesario entrar en la l\u00f3gica aparentemente contradictoria de que \u00abcuando soy d\u00e9bil, \u00a1entonces soy fuerte!\u00bb (<em>2 Co&nbsp;<\/em>12,10). Se debe recordar la garant\u00eda que dio san Pablo a los de corinto: \u00abDios es fiel, y \u00e9l no permitir\u00e1 que sean probados por encima de sus fuerzas, sino que junto con la prueba har\u00e1 que encuentren el modo de sobrellevarla\u00bb (<em>1 Co&nbsp;<\/em>10,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Es fundamental no interrumpir el di\u00e1logo con Dios, aunque sea agotador.&nbsp;<strong>No debemos cansarnos de rezar siempre&nbsp;<\/strong>(cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>21,36;&nbsp;<em>1 Ts&nbsp;<\/em>5,17). No conocemos otra soluci\u00f3n a los problemas que estamos experimentando que rezar m\u00e1s y, al mismo tiempo, hacer todo lo que podemos con mayor confianza. La oraci\u00f3n nos permitir\u00e1 \u201cesperar contra toda esperanza\u201d (cf.&nbsp;<em>Rm&nbsp;<\/em>4,18).<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos y hermanas: Conservemos una profunda paz y serenidad, con la plena certeza de que todos nosotros, y yo en primer lugar, somos solamente \u00abservidores a los que nada hay que agradecer\u00bb (<em>Lc&nbsp;<\/em>17,10), de los que el Se\u00f1or ha tenido misericordia. Por eso ser\u00eda bueno que dej\u00e1ramos de vivir en conflicto y volvi\u00e9ramos en cambio a sentirnos en camino. Abiertos a la crisis. El camino siempre tiene que ver con verbos de movimiento. La crisis es movimiento, es parte del camino. El conflicto, en cambio, es un camino falso, es un vagar sin objetivo ni finalidad, es quedarse en el laberinto, es s\u00f3lo una p\u00e9rdida de energ\u00eda y una oportunidad para el mal. Y&nbsp;<strong>el primer mal al que nos lleva el conflicto, y del que debemos tratar de alejarnos, es propiamente la murmuraci\u00f3n<\/strong>, el chismorreo, que nos encierra en la m\u00e1s triste, desagradable y sofocante autorreferencia, y convierte cada crisis en un conflicto. El Evangelio nos dice que los pastores creyeron en el anuncio del \u00e1ngel y se pusieron en camino hacia Jes\u00fas (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>2,15-16). Herodes, por el contrario, se cerr\u00f3 ante el relato de los magos y transform\u00f3 su cerraz\u00f3n en mentiras y violencia (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>2,1-16).<\/p>\n\n\n\n<p>Cada uno de nosotros, cualquiera que sea nuestro puesto en la Iglesia, debe&nbsp;<strong>preguntarse si quiere seguir a Jes\u00fas con la docilidad de los pastores<\/strong>&nbsp;o con la autoprotecci\u00f3n de Herodes, seguirlo en la crisis o defendernos de \u00c9l en el conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>Perm\u00edtanme que les pida expresamente a todos los que, junto conmigo, est\u00e1n al servicio del Evangelio el regalo de Navidad: Su colaboraci\u00f3n generosa y apasionada en el anuncio de la Buena Nueva, especialmente a los pobres (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>11,5). Recordemos que conoce verdaderamente a Dios quien solamente acoge al pobre que viene de abajo con su miseria, y que en esta misma capacidad es enviado desde arriba; no podemos ver el rostro de Dios, pero podemos experimentarlo en su vuelta hacia nosotros cuando honramos el rostro de nuestro pr\u00f3jimo, del otro que nos compromete con sus necesidades.[6] Los pobres son el centro del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>Que no haya nadie que voluntariamente obstaculice la obra que el Se\u00f1or est\u00e1 realizando en este momento, y&nbsp;<strong>pidamos el don de la humildad en el servicio<\/strong>&nbsp;para que \u00c9l crezca y nosotros disminuyamos (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>3,30).<\/p>\n\n\n\n<p>Felicidades a todos, a cada uno de ustedes, a sus familias y a sus amigos. Y gracias, muchas gracias por su trabajo. Y por favor, recen siempre por m\u00ed para que yo tenga la valent\u00eda de permanecer en crisis. Feliz Navidad.<\/p>\n\n\n\n<p>[1] H. Arendt,&nbsp;<em>La condici\u00f3n humana,&nbsp;<\/em>ed. Paid\u00f3s, Barcelona 2012, 264.<\/p>\n\n\n\n<p>[2]&nbsp;<em>Ib\u00edd<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>[3]&nbsp;<em>Discurso en el encuentro ecum\u00e9nico e interreligioso con los j\u00f3venes<\/em>, Skopie \u2013 Macedonia del Norte (7 mayo 2019):<\/p>\n\n\n\n<p><em>L\u2019Osservatore Romano,&nbsp;<\/em>ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (10 mayo 2019), p. 13.<\/p>\n\n\n\n<p>[4] \u00abMuchos disc\u00edpulos de Jes\u00fas que lo hab\u00edan o\u00eddo dec\u00edan: \u201c\u00a1Es dura esta ense\u00f1anza! \u00bfQui\u00e9n puede aceptarla?\u201d. D\u00e1ndose cuenta de que sus disc\u00edpulos murmuraban, Jes\u00fas les pregunt\u00f3: \u201c\u00bfEsto los escandaliza?\u201d\u00bb (<em>Jn&nbsp;<\/em>6,60-61). Pero, s\u00f3lo desde esta crisis puede brotar una profesi\u00f3n de fe: \u00ab\u201cSe\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n iremos? T\u00fa tienes palabras de vida eterna\u201d\u00bb (<em>Jn&nbsp;<\/em>6,68).<\/p>\n\n\n\n<p>[5] Los Padres de la Iglesia eran muy conscientes de esto en su continuo llamamiento a la&nbsp;<em>metanoia<\/em>, de la que ya nos habl\u00f3 san Pablo: \u00abNo se acomoden a este mundo, al contrario, transf\u00f3rmense mediante la renovaci\u00f3n de la mente, para que puedan discernir cu\u00e1l es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto\u00bb (<em>Rm&nbsp;<\/em>12,2).<\/p>\n\n\n\n<p>[6] Cf. E. Levinas,\u00a0<em>Totalit\u00e9 et infini<\/em>, Par\u00eds 2000, 76.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/www.aciprensa.com\/noticias\/discurso-del-papa-francisco-a-la-curia-romana-para-las-felicitaciones-navidenas-75144<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ACI PRENSA El Papa Francisco se reuni\u00f3 este 21 de diciembre con los cardenales y los superiores de la Curia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2602,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-2601","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2601","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2601"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2601\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2603,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2601\/revisions\/2603"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2602"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2601"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2601"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2601"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}