{"id":130428,"date":"2026-09-11T08:22:50","date_gmt":"2026-09-11T14:22:50","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=130428"},"modified":"2026-09-11T10:48:05","modified_gmt":"2026-09-11T16:48:05","slug":"opinion-este-tinglado-que-hoy-voy-a-tocar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/opinion-este-tinglado-que-hoy-voy-a-tocar\/","title":{"rendered":"Opini\u00f3n | Este tinglado que hoy voy a tocar"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background has-medium-font-size\" style=\"text-decoration:underline\"><strong>ENTREPANES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"797\" height=\"960\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Alejandra-Fonseca-.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-122899\" style=\"aspect-ratio:0.8302200083022001;width:266px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Alejandra-Fonseca-.jpg 797w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Alejandra-Fonseca--249x300.jpg 249w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Alejandra-Fonseca--768x925.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 797px) 100vw, 797px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7bd0f6850e3c56469e2c96b6030fd990\"><em>Por Alejandra Fonseca<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Me jodi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Gabo me jodi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Leer su cuento \u201cLa otra costilla de la muerte\u201d, hizo resurgir, sin contenci\u00f3n, el&nbsp;<strong>dolor m\u00e1s grande que he tenido en mi vida hasta hoy<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez escribi\u00f3 este cuento para el suplemento literario \u201cFin de Semana\u201d, del diario \u201cEl Espectador\u201d de Bogot\u00e1. Viv\u00eda entonces en Bogot\u00e1, pero despu\u00e9s del asesinato de Jorge Eli\u00e9cer Gait\u00e1n, el 9 de abril de 1948 \u2014el Bogotazo\u2014, se fue a Cartagena. Eduardo Zalamea, editor de \u201cEl Espectador\u201d, lo invit\u00f3 a escribir un cuento. Gabo acept\u00f3 m\u00e1s como un favor que como un deseo y rescat\u00f3 de sus borradores la idea para esta historia. Seg\u00fan \u00e9l mismo cont\u00f3, no ten\u00eda un argumento previo: lo iba inventando mientras escrib\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Pues con ese argumento que iba inventando, seg\u00fan su propio dicho,&nbsp;<strong>me jodi\u00f3<\/strong>. Porque hizo sangrar mi alma al poner frente a m\u00ed a un personaje obsesionado con la muerte, ese estado atemporal e inmaterial que el cuento construye a partir de una imagen b\u00edblica.<\/p>\n\n\n\n<p>Gabo, Gabo, me jodiste.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque me trajiste a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Y me aventaste hasta el G\u00e9nesis: Dios crea a Ad\u00e1n del polvo de la tierra, conect\u00e1ndolo con el mundo f\u00edsico. Despu\u00e9s sopla en \u00e9l el aliento de vida y le otorga esp\u00edritu: raz\u00f3n, conciencia y libre albedr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pinche libre albedr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese que nos mete en el s\u00ed y el no de la vida, en la elecci\u00f3n, en la posibilidad de equivocarnos profundamente mientras creemos que precisamente eso es lo que nos hace libres, cuando es lo que nos condena.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s Dios ve que Ad\u00e1n est\u00e1 solo. Y entonces ocurre algo que, le\u00eddo hoy, me parece extraordinario: lo duerme, toma de su costado una costilla y crea a Eva.<\/p>\n\n\n\n<p>De su costado.<\/p>\n\n\n\n<p>No de arriba. No de abajo.<\/p>\n\n\n\n<p>De su costado.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos seres que nacen de un mismo cuerpo y que, sin embargo, quedan separados: son complementarios.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema es que quiz\u00e1, desde entonces, qued\u00f3 instalada en nosotros una idea desmedidamente poderosa: la existencia de&nbsp;<strong>\u201cel otro\u201d<\/strong>. Ese otro que me completa. Ese otro que parece venir de m\u00ed misma y que, al mismo tiempo, est\u00e1 separado de m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed empieza el tinglado que hoy voy a tocar.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque este cuento de Gabo, absurdo, irracional, casi on\u00edrico, pertenece al territorio del inconsciente, lugar en el que yo me la vivo intentando comprenderme, por lo que podr\u00eda ser yo misma en ese amanecer, acostada en mi cama, en el umbral extra\u00f1o entre lo absurdo del sue\u00f1o y las divagaciones de la vigilia, oliendo y escuchando a mi alrededor, el ambiente mientras me acechan sensaciones oscuras y extra\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque de pronto me doy cuenta de que&nbsp;<strong>la muerte est\u00e1 cerca<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y recuerdo mi sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Y veo a mi hermano.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Moncho.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Que sigue en mi hogar interior, en la misma habitaci\u00f3n que yo, aunque todos dicen que est\u00e1 muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca lo vi en su ata\u00fad.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo era muy ni\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l era mayor que yo y muri\u00f3 en un accidente de bicicleta.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora, desde mi cama, puedo volver a absorber el fresco aroma de aquellas tardes en las que jug\u00e1bamos horas enteras en el jard\u00edn de la casa, nuestro para\u00edso, y, cuando nos llamaban, sub\u00edamos corriendo a ba\u00f1arnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los episodios de nuestra vida juntos son muchos, y memorables, porque siempre fluimos inseparables. Yo era su mejor e incondicional compa\u00f1\u00eda para jugar todo lo que \u00e9l quer\u00eda, porque me gustaba lo que a \u00e9l le gustaba jugar como ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Y nunca mezcl\u00e9 sus \u00faltimos momentos con la imagen de su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>No hubo agon\u00eda para m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo recuerdo haberlo visto feliz salir en su bicicleta, -la que pap\u00e1 le compr\u00f3 en Estados Unidos-, acompa\u00f1ado por dos de sus amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>No vi su dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>No vi sus circunstancias.<\/p>\n\n\n\n<p>No vi su rostro en el momento de morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Y quiz\u00e1 por eso&nbsp;<strong>su muerte qued\u00f3 suspendida en alg\u00fan lugar de m\u00ed<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Su rostro ahora tambi\u00e9n es casi el m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque nunca hubo una diferencia clara entre \u00e9l y yo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9ramos como gemelos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ah\u00ed aparece una triple carga: gen\u00e9tica, familiar y de identidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Una carga que, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, todav\u00eda me arrastra a traerlo de vuelta a la vida, aunque sea dentro de mi mente.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque no ha habido separaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no ha sido sencillo, ni f\u00e1cil.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l, a\u00fan en su ausencia material y con el paso del tiempo,<\/p>\n\n\n\n<p>No me resulta extra\u00f1o y no me es ajeno.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 presente.<\/p>\n\n\n\n<p>No lo concibo otra persona.<\/p>\n\n\n\n<p>No lo siento muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>No est\u00e1 muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>Es mi hermano.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mi gemelo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mi propia identidad desde peque\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando percibo nuestra separaci\u00f3n en esta dimensi\u00f3n, aparece una pregunta que me persigue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 qued\u00f3 de m\u00ed cuando lo perd\u00ed, si yo lo sent\u00eda parte de m\u00ed?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Y todav\u00eda hay otra.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s inc\u00f3moda.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s profunda.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s dif\u00edcil de responder:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfD\u00f3nde termina \u00e9l y d\u00f3nde empiezo yo?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed fue donde Gabo me jodi\u00f3: cuando me arrastr\u00f3 hasta la idea de&nbsp;<strong>\u201cmi otra mitad\u201d<\/strong>. Dos almas inseparables, donde Moncho es mi espejo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y yo me miro a m\u00ed misma a trav\u00e9s de \u00e9l, aunque \u00e9l ya no est\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Su muerte hizo visible algo que quiz\u00e1 mientras est\u00e1bamos vivos pod\u00eda permanecer oculto:&nbsp;<strong>Su identidad estaba entrelazada con mi existencia.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y Gabo me regres\u00f3 un duelo que nunca termina, aunque yo lo olvide por temporadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque el&nbsp;<strong>duelo<\/strong>&nbsp;no es \u00fanicamente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHe perdido a mi hermano\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n es:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHe perdido una parte de m\u00ed.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Y quiz\u00e1 por eso sigo buscando pertenencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigo pregunt\u00e1ndome d\u00f3nde quepo.<\/p>\n\n\n\n<p>Acaso por eso la pregunta que hoy vuelve a aparecer, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, no es solamente d\u00f3nde est\u00e1 Moncho.<\/p>\n\n\n\n<p>Es otra.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucho m\u00e1s m\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lee:&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.lajornadadeoriente.com.mx\/puebla\/hay-formas-de-ganar-que-son-formas-de-perder\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Hay formas de ganar que son formas de perder<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSi aquello que me defin\u00eda ya no est\u00e1\u2026 \u00bfQui\u00e9n soy yo ahora?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el verdadero tinglado que hoy vine a tocar.<\/p>\n\n\n\n<p>No la muerte de mi hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>Sino&nbsp;<strong>la mujer que qued\u00f3 viva despu\u00e9s de ella<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfQui\u00e9n soy cuando ya no puedo encontrarme en el otro?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"mailto:alefonse@hotmail.com\">alefonse@hotmail.com<\/a><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><strong>+ OPINI\u00d3N: Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ENTREPANES Por Alejandra Fonseca Me jodi\u00f3. 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