{"id":128927,"date":"2026-08-20T05:15:54","date_gmt":"2026-08-20T11:15:54","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=128927"},"modified":"2026-08-20T05:15:55","modified_gmt":"2026-08-20T11:15:55","slug":"cuatro-dias-en-el-monasterio-de-leyre-el-silencio-como-guia-de-vida-papel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/cuatro-dias-en-el-monasterio-de-leyre-el-silencio-como-guia-de-vida-papel\/","title":{"rendered":"Cuatro d\u00edas en el Monasterio de Leyre: el silencio como gu\u00eda de vida | PAPEL"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-light-green-cyan-background-color has-background has-medium-font-size\">Una d\u00e9cada despu\u00e9s de vivir una semana de retiro en Silos volvemos a experimentar la fuerza del sigilo y la clausura ingresando en otro de los espacios m\u00e1s imponen<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"910\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/17871394363644-910x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-128928\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/17871394363644-910x1024.jpeg 910w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/17871394363644-267x300.jpeg 267w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/17871394363644-768x864.jpeg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/17871394363644.jpeg 1200w\" sizes=\"(max-width: 910px) 100vw, 910px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El monje \u00d3scar Jaunsaras, prior y hospedero del Monasterio de Leyre, en Navarra. Foto: <strong>Alberto Di Lolli <\/strong><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4c565d93626b20c621834d26a9cd6328\"><strong><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/autor\/antonio-lucas.html\">Antonio Lucas<\/a> Texto Monasterio de Leyre (Navarra)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5cb6298e21acfc0fd40102ff8c4b9e79\"><strong>Alberto Di Lolli \/ Fotograf\u00edas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>TextoMonasterio de Leyre (Navarra)<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">A media ma\u00f1ana un sol pagano hace guardia en el camino que lleva al Monasterio de San Salvador de Leyre,&nbsp;<strong>icono de la Orden de San Benito en Navarra<\/strong>&nbsp;y con se\u00f1ales de vida desde el siglo IX en una carta de san Eulogio. La construcci\u00f3n, imponente, casi fortaleza, casi castillo, casi altar de roca levitando en la falda del monte, desprende una serenidad lejana, una inmediatez de piedra rubia con diversas cicatrices calc\u00e1reas. Est\u00e1 quieto desde hace 1.300 a\u00f1os y, sin embargo, parece navegar a la deriva con dulzura extrema. En el p\u00e1rking de tierra la quietud ya es otra, balanceada en la claridad de este d\u00eda de agosto del que es imposible escapar. Una bandada de turistas revolotea alrededor de los muros esperando turno para acceder a la cripta, la estancia m\u00e1s antigua de los espacios de visita. Protegidos por la sombra de los \u00e1rboles, en medio de un aura asfixiante, echan miradas grandes a la puerta de acceso de la zona privada del monasterio, por si cazan la salida de alg\u00fan monje de los 16 que ahora mantienen esta comunidad.&nbsp;<strong>Una se\u00f1al de madera en forma de flecha advierte de lo que dentro sucede: Clausura.<\/strong>&nbsp;A la derecha del quicio del gran portal\u00f3n hay un telefonillo con un solo pulsador. Es una de las entradas al monasterio. Las otras son m\u00e1s discretas y est\u00e1n fuera del radar forastero.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace 10 a\u00f1os me adentr\u00e9 en otro monasterio m\u00edtico, el de Silos (Burgos). Conviv\u00ed durante una semana con aquellos benedictinos que cerca estuvieron de saltar por la borda de la fe cuando la grabaci\u00f3n de su&nbsp;<strong>canto gregoriano<\/strong>&nbsp;les ech\u00f3 encima todos los focos y casi los degrada a estrellas del pop. Trat\u00e9 de imaginar los sue\u00f1os, desvelos, certezas, dudas, alegr\u00edas y da\u00f1os de alguien que entrega la existencia a la oraci\u00f3n intramuros, deja fuera de esa jurisdicci\u00f3n lo vivido, lo amado, lo gozado, lo por venir, y no vuelve a mirar atr\u00e1s cuando a su espalda se cierran las puertas del monasterio: una vez que se entra verdaderamente nunca se sale. El \u00edntimo esplendor de Silos podr\u00eda ayudar a dar el paso, pero para acceder a la \u00faltima escala de la vida de encierro&nbsp;<strong>hay que saber mandar al fondo del mar demasiados placeres, y familia, y amigos, y certezas, y emociones<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella experiencia de entonces fue reveladora porque concede acercarse a u<strong>n mundo estanco y normativo, estricto y callado<\/strong>, alejado de m\u00ed aunque no lejos de la curiosidad.&nbsp;<em>Un ateo en Silos<\/em>, titulamos las seis entregas en este peri\u00f3dico. Y si es cierto que sal\u00ed con las mismas certezas, alguna duda nueva y los viejos fantasmas de siempre a mi entera disposici\u00f3n, aprend\u00ed que existe una espiritualidad vibrante (aunque no sea la m\u00eda) que aloja un cargamento de asombros y tiene algo de traves\u00eda procelosa.&nbsp;<strong>No promete nada que no seas capaz de concederte a ti mismo<\/strong>, y tampoco necesita b\u00e1culos, ornamentos, mitras, baldaquinos, pero se puede captar en algunos versos de san Juan de la Cruz o desde las iluminaciones alcaloides de santa Teresa de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Presiono el bot\u00f3n del telefonillo y pronto suena un campanilleo de llaves y el inquietante girar de la cerradura -as\u00ed es como se abre y se cierra el destino-, un primer ruido de gozne que remata en la presencia del padre \u00d3scar Jaunsaras, navarro de Etxaurri, prior y ec\u00f3nomo de esta abad\u00eda. La cabeza pelada, la sonrisa confortable,&nbsp;<strong>el h\u00e1bito negro, el escapulario bien ajustado<\/strong>, las manos blancas que en otro tiempo acariciaron la arena de las playas de R\u00edo de Janeiro y levantaron caipiri\u00f1as y rodearon caderas bendecidas por la samba. La voz bien timbrada. \u00abBienvenido a Leyre. Acomp\u00e1\u00f1ame, te muestro el camino a tu celda. \u00bfEl viaje fue bien? \u00bfDe d\u00f3nde vienes? S\u00edgueme, por favor. Antes de explicarte las rutinas, toma estas llaves. Ver\u00e1s que hay dos: la de tu cuarto y la de algunas puertas del monasterio. La cuadrada es la de este port\u00f3n, para que puedas salir y regresar cuando quieras en tus d\u00edas con nosotros\u00bb.&nbsp;<strong>Aqu\u00ed nadie pregunta \u00abqui\u00e9n es usted\u00bb.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La estancia de acceso est\u00e1 en penumbra. Sobria. Al fondo, un aparador de madera con cierto remordimiento castellano. A la derecha, una pecera de conserje y dos sillas inc\u00f3modas. Algunas im\u00e1genes religiosas. El silencio de los pr\u00f3ximos d\u00edas se explica bien desde aqu\u00ed. \u00abAl final de este pasillo est\u00e1 el refectorio, el comedor comunitario. Ah\u00ed&nbsp;<strong>desayunamos, comemos y cenamos todos juntos y callados<\/strong>\u00ab, explica. Subimos por una escalera ancha hasta la puerta de acceso de los monjes a la iglesia principal de la abad\u00eda. \u00abAqu\u00ed se hacen los rezos, siempre cantados. Siete al d\u00eda. La primera (Vigilias), a las 6.00 de la ma\u00f1ana. La \u00faltima (Completas) a las 21.10. Nuestra vida, siguiendo la Regla de San Benito, se ci\u00f1e al ora et labora\u00bb.&nbsp;<strong>Los pasillos desiertos albergan los espectros de una vida.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background\">Para saber m\u00e1s<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/08\/12\/17865652331128.jpg\" alt=\"Algunos turistas contemplan el eclipse en el monasterio benedictino de Leyre, en Navarra.\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Ciencia.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/ciencia\/2026\/08\/12\/6a7c80f5e4d4d8c7278b456e.html\">El eclipse no se gana la fe de los monjes<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2025\/11\/14\/17631411577693.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Historias.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2025\/11\/20\/69176462e4d4d8d57a8b45aa.html\">El asesor tecnol\u00f3gico del Papa: \u00abHay gente en Silicon Valley que utiliza el discurso religioso para infundir miedo al mundo\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"cardTitle_signUp\"><\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Un piso m\u00e1s, en la parte alta del claustro, una peque\u00f1a capilla abierta las 24 horas (casi farmacia devocional), permite rezar a monjes y hu\u00e9spedes (10 como m\u00e1ximo en la zona de clausura) en cualquier momento del d\u00eda o de la noche. La puerta de al lado conduce, despu\u00e9s de otro tramo de escaleras, a las celdas de alojados. \u00abLa tuya es la 16. Sobre la mesa tienes un tr\u00edptico con algunas instrucciones para la estancia.&nbsp;<strong>Si puedes evitar el pantal\u00f3n corto, mejor<\/strong>\u00ab. (No tengo costumbre de pantalones cortos). \u00abEst\u00e1 prohibido fumar dentro del monasterio. No debes hablar alto por tel\u00e9fono, aunque lo mejor es mantenerlo en el cuarto. No pongas m\u00fasica si no es con auriculares. Evita los portazos. Y cuando est\u00e9s con los dem\u00e1s no olvides que el silencio es otra de nuestras razones\u00bb. La habitaci\u00f3n es sobria. Una cama de 90, una mesita de noche, un escritorio severo, una silla dif\u00edcil, una mecedora y un sill\u00f3n de lectura tapizado en verde, tambi\u00e9n un ventilador de techo que mueve un aire de fuego.&nbsp;<strong>La ventana da a la sierra de Leyre, portentosa de hayas, pinos royos, robles peludos, encinares, carrascales, quejigos<\/strong>. Y en lo alto asoman soberbios los cortados donde anidan las rapaces y los parapentes. En el tr\u00edptico de normas advierten de esto: \u00abSe procurar\u00e1 no herir la sensibilidad de otros hu\u00e9spedes con discusiones por iderencias ideol\u00f3gicas (religi\u00f3n, pol\u00edtica, g\u00e9nero&#8230;)\u00bb. As\u00ed est\u00e1n las cosas. \u00abAqu\u00ed tienes la Biblia y algunos libros de oraci\u00f3n, por si los necesitas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00d3scar Jaunsaras es un monje tard\u00edo. Ingres\u00f3 a los 38 a\u00f1os, cuando algunas vocaciones est\u00e1n muy consolidades o ya nunca habr\u00e1 vocaci\u00f3n. Hasta esa edad disfrut\u00f3 de viajar, de vivir en todas direcciones, de tener la enviadada libertad de quienes hacen de su vida un festival.&nbsp;<strong>Viv\u00eda la mitad del a\u00f1o en R\u00edo de Janeiro y la otra mitad de un lado a otro con remansos en Pamplona<\/strong>. \u00abEra un hombre de fe, pero nada apuntaba a que podr\u00eda acabar en un monasterio. Estaba enamorado de R\u00edo de Janeiro. De la vida de all\u00ed. Y la exprim\u00ed bien\u00bb, informa con fulgor y sin nostalgia. \u00abPor un accidente que me averi\u00f3 una pierna regres\u00e9 a Pamplona y tuve que hacer reposo durante un par de meses. Al final de esa recuperaci\u00f3n un amigo me trajo a Leyre. Lo conoc\u00eda, como navarro que soy, pero no hab\u00eda estado hospedado. Esos d\u00edas removieron algo en m\u00ed, pero pas\u00e9 demasiado fr\u00edo (era diciembre), las comodiades eran escasas y a\u00fan tiraba de m\u00ed Brasil, as\u00ed que regres\u00e9. Ten\u00eda alquilado un apartamento a dos pasos de la playa. La vida iba bien, pero dos a\u00f1os despu\u00e9s de la visita a Leyre ocurri\u00f3 algo dentro de m\u00ed mientras estaba en la playa de R\u00edo de Janeiro: una revelaci\u00f3n, una llamada, una extra\u00f1eza&#8230; D\u00edas despu\u00e9s regres\u00e9 a Pamplona y solicit\u00e9 el ingreso en el monasterio. Dej\u00e9 en orden mis cosas de afuera y empec\u00e9 mi noviciado.&nbsp;<strong>Llevo casi 33 a\u00f1os dentro y no vuelvo la vista atr\u00e1s. Lo vivido est\u00e1 vivido.<\/strong>&nbsp;Entr\u00e9 aqu\u00ed con una fuerte experiencia y aqu\u00ed he sumado otra: el amor a Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/08\/19\/17871394095904.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Todos los d\u00edas son iguales en Leyre.&nbsp;<strong>Cada uno de estos monjes, entre los 24 y los 80 a\u00f1os, tiene reglada cada hora de su existencia.<\/strong>&nbsp;Un martes de agosto de 2026 ser\u00e1 igual a cualquier martes de agosto de 2032, si es que a\u00fan habitan este perro mundo. Han cosagrado la existencia a rezar, al silencio, a la labor encomendada: biblioteca, lavander\u00eda, cocina, limpieza o la confecci\u00f3n de&nbsp;<strong>la ginebra que destilan estos monjes siguendo una receta del 800 d.C.<\/strong>.. Se manejan por estos pasillos con las emociones terrenales enterradas. Nada suena aqu\u00ed dentro. A veces el encajar de una puerta, las campanas anunciando, algunos pasos amortiguados&#8230; Si te cruzas con alguien el saludo se concreta en una ligera inclinaci\u00f3n de cabezas. Puedes escuchar con nitidez el rumor a cortocircuito que produce el aleteo nervioso de un mosc\u00f3n en combate contra el cristal de una de las ventanas del claustro. La comida es frugal y r\u00e1pida, en riguroso sigilo. A las 13.30 dos monjes sirven los platos: verdura, tortilla, algo de carne, fruta, yogur, agua y vino. Otro de ellos lee fragmentos del Evangelio desde un peque\u00f1o atril. Despu\u00e9s toca la retirada a las celdas hasta la oraci\u00f3n de Nona (15.30, hora novena desde la salida del sol). La tarde se dilata. Las horas pasan lentas.&nbsp;<strong>Conviene afinar la ma\u00f1a de organizar los pensamientos, que no se agolpen, que no giren en bucle.<\/strong>&nbsp;Para ellos los muros no son muros, sino una rampa a Dios. Para m\u00ed es un largo tiempo sin fondo, una explanada que compartir con nadie. A veces sientes un empacho de ti mismo, pero tambi\u00e9n hay momentos de alta plenitud, de naturaleza equilibrada.<\/p>\n\n\n\n<p>En un intenso eslalom, desliz\u00e1ndome entre la realidad y otros asuntos, desatendido el m\u00f3vil, ajeno a los recados de la actualidad, el cuerpo se acostumbra a esta amortiguaci\u00f3n o a&nbsp;<strong>este otro equilibrio lleno de vac\u00edos, ausente de ruido<\/strong>. Dos de los monjes m\u00e1s j\u00f3venes, fray Eduardo y fray Ignacio, de Barcelona y de Pamplona, estudiaban Derecho cuando les atraves\u00f3 la llamada. Ellos dicen \u00abllamada\u00bb para indicar el impulso que los trajo.&nbsp;<strong>No tienen acceso a internet. Se comunican con alguna llamada de vez en vez, alguna carta.<\/strong>&nbsp;Aqu\u00ed uno aprende a desprenderse, a soltar lastre, a no reclamar.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/08\/19\/17871395299237.jpg\" alt=\"El Monasterio de Leyre desde la senda de la fuente de San Virila.\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El Monasterio de Leyre desde la senda de la fuente de San Virila.A. LUCAS<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>A las 20.00 la cena transcurre igual que la comida, como fue anteayer y como ser\u00e1 de nuevo ma\u00f1ana, como sucede todo en este lugar: sin sobresalto, sin novedad. La \u00faltima misa del d\u00eda, Completas, es a las 21.10.&nbsp;<strong>El gregoriano sale de las gargantas de los monjes y hace nube en las b\u00f3vedas irregulares de la recia iglesia de tres naves<\/strong>&nbsp;con arcos de medio punto mal apuntados. Suena el \u00f3rgano de 44 registros con 2.750 tubos, fabricado en 1966 por Organer\u00eda Espa\u00f1ola y reconstruido en 2009. La tarde de agosto se deja enfriar un poco.&nbsp;<strong>A las 22.00, el monje asignado tranca a cal y canto las puertas de Leyre<\/strong>&nbsp;como quien manipula un destino cifrado. La sierra pierde el contorno y el silencio tiene ahora algo desvariado mientras la noche se cierra.<\/p>\n\n\n\n<p>No digo que este sea un m\u00e9todo de salvaci\u00f3n, pero est\u00e1 al alcance de cualquiera que busque desintoxicarse por un rato de la basura pol\u00edtica constante o limar alg\u00fan da\u00f1o.&nbsp;<strong>No hace falta creer en dioses ni quedarse encerrado en el milagro para apreciar una sensaci\u00f3n \u00fanica de bienestar<\/strong>&nbsp;seg\u00fan pasan los d\u00edas y convives con lo solamente pensado.<\/p>\n\n\n\n<p>El padre \u00d3scar recibe y despide a los hu\u00e9spedes, supervisa la venta de ginebra, pone en contacto a los hu\u00e9spedes que requieren conversaci\u00f3n con alg\u00fan monje. \u00abAl monasterio puede venir cualquiera que busque una experiencia de recogimiento\u00bb, dice.&nbsp;<strong>A las 5.50 suena la campana que advierte de las Vigilias de las 6.00<\/strong>, cuando el coro lo inician el mirlo y el ruise\u00f1or cuando el aire a\u00fan es dulce. Todo vuelve a empezar con la precisi\u00f3n de lo que no acepta azares.El gregoriano compacto va impregnando la atm\u00f3sfera como un peque\u00f1o oleaje que ondula el \u00e1nimo.&nbsp;<strong>Al d\u00eda no le pides m\u00e1s de lo que tienes, que es la manera natural de vivir dentro de Leyre.<\/strong>&nbsp;Y eso a veces pasa por observar c\u00f3mo la sombra de tu cuerpo se proyecta sobre las baldosas y un insecto reina en medio del espesor humano. Estos monjes de abad\u00eda atraviesan un bullicio distinto al nuestro, en un retiro completo y con la meta instalada en ese m\u00e1s all\u00e1 que justifica su minimalismo,<strong>&nbsp;la vida en comunidad, el voto de su pobreza, la extrema calidad de su callada mansedumbre<\/strong>. Cuando salgas despu\u00e9s de varios d\u00edas intenta tomar de regreso el camino m\u00e1s largo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2026\/08\/19\/6a8497b1fc6c83236a8b45b4.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2026\/08\/19\/6a8497b1fc6c83236a8b45b4.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una d\u00e9cada despu\u00e9s de vivir una semana de retiro en Silos volvemos a experimentar la fuerza del sigilo y la 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