{"id":128421,"date":"2026-08-11T22:06:28","date_gmt":"2026-08-12T04:06:28","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=128421"},"modified":"2026-08-11T22:13:37","modified_gmt":"2026-08-12T04:13:37","slug":"el-mapa-corporal-mas-detallado-de-las-cosquillas-da-la-razon-a-darwin-las-sentimos-mas-donde-menos-las-esperamos-el-pais","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/el-mapa-corporal-mas-detallado-de-las-cosquillas-da-la-razon-a-darwin-las-sentimos-mas-donde-menos-las-esperamos-el-pais\/","title":{"rendered":"El mapa corporal m\u00e1s detallado de las cosquillas da la raz\u00f3n a Darwin: las sentimos m\u00e1s donde menos las esperamos | El Pa\u00eds"},"content":{"rendered":"\n<p>Un estudio revela que esta experiencia sensorial es igual en distintas culturas, ya que comparten los mismos puntos sensibles, que son distintos de los de otras sensaciones como el dolor o el placer<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"762\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Cosquillas-1024x762.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-128422\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Cosquillas-1024x762.png 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Cosquillas-300x223.png 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Cosquillas-768x571.png 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Cosquillas.png 1182w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Una madre haciendo cosquillas a su hija mientras ambas r\u00eden en el suelo.LuckyDuck (Getty Images)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-848ea6d6e360ffed00d47b399dd4054d\">Ana Lozano del Campo \/ El Pa\u00eds<\/p>\n\n\n\n<p>Si ma\u00f1ana tuvi\u00e9semos que mudarnos y establecer v\u00ednculos personales en otro pa\u00eds, probablemente vivir\u00edamos m\u00e1s choques culturales por los abrazos o las caricias que por las cosquillas. Las diferentes formas de contacto social se llevan estudiando mucho tiempo, pero sigue habiendo preguntas sin resolver respecto a su origen cultural o evolutivo. Concretamente, ese est\u00edmulo t\u00e1ctil que provoca a la vez carcajadas y unas ganas irrefrenables de huir\u00a0genera curiosidad\u00a0y teor\u00edas desde tiempos de Arist\u00f3teles, se\u00f1al de que, a priori, parece bastante universal, aunque faltan muchas certezas al respecto. Hablamos de lo que t\u00e9cnicamente se conoce como\u00a0<em>gargalesis<\/em>, que se diferencia del cosquilleo suave que nos provoca el roce de una pluma, cuyo tecnicismo correspondiente es\u00a0<em>knismesis<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Un\u00a0estudio publicado este lunes\u00a0en\u00a0<em>Nature Human Behaviour\u00a0<\/em>ha preguntado a 448 personas de Grecia, Holanda y China sobre c\u00f3mo experimentan las cosquillas para tratar de dibujar un mapa corporal e intercultural. Los investigadores quer\u00edan arrojar luz sobre algunas cuestiones centrales, y a\u00fan sin respuesta, sobre la propia experiencia f\u00edsica, posibles diferencias culturales y las razones detr\u00e1s de la sensibilidad desigual a lo largo del cuerpo. Lo primero que encontraron fue una casi plena unanimidad: al 98% le han hecho y casi un 96% ha hecho alguna vez cosquillas. Adem\u00e1s, un 71% se considera bastante o muy sensible a este est\u00edmulo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con toda la informaci\u00f3n que proporcionaron los participantes en el estudio, han podido dise\u00f1ar el primer mapa corporal detallado de la sensibilidad a las cosquillas. Esto les ha permitido no solo ubicarlas en una especie de mapa de calor que refleja la frecuencia con la que las personas se\u00f1alaron a cada regi\u00f3n espec\u00edfica del cuerpo. Esta topolog\u00eda tan precisa de las cosquillas es tambi\u00e9n una rica base de datos que han podido contrastar con cinco teor\u00edas que, hist\u00f3ricamente, han tratado de explicar por qu\u00e9 sentimos m\u00e1s las cosquillas en ciertas partes del cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguna de ellas, como la teor\u00eda del grosor de la piel, es tan antigua como para que ya la sugiriese Arist\u00f3teles. Sin embargo, los datos que ya existen sobre el grosor de la epidermis descartan que las cosquillas sean m\u00e1s fuertes all\u00ed donde la piel es m\u00e1s fina, pues no coinciden con el mapa del estudio. Se descarta tambi\u00e9n la \u201cteor\u00eda de la vulnerabilidad\u201d: all\u00ed donde las arterias tienen mayor di\u00e1metro, cerca de los \u00f3rganos, se considera que un golpe violento es m\u00e1s peligroso. Este mapa tampoco coincide con el de las cosquillas de este estudio, por lo que descartan que el reflejo de huir cuando nos hacen cosquillas sea un mecanismo de entrenamiento frente a est\u00edmulos en esos puntos cr\u00edticos para la supervivencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El mapa del estudio tampoco coincide con las zonas donde los participantes se\u00f1alaron m\u00e1s placer, descartando la \u201cteor\u00eda hed\u00f3nica\u201d; ni con las partes del cuerpo en las que la piel tiene m\u00e1s\u00a0terminaciones nerviosas, lo que descarta la \u201cteor\u00eda fisiol\u00f3gica\u201d. Al contrario, encontraron cierto efecto negativo de estas dos respecto a la experiencia de las cosquillas, es decir, los mapas ser\u00edan en cierto modo antag\u00f3nicos, con las zonas de placer o m\u00e1s inervadas entre las menos sensibles a las cosquillas.<\/p>\n\n\n\n<p>La teor\u00eda que m\u00e1s encaja con el mapa de este estudio es la de la exposici\u00f3n al tacto, que sugiri\u00f3 el visionario de Darwin. Tal y como \u00e9l propuso, parece que \u201clas partes del cuerpo que menos se tocan en la vida cotidiana tienden a ser las m\u00e1s sensibles a las cosquillas\u201d, en palabras de Konstantina Kilteni, autora principal. Sin embargo, como anticip\u00e1bamos, este factor no explica todo el fen\u00f3meno y la neurocient\u00edfica a\u00f1ade que sus resultados \u201cindican que las cosquillas surgen de una combinaci\u00f3n de factores biol\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos y sociales\u201d. La explicaci\u00f3n de nuestra respuesta a las cosquillas es, por tanto, \u201cm\u00e1s complejo de lo que se pensaba\u201d, a\u00f1ade.<\/p>\n\n\n\n<p>Para concluir, encontraron que los mapas que describ\u00edan otras sensaciones corporales de los participantes, como el dolor, el placer o la detecci\u00f3n de nuestro propio tacto, no coincid\u00edan mucho con el de las cosquillas. Esto es lo que les permite afirmar que esta experiencia sensorial tiene sus propias v\u00edas y se separa de las de otros est\u00edmulos t\u00e1ctiles, incluso de las\u00a0infructuosas cosquillas\u00a0que podamos intentar hacernos a nosotros mismos. \u201cEsa sensaci\u00f3n es esperada y el cerebro reduce su intensidad, pero cuando otra persona nos toca, existe un elemento de sorpresa, por lo que la sensaci\u00f3n es mucho m\u00e1s intensa y propensa a provocar cosquillas\u201d, dice Kilteni.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Experiencia universal<\/h2>\n\n\n\n<p>El estudio muestra que la\u00a0sensibilidad a las cosquillas\u00a0es extraordinariamente universal. \u201cPersonas de distinto origen cultural se\u00f1alaron las mismas partes del cuerpo como las m\u00e1s sensibles, describieron reacciones similares y compartieron experiencias sociales muy parecidas\u201d, resume Kilteni. La mayor\u00eda de participantes de los tres grupos culturales coincidi\u00f3 en la risa como reacci\u00f3n principal, y se\u00f1alaron cuello, axilas, abdomen y plantas de los pies como las zonas con m\u00e1s cosquillas. Para la neurocient\u00edfica del Instituto Karolinska (Suecia), esto sugiere que \u201clas cosquillas constituyen una caracter\u00edstica fundamental de la biolog\u00eda humana, m\u00e1s que algo que aprendemos de nuestra cultura\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor\u00eda ha hecho y recibido cosquillas principalmente de familiares y amigos. Muchos participantes tambi\u00e9n incluyen a las parejas, y en la interacci\u00f3n con ellas a\u00f1aden una parte del cuerpo m\u00e1s: la zona interior de los muslos. Sin embargo, las cosquillas por parte de personas desconocidas o con una mera relaci\u00f3n profesional fueron muy poco frecuentes. \u201cNuestro estudio no investigaba situaciones con desconocidos, por lo que no podemos extraer conclusiones acerca del miedo o ausencia de consentimiento, aunque es muy probable que esos factores sociales sean importantes\u201d, reflexiona Kilteni.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi la mitad de los participantes estaba en contra de la idea de que la risa durante las cosquillas refleje necesariamente disfrute y hasta un 26% las etiquet\u00f3 como desagradables. Pero si hay una etapa de la vida en la que las consideramos m\u00e1s divertidas es\u00a0en la infancia, que es tambi\u00e9n cuando m\u00e1s las recibimos de nuestros adultos cercanos, algo que confirmaron las respuestas al estudio. \u201cEste patr\u00f3n tambi\u00e9n fue id\u00e9ntico en las tres culturas estudiadas y, curiosamente, es el mismo que se ha observado en nuestros parientes evolutivos m\u00e1s cercanos, los chimpanc\u00e9s y los bonobos, lo que sugiere que podr\u00eda tener profundas ra\u00edces evolutivas\u201d, explica la neurocient\u00edfica.<\/p>\n\n\n\n<p>Una posible explicaci\u00f3n es que las cosquillas son m\u00e1s frecuentes en la infancia porque los adultos disfrutan menos de ellas que los ni\u00f1os, aunque no investigaron directamente por qu\u00e9 las cosquillas disminuyen con la edad. \u201cNos centramos en adultos porque pod\u00edan informarnos tanto sobre sus experiencias durante la infancia como durante la edad adulta\u201d, cuenta Kilteni. Sugieren que quiz\u00e1s esta p\u00e9rdida del disfrute en la edad adulta coincide con la etapa en la que emerge el juego sexual y, aunque son solo conjeturas, coincide con la baja asociaci\u00f3n que hicieron los participantes entre las cosquillas y el disfrute sexual.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos de los simios con los que compartimos un parentesco muy cercano, como los chimpanc\u00e9s y los bonobos, tambi\u00e9n se hacen cosquillas entre s\u00ed. Es m\u00e1s, emplean las manos y los dedos para estimular las axilas, las plantas de los pies, el abdomen o el cuello y provocar risa a sus cong\u00e9neres, especialmente con quienes comparten un v\u00ednculo. Exactamente como los humanos. Y en ellos la edad tambi\u00e9n marca los mismos roles y la frecuencia con la que se experimenta esta interacci\u00f3n f\u00edsica, razones que refuerzan la hip\u00f3tesis del origen evolutivo que sostienen los autores.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/elpais.com\/ciencia\/2026-08-10\/el-mapa-corporal-mas-detallado-de-las-cosquillas-da-la-razon-a-darwin-las-sentimos-mas-donde-menos-las-esperamos.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">El Pa\u00eds<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un estudio revela que esta experiencia sensorial es igual en distintas culturas, ya que comparten los mismos puntos sensibles, que son distintos de los de otras sensaciones como el dolor o el 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