{"id":128247,"date":"2026-08-09T07:30:33","date_gmt":"2026-08-09T13:30:33","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=128247"},"modified":"2026-08-09T07:30:34","modified_gmt":"2026-08-09T13:30:34","slug":"el-sindrome-de-dorian-grey-de-los-padres-de-hoy-vanity-fair","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/el-sindrome-de-dorian-grey-de-los-padres-de-hoy-vanity-fair\/","title":{"rendered":"El s\u00edndrome de Dorian Grey de los padres de hoy | Vanity Fair"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-background has-medium-font-size\" style=\"background-color:#8dfcf1\">Consumimos cultura y ocio y vestimos como adolescentes. Y vamos a gimnasios como si fu\u00e9ramos atletas profesionales. Por eso el fenotipo de padre contempor\u00e1neo se aleja mucho de las generaciones previas. \u00bfSon ya los 45 los nuevos 15?<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Sin-titulo-28-de-julio-de-2023-11.34.00-2-1-1024x576.webp\" alt=\"\" class=\"wp-image-128248\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Sin-titulo-28-de-julio-de-2023-11.34.00-2-1-1024x576.webp 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Sin-titulo-28-de-julio-de-2023-11.34.00-2-1-300x169.webp 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Sin-titulo-28-de-julio-de-2023-11.34.00-2-1-768x432.webp 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Sin-titulo-28-de-julio-de-2023-11.34.00-2-1.webp 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Kenneth Branagh en plan ser o no ser. \u00a9 Getty Images<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><strong>Por\u00a0<a href=\"https:\/\/www.revistavanityfair.es\/autor\/alberto\/1008\">Alberto Moreno<\/a> \/ Vanity Fair<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Reci\u00e9n duchado, en la terraza de este hotel y esperando a que se arregle el resto de la familia, observo un\u00a0<strong>atardecer precioso reflejado en la cristalera<\/strong>. Llevo una camiseta de surf O\u2019Neill, pese a que nunca he practicado ese deporte, unas bermudas por debajo de la rodilla de la misma marca y unas chanclas flip flop de inspiraci\u00f3n brasile\u00f1a. La gama crom\u00e1tica de mi atuendo oscila entre el gris marengo y el negro. Una especie de luto deportivo, como el de los \u00e1rbitros en los 70 pero un poco m\u00e1s vaporoso. Veo tambi\u00e9n un bast\u00f3n que perteneci\u00f3 a\u00a0<a href=\"https:\/\/www.revistavanityfair.es\/articulos\/10-anos-sin-ti-columna-alberto-moreno\">mi padre<\/a>\u00a0y antes que a \u00e9l, a mi abuelo. Me lo he tra\u00eddo de vacaciones porque se me afloj\u00f3 una rodilla el otro d\u00eda y estoy a la espera de que el traumat\u00f3logo me mande pruebas. Como los retratos de c\u00e1mara de las cortes vetustas, este\u00a0<a href=\"https:\/\/www.revistavanityfair.es\/articulos\/hace-una-semana-yo-veia-perfecto-columna-alberto-moreno\">reflejo de mi mediana edad<\/a>\u00a0podr\u00eda ser una radiograf\u00eda de mi alma, as\u00ed que saco una foto con el m\u00f3vil. Los ni\u00f1os a\u00fan siguen duch\u00e1ndose y generando \u2014entre bromas y grititos festivos\u2014 una crispaci\u00f3n de baja intensidad derivada de no encontrar el champ\u00fa, de pelear por el champ\u00fa y de echarse champ\u00fa en los ojos. Quita el champ\u00fa de la ecuaci\u00f3n y aparecer\u00e1n los piojos y un nuevo conflicto sobre el que intentar ejercer una peque\u00f1\u00edsima hegemon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Son las 7 y media de la tarde, y en 15 minutos estaremos todos limpios y relucientes camino del bufet del hotel, pero ahora mismo que&nbsp;<strong>todos ellos est\u00e1n ocupados<\/strong>, tengo unos breves instantes que dedicarme \u2014un&nbsp;<em>me time<\/em>&nbsp;poco habitual\u2014 que puede que cuenten como descompresi\u00f3n debida despu\u00e9s de un curso de locos. Si no hubiera vacaciones de verano por convenio las acabar\u00eda prescribiendo el m\u00e9dico de cabecera. Siempre he tendido a irme lejos de la meseta en busca de agua \u2013tampoco muy fr\u00eda, que no somos esquimales ni gallegos\u2014 donde chapotear en una especie de purga santa, como en la segunda temporada de&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.revistavanityfair.es\/cultura\/entretenimiento\/articulos\/final-perdidos-nos-preparo-para-final-the-leftovers\/24572\"><em>The Leftovers<\/em><\/a>. Pocas sensaciones de pureza mayores que taparnos la nariz, echar la cabeza hacia atr\u00e1s y conseguir el peinado m\u00e1s natural de la creaci\u00f3n. Los mafiosos de Scorsese se lo procuraban con gomina en el d\u00eda a d\u00eda. Y tambi\u00e9n algunos calvos coquetos en los 80.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora mismo, tras la ducha, llevo una media melena, s\u00edmbolo de&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.revistavanityfair.es\/cultura\/articulos\/mi-crisis-de-los-40-columna-alberto-moreno\/50080\">mi crisis de los 40<\/a>, peinada de esa exacta manera. El pelo todav\u00eda h\u00famedo y la barba, m\u00e1s larga de lo que suelo llevarla en la oficina, me dan un aspecto de actor secundario bohemio entre proyectos. Me observo adem\u00e1s&nbsp;<strong>cuatro o cinco tatuajes<\/strong>&nbsp;que me hice hace casi 10 a\u00f1os y que ya no me representan, pero que tampoco me gastar\u00eda ni un par de euros en quitarme, ni siquiera si me prometieran un trance indoloro. No los veo si no me fijo bien, como tampoco veo las peque\u00f1as y medianas imperfecciones que me alteraban hasta que cumpl\u00ed los 30: la diastema, mi incisivo inferior algo torcido, la cicatriz de sarampi\u00f3n de mi p\u00f3mulo izquierdo, el remolino que se me genera encima de la oreja izquierda por tenerla un poco m\u00e1s despegada y una ceja medio partida desde los 11 a\u00f1os. En alg\u00fan momento pens\u00e9 que esa loter\u00eda gen\u00e9tica ser\u00eda motivo de descarte cuando llegara mi inter\u00e9s amoroso preferido. Por suerte no fue as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora que tengo esa paz mental y la sensaci\u00f3n de deberes casi hechos, pienso en mi padre y en que dentro de dos d\u00edas har\u00e1 13 a\u00f1os que muri\u00f3 y en que cada vez me acerco m\u00e1s a su edad \u2014ahora solo me saca 15\u2014 y en que,&nbsp;<strong>si tengo suerte, alguna vez ser\u00e9 mayor que \u00e9l<\/strong>. Yo lo ve\u00eda adulto mucho antes de haber alcanzado esta edad m\u00eda de la foto. Por ejemplo, cuando pod\u00eda pasar m\u00e1s de un mes sin pedirse un caf\u00e9 fuera de casa para amortizar mejor la hipoteca; o cuando le observ\u00e9, a\u00f1o tras a\u00f1o, hacer la declaraci\u00f3n de la renta; cada vez que ve\u00eda su estuche en la mesa del sal\u00f3n equipado con un par de portaminas baratos y pulcros, sus minas de recambio y una goma Mil\u00e1n blanca o rosa, que no s\u00e9 c\u00f3mo se las apa\u00f1aba para conservarlas siempre limpias y enteras. Tambi\u00e9n ten\u00eda un cuaderno azul de El Guerrero donde apuntaba las guardias y los d\u00edas de vacaciones antes de que se democratizara el Excel. Vest\u00eda trajes de lana fr\u00eda. O apenas el pantal\u00f3n y una chaqueta de espiga. A veces llevaba bol\u00edgrafos en el bolsillo de la camisa, o puede que no los llevara, pero el efecto que me causaba era el mismo: el de un hombre eficiente que se tomaba las cosas en serio y que hac\u00eda lo que dec\u00eda que iba a hacer. Mi padre nunca se puso una gorra de b\u00e9isbol.<\/p>\n\n\n\n<p>En los 90, cuando era un poco m\u00e1s joven que yo ahora, sigui\u00f3 luciendo bigote, y ahora muchos est\u00e1n de acuerdo con aquella tendencia que estuvo proscrita durante casi dos d\u00e9cadas. Pero&nbsp;<strong>el suyo no era un bigote ir\u00f3nico<\/strong>&nbsp;ni un bigote incipiente ni un bigote timorato de esos que te puedes fundir de un navajazo si has detectado un par de miradas de perplejidad camino del trabajo. Era un se\u00f1or bigote de los de vestirse por los pies. Un bigote profundo y severo que conven\u00eda apurar con la servilleta de tela despu\u00e9s de cada comida. Uno denso y voluminoso que nunca le vi arreglar frente al espejo \u2014deb\u00eda de ser una cosa de esas que se hacen con la puerta atrancada\u2014, un bigote como nunca me ha salido a m\u00ed. Un bigote de padre que dio paso a la barba sin soluci\u00f3n de continuidad cuando cumpli\u00f3 50. Esa zona de la anatom\u00eda de mi padre, la piel de encima de su labio superior, como tantos secretos que se llev\u00f3, sigue siendo un misterio para m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>En la edad madura le vi ahorrar tendencias poco saludables. Cuidaba m\u00e1s lo que com\u00eda y enfatizaba cada vez que ped\u00eda una cerveza sin alcohol, como si esa proclama pudiera generar una cierta simpat\u00eda entre los que nos preocup\u00e1bamos por su colesterol.&nbsp;<strong>Mi padre entonces ten\u00eda cuerpo de padre<\/strong>&nbsp;y yo tengo cuerpo de muchacho en este selfie. Algo espigado y un poco&nbsp;<em>underdressed<\/em>&nbsp;con respecto a la gente de mi edad si una misi\u00f3n de servicio no me requiere etiqueta. Tanto que si nos encontr\u00e1ramos en agosto con mi&nbsp;<em>outfit<\/em>&nbsp;de vacaciones extremas podr\u00eda usted confundirme con un erasmus, no porque yo busque la eterna juventud ni estar en un caj\u00f3n que no me corresponde, sino porque, tal como resumi\u00f3 mi madre: \u201cda igual la edad que tenga, yo sigo pensando como a los 28\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y yo sigo pensando tambi\u00e9n como a los 28<\/strong>, sabiendo que hay una mujer que no comparte pero respeta casi todo lo que opino y unos ni\u00f1os que, por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n, han decidido confiar en esta especie de hermano mayor que se siente desnortado muchos d\u00edas, desamparado unos pocos m\u00e1s y desesperado cada dos o tres meses por culpa de la vida ruidosa y r\u00e1pida que a veces me obliga a tirar de bast\u00f3n para alcanzarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de tres o dos minutos alguien vendr\u00e1 a buscarme y no se preguntar\u00e1 por qu\u00e9 este hombre que ya ha dado la vuelta al jam\u00f3n insiste en tener un fenotipo acorde al Bodhi de&nbsp;<em>Le llaman Bodhi<\/em>, pese a no haber subido a una tabla de surf en su vida. Alguien que les pagar\u00e1 las facturas de manera efectiva y les pedir\u00e1 a cambio que digan por favor y gracias y que se laven las manos antes de las comidas y los dientes despu\u00e9s.&nbsp;<strong>Una especie de f\u00e1brica de comandos aburridos<\/strong>&nbsp;que un d\u00eda relev\u00f3 a sus padres y que en ese papel parece una&nbsp;<em>Eva al desnudo<\/em>&nbsp;pasada por el filtro de&nbsp;<em>American Pie<\/em>. Y que, por lo que sea, tiene legitimidad y consenso popular.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un raro milagro el hecho de revalidar esa confianza generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n. Y da un v\u00e9rtigo que no veas.&nbsp;<strong>De verdad que los 45 me parecen los nuevos 15<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.revistavanityfair.es\/articulos\/el-sindrome-dorian-grey-de-los-padres-contemporaneos\">https:\/\/www.revistavanityfair.es\/articulos\/el-sindrome-dorian-grey-de-los-padres-contemporaneos<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Consumimos cultura y ocio y vestimos como adolescentes. Y vamos a gimnasios como si fu\u00e9ramos atletas profesionales. 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