{"id":127791,"date":"2026-08-01T08:11:16","date_gmt":"2026-08-01T14:11:16","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=127791"},"modified":"2026-08-01T08:11:17","modified_gmt":"2026-08-01T14:11:17","slug":"desconocete-a-ti-mismo-el-yo-exhausto-y-las-drogas-psicodelicas-babelia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/desconocete-a-ti-mismo-el-yo-exhausto-y-las-drogas-psicodelicas-babelia\/","title":{"rendered":"\u201cDescon\u00f3cete a ti mismo\u201d: el yo exhausto y las drogas psicod\u00e9licas | Babelia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\">En una \u00e9poca marcada por la hipertrofia del ego, el renacimiento de estas sustancias ofrece respuestas cient\u00edficas y culturales a la crisis de ansiedad contempor\u00e1nea<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/YC5HUSDUMND67IRR5RARFXAZ3U-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-127792\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/YC5HUSDUMND67IRR5RARFXAZ3U-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/YC5HUSDUMND67IRR5RARFXAZ3U-300x200.jpg 300w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/YC5HUSDUMND67IRR5RARFXAZ3U-768x512.jpg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/YC5HUSDUMND67IRR5RARFXAZ3U.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Vista general de la exposici\u00f3n &#8216;T\u00fa, yo y los globos&#8217;, de la artista japonesa Yayoi Kusama, en M\u00e1nchester, 2023. Christopher Furlong (Getty Images)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><strong><a href=\"https:\/\/elpais.com\/autor\/josep-maria-nadal-suau\/#?rel=author_top\">Nadal Suau<\/a> \/ Babelia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es probable que la verdadera sustancia adictiva del presente sea el Yo. Por eso son tan populares las drogas que lo exacerban, como la coca\u00edna o las redes sociales. Y tambi\u00e9n por eso, pero en sentido opuesto, asistimos desde hace dos d\u00e9cadas al fen\u00f3meno bautizado como&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/salud-y-bienestar\/2023-07-08\/el-renacimiento-psicodelico-la-ciencia-reaviva-el-potencial-terapeutico-de-las-drogas-psicoactivas.html\">Renacimiento psicod\u00e9lico<\/a>&nbsp;o psiqued\u00e9lico (despu\u00e9s volveremos a esa vacilaci\u00f3n): poco a poco, desde que Roland Griffiths public\u00f3 en 2006 el primer trabajo cl\u00ednico riguroso sobre la psilocibina desde los setenta, la medicina y la academia occidentales est\u00e1n levantando el veto a sustancias antes repudiadas como el LSD o el MDMA, objeto de nuevas investigaciones mientras conquistan posiciones en el cat\u00e1logo de experiencias espirituales legitimadas y como tratamientos legales contra la depresi\u00f3n, el estr\u00e9s o la adicci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>He sugerido una conexi\u00f3n entre la hipertrofia inducida del Yo, signo de nuestra \u00e9poca, y este inesperado movimiento de la historia qu\u00edmico-cultural porque, de hecho, los especialistas se\u00f1alan la disoluci\u00f3n del ego como la potencialidad m\u00e1s enriquecedora de estos (quiz\u00e1 mal llamados) alucin\u00f3genos. El renacimiento psicod\u00e9lico y el de la m\u00edstica se dan la mano en tanto que reacciones a la ansiedad contempor\u00e1nea, provocada por tener que ser uno mismo todo el tiempo, un \u201cuno\u201d entendido como marca personal, cada vez m\u00e1s desentendido de la vida comunitaria, sometido a una incertidumbre constante, al que se le arrebata tanto el derecho a habitar el presente en plenitud como el de concebir un futuro habitable. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 significa diluir el ego? Las respuestas son m\u00faltiples: asumir la muerte y el dolor como parte de la propia biograf\u00eda, sabernos inmersos en ecosistemas que nos exceden e incluyen, desbaratar las formas convencionales en que experimentamos el mundo\u2026 Pero tambi\u00e9n las hay menos luminosas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/3LM3D2GIGNEMJDOK6F3EIVYTO4.jpg?auth=1ef3d90774bd2b61bc31055a9a1c38f798656329063f53c765829421fd39014e&amp;width=414\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">La &#8216;Acid Test Graduation&#8217;, una fiesta psicod\u00e9lica convocada por los Merry Pranksters la noche de Halloween de 1966, en San Francisco.Ted Streshinsky (CORBIS \/ Getty Images)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>En los \u00faltimos nueve meses, las editoriales espa\u00f1olas han publicado al menos media docena de ensayos en torno al Renacimiento psicod\u00e9lico, una coincidencia que es el marco de este art\u00edculo. Sin embargo, vale la pena advertir a la persona interesada en el tema de que la&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/babelia\/2023-03-08\/psicodelia-un-mundo-alucinante-que-revela-fenomenos-de-profundo-interes-filosofico.html\">bibliograf\u00eda disponible all\u00e1 afuera<\/a>&nbsp;es desbordante. Dicho esto, quiz\u00e1 se pregunten ustedes por qu\u00e9 el LSD o la ayahuasca eran demonios hasta ayer y ahora resulta que constituyen una esperanza m\u00e9dica. Ve\u00e1moslo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Una paradoja en el origen<\/h3>\n\n\n\n<p>Lo escrito hasta aqu\u00ed no pretende ser (ni dejar de serlo) una apolog\u00eda de las drogas psicod\u00e9licas. Aparte de que en la actualidad sean ilegales salvo en contextos cl\u00ednicos espec\u00edficos, no olvidemos que sus virtudes y sus riesgos est\u00e1n estrechamente ligados al contexto y la intenci\u00f3n del consumo, las circunstancias personales, la posolog\u00eda, etc\u00e9tera. Es cierto que los casos de sobredosis son rar\u00edsimos y t\u00e9cnicamente no se consideran adictivas (una afirmaci\u00f3n qu\u00edmicamente ajustada que esconde algunas trampas). Pero no son un juego, como deber\u00edamos aprender del uso ritual sagrado que les dan las culturas precapitalistas. De lo que se trata aqu\u00ed, pues, es solo de repensar las ideas que nos suscita la mera pronunciaci\u00f3n de sus nombres, LSD, ketamina, setas. Ya sean a favor o en contra, esas ideas son prejuicios condicionados por lo sucedido entre los a\u00f1os cincuenta y setenta del siglo XX, y ning\u00fan libro explica mejor aquel momento que&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/ideas\/2024-09-13\/lsd-el-viaje-en-bicicleta-que-cambio-el-rumbo-de-la-historia-de-la-cultura.html\"><em>Sue\u00f1os de \u00e1cido<\/em>, de Martin A. Lee y Bruce Shlain<\/a>&nbsp;(P\u00e1gina Ind\u00f3mita, 2022), centrado en la genealog\u00eda del LSD. El ensayo se lee con placer gracias al tono de sus autores, rigurosos en el an\u00e1lisis, pero capaces de sonre\u00edr con cari\u00f1o a costa de las excentricidades en que a veces cayeron los h\u00e9roes de la edad de oro lis\u00e9rgica, gente como&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2023-05-22\/los-psiconautas-de-harvard.html\">Timothy Leary,<\/a>&nbsp;Ken Kesey, el Capit\u00e1n Tripis (sic) y tantos otros.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>La comunidad cient\u00edfica acogi\u00f3 con entusiasmo el descubrimiento del LSD, que abr\u00eda puertas a la mente<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Es imposible resumir aqu\u00ed lo que ocurri\u00f3 en las dos d\u00e9cadas posteriores a que&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/babelia\/2023-06-27\/albert-hofmann-descubridor-del-lsd-desconocete-a-ti-mismo.html\">Albert Hofmann<\/a>&nbsp;sintetizase (1938) e ingiriese (1943) la dietilamida de \u00e1cido lis\u00e9rgico. Nos conformaremos con un resumen tosco: al principio, la comunidad cient\u00edfica acoge con entusiasmo inquisitivo el descubrimiento de esta nueva sustancia, cuyos efectos abarcan desde la percepci\u00f3n alterada del espacio, el tiempo, la luz o el sonido, hasta la certeza de experimentar una trascendencia divina que lleva a la comuni\u00f3n con quienes te rodean. \u00bfQu\u00e9 conocimientos neurol\u00f3gicos podr\u00edamos obtener de su estudio? \u00bfQu\u00e9 aplicaciones terap\u00e9uticas asignarle? El FBI tambi\u00e9n se entusiasma, aunque por otras razones, claro: en el LSD y drogas afines la agencia intuye la oportunidad de lograr el control mental del enemigo, un objetivo, ay caramba, no muy compatible con los derechos humanos ni con la legalidad. Aun as\u00ed, agentes y psiquiatras coinciden en su an\u00e1lisis al interpretar aquellos colocones como poco m\u00e1s que una psicosis artificial pasajera. Hasta que un pu\u00f1ado de investigadores universitarios, intelectuales y artistas abiertos a la heterodoxia desaf\u00edan esa visi\u00f3n constre\u00f1ida.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/GFUMLIGB7JEB3NDCCWD6K5MHMI.jpg?auth=7a57b8e1ef9292e39438989018303ddb9544ebe74c50104dc5cf937e754ffc83&amp;width=414\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Una pintura de Henri Michaux sin t\u00edtulo, 1964.Bridgeman Images \/ Album \/ VEGAP, Madrid, 2026<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>El peculiar\u00edsimo Leary,&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/babelia\/2023-04-14\/aldous-huxley-la-eternidad-es-tan-real-como-la-mierda.html\">Aldous Huxley<\/a>&nbsp;o Allen Ginsberg, entre muchos m\u00e1s personajes, cada uno a su manera, tratar\u00e1n de demostrar que el descubrimiento tiene un alcance c\u00f3smico, una capacidad inaudita de transformar a la humanidad. Por supuesto, lo f\u00e1cil es caricaturizar a Ginsberg pase\u00e1ndose desnudo mientras busca un tel\u00e9fono para concertar una cita entre Kennedy y Jruschov, meterles \u00e1cido en la bebida y as\u00ed lograr la paz mundial&nbsp;<em>instant\u00e1nea<\/em>. O reducir a folclore las aventuras de los Merry Pranksters a bordo de un autob\u00fas pintado de fluorescente a trav\u00e9s de Estados Unidos. O burlarse de las derivas m\u00e1s banales y kitsch del&nbsp;<em>new age<\/em>. Sin embargo, una mirada limpia a la contracultura lis\u00e9rgica de los sesenta ha de reconocer la colosal aventura en que se vio inmersa aquella generaci\u00f3n de hombres y mujeres. Estaban abriendo puertas en la mente y la realidad cuya existencia Occidente hab\u00eda olvidado por completo. De hecho, algunas de esas puertas jam\u00e1s se hab\u00edan abierto antes, puesto que el LSD no se encuentra en la naturaleza y era algo totalmente nuevo, un producto estrictamente cultural. No se trata tan solo de que la cultura del momento no se entienda sin la psicodelia, ni de que su impacto llegue hasta hoy. No se trata solo de Thomas Pynchon con su universo de paranoia digresiva, ni de todos los m\u00fasicos o artistas que siguieron aquella estela. Es que el mundo parec\u00eda genuinamente a punto de cambiar, abri\u00e9ndose a una oleada amorosa universal.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no deb\u00edan ser tan ingenuos, locos ni piojosos los protagonistas del verano del amor (1967), en vista de que el Gobierno de Richard Nixon les declar\u00f3 una guerra abierta a partir de 1971 con la excusa de combatir las drogas, ridiculiz\u00e1ndolos y criminaliz\u00e1ndolos mientras los saboteaba y, en el giro m\u00e1s c\u00ednico posible, traficaba bajo mano, hasta conducir a las escenas alternativas de San Francisco o Nueva York a unas resacas politoxic\u00f3manas que forjar\u00edan la leyenda negra de los psicod\u00e9licos. As\u00ed que una mezcla de excesos propios (los hubo en abundancia), ingenuidades pagadas caras, conspiraci\u00f3n de estado y conservadurismo intervencionista hizo que la exploraci\u00f3n psiconauta sesentera desembocara en el descr\u00e9dito setentero. Y de ah\u00ed viene todo cuanto cre\u00edamos saber sobre la psicodelia, de esa paradoja hist\u00f3rica que la trat\u00f3 como arma destructiva y milagro pacificador, como amenaza perversa y camino de liberaci\u00f3n. Al final de ese proceso, a ojos de la opini\u00f3n p\u00fablica quedaron un tab\u00fa y un rastro de ideas distorsionadas. Ambos iban a alargarse muchos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/SEY6GGFRTBAXFNTBAJ44JE4MNE.jpg?auth=3c7ee9ce4f4d523138f0e772ad5e7728c1349bec92d772745f62c7d09b813d7d&amp;width=414\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El escritor Mariano Antol\u00edn Rato, en 2023.Juan Gonz\u00e1lez (EFE)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Latencia cultural y traves\u00eda del desierto<\/h3>\n\n\n\n<p>El canon cultural psicod\u00e9lico es inabarcable. Solo en literatura, pensemos en J\u00fcnger,&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/babelia\/2023-09-27\/henri-michaux-el-lejano-espacio-interior.html\">Michaux<\/a>&nbsp;o Huxley, en Europa, y en toda la generaci\u00f3n beatnik y en casi toda la posmoderna, en Estados Unidos. Ahora bien, a partir de la segunda mitad de los setenta, esta cuesti\u00f3n (es decir: un modo de estructurar el lenguaje y la narraci\u00f3n, unos horizontes pol\u00edticos, una concepci\u00f3n espiritual\u2026) pasa a segundo plano, e incluso la cultura rave nacida en los ochenta, que a primera vista parecer\u00eda su heredera, responde en realidad a un modelo muy distinto. Esto tampoco significa que no quedase en pie ninguna ense\u00f1anza. Por ejemplo, la editorial Alpha Decay acaba de publicar una nueva traducci\u00f3n firmada por Victoria Malet de una novela extraordinaria,&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/2011\/04\/02\/babelia\/1301703152_850215.html\"><em>Stone Junction<\/em>, de Jim Dodge.&nbsp;<\/a>El libro se public\u00f3 por primera vez en 1990, y en \u00e9l las drogas tienen un papel, aunque relevante, secundario. Da igual, la historia de su protagonista Daniel Pearse, que viene a la vida en un mundo heterodoxo, imaginativo y libre, es una fant\u00e1stica s\u00edntesis del mejor aprendizaje psicod\u00e9lico: sospechar de los relatos que hacen de la realidad un lugar gris, confiar en la magia como otro nombre que asignamos a la naturaleza, perseguir el conocimiento. Una obra maestra que Dodge no habr\u00eda podido escribir sin la existencia de todo ese linaje que lo antecedi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Richard Nixon les declar\u00f3 una guerra abierta a partir de 1971 con la excusa de combatir las drogas<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Por razones obvias y no por ello menos deprimentes, nuestro pa\u00eds no figura entre los lugares con mayor raigambre psicod\u00e9lica, pero Pepe Garc\u00eda Lloret con&nbsp;<em>Psicodelia, hippies y underground en Espa\u00f1a&nbsp;<\/em>(SGAE, 2006) y Germ\u00e1n Labrador con&nbsp;<em>Culpables por la literatura<\/em>&nbsp;(Akal, 2017) registraron muy bien la historia de quienes siguieron esa senda entre 1965 y 1980. A m\u00ed me gustar\u00eda reivindicar&nbsp;<em>Cuando 900 mil mach aprox<\/em>, de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2025-01-11\/muere-mariano-antolin-rato-el-ultimo-beat.html\">Mariano Antol\u00edn Rato<\/a>, un estupendo escritor m\u00e1s recordado por las influyentes traducciones de Kerouac o Lowry, que en 1973 intent\u00f3 retener en sus p\u00e1ginas las emociones, n\u00e1useas y conquistas propias del coloc\u00f3n \u00e1cido. La novela se cierra con una cuenta atr\u00e1s que se lleva por delante la ortograf\u00eda, la l\u00f3gica, cualquier representaci\u00f3n figurativa, y termina as\u00ed: \u201cPara Kandinsky el punto pertenece a la escritura y significa \/ SILENCIO\u201d. Lleva d\u00e9cadas descatalogada. En fin, luego los a\u00f1os ochenta y siguientes iban a tener poco de psicod\u00e9lico entre nosotros, lo mismo que en casi todas partes.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/UUPEWTAQG5DTLEU6RF5KWRV2HQ.jpg?auth=641bf5c8a0b74c65604ccd93915b863e00ad75929d2f1988e97ffbc236fb3d12&amp;width=414\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Retrato cedido por el CCCB de la autora Marta Echaves.Andreu Adrover (CCCB)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Eso, en cuanto a las artes. En cuanto a la dimensi\u00f3n psiqui\u00e1trica y terap\u00e9utica de las sustancias psicod\u00e9licas, ese aspecto entr\u00f3 oficialmente en coma tras la revuelta nixoniana, por mucho que en Estados Unidos jam\u00e1s dejaron de existir profesionales que las administrasen a sus pacientes al margen de la ley. El psic\u00f3logo cl\u00ednico Richard Louis Miller explica muy bien el paso de aquella traves\u00eda del desierto a la situaci\u00f3n presente en dos libros que han coincidido estos d\u00edas,&nbsp;<em>Medicina psicod\u00e9lica<\/em>&nbsp;(Yonki Books, 2026) y&nbsp;<em>Medicina psicod\u00e9lica al final de la vida<\/em>&nbsp;(Obelisco, 2026), sobre todo el primero, que re\u00fane las conversaciones radiof\u00f3nicas del autor con algunos pioneros del Renacimiento psicod\u00e9lico. Seis cient\u00edficos empe\u00f1ados en recuperar el LSD, el MDMA, la psilocibina o la ayahuasca para el debate p\u00fablico, la terapia y, m\u00e1s all\u00e1, el desarrollo creativo de las conciencias individuales y colectivas. Miller y sus conmilitones explican con agudeza cercana los pros y los contras de cada sustancia, se muestran cr\u00edticos con la industria farmac\u00e9utica y la restricci\u00f3n informativa que fomentan los gobiernos (en particular, el norteamericano), y auguran un futuro optimista para la normalizaci\u00f3n de un uso informado e inteligente de los psicod\u00e9licos. El libro se public\u00f3 originalmente en 2017, y una d\u00e9cada despu\u00e9s los nombres de Stanislav Grof, Rick Doblin o Amanda Feilding ya no son tanto punta de lanza como referencias consolidadas para nuevas promociones de psic\u00f3logos y psiquiatras.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La resurrecci\u00f3n de la psicodelia y sus inc\u00f3gnitas<\/h3>\n\n\n\n<p>Quien busque buenos libros de divulgaci\u00f3n para entender el estado actual de la cuesti\u00f3n est\u00e1 de suerte.&nbsp;<em>Medicina psiqued\u00e9lica<\/em>, del farmac\u00f3logo&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/icon\/bienestar\/2022-03-22\/una-terapia-con-mdma-los-expertos-debaten-el-uso-de-drogas-psicodelicas-en-tratamientos-medicos.html\">Jos\u00e9 Carlos Bouso<\/a>&nbsp;(Kair\u00f3s, 2026), es un manual completo que repasa con seriedad accesible el abanico de sustancias que avala la ciencia, los avances m\u00e1s recientes en la investigaci\u00f3n y qu\u00e9 aplicaciones podemos considerar terap\u00e9uticas, espirituales o, en definitiva, valiosas. Lo mismo que Miller, tambi\u00e9n Bouso (que es un especialista de talla mundial) subraya los efectos beneficiosos frente al dolor y en la etapa final de la vida, y proyecta una mirada l\u00facida tanto sobre la industria como sobre una epidemia universal de salud mental que no es sino el s\u00edntoma de otra cosa: un problema social sist\u00e9mico. Por cierto, Bouso cita al doctor Juan Carlos Us\u00f3 para explicar el uso de la palabra \u2018psiqued\u00e9lico\u2019 frente a la alternativa \u2018psicod\u00e9lico\u2019: seg\u00fan ambos, esta versi\u00f3n respeta m\u00e1s el origen etimol\u00f3gico griego, donde&nbsp;<em>psykh\u1e17<\/em>&nbsp;significar\u00eda \u2018alma\u2019. En \u00faltima instancia, el libro aspira a ser una herramienta \u00fatil para quien lo lea, y no olvida analizar riesgos, dilemas \u00e9ticos, y las condiciones que rodean al uso comunitario de los ente\u00f3genos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/UDORYYK43ZDNZL5X6HV7C2CNI4.jpg?auth=1a59a60914a8a7b9797fbe178998dad4a9e7ad599ae7002069b3e2bb01d687b1&amp;width=414\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Retrato del autor Juan Arnau.GALAXIA GUTENBERG<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Y finalmente est\u00e1 el pensamiento.&nbsp;<em>Qu\u00edmicas piedades<\/em>, de Marta Echaves (Cielo Santo, 2026) es un ensayo incisivo sobre la ketamina, una sustancia que deliberadamente no he mencionado hasta ahora porque es un psicod\u00e9lico diferente, del mismo modo que la cultura construida a su alrededor tiene poco que ver con la del LSD. De hecho, Echaves y su prologuista, la pensadora australiana McKenzie Wark, reivindican no caer en nostalgias californianas y asumir la ketamina como una droga trans, una disociaci\u00f3n no escapista, sino que nos re-asocia al mundo de formas nuevas, desde una corporalidad nueva que se manifiesta en&nbsp;<em>raves<\/em>&nbsp;polite\u00edstas. Fragmentarse para habitar un mundo que nos deja sin tiempo. Sobre todo,&nbsp;<em>Qu\u00edmicas piedades<\/em>&nbsp;sirve tambi\u00e9n para prevenirnos frente a la probabilidad de que el Renacimiento psicod\u00e9lico, por muy buena voluntad que le pongan sabios como Miller, acabe siendo una marca comercial para volver a ganarle la partida al potencial disruptivo de la psicodelia, de modo que la industria farmac\u00e9utica, nuevos se\u00f1ores feudales como el muy ketam\u00ednico (pero ketam\u00ednico-mal) Elon Musk y la propaganda de plataforma ahoguen su potencial liberador y sagrado para convertirla en silenciador pasivo del dolor, sustento para la esclavitud. Por eso, para no olvidar que los psicod\u00e9licos pueden abordarse como estrategia radical de ruptura con la norma, merece la pena asomarse tambi\u00e9n a&nbsp;<em>El viajero mental<\/em>, de&nbsp;<a href=\"https:\/\/elpais.com\/autor\/juan-maria-arnau-navarro\/\">Juan Arnau,<\/a>&nbsp;un libro \u00edntimamente relacionado con las indagaciones que el autor lleva a\u00f1os compartiendo con sus lectores y que explica con gran elegancia la hip\u00f3tesis de que la conciencia (y por lo tanto, la persona) no est\u00e9 en nuestra mente, ni en nuestro cuerpo, sino&nbsp;<em>a trav\u00e9s<\/em>&nbsp;de nuestra mente y nuestro cuerpo, es decir, que quienes somos reside en c\u00f3mo nos relacionamos con el tejido del universo. \u201cDescon\u00f3cete a ti mismo\u201d, viene a recomendar Arnau al final de&nbsp;<em>El viajero mental<\/em>, y a m\u00ed me recuerda a un&nbsp;<em>reel<\/em>&nbsp;de Instagram que circul\u00f3 hace unos a\u00f1os. En \u00e9l, la escritora Cristina Morales relataba el hartazgo que a la panadera de su barrio le produc\u00eda toda esa gente que aconseja o exige al individuo que se integre, y remataba como un pu\u00f1etazo: \u201cJol\u00edn con \u2018int\u00e9grate, int\u00e9grate\u2019\u2026 \u00a1desint\u00e9grate!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata, en fin, de mitificar los psicod\u00e9licos, que har\u00e1n su recorrido farmacol\u00f3gico, que se incorporan m\u00e1s o menos al orden aceptado de las cosas, que cambiar\u00e1n vidas o no lo har\u00e1n en absoluto (<a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/william-burroughs\/\">William Burroughs<\/a>&nbsp;entendi\u00f3 bastante pronto que cuanto hay de valioso en el viaje qu\u00edmico puede alcanzarse tambi\u00e9n por otras v\u00edas). Ahora bien, mirarlos de frente y leer sobre ellos es un buen y legal modo de hacerlo, ayuda a preguntarse qu\u00e9 podr\u00edamos hacer con el Yo exhausto e histri\u00f3nico del siglo XXI, con los poderes t\u00e9cnicos que lo utilizan para doblegarnos, y con la sed de trascendencia que sacude al ser humano, divino mortal.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/elpais.com\/babelia\/2026-08-01\/desconocete-a-ti-mismo-el-yo-exhausto-y-las-drogas-psicodelicas.html\">https:\/\/elpais.com\/babelia\/2026-08-01\/desconocete-a-ti-mismo-el-yo-exhausto-y-las-drogas-psicodelicas.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una \u00e9poca marcada por la hipertrofia del ego, el renacimiento de estas sustancias ofrece respuestas cient\u00edficas y culturales a 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