{"id":126204,"date":"2026-07-09T08:09:25","date_gmt":"2026-07-09T14:09:25","guid":{"rendered":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/?p=126204"},"modified":"2026-07-09T08:09:27","modified_gmt":"2026-07-09T14:09:27","slug":"los-ecos-de-la-cruel-masacre-de-wounded-knee-el-latido-de-los-pueblos-nativos-que-eeuu-nunca-pudo-enterrar-quien-podria-explicar-tan-inmisericorde-desprecio-a-la-vida-la-lectura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/los-ecos-de-la-cruel-masacre-de-wounded-knee-el-latido-de-los-pueblos-nativos-que-eeuu-nunca-pudo-enterrar-quien-podria-explicar-tan-inmisericorde-desprecio-a-la-vida-la-lectura\/","title":{"rendered":"Los ecos de la cruel masacre de Wounded Knee, el latido de los pueblos nativos que EEUU nunca pudo enterrar: \u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00eda explicar tan inmisericorde desprecio a la vida?\u00bb | La Lectura"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-background has-medium-font-size\" style=\"background-color:#eeda3f\">La matanza de 1890 sell\u00f3 el final de los pueblos ind\u00edgenas en el imaginario estadounidense. El escritor ojibwe David Treuer dedica&nbsp;<em>El latido de Wounded Knee<\/em>&nbsp;(Capit\u00e1n Swing) a desarmar ese epitafio y a narrar las luchas por la supervivencia que vinieron despu\u00e9s de la nieve y los cad\u00e1veres<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"910\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/17828127891407-910x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-126205\" srcset=\"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/17828127891407-910x1024.jpeg 910w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/17828127891407-267x300.jpeg 267w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/17828127891407-768x864.jpeg 768w, https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/17828127891407.jpeg 1200w\" sizes=\"(max-width: 910px) 100vw, 910px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Soldados estadounidenses entierran a ind\u00edgenas en una fosa com\u00fan en enero de 1891, tras la masacre de Wounded Knee, en Dakota del Sur. BIBLIOTECA DEL CONGRESO<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4d2bcda17644e0e9bcc4cf6d563c9812\"><strong>Daniel Arjona \/ La Lectura<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>La ventisca arreci\u00f3 durante tres d\u00edas sobre la ca\u00f1ada de Wounded Knee, en Dakota del Sur, y cubri\u00f3 de nieve los cuerpos antes de que nadie pudiera contarlos. Cuando el temporal amain\u00f3, a finales de diciembre de 1890, el general Nelson Miles recorri\u00f3 el escenario y encontr\u00f3 a mujeres y ni\u00f1os abatidos a tres kil\u00f3metros del campamento, all\u00ed donde la caballer\u00eda les hab\u00eda dado caza.&nbsp;<strong>\u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00eda explicar tan inmisericorde desprecio a la vida?\u00bb<\/strong>, escribi\u00f3. Cuatro d\u00edas despu\u00e9s de la matanza, alguien descubri\u00f3 entre los muertos a una ni\u00f1a lakota helada y hambrienta, todav\u00eda viva, acurrucada en los brazos del cad\u00e1ver de su madre.&nbsp;<strong>La llamaban Zintkala Nuni, P\u00e1jaro Perdido<\/strong>. Durante cuatro semanas pas\u00f3 de soldado en soldado como una suerte de&nbsp;<em>souvenir&nbsp;<\/em>viviente, hasta que un general decidi\u00f3 adoptarla. Muri\u00f3 en 1920, en la m\u00e1s abyecta pobreza, durante la pandemia de la llamada gripe espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Al menos 150 lakotas fueron asesinados aquella ma\u00f1ana del 29 de diciembre, aunque algunos c\u00e1lculos elevan la cifra por encima de los 300. M\u00e1s de la mitad eran mujeres y ni\u00f1os. Pero casi de la noche a la ma\u00f1ana,&nbsp;<strong>Wounded Knee dej\u00f3 de ser una matanza concreta para convertirse en un s\u00edmbolo<\/strong>, el del cierre de la frontera y el final de la llamada \u00abera india\u00bb, el remate de un pasado salvaje y el arranque de los Estados Unidos modernos. En 1893, ante la Exposici\u00f3n Mundial Colombina de Chicago, el historiador Frederick Jackson Turner lo expuso de la siguiente manera:&nbsp;<strong>el pa\u00eds empezaba con el indio y el cazador y terminaba con la f\u00e1brica y la ciudad<\/strong>. La coexistencia resultaba impensable. El indio hab\u00eda muerto y su cad\u00e1ver forjaba el cimiento del mito estadounidense contempor\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un superviviente, el jefe Caballo Americano, dej\u00f3 constancia de lo que vio:&nbsp;<strong>\u00abSe dispar\u00f3 a una madre con un ni\u00f1o de pecho, y el beb\u00e9, cuya corta edad le hac\u00eda ignorar la muerte, sigui\u00f3 mamando\u00bb<\/strong>. La prensa de la \u00e9poca oscil\u00f3 entre la compasi\u00f3n y la sed de sangre. En el&nbsp;<em>Saturday Pioneer<\/em>&nbsp;de Aberdeen, un joven director de peri\u00f3dico llamado L. Frank Baum, que a\u00f1os despu\u00e9s firmar\u00eda El maravilloso mago de Oz, reclam\u00f3 por escrito \u00abborrar a esas criaturas ind\u00f3mitas e indomables de la faz de la tierra\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Contra ese epitafio escribe&nbsp;<strong>David Treuer&nbsp;<\/strong>(Washington, 1970). Novelista y antrop\u00f3logo nacido en la reserva del lago Leech, en el norte de Minnesota, indio ojibwe por parte de madre, empez\u00f3 a escribir&nbsp;<em><strong>El latido de Wounded Knee<\/strong><\/em>&nbsp;(Capit\u00e1n Swing) en el invierno de 2016, la semana en que muri\u00f3 su padre. Treuer emplea a conciencia y sin disculparse la palabra \u00abindio\u00bb, y propone a los no iniciados una regla sencilla: preguntar a los nativos c\u00f3mo prefieren que se les llame. El libro entrelaza la historia, el reportaje y las memorias, y persigue algo tan terco como sencillo:&nbsp;<strong>contar la vida de los indios, no su muerte<\/strong>. \u00abLas v\u00edctimas de Wounded Knee han muerto doblemente\u00bb, afirma, \u00abla primera vez, bajo el fuego letal de los ca\u00f1ones, y la segunda, enterrados por la tinta falsa de los comentaristas y opinadores\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-ast-global-color-4-background-color has-background\">Para saber m\u00e1s<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/06\/15\/17815322246601.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Seis siglos de historia maya contada sobre las piedras.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/06\/25\/6a2a81d5fc6c8338378b45b8.html\">\u00abHoy sabemos m\u00e1s sobre la geopol\u00edtica maya del siglo IX que sobre hechos de la Europa medieval\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Redacci\u00f3n:DANIEL ARJONA<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/06\/15\/17815223670404.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>118 d\u00edas varados en alta mar, la historia de los Bailey, el matrimonio que venci\u00f3 al Pac\u00edfico.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/06\/23\/6a2c0af5fc6c83db148b45fc.html\">\u00abLa experiencia los oblig\u00f3 enfrentarse a una versi\u00f3n extrema de la pareja\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Redacci\u00f3n:ANDR\u00c9S SEOANE<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"cardTitle_signUp\"><\/h2>\n\n\n\n<p>Este epitafio ya contaba con un libro may\u00fasculo a su servicio. En 1970, 80 a\u00f1os despu\u00e9s de la matanza,&nbsp;<strong>Dee Brown<\/strong>&nbsp;public\u00f3&nbsp;<em><strong>Enterrad mi coraz\u00f3n en Wounded Knee<\/strong><\/em>: cuatro millones de ejemplares, 17 idiomas, jam\u00e1s descatalogado. Brown denunciaba el expolio del Oeste con una fuerza in\u00e9dita, pero reanimaba la vieja historia triste, la del indio reducido a una lista de tragedias superadas sin haber tenido nunca una vida propia. Treuer ley\u00f3 esas p\u00e1ginas en 1991, siendo estudiante en Princeton, y qued\u00f3 doblemente consternado. Echaba de menos su reserva, sus bosques septentrionales, el Misisipi min\u00fasculo que la cruzaba apenas m\u00e1s ancho que un riachuelo, y en aquella a\u00f1oranza no encontraba ni miseria ni desesperanza. Le humillaba, adem\u00e1s, que un autor blanco les explicara a los indios la realidad del mundo con una autoridad que \u00e9l entonces no pod\u00eda igualar.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante a\u00f1os, el propio Treuer hab\u00eda cre\u00eddo ese relato.&nbsp;<strong>Ve\u00eda su reserva como un \u00abno lugar\u00bb donde nunca pasaba nada<\/strong>&nbsp;y donde las buenas ideas iban a expirar, y ten\u00eda alrededor cuanto parec\u00eda probarlo: un t\u00edo brillante muerto de sobredosis, un primo acribillado por la polic\u00eda, el presidente del consejo tribal investigado por asaltar el casino a punta de pistola. Marcharse de all\u00ed le devolvi\u00f3 la otra mitad de la historia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/e01-elmundo.uecdn.es\/assets\/multimedia\/imagenes\/2026\/06\/30\/17828127816617.jpg\" alt=\"Mujeres nativas  se manifiestan en  1973 en Pine Ridge (Dakota del Sur), por los derechos de los ind\u00edgenas.\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Mujeres nativas se manifiestan en 1973 en Pine Ridge (Dakota del Sur), por los derechos de los ind\u00edgenas.BFP<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Desde la distancia comprendi\u00f3 la val\u00eda de su madre, que estudi\u00f3 Enfermer\u00eda y luego Derecho para volver a ejercer la abogac\u00eda en la reserva, a una manzana del instituto que tan pobre idea se hab\u00eda hecho de ella. Para la mayor\u00eda de sus clientes, era la primera vez que se sentaban en un banquillo con un abogado indio al lado. Y entendi\u00f3 a su padre, un jud\u00edo que hab\u00eda sobrevivido a duras penas al Holocausto y hab\u00eda hecho suyas las causas indias. \u00abYo era un refugiado, un superviviente, un marginado\u00bb, le explic\u00f3.&nbsp;<strong>\u00abDurante toda mi vida, me hab\u00edan inculcado la idea de que no daba la talla. En cuanto llegu\u00e9 aqu\u00ed me sent\u00ed aceptado\u00bb<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Tenacidad vs. Avaricia<\/h2>\n\n\n\n<p>La memoria india empieza mucho antes del duelo. Cuando los europeos llegaron, hacia 1500, viv\u00edan en Norteam\u00e9rica cerca de cinco millones de personas repartidas en m\u00e1s de 500 tribus. Algunos pueblos levantaron ciudades que todav\u00eda siguen en pie en los desiertos del suroeste y la costa este estuvo densamente poblada de Florida a Terranova. En la confluencia del Misuri y el Misisipi, donde hoy se levanta San Luis, la ciudad de Cahokia lleg\u00f3 a albergar a unos 30.000 habitantes. Cuatro siglos de guerras, enfermedades y hambrunas pasaron una factura atroz.&nbsp;<strong>El censo de 1900 enumer\u00f3 237.000 indios, due\u00f1os apenas del 3% del territorio<\/strong>. El exterminio de los bisontes, que lleg\u00f3 a alcanzar los 5.000 animales muertos al d\u00eda a finales de la d\u00e9cada de 1870, funcion\u00f3 como un arma deliberada contra las tribus de las praderas. Pero Treuer se niega a leer ese desplome con la lente siniestra de la extinci\u00f3n. \u00c9l rastrea adaptaci\u00f3n e ingenio, las muchas sendas que los indios abrieron cada vez que les cerraban las antiguas.<\/p>\n\n\n\n<p>El siglo XX inaugur\u00f3 otra guerra.&nbsp;<strong>Sus armas, escribe Treuer, fueron la avaricia y el fraude<\/strong>. La de los indios, la tenacidad. En 1924, 300.000 indios recibieron de golpe la ciudadan\u00eda estadounidense sin perder la tribal, y se convirtieron en una figura jur\u00eddica singular, indios y norteamericanos a la vez. Tres d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, las leyes de \u00abpunto final\u00bb y la Norma P\u00fablica 280 desmontaron buena parte de aquella soberan\u00eda y entregaron a varios estados la jurisdicci\u00f3n sobre las reservas. Mientras tanto, generaciones de ni\u00f1os arrancados a sus familias pasaban por los internados, lejos de casa, llevando los ecos tribales en el coraz\u00f3n. Esa soberan\u00eda discreta, perpetuamente amenazada, recorre el libro entero.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-ast-global-color-4-background-color has-background is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><strong><em>\u00abLos indios de Wounded Knee han muerto doblemente: bajo el fuego de los ca\u00f1ones y enterrados por la tinta falsa de opinadores\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>En 1969, estudiantes y activistas ocuparon Alcatraz. En 1972, la Caravana de los Tratados Rotos tom\u00f3 la sede del Gabinete de Asuntos Indios en Washington. Y en febrero de 1973, militantes del Movimiento Indio Norteamericano reocuparon el propio escenario de la masacre.&nbsp;<strong>Durante 71 d\u00edas, Russell Means, Dennis Banks y los suyos resistieron en Wounded Knee<\/strong>, cercados por el FBI y por los matones del presidente tribal Dick Wilson, hasta declarar all\u00ed mismo una \u00abnaci\u00f3n oglala independiente\u00bb. Murieron dos hombres: Frank Clearwater, de un tiro en la cabeza mientras dorm\u00eda, y Buddy Lamont, veterano de Vietnam, abatido por un francotirador. Treuer narra el episodio sin rastro de romanticismo, atento a la violencia y a las luchas internas del movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El 17 de marzo de 2012, en el casino Northern Lights de la reserva del lago Leech, Treuer asisti\u00f3 a una velada de boxeo. Vio a p\u00fagiles indios subir al cuadril\u00e1tero y derribar a sus rivales blancos ante un p\u00fablico que rug\u00eda de placer en un local abarrotado, haciendo justo lo que durante siglos se les hab\u00eda prohibido. Entre los boxeadores estaba su primo Sam Cleveland, capaz de tumbar a rivales mucho m\u00e1s corpulentos que \u00e9l.&nbsp;<strong>Aquellos hombres peleaban contra algo m\u00e1s que un contrincante<\/strong>. Combat\u00edan, escribe, contra \u00abesa \u00edntima convicci\u00f3n de haber perdido, de haber salido siempre perdedores, de que ya lo hemos perdido todo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En 2016, la tribu sioux de Standing Rock levant\u00f3 un campamento contra el oleoducto Dakota Access, y en sus alrededores se congreg\u00f3 la mayor reuni\u00f3n de nativos desde los ej\u00e9rcitos tribales que derrotaron a la caballer\u00eda en Little Bighorn. Bajo el lema \u00abMni Wiconi\u00bb (el agua es sagrada), los manifestantes defendieron el agua potable y los lugares sagrados sin un l\u00edder visible y con un n\u00famero in\u00e9dito de mujeres al frente. Tribus de M\u00e9xico enviaron danzantes y los maor\u00edes mandaron hakas de desaf\u00edo por Facebook. Donald Trump reactiv\u00f3 las obras a los pocos d\u00edas de tomar posesi\u00f3n, y el oleoducto se termin\u00f3. Fue una derrota, admite con cierto pesar Treuer, pero una derrota que cambi\u00f3 la mirada: \u00ab<strong>Lo que parec\u00eda un problema indio se revel\u00f3 como un dilema de toda la sociedad estadounidense<\/strong>. La pr\u00f3xima vez las autoridades no lo tendr\u00e1n tan f\u00e1cil\u00bb, advierte.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mirar hacia el futuro<\/h2>\n\n\n\n<p>El libro se cierra con Alce Negro. Nacido en 1863 a orillas del r\u00edo Powder, tuvo a los nueve a\u00f1os, ardiendo de fiebre, una visi\u00f3n largu\u00edsima en la que contempl\u00f3 el aro sagrado de su pueblo dentro del gran c\u00edrculo del universo. Combati\u00f3 en Little Bighorn, recorri\u00f3 Europa como figurante del espect\u00e1culo de Buffalo Bill y estuvo en Wounded Knee aquel 29 de diciembre, donde carg\u00f3 contra los soldados armado solo con un arco sin flechas y puso a salvo a una ni\u00f1a hu\u00e9rfana antes de recibir, al d\u00eda siguiente, un balazo que le cruz\u00f3 el vientre de lado a lado. M\u00e1s tarde se convirti\u00f3 al catolicismo y ense\u00f1\u00f3 el catecismo en Pine Ridge. Muchos indios leen esa conversi\u00f3n como una rendici\u00f3n. Treuer la lee de otro modo, como la prueba de que Alce Negro \u00abestaba decidido a vivir y a adaptarse\u00bb. Y eso, sostiene,&nbsp;<strong>\u00aben lugar de rebajar su condici\u00f3n de indio, la ensancha\u00bb<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-ast-global-color-4-background-color has-background is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-24529be73b9be29dc7b786b5ce674a3d\"><strong><em>\u00abLa lucha del oleoducto de 2016 fue una derrota, pero cambi\u00f3 la mirada. Lo que parec\u00eda un problema indio se revel\u00f3 como un dilema de la sociedad\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Bajo la cr\u00f3nica late una convicci\u00f3n casi vertiginosa de que los relatos moldean el mundo. \u00abLas narrativas mismas que empleamos para referir la historia de lo que somos\u00bb, dice Treuer, \u00abson las que configuran la propia realidad de nuestras vidas\u00bb. Si los indios cuentan su pasado como tragedia, se condenan a un futuro de calamidades. Y si solo truenan contra su dependencia de Estados Unidos, olvidan que&nbsp;<strong>tambi\u00e9n ellos han moldeado el pa\u00eds<\/strong>. \u00abLos indios mueren\u00bb, dice, \u00abadem\u00e1s de bajo las balas, en su propia mente, y esa es quiz\u00e1 la desaparici\u00f3n m\u00e1s triste de todas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Para nombrar esa apuesta, Treuer convoca a Walter Benjamin. \u00abArticular hist\u00f3ricamente el pasado no significa conocerlo tal como realmente fue\u00bb, escribi\u00f3 el fil\u00f3sofo alem\u00e1n, \u00absignifica apropiarse de la memoria que relumbra en un instante de peligro\u00bb. Ni siquiera los muertos estar\u00e1n a salvo si el enemigo vence. El latido de Wounded Knee quiere arrancar a esos muertos de las manos del enemigo. Por eso su autor pide mirar m\u00e1s all\u00e1 de la ca\u00f1ada helada, m\u00e1s all\u00e1 del coraz\u00f3n indio enterrado en el fr\u00edo suelo de Dakota del Sur, hacia \u00abel ardiente pulso que se deja sentir, segundo a segundo y d\u00eda tras d\u00eda\u00bb entre los dakotas, los ojibwes, los comanches y las dem\u00e1s tribus del pa\u00eds. Bajo la nieve que cubri\u00f3 a P\u00e1jaro Perdido y a su madre, dice el libro,&nbsp;<strong>nunca dej\u00f3 de latir un coraz\u00f3n<\/strong>. Y todav\u00eda lo hace.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/07\/09\/6a3e9483fc6c8399058b4585.html\">https:\/\/www.elmundo.es\/la-lectura\/2026\/07\/09\/6a3e9483fc6c8399058b4585.html<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La matanza de 1890 sell\u00f3 el final de los pueblos ind\u00edgenas en el imaginario estadounidense. El escritor ojibwe David Treuer [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":126205,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[50890,51046,51043,51047,51045,51044],"class_list":["post-126204","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticias","tag-dakota-del-sur","tag-escritor-ojibwe-david-treuer","tag-indigenas-eu","tag-libro-el-latido-de-wounded-knee","tag-masacre-de-wounded-knee","tag-pueblos-originarios-eu"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/126204","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=126204"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/126204\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":126206,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/126204\/revisions\/126206"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/126205"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=126204"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=126204"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/losperiodistas.com.mx\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=126204"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}